1984: un día fuimos con Ramiro Carrasco (QEPD), numero dos de la dirigencia del PRIN de Lechín de Bolivia, hasta la Cárcel de Mujeres de Ezeiza. Las últimas presas políticas de la dictadura militar genocida que asoló la Argentina desde 1976, hacían una huelga de hambre para que la hipócrita democracia les conceda la libertad, que nunca dejaron de merecer. Éramos parte de una delegación solidaria y a nosotros nos tocó compartir con Hilda Nava de Cuesta. Me acuerdo de ella como un avecita temblorosa, un puñadito de certezas y de convicciones, un ser gigante en su ímpetu y su no rendirse. Recuerdo que Ramiro no pudo evitar las lágrimas. Años después lo visité en La Paz y la imagen perdurable de Hilda, que ya está libre, como siempre se mereció la compañera, seguía anclada a su retina y a su corazón.

Ante la huelga de hambre de Patricia Troncoso, “la Chepa”, me acuerdo de Hilda, y sus manitos, su estremecimiento ante la sorpresa de la visita, rompiendo un cerco de silencio y de cómplice euforia, sólo para decirle: estamos con vos, no te rindas.No te rindas.Chepa querida: ¿qué se puede decir tras 106 días de huelga de hambre que no se haya dicho en todos los lenguajes posibles? ¿Qué se le puede decir a esa otra mujer como vos, pero no en tus sentimientos, en tus pesares, y en tu lucha, como la Bachelet que tampoco se haya dicho?Yo te veo y me acuerdo de la HildaTan frágil, tan serena, tan altiva, tan victoriosaMujeres de fuego, mujeres de nieveEstamos con vos y estamos con tu puebloHasta que los otros se rindan.26/01/2008