El presidente Alan García Pérez no cometió un error de dedo, ni tampoco lo hicieron los editores del periódico El Comercio de Lima que publicaron el 28 de octubre pasado un artículo firmado por el primer mandatario del Perú titulado El síndrome del perro del hortelano.

Cuando García alude ―refiriéndose a los que, según él, se oponen a su política petrolera―, a los “nativos selváticos ´no conectados´” está mostrando una hilacha taxonómica perversa e inquietante que busca, ante todo, desacreditar al movimiento indígena peruano y luego, confundiendo y manipulando las palabras, seguir manteniendo en la invisibilidad a una problemática acuciante como es la de los Pueblos Indígenas Aislados (o “no contactados”) que habitan en el país que preside, el segundo en el orbe por la diversidad de estos pueblos.

Definir a los “no contactados” como “no conectados” no es un error ni es casualidad: es otra prueba del increíble cinismo intelectual que tienen las usinas del poder trasnacional y sus terminales locales para seguir pisoteando los derechos de los pueblos indígenas, como acostumbran desde que tengamos memoria.

“No conectados” remite al mundo virtual, a la tecnología de punta que está expresada en el auge aplastante, masivo y globalizador de la Internet, a donde uno se conecta.

Los “nativos selváticos” ―a la vez, un eufemismo de insana intención― no están conectados, es decir, no están en ese mundo que avanza, de la mano de la tecnología, hacia la cita ineludible y provechosa con la generación de riqueza, esa que, según García, es la que está dormida en el Perú por la existencia de “perros del hortelano” (el que no come ni deja comer), una de cuyas variedades encontradas es, precisamente, la de los “no conectados”, la de “los nativos selváticos no conectados”.

Esto, es decir los “no conectados” según García Pérez, pueblos indígenas aislados los llaman las organizaciones indígenas del Perú y la comunidad internacional sensible y defensora de los derechos humanos, es “desconocido pero presumible por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo peruano debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$ 90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose”.A todas luces es un párrafo memorable, pero como diría Borges, para la historia universal de la infamia.

Ante todo, habría que recordarle al articulista-presidente que en el Perú que conduce, el Congreso de la República promulgó el 24 de abril de 2006 la Ley para la Protección de Pueblos Indígenas u Originarios en Situación de Aislamiento y en Situación de Contacto Inicial. Es decir, no quedan dudas dentro del primer poder del Estado, que los pueblos indígenas aislados no sólo existen sino que hay que protegerlos, más allá de los cuestionamientos que ha recibido la referida ley.

Entonces, ¿por qué García, en ese párrafo, comete un aparente desliz, esa contradicción al plantear que lo desconocido puede ser a la vez conjetural?

Hubiera sido deseable (y menos oportunista, y menos esquizofrénico) que García afirme, sin ambages (contra toda esa legislación nacional y regional (1) del propio Perú que reconoce la existencia de pueblos indígenas aislados) que estos pueblos no existen, que son un invento de las organizaciones indígenas como AIDESEP o FENAMAD.

Si se quiere, algo más consistente, más rotundo, más a favor de suavizar su lógica de depredación, hubiera afirmado que quiere incorporar a esos pueblos a la “civilización” y al “progreso”, conectarlos de una buena vez.

Pero no: el sofisma cae por su propio peso. Igual como cuando Colón se ofreció a los Reyes Católicos para navegar hacia el oeste. Lo que hoy conocemos como América era presumible, como anotó García. Si no hubiera sido así, no hubiera sucedido el genocidio que arrancó con la llegada de las carabelas y que tuvo lugar por el afán desmedido e irracional de explotar las riquezas mineras del continente como el oro y la plata. Hoy, el genocidio continúa pero esta vez a propósito de la extracción petrolera. Por el contrario, lo sano, si se presume la existencia de pueblos aislados, sería preservar ese aislamiento, evitando daños irreversibles a personas y culturas que ya sufrieron calamidades y atrocidades de toda especie y que, por eso, se mantienen ocultos y sin contacto.

Las afirmaciones del Presidente del Perú no son más que demagógicos juegos para la mente, para el consumo de los mass media, que buscan seguir negando la existencia y los derechos de los pueblos indígenas, como en el siglo XVI cuando se debatió si los pueblos del continente eran seres humanos. Hoy, en la era de esa conectividad que el defiende y que provoca un empobrecimiento creciente de la diversidad humana, incluso de aquella intangible pero real que se pretende preservar protegiendo los derechos de los pueblos indígenas aislados, las palabras de Alan García son una amenaza total para esos pueblos, paradójicamente también en un mundo donde se proclama la vigencia irrestricta de la democracia y los derechos humanos universales.

El texto sigue exhibiendo ese razonamiento mercantilista que desprecia la vida y la dignidad de las personas y nos ha llevado al borde de la catástrofe ecológica planetaria: se afirma, como si fuera maná cayendo del cielo, que el barril de petróleo crudo vale 90 dólares… nosotros nos preguntamos: ¿cuánto vale la vida de un hombre? ¿La vida de un niño? ¿Cuánto vale una cultura? ¿Cuánto vale un pueblo sacrificado en el altar de esa modernidad desalmada que parece no conocer y carecer de límites para seguir matando y desarraigando la vida de millones de seres humanos y destruyendo la naturaleza y arrasando con lo originario, lo nutritivo y lo sustancial? Está claro que para Alan García Pérez vale menos que noventa dólares, vale menos que un asqueroso barril de petróleo. Su artículo es una puerta abierta no sólo para que los petroleros vayan a los territorios indígenas a explorar y sacar el crudo, sino para que hagan lo mismo madereros, traficantes de animales y de pieles valiosas, cateadores de oro y piedras preciosas, toda la gama de depredadores que han asolado la selva históricamente.

Para rematar, el Presidente del Perú, como no podía ser de otra manera, introduce el sesgo “nacionalista” y proclama que “es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose”. El Perú vendido a los pulpos extranjeros ―que nunca amasó un gramo de bienestar para los sufridos hermanos peruanos― contrastado con otra falacia: que “ellos”, es decir las organizaciones indígenas del Perú, estarían promoviendo: un Perú importador y pobre. ¡Qué descaro! Esa sospecha, que también recorre la historia, de que los indios son extranjeros, son antipatriotas.

¿Sabe? Hubo una época donde Perú sí fue autosuficiente, rico, distribuidor equitativo de esa riqueza que provenía del trabajo y de la administración racional, sensible y conciente de sus recursos naturales. Fue en el tiempo del Tawantinsuyu, Señor Presidente, cuando los que usted niega, cuestiona, ataca, desacredita, ofende y humilla con sus palabras imprudentes, organizaron ―sin inversión extranjera, sin déficit fiscal, sin someterse a nadie― un ejemplo planetario de modelo económico sostenible.

Ese modelo que un antropólogo rumano-norteamericano llamado John Murra (Q.E.P.D.) bautizó como “el control vertical de un máximo de pisos ecológicos” (algunos que, desde el marxismo que usted estudió en sus juventudes, definieron como “el modo de producción andino”) y que no sólo era una solución ecológica, cultural, social, económica y política apropiada a la realidad de convivencia y organización humana que requería la sierra, sino que integraba e irradiaba sus bondades, que evitaban guerras, monopolios y el saqueo de los recursos naturales que usted provoca, hacia la costa y hacia las tierras bajas, hacia el Antisuyu, hacia la Amazonía.

Esa Amazonía que usted, como afirma en su artículo/manifiesto, tiene en la mira, en el lugar privilegiado para que abone su tesis política.

Por todo ello, es envidiable su capacidad de síntesis para expresar tanto desprecio al Perú profundo, al Perú que también atesora algunos de los últimos pueblos “no conectados” ―uso sus propias palabras, para que no entendamos― que allí habitan. Ese Perú que de manera tan sentida y comprometido retrató el malogrado novelista Manuel Scorza, el que a principios de la década de 1970, escribió y publicó La historia de Garabombo, el invisible, para denunciar, decía, esa “Guerra Callada que opone, desde hace siglos, a la sociedad criolla del Perú y a los sobrevivientes de las grandes culturas precolombinas”, esas culturas que siempre fueron invisibles, como Garabombo ―el nombre de guerra del comandante Fermín Espinoza, un comunero de Yanahuanca, que da título a la obra― para el poder que usted representa y que usted se obstina que persistan así.

Mil veces hay que repetirlo: los pueblos aislados de la selva peruana existen y hay que protegerlos, primero porque tienen ese derecho, como cualquier ser humano, y después porque son un tesoro cultural de la humanidad y ni todo el petróleo del mundo puede valer más que una expresión viviente de la diversidad humana.

Por eso hago mías las palabras proclamadas por el Consejo Directivo de la FENAMAD, la Federación Nativa del Ríos Madre de Dios y Afluentes, “Los recursos existentes en los bosques y ríos que hemos habitado durante miles de años, incluso antes de la formación del Estado, constituyen la principal fuente de nuestra existencia al proveernos alimento, agua dulce, medicinas, y no han generado costo alguno al Estado peruano. No vamos a permitir entonces que el gobierno ni nadie vengan a saquear lo que nos garantiza la vida y nuestra continuidad como pueblos. Nosotros no mendigamos nada, solo exigimos respeto”.

Respeto, Sr. García, respeto a lo que el mismo Estado Peruano que usted circunstancialmente encabeza como Presidente de la República, reconoce en sus leyes: que los pueblos indígenas aislados existen, no son una conjetura (no son “presumibles”) y hay que protegerlos. Son seres humanos y son peruanos, como usted. Es su derecho y es su obligación. Y valen más, mucho más, infinitamente más, que su miserable barril de petróleo.

La Paz, Bolivia, 15 de noviembre de 2007

Notas(1) El 15 de Junio de 2007 el Gobierno Regional de Ucayali declaró de interés público la protección de los pueblos indígenas aislados y en situación de contacto inicial asentados en las Reservas Territoriales Murunahua (1997), Mashco-Piro (1997) e Isconahua (1998), a través de la Ordenanza Regional 008-2007-GRU/CR. Fuente: El Peruano- Diario Oficial, 15 de junio de 2007. Tomado del Informe sobre la Situación de los Pueblos Indígenas Aislados, UICN-Sur/ SCDB/Junio 2007.