Las transnacionales instalan subsidiarias en las naciones menos desarrolladas, donde los costos de producción son más baratos. La sucursal, que funciona en cualquier lugar del mundo, sólo cumple una parte de la cadena del proceso de la producción. El costo de la fuerza de trabajo es reducido a su mínima expresión, inferior al país donde opera el centro de la transnacional (salarios bajos, desconocimiento de los derechos sociales de los trabajadores, jornadas de trabajo superiores a las establecidas por ley, etc.). Hace mucho tiempo en Bolivia, sobre todo en el período llamado “neoliberal”, se ha generalizado este sistema de superexplotación de la fuerza de trabajo tolerado por los gobiernos de turno.

Empresas como la Manaco (subsidiaria de la transnacional BATA) han reducido las planillas de sus obreros de planta para estimular que los mismos despedidos de la empresa –mano de obra calificada y de altísima experiencia– puedan realizar el trabajo en sus domicilios y entreguen el producto a la empresa como obra vendida, pero con precios inferiores a los costos de producción de la empresa y exentos de todo beneficio social. Esta actividad se ha generalizado en la producción de joyas para la exportación y en las empresas que se dedican a la confección de prendas de vestir porque se considera que la confección en Bolivia es de alta calidad.

La maquila, como forma de superexplotación del trabajador, se perfecciona permanentemente y adquiere cada vez características más sofisticadas. Ha incursionado en el mundo de los servicios de telecomunicación con el nombre de “CALL CENTER”. Se trata del servicio deapoyo técnico a los usuarios de las diferentes líneas de fabricantes y comercializadores de celulares como Nokia y Mororola, etc. En estas operadoras, en Estados Unidos un empelado gana un promedio de 7 dólares la hora, pero en Bolivia funcionan clandestinamente en casas particulares bien disimuladas donde los trabajadores deben cumplir ciertos requisitos (conocer bien el inglés, tener una especial capacitación para el ejercicio del apoyo técnico, buen manejo de computadoras, etc.) para poder trabajar con el miserable sueldo de 1.85 dólares/hora los días normales y hasta 2.5 los domingos.

Según los testimonios proporcionados por gente que trabaja en esta actividad, cada semana deben cumplir obligatoriamente 30 horas en jornadas diarias altamente estresantes por la presión y hasta malos tratos que reciben de los usuarios. Por otra parte, son víctimas de la presión y la supervisión rigurosa de la oficina central que opera en alguna ciudad del país del norte. Además de los bajos sueldos, no perciben ningún beneficio social y sus remuneraciones no son objeto de pago de impuestos a la renta.

Esta nueva forma de maquila se orienta a usar los servicios de la gente en sus propios domicilios, basta tener una computadora y un micrófono adecuado para recibir las llamadas de los usuarios y resolver sus problemas bajo el control estricto de las oficinas centrales del exterior.

El gobierno, que prometió acabar con el neoliberalismo, no ha movido un dedo para acabar con el decreti 21060 y con estas formas de explotación bárbaras. La maquila, con su variante el CALL CENTER, campean a lo largo y ancho del país bajo la mirada cómplice de un gobierno demagogo y servil al imperialismo.