IPON

Carlos F Toranzos

octubre 16, 2007Publicado el: 6 min. + -

Esto escribo para que se haga una reflexión de lo que pasa en la Constituyente y de lo que hacen los venezolanos. El mejor acierto es marcar el punto con la unidad y la razón.

Durante los Juegos Bolivarianos el año 1993 en la especialidad de Kárate, tuve la oportunidad de ver como se desarrollaban las interrelaciones tanto a nivel local como a nivel internacional. Primero, la Federación de Kárate, estaba totalmente dividida entre aquellos que ponían sus intereses locales y personales y aquellos que veían el desarrollo de los juegos como una oportunidad de medir habilidades y destrezas en todos los terrenos y especialidades deportivas.Cochabamba se lleno de júbilo, las calles fueron adornadas y pintadas. Pasos peatonales que lucían su blancor, alcaldes que de madrugada hacían las revisiones de los trabajos, prefectos que estaban sentados desde temprano en sus despachos, atletas y deportistas practicando todos y cada minuto posible del día. Cochabamba daría la mejor prueba de sus habilidades y de su hospitalidad. Se seleccionó a los representantes y todos estaban orgullosos de luchar en el anfiteatro del deporte con la bandera nacional de amiga. Los ciclistas con su nuevo velódromo, los yudocas con sus tatamis brillantes, los futbolistas con sus nuevos cachos, todo el mundo, las autoridades del deporte incluidas, estaban con la mira puesta en esa Diana que se veía evasiva hasta la llegada de los atletas y deportistas de esa comunidad bolivariana, pero que sería conquistada por los bolivianos.El detalle de lo que acontecía detrás de la pantalla de la organización era realmente fascinante presenciar. Las federaciones de todos los deportes, luchaban por tener ventajas de los donativos para sus federaciones, los paceños para La Paz, los kochalas para Cocha, los chuquisaqueños, los cambas, todos sin falta, planteaban la importancia de que sus departamentos tuvieran parte del pastel de lo que se daba. La verdad es que lo que se daba era poco y casi nunca a tiempo, en fin todos juraban que alguien estaba aprovechando de las grandes ofertas que había para estos Juegos.Por primera vez, presencié y vi cómo los intereses personales e individuales podían hacer tanto eco en lo que pasaba. La Federación de Kárate, al estar dividida, no podía ponerse de acuerdo en cómo seleccionar a sus representantes, los yudocas en cambio, ya lo habían hecho con antelación y ahora estaban entrenando, los karatekas estaban a punto pero no siempre se lograba acomodar los distintos deseos. Beni, Santa Cruz, Sucre, Oruro, Potosí, La Paz, etc ya tenían a sus competidores seleccionados pero era imposible traerlos a todos a entrenar en Cochabamba puesto que dinero no había y mucho menos voluntad de los departamentos de hacer el esfuerzo. Cuando ya estaba cerca la fecha del campeonato, los mismos que no habían hecho nada para que sus delegaciones llegaran a Cochabamba, ahora demandaban atención de VIP y además de demandar exigían que se le dé equipo buzos camisetas. Todo por un plato de lentejas era el lema.Los organizadores no sabían qué hacer. Hoy era la delegación de Beni demandando mejor alojamiento, por la tarde la paceña que no quería entrenar con el equipo de Sucre, que a los cochabambinos le han dado zapatos y a nosotros nada, los tatamis de regalo ¿dónde están? Yo sabía que nada de eso había y que teníamos que hacer frente a todo con nuestra propia voluntad y sin mayor contribución por parte de la organización de los Juegos.Los organizadores, gente con mucha experiencia, ya sabían como manejar estas situaciones de insatisfacción y lo único que hacían era cerrar sus puertas dando asía la sensación de que eran ellos los que tenían y quienes demandaban lo hacían por derecho a participar con los beneficios que se les negaba. Llegó el día. Marchas con banderas. Entrada al estadio bandas algarabía, felicidad plena. Los lugares claramente marcados, los mapas y las delegaciones contentas; bueno no todas, los karatekas venezolanos que supuestamente eran los mejores, habían sido los campeones por tres veces consecutivas, ahora se enfrentarían a una selección fuerte y decidida, si no bien entrenada, la de Bolivia.Los que destacaban en las peleas eran los paceños en alianza con los cruceños, su peleas eran por equipo, desayuno más grande. No había espíritu de unidad, de equipo, de visión. En medio del campeonato se enojaron los de la delegación de Santa Cruz y se fueron a la sede de los Juegos y se sentaron allí hasta que su demanda fuera atendida, los de La Paz decían lo mismo. Bueno, ni que hacer todo parecía mostrar que nuestro equipo iría a la deriva; las horas los meses y días de entrenamiento ahora solo serían motivo de sacrificios mal reconocidos. De pronto se vuelca la tabla. Boliva está ganando, sus karatekas están dando la talla y a pesar de sus grandes desencuentros, están ganando puntos y peleas. ¡Que virtuosos los luchadores! Los venezolanos, furiosos, tan furiosos que durante uno de los encuentros mas importantes, su entrenador se levantó y descargó un bofetón sobre la cara de uno de los jueces de tiempo. En ese momento me dí cuenta que todo podía irse abajo, que si se reaccionaba como correspondía, es decir con la sanción de Venezuela, todo quedaría en demostrar que los karatecas solo son buenos para dar golpes y no para discernir razón de sinrazón.El punto mas grande fue que el juez, no solo no respondió a tal abuso sino que calmó los ánimos de los otros para que no se levantase la de San Quintín, ese juez me demostró que la virtud no estaba en solo responder sino en razonar, ese fue el punto más importante del campeonato.Ganamos medallas de Oro, de Plata y Bronce y se reconoció que con esos triunfos podíamos mirar al futuro y aprender de todo lo acontecido. No fue así. Los más dolidos eran aquellos que no pudieron dar su vida al equipo, ni se alegraron con el triunfo, su mezquindad les hacía ver sus narices y no el triunfo que Bolivia había logrado. Todavía se quejaban del maltrato recibido, de la falta de ventajas. En la reunión final solo se dirimió sobre que beneficios habían sacado los organizadores. Nadie hablo del triunfo como una virtud de un equipo que tuvo que hacerse a la contra corriente y así y todo mostrar que se podía seguir adelante.Ese “Ipon” – punto máximo de acierto en karate- fue logrado por el juez de tiempo.

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