La campaña de alfabetización impulsada por el gobierno de Evo Morales ya arrojó los primeros resultados: 87.147 personas alfabetizadas en un año, y 255.619 personas en clases en 15.350 puntos de alfabetización en todo el país. “Si participan los 60.000 facilitadores habríamos erradicado el analfabetismo y si participan más superaremos toda expectativa”, dijo hace poco el ministro de Educación.

A esta victoria nacional contra el analfabetismo que aplaudimos calurosamente, ¿por qué no añadimos otra victoria posible, la liberación de todo impuesto al libro? Esta ventaja que en otros países es normal, en Bolivia agobia la costumbre de la lectura y fomenta la piratería. ¿Por qué, entonces, un gobierno de clara raigambre popular no decreta de una vez la liberación del libro, una medida irreversible pues a ver si en el futuro alguien se atreve a restituir los impuestos de hoy?

El 30 de diciembre de 2005, Cuba y Bolivia suscribieron un Acuerdo de Cooperación por el cual una actividad marginal, ejecutada sólo por algunas ONGs, ahora es una política de Estado que ha previsto erradicar el analfabetismo. A partir de entonces, Cuba nos ha donado 30.000 televisores, 30.000 reproductores de vídeo (VHS), 522.575 cartillas didácticas para los participantes, 65.000 manuales para facilitadores, 16.366 transformadores de energía eléctrica, 30.000 juegos de vídeos en castellano, 2.000 paneles solares (celdas fotovoltaicas), 179.800 cartillas didácticas en aymara, 17.645 manuales para facilitadores en aymara, 7.232 juegos de vídeo en aymara, 350.050 cartillas didácticas en quechua, 34.800 manuales para facilitadores en quechua, 19.068 juegos de vídeo en quechua, 8.640 cartillas “Ya puedo Leer” lectura inicial, 451.500 Cartillas “Yo, sí puedo más” post alfabetización.

Actualmente trabajan en el país 127 asesores cubanos expertos en la aplicación del método “Yo, sí puedo” en todo el país.

He estado en Cuba para la Feria Internacional del Libro del año 2003 y he quedado maravillado del despliegue editorial del gobierno cubano, porque sabía que simultáneamente se repartían millones de ejemplares de obras en toda la isla, de los cuales pude adquirir virtualmente por centavos títulos como el Ulises, de James Joyce, Teatro completo de Virgilio Piñera, Obras completas de José Lezama Lima y Obras Escogidas de Cintio Vitier, además de biografías famosas de Zapata, Julio César y Augusto César Sandino, para citar sólo algunos títulos de una maleta de libros. La pregunta es, ¿por qué no hacemos lo mismo? ¿Por qué no hacemos ediciones masivas y baratas con la ayuda de dos pueblos hermanos como Cuba y Venezuela para promover la lectura? Claro que deberíamos dar una señal decretando la liberación de los libros.

En el pasado peleamos por conseguir la liberación de impuestos al libro, pero tropezamos con la lógica de hierro de un insigne cojudo del Ministerio de Hacienda que nos destruyó con un argumento: liberar de impuestos al libro sería un peligroso ejemplo para el resto de los contribuyentes. ¡Listo! Ahí acabó el debate.

Me pregunto: si el gobierno de Evo Morales impulsa una “revolución democrática cultural”, ¿por qué no complementa la campaña de alfabetización con la liberación del libro? En realidad, los bienes culturales deberían estar exentos de impuestos, pero debemos comenzar por algo. ¿Qué tal los libros? Liberar los libros es liberar la lectura.