Don Quijote costó 290 maravedíes

Ramón Rocha Monroy

abril 26, 2007Publicado el: 3 min. + -
El contenido de estas páginas no refleja necesariamente la opinión de Bolpress

En Bolivia el Estado es el más obsecuente promotor del analfabetismo funcional porque se resiste a liberar de impuestos la importación de libros. Así los libros de una librería formal que da facturas son siempre elevados. No hay mejor forma de consolidar la lucha contra el analfabetismo que ha emprendido el gobierno de Evo Morales que liquidando todo impuesto al libro, incluido el IVA. De este modo se desalienta asimismo la piratería.

Con todo, la única forma de defender las librerías medianas y pequeñas es respetar los precios fijos.

Según Juan Domingo Argüelles, el precio fijo o único ya existía en tiempos de Cervantes: "Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de cámara del Rey nuestro señor, de los que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto por los señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho libro a tres maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maravedís y medio, en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este precio se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho libro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di la presente en Valladolid, a veinte días del mes de diciembre de mil y seiscientos y cuatro años." Así se fijó el precio de Don Quijote.

Del mismo modo, el precio fijo o único de las Novelas ejemplares, de Cervantes, fue de 286 maravedíes, y Hernando de Vallejo, escribano del Consejo Real, que también firmó en 1615 la tasa de la segunda parte del Quijote (en 292 maravedíes), sentenció que "a este precio, y no más, se venda, y que esta tasa se ponga al principio de cada volumen del dicho libro, para que se sepa y entienda lo que por el se ha de pedir y llevar".

Ese mismo año, Hernando de Vallejo también firmaría la suma de la tasa de las Ocho comedias y entremeses, de Cervantes, a cuatro maravedíes cada uno de los sesenta y seis pliegos, para un precio fijo y único de 264 maravedíes. Un año más tarde, en 1616, Jerónimo Núñez de León firmaría la tasa de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, cuyo precio fijo fue de 232 maravedíes.

El precio único era, según un estudioso de Cervantes, "uno de los cuatro requisitos necesarios para imprimir un libro en los Siglos de Oro". Los otros tres eran la aprobación o censura, el privilegio o los derechos de autor y la fe de erratas.

El libro es el eje en torno al cual actúan múltiples sujetos: el Estado, el autor, el diseñador gráfico, el editor, el distribuidor, el librero, el crítico, el periodista, el lector. La piratería emplea una lista similar de oficios para burlar al Estado y a la Ley. Lo curioso es que actúan atomizados, sin coordinación entre sí. La lectura necesita de un club de conspiradores en el cual haya el ánimo común de convertir el oficio de leer en un gusto al alcance de todos. En un esquema ideal, el Estado debe suprimir los impuestos; el autor, debe producir; el diseñador gráfico debe resaltar el producto con un soporte vistoso y estético; el editor debe garantizar celeridad y buena impresión; el distribuidor, una difusión oportuna y rápida; el librero, una buena exhibición; el crítico, simplemente decir algo pero jamás ignorar lo que se produce; el periodista, alentar la lectura con reseñas incitadoras; y, por fin, el lector, disfrutar y recomendar sus libros preferidos.

Atrás