En el momento político que estamos viviendo da la impresión de que está llegando a su punto culminante el enfrentamiento entre los explotados del agro y los opresores que concentran en sus manos el 60% de las tierras cultivables en el país. El gobierno del MAS se empeña en movilizar a los campesinos con la consigna de acabar con el latifundio, aunque el eje de su programa es la defensa de la gran propiedad privada productiva en el agro. La clase dominante oriental levanta las banderas de la defensa de la democracia burguesa contra la dictadura chavista del gobierno.

Aclarando mejor el panorama que se encuentra con mucha neblina y que no deja visualizar bien a los actores y los intereses materiales de los mismos tenemos: por un lado están los grandes terratenientes del Oriente defendiendo con uñas y dientes sus inmensas propiedades agrarias; ellos quieren “seguridad jurídica” para conservar su estatus económico por eso convierten en eje de sus consignas la defensa intransigente de los 2/3 en la constituyente; quieren tener el control político regional por eso defienden a muerte las autonomías y la intangibilidad de los prefectos contra cualquier intento del poder central por controlarlos. Por otra parte, al frente, están los pequeños propietarios de la tierra políticamente representados por el MAS, las etnias del Oriente que todos los días ven afectados sus intereses por el avasallamiento de los grandes latifundistas y los miserables comunarios de las tierras altas donde ya no pueden sobrevivir tierra avara no les garantiza sustento alguno. Se trata del enfrentamiento material entre la pequeña propiedad agraria y el gran latifundio. Esta contradicción, secundaria en el capitalismo, no define el destino del actual sistema social basado en la gran propiedad privada de los medios de producción.

La lucha de clases que, inevitablemente debe culminar en la victoria o la derrota de los contendientes, en la revolución o la contra revolución (no existe el famoso “empate histórico”, entendido como un largo período en el que todavía pueden desarrollarse las fuerzas productivas en el seno del capitalismo, del que tanto teorizan García Linera y los reformistas), es el enfrentamiento de las fuerzas polarmente opuestas de la sociedad, cuyos intereses materiales se expresan como el choque la gran propiedad privada de los medios de producción y la propiedad social.

Del presente análisis se despende, por tanto, que el momento político que estamos viviendo no se caracteriza por el enfrentamiento de las clases fundamentales de nuestra época (proletariado – burguesía). Se trata de la contradicción secular que emerge de la naturaleza del país (economía combinada donde coexisten la pequeña propiedad y el latifundio en el campo) que, sin embargo, su solución no puede darse en el marco de la política burguesa porque eso supondría la posibilidad de que todavía pueda surgir la gran producción capitalista en el agro y una burguesía poderosa capaz de competir con sus similares de las metrópolis. Lo contrario, la afirmación de la pequeña propiedad parcelaria, no significaría ninguna solución porque sería la perpetuación de la miseria y del atraso en el campo.

Sólo la política revolucionaria del proletariado puede resolver el agudísimo problema de la tierra en este país, en sentido de arrancarla del atraso y liberar a los campesinos de la opresión secular, del hambre y la miseria. Sólo el proletariado como gobierno puede materializar la consigna de acabar con el latifundio y restituir la propiedad comunal de la tierra como el único camino para introducir la tecnología al campo y abrir las posibilidades de una gran producción maquinizada.