Los americanos en la trampa de Al-Zarkawi

Rodolfo Faggioni

marzo 3, 2006Publicado el: 3 min. + -

El atentado a la cúpula de oro de la mezquita de Al-Hadi al-Askari en la ciudad de Samara, el mausoleo más sagrado de la última generación de los Imam chiitas, ha provocando una herida profunda en la comunidad iraquí y una ira incontenible que se ha traducido en la muerte de civiles y religiosos sunitas. El temor del mismo jefe espiritual de los chiitas iraquíes el Imam Ali al-Sistani, del Premier Jaafari y de los mismos ?ocupantes americanos y británicos? es que se está yendo hacia una guerra mucho más devastante que una guerra civil.

Después de la caída del régimen de Saddam, los lugares de culto de los chiitas han sido profanados en varias oportunidades por los milicianos de Al-Zarkawi, el lugarteniente de al-Qaida, centenares de chiitas han sido masacrados en Kerbala y en Najaf.

El atentado a la Mezquita de Al-Askari ha profanado un lugar sagrado, de alto significado simbólico. Este gesto tan desgraciado y peligroso coincide con las provocaciones que implican occidentales y musulmanes, un choque entre civilizaciones, cultura y religión.

Después de las elecciones de diciembre en Iraq, muchos pensaban que se hubiese encendido una tenue llama de esperanza en la paz de ese país. La crónica de estos días nos hacer ver que era una esperanza muy tenue y que la guerra civil está muy cerca.

Para vengarse de la profanación de la cúpula de oro, se ha puesto en movimiento el intramontable ejército de Mokata Ali Sadr y en poco más de tres días han destruído centenares de mezquitas sunitas. En la sola capital Bagdad, las destrucciones han llegado a 26, mientras han perdido la vida importantes personajes religiosos como los Imam sunitas Al Sabar, Al Yamar y Al Rashadi. Otros han sido secuestrados y no se sabe nada de ellos. Muchos muecínes han sido decapitados.

Tanto los sunitas como los chiitas han dado la culpa de todas estas atrocidades a los “invasores americanos”, Al Bakr los acusa de no haber defendido los lugares sagrados, y los ulemas sunitas hacen ver en que estado han caído las instituciones de culto.

Mientras tanto el pueblo estadounidense, sobretodo en Washington, muestra cada día su contrariedad a la ocupación iraquí y arde del deseo que las tropas se retiren de ese pantano en el que los ha metido la Administración del Presidente Goerge W. Bush. Actualmente los militares muertos en Iraq superan los 2.300, y nadie habla más de regreso a la democracia, de pacificación, de transición. Ahora que se está acercando el momento de la verdad, los 130 mil soldados americanos presentes en Iraq, no tienen ninguna intención de intervenir a favor o contra de unos o de otros.

En estas condiciones, ¿Es posible todavía evitar una guerra civil? Probablemente sí. Los milicianos del joven líder radical chiita Magtada Al-Bak que están completamente condicionados por el gobierno de Teheran y que han tenido un rol decisivo rechazando la nueva constitución iraquí, en éstos últimos tiempos están ganando mucho crèdito entre los clérigos khomeneistas, pero, por el momento, no desean chocar con un movimiento ingobernable como el ejercito de Mahadi. Incluso el clero iraní piensa que lo mejor es evitar cualquier roce entre las diferentes facciones.

Además, más allá de las distintas confesiones religiosas, todos los iraquíes se han convencido de que los Estados Unidos han sido los que han llevado al País, dolor, lutos, pobreza y desgracias. Es muy difícil, en estas circunstancias, poder hacer razonar a las masas y reconducirlas a la razón, cuando las cúpulas de las Mezquitas son dinamitadas.

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