Los gobiernos de las superpotencias del G8 se han ganado la reputación de falsos por imponer libre comercio irrestricto a las naciones pobres y al mismo tiempo proteger a sus agricultores con subvenciones. También demuestran hipocresía cuando alardean de su generosidad con las 18 naciones más esquilmadas del planeta. El G8 perdonará 40 mil millones de dólares en deudas como contribución a la lucha contra la pobreza del mundo, pero seguirá gastando hasta un billón de dólares el año en la fabricación de armas. Además, la limosna está condicionada a que los pobres apliquen una política económica desastrosa inclusive para los ciudadanos del G8.

El plan del los gobiernos del G8 consiste en erradicar la pobreza del mundo “aliviando” el peso de la deuda externa de los pobres, pero sin imponer barreras al libertinaje financiero y la dictadura del capital. Si se tiene en cuenta que la deuda acumulada de los pobres subió de 25.000 millones de dólares en 1970 a 523.000 millones en 2002, es de suponer que una aspirina no revertirá la pobreza

La liberalización de las finanzas está creando un Tercer Mundo con sectores riquísimos, una gran masa de miseria y una población privada de todos los derechos por no contribuir a la producción de utilidades, único valor humano que se reconoce en estos momentos. Como dice Noam Chomsky, “aumenta la circulación de los capitales y disminuye la de los derechos humanos”, y todo esto orquestado por un “senado virtual” mundial compuesto por las multinacionales y un grupo limitado de inversores capaces de gobernar a las naciones a través de los flujos de capitales, la oscilación de la Bolsa y la regulación de la tasa de interés. (1)

Estados Unidos y los gobiernos del G8 se han convertido en títeres de los tiranos privados. Eso explica por qué se resisten a ejercer mayor regulación de prestamistas, bancos y especuladores. Sólo así se entiende su afán de mantener intacta la política dictada por la oligarquía financiera ? que recomienda luchar contra la pobreza privatizando el agua? y a sabiendas de que la receta los golpea también a ellos y empuja al sistema financiero mundial al borde de la ruina.

Crisis general

Desde el derrumbe asiático en septiembre de 1998 el mundo entró en un período de crisis histórica, probablemente en fase terminal. Los analistas advierten que el sistema financiero internacional se está viniendo abajo y su desplome parece inevitable. Consideran que la crisis ha desbordado el sistema financiero dado que los nuevos actores no regulados que aparecieron ?agencias de riesgos, grandes fondos de pensiones, compañías de seguro, o el mercado de adquisiciones y fusiones? también administran grandes masas de capital y no necesariamente en forma transparente.

El caso paradigmático de esta gran crisis es el mercado de derivados financieros, los famosos fondos especulativos de los que depende todo el sistema monetario y la banca mundial. La mayoría habría perdido 40% de su valor y muchos ya no pueden rescatarse; los bancos más poderosos del mundo están en proceso de decidir qué cuello cortar antes de que la crisis los arrastre también a ellos.

El sistema de derivados financieros es un esquema “de locura” adoptado en 1972 tras la victoria del credo monetarista como una forma de inversión, o mejor dicho una especie de “apuesta” en el gran casino global que el neoliberalismo ha construido. Los derivados financieros son contratos de compraventa convertidos en títulos representativos de capital o de deuda. Los hay de varios tipos: contratos futuros, opciones sobre futuros, warrants y otros. Un contrato futuro no es más que un convenio entre dos partes por el cual una de ellas se compromete a comprar cierta cantidad de un activo subyacente a un precio pactado en una fecha futura, aunque en el momento de cerrar el compromiso no se realiza ninguna transacción. En las “opciones”, el comerciante adquiere el derecho pero no la obligación de comprar o vender. (2)

Este mercado de derivados flota paralelo al mercado real en el que se transan activos principales denominados activos subyacentes, es decir bienes físicos, agrícolas o ganaderos, materias primas, metales, petróleo, energía eléctrica y también activos financieros. La función de los derivados función es neutralizar posibles riesgos de precio o de mercado que aparecen en la operación financiera, es decir que operan como un seguro que se liquida por diferencias entre el precio de mercado del bien subyacente y el precio pactado.

En este mercado ficticio se libra un juego de “beneficio cero”. En el mercado de futuros, el comprador espera obtener beneficios cuando suba el precio del activo por encima del precio futuro pactado, ya que así podrá comprar más barato que en el mercado; mientras que el vendedor espera ganar cuando el precio del activo subyacente en el mercado sea más bajo que el pactado. Si invertimos en bolsa nos encontramos con que cuando la bolsa sube todos ganan y cuando la bolsa baja todos pierden; en el mercado de derivados cuando yo gano alguien pierde y a la inversa; las ganancias de un contratante son las pérdidas de otro, explica el economista Lyndon H. LaRouche, ex precandidato presidencial demócrata estadounidense.

El hecho es que todo este mecanismo ha creado una burbuja que está por reventar en Estados Unidos y Europa. Se calcula que la burbuja, sumándole derivados financieros a toda forma de deuda existente, asciende a 400 billones de dólares, mientras que el producto interno bruto mundial suma un poco más de 40 billones. (3)

Las burbujas que ya reventaron

Muchas declaraciones alarmantes sobre los peligros que enfrenta el sistema financiero global en general y los mercados de derivados en particular se han registrado en los últimos años. El 12 de febrero de 2002, al menos 50 miembros del Parlamento italiano propusieron una reforma al sistema financiero y monetario internacional, en medio de un debate nacional desatado a consecuencia de la quiebra de Parmalat, la mayor bancarrota empresarial de la historia europea.

El caso Parmalat, el caso Cirio en Italia, Enron en Estados Unidos y similares en Gran Bretaña y Francia son señales de una crisis causada por la desastrosa división entre la economía real y la burbuja especulativa, papeles y bienes virtuales que rebasan enormemente la verdadera riqueza real basada en la producción y el ahorro, advirtió Cristiana Muscardini, integrante del Parlamento Europeo, e instó a la Comisión Europea a presentar iniciativas para lidiar con la burbuja. (4)

En enero de este año, el Bundesbank, el banco central de Alemania, alertó del peligro sistémico de bancarrotas múltiples de los bancos de derivados y en febrero la Oficina de Vigilancia del Departamento de Vivienda de Estados Unidos previno del “riesgo sistémico” que amenaza a las entidades hipotecarias norteamericanas Fannie Mae y Freddie Mac, y a los mercados de derivados no regulados. Los mercados de derivados son como “bombas de tiempo que podrían desatar serios problemas sistémicos”, admitió el megaespeculador Warren Buffet. (5)

El desplome del Long Term Capital Management (LTCM) de 1997, que casi echó abajo al sistema, la caída de Enron, Cirio, Parmalat, Finmatica y la crisis de los bonos argentinos, por mencionar sólo los casos mas sonados, son signos de que enfrentamos una crisis sistémica real. Hay que llamar a una conferencia internacional de jefes de Estado similar a Bretton Woods de 1944 para rearmar una arquitectura financiera y monetaria global más justa, que elimine las burbujas financieras y se concentre en apoyar a la economía real, instó el grupo parlamento Italiano.

Depende de Estados Unidos

Los grupos bancarios privados imponen una forma de globalización que privilegia las fusiones y adquisiciones, la especulación descontrolada, y, como dice Bush, el derecho de los accionistas por encima de los derechos de la mayoría, aunque la sabiduría popular defienda a la gente antes que a los bancos.

Esa forma de globalización permite a los especuladores jugar con el dinero ajeno en el casino global. El caso Parmalat evidencia la vulnerabilidad de un sistema dominado por bancos que operan libres en el mercado bursátil exponiendo los ahorros de la gente a grandes riesgos. Cien mil familias italianas compraron las acciones de Parmalat aconsejadas por sus bancos, JP Morgan Chase, Bank of America y Citigroup, y lo perdieron todo. Lo mismo les ocurrió a 450.000 argentinos y a 25 mil accionistas de la empresa Cirio.

LaRouche advierte que si la General Motors (GM) quiebra ?y está a punto de hacerlo? se deshará de sus pensiones y jubilados, y eso significa afectar al 80% de las familias más pobres de Estados Unidos. “Su pensión puede desaparecer, lo único que tiene asegurado es el seguro social y Bush quiere robarse eso”. El Presidente de Estados Unidos pretende rescatar el sistema de valores pidiendo a la gente que invierta su seguro social en fondos privados que se están yendo a pique. Con seguridad, Bush no tiene toda la culpa, “el hombre ni siquiera sabe qué hora es”, son sus asesores, explica LaRouche.

Dada la internacionalización de los mercados financieros, una sola nación, o incluso Europa toda, no puede garantizar el control y aplicación de reglas más firmes. Estados Unidos debe enfrentar el problema porque el sistema financiero mundial depende de su moneda. Si el valor del dólar cae 30% será una catástrofe para el resto del mundo y provocará un caos. “En Estados Unidos tenemos la responsabilidad de proteger al sistema monetario mundial y eso se consigue estabilizando el valor del dólar y recurriendo a los métodos que usó Roosvelt para sacar a Estados Unidos de la depresión en 1933 (…) Podemos volverlo a hacer, aunque ahora es más difícil”.

Los jerarcas de Estados Unidos subestiman el peligro. Alan Greenspan adelantó que el público debe prepararse para rescatar a los grandes bancos que comercian derivados, en tanto que el gobernador de la Reserva Federal Ben Bernake prometió que se imprimiría tanto dinero como fuera necesario para estos rescates. (6)

Según Greenspan, los mercados de derivados ayudan a dispersar los riesgos y mantienen “sano” al sistema transfiriendo las pérdidas potenciales de los libros de contabilidad de bancos y otras instituciones financieras a los fondos mutuos y de pensiones. Lo que no advierte es que la concentración del riesgo en unos cuantos bancos hace de ellos el centro de cualquier gran desequilibrio financiero. Los tres bancos involucrados en el caso Parmalat son norteamericanos. En junio de 2003, JP Morgan alcanzó los 33,3 billones de dólares en contratos con derivados, con un aumento de 4,5 billones en sólo seis meses; Bank of America llegó a 14,3 billones de dólares y Citigroup a 13 billones. La caída de cualquiera de ellos provocaría una reacción en cadena.

Se calcula que tan sólo los bancos comerciales de Estados Unidos tenían 56 billones de dólares en derivados a fines de 2002, 24% más que el año anterior, y que la cifra probablemente ascenderá pronto hasta los 90 o 100 billones de dólares, 10 veces el PIB del país. Los bancos repartieron tarjetas de crédito para hacer crecer la economía, aunque es evidente que un porcentaje elevado de tenedores de tarjetas no podrá pagar su deuda. Para protegerse, los bancos engloban sus préstamos en tarjetas y luego venden títulos. Según la Asociación del Mercados de Bonos, había 398 mil millones de dólares en instrumentos financieros basados en estos títulos, denominados ABS (un derivado) a fines de 2002, casi 90 mil millones más que en 2000.

En total, había más de un billón y medio de dólares de ABS pendientes a fines de 2002, lo que representa una “dispersión del riesgo” sustancial. Este mecanismo consistente en compartir las pérdidas, combinado con el negocio de los derivados, es la única forma en la que pueden operar algunos bancos.

¿Un nuevo Bretton Woods?

LaRouche considera que es el momento de modificar el sistema económico internacional dominado por banqueros y especuladores y de poner fin a la “economía de parásitos”. La propuesta es crear un nuevo sistema que no se fundamente en los valores financieros, que son ficticios e inflados, sino en la economía real y productiva.

Impresionantes sucesos recientes acaecidos en ambos lados del Atlántico crean las condiciones para un cambio fundamental en la política económica y monetaria que debió haberse hecho hace tiempo. El 29 de mayo el electorado de Francia votó de manera abrumadora en contra de la propuesta de nueva Constitución Europea, disgustado con los desastres económicos engendrados por la globalización neoliberal. Luego, la socialdemocracia alemana fracasó en las elecciones estatales de Renania Septentrional Westfalia, también debido a las ineficaces políticas económicas del gobierno de Schröder.

El sistema de tipos de cambio flotante que rige a partir de 1971 llevó al mundo al borde de un derrumbe monetario total y destripó la producción mundial de bienes físicos vitales, tanto industriales como agrícolas. Para contrarrestar la crisis LaRouche propone emular a Franklin D. Roosevelt estableciendo un nuevo Bretton Woods con tipos de cambio fijos, la clave de la recuperación económica de Europa y Asia en la posguerra.

Las sacudidas políticas en Washington, París y Berlín confirman que es el momento oportuno de regresar a la cordura en la política económica y reemplazar el “sistema derechista” que no sirve. “Derrotamos a Nixon, pero no a su sistema”. Hoy se necesita una contra política declarada contraria a los intereses de los banqueros y legisladores derechistas que anteponen los intereses de los accionistas a las necesidades de la gente.

Este nuevo sistema implica estabilizar las monedas ?”garantizar la estabilidad de la emisión y del valor de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, acordar un valor fijo para el dólar por los próximos 50 años”, según LaRouche?; regular al capital, dar preeminencia a la economía productiva, y reactivar la economía y el empleo a través de la construcción de infraestructura de dimensiones faraónicas.

Larouche piensa en infraestructura de agua, transporte público y en reconstrucción de la industria (7), todo financiado con crédito estatal a 25 años a través de acuerdos comerciales a largo plazo entre Europa occidental y Estados Unidos. “China necesita todo, construir nuevas ciudades, transporte colectivo. Lo mismo Indonesia, Malasia, India, Oriente Medio. Se trata de inversiones de una o dos generaciones. Todo el plan es viable si se tiene en cuenta el caso de Alemania, el país clave de Europa occidental, el más capacitado para generar un patrón de crecimiento que creó una institución modelada en el sistema de Roosvelt: un Banco de Crédito”. (8)

La idea es poner a trabajar a la gente en actividades productivas como la construcción de sistemas de agua o transporte masivo, indispensables para Estados Unidos. “Ahora no se obtiene agua potable segura de la llave, esa acción no está garantizada; tampoco no hay sistema de transporte público y la gente se pasa buena parte de su tiempo plantada en super carreteras”, ilustra el político norteamericano.

Freno al imperialismo

En el imperialismo comienza la autonomización del poder económico respecto al Estado nación. LaRouche y otros críticos proponen revertir ese proceso devolviendo el monopolio de la creación y regulación del dinero al gobierno soberano como su función esencial. “Para nosotros, el dinero, aun nuestra propia moneda, es en esencia un idiota cuyo comportamiento tiene que reglamentarse”.

Eso implica desconocer el “conservadurismo fiscal” de la oligarquía financiera, por ahora dominante, y adaptar el sistema fiscal y monetario a las necesidades del mejoramiento físico. En el nuevo esquema, el acento no radica en el interés financiero y monetario, sino en el progreso, en las condiciones de vida física per cápita y por kilómetro cuadrado de territorio.

La función económica de la república soberana es brindar mejoras en la infraestructura económica básica para fomentar la fecundidad de las facultades creativas del individuo en beneficio de toda la sociedad. Esas metas físicas, más que el interés financiero, deberían ser las premisas esenciales del derecho relacionado con la economía, formula LaRouche. Diversas instituciones de China, India, sectores de Rusia, Francia, Alemania y Washington coinciden con esa visión y postulan la alianza de todas las fuerzas internacionales que defienden el respeto de las soberanías nacionales para derrotar al FMI.

La premisa de consenso en este grupo heterogéneo es que el objeto de la economía no se reduce al acto de acumular dinero, sino realizar al hombre; no se trata solamente de mejorar el consumo, sino la calidad de vida. Las diferencias abismales se notan a la hora de plantear la estrategia para alcanzar ese objetivo. Los conservadores se conformarían con retornar a la “era del bienestar” aumentando la regulación estatal; mientras que los revolucionarios plantean derribar el sistema para liberar al hombre de la penosa lucha por la sobrevivencia diaria. El capitalismo, explican los últimos, perpetúa la explotación en cualquiera de sus variantes porque el beneficio del patrón es la suma de lo que pierden sus obreros, condenados a recibir siempre menos de lo que necesitan para reproducirse.

NOTAS:

1 Diversas fuentes indican que de las 100 principales economías que existen en el mundo, 51 son corporaciones. Las trasnacionales controlan el 70% del comercio mundial.

2 http://ciberconta.unizar.es/LECCION/Fin008RF/400.HTM / Un curso adicional se encuentra en:

http://www.expansiondirecto.com/inversion/curso/leccion7/cap1.html

3 http://www.schillerinstitute.org/newspanish/BrettonWoods/italy_renewnbw.html

4 El Parlamento italiano renueva su propuesta de un NBW, Claudio Celan, www.schillerinstitute.org/newspanish/BrettonWoods/italy_

5 Los derivados son armas de ‘destrucción masiva‘, John Hoefle, www.schillerinstitute.org/newspanish/BrettonWoods/italy_

6 http://www.larouchepub.com/spanish/other_articles/2004

7 Por ejemplo la automotriz. Es preciso diversificar la GM que produce demasiados autos. Si redujéramos el número de operarios de máquinas-herramienta en estas industrias, incurriríamos en un desastre económico. El único remedio disponible es la diversificación del potencial productivo pasando gran parte del empleo actual al dominio de la infraestructura económica básica.

8 Un papel más activo del Estado en el proceso de desarrollo económico-social de Latinoamérica defendió el presidente del Banco Nacional de Desarrollo (BNDES) de Brasil, Guido Mantega en la inauguración de la XXXV Asamblea General de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE). Mantega explicó que el desarrollo económico no ocurre por generación espontánea y los países no pueden prescindir de la actuación del Estado para promover el bienestar de la sociedad. Los bancos “fueron creados en la visión de que ciertos sectores y actividades estratégicas para la economía dependen del apoyo del gobierno para tornarse fuertes y contribuir con impuestos, empleo y renta”.

****

Globalización bumerang

Algunos idiotas han tratado de globalizar la economía y consiguieron que las industrias de Estados Unidos y Europa se fueran a otros países donde la mano de obra es más barata. Se perdió infraestructura y se dejó de producir, el 80% de los ingresos familiares descendieron en término de su valor. Lo que el gobierno norteamericano hizo a partir de 1970 es destruir el poder productivo, cerrando fábricas, fomentando trabajos no productivos, la producción de cosas baratas; permitió que la infraestructura se desplomara: los sistemas de manejo de agua, sistemas energéticos, fluviales, municipales, los sistemas educativo y de salud, en resumen, destruyó las capacidades productivas, asegura el ex precandidato presidencial demócrata estadounidense Lyndon H. LaRouche.

Estados Unidos se ha convertido en una potencia rentista. Sólo los servicios y las actividades no productivas crecen en Norteamérica, la parte productiva muestra estancamiento. La producción de máquinas y herramientas se desplomó casi 50% en los últimos 25 o 30 años, según Denis Small, director de la revista IRP.

Se ha creado una burbuja de bienes raíces. La gente junta plata para comprar chozas que cargan con hipotecas de hasta un millón de dólares en las afueras de Washington. En las familias actuales todos trabajan. No hay más vida familiar, van a malas escuelas, reciben atención de salud deficiente. En China la gente también es excesivamente pobre. La mano de obra de Polonia está trabajando de peona en Europa.

Según LaRouche, la globalización es una idea perversa que disminuyó el nivel productivo del mundo per cápita, destruyó el empleo en países productores de riqueza, redujo los niveles productivos en México y Sud América, provocó migración forzada por el hambre. Argentina ostentaba el cuarto nivel de vida más alto de mundo al terminar la II Guerra Mundial y ahora están en decadencia. “Hemos destruido un país pujante, hicimos lo mismo en Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, socavamos a nuestros amigos en Brasil”. Deliberadamente, Estados Unidos propagó enfermedades en Africa. No permitió que su población crezca, no quiso niveles más altos de productividad para ahorrar sus materias primas. No le interesa el 70% de la población de la India que vive en pobreza, no le interesa las perspectivas a largo plazo en Asia. Sus políticas, en vez de desarrollar, redujeron las condiciones de vida de los pueblos. “Es una política criminal que ahora nos está golpeando a nosotros”.

Si los fondos especulativos se hunden y los bancos con ellos, si la burbuja de las hipotecas revienta, estamos en aprietos todos. Es un hecho que la economía está a punto de irse a pique. ¿Cuándo? LaRouche no lo sabe, pero considera que todavía se puede hacer algo para evitar un derrumbe mucho más grave que el de 1929-30.

Con datos de:

1. ¿Qué burguesía hay en la Argentina? (Parte II – Final), Claudio Katz ARGENPRESS

2. La última desaparición de las fronteras, Jim Cason y David Brooks., Masiosare, 1 de febrero de 1998

3. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4656000/4656315.stm

4. El gasto mundial en armas en 2004 superó el billón de dólares, La Jornada, Sección Informativa, 10 de junio de 2005.