"Habemus Papa": Benedicto XVI

Rodolfo Faggioni

abril 20, 2005Publicado el: 4 min. + -

El Cardenal alemán Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es el sucesor de Juan Pablo II en la cátedra de Pedro con el nombre de Benedicto XVI. La comparación con Karol Wojtyla es inevitable, Juan Pablo II era un gran predicador de masas. Su sucesor es un teólogo cultísimo, depositario supremo de la doctrina católica, defensor decidido del primato de la fe cristiana en su versión apostólica y romana.

Es un Papa que tiene fama de conservador convencido. Si el Colegio de Cardenales lo ha escogido, seguramente es porque en estos momentos la Iglesia Católica necesita una figura como la suya, es decir conquistar las Catedrales como lugar de culto. El tercer milenio ha apenas comenzado. El comunismo ha dejado de existir; el capitalismo está bien, aunque no logra quitarle el hambre a la mayor parte de la humanidad; el genero humano vive actualmente sin preocuparse de la eternidad; la religión, el paraiso y el infierno preocupan poco a la gente; el Dios de los creyentes da esperanza a pocos. Benedicto XVI tiene el mandato de poner Dios en el centro del Cristianismo. Si no cambia de opinión el Papa alemán tendrá que combatir batallas muy difíciles. El mundo actual aparece decristianizado.

El fascino de Karol Wojtyla había conquistado el mundo de los pobres y de los pacifistas. Los jóvenes de todo el mundo y de cualquier credo lo escuchaban con atención en los estadios, Benedicto XVI tratará de llevar los jóvenes a las parroquias tratando de hacerse entender. Pueda ser que lo logre aunque no será fácil

Juan Pablo II ha cerrado el milenio abierto por Benedicto XV, el cardenal genovés Giacomo della Chiesa elegido Pontífice en 1903, Benedicto XVI, nombre no casual abre el tercer milenio, la estructura teológica hace una concesión "política" solamente en el nombre. Benedicto XV fue el Papa que definió la primera guerra mundial un "inútil estrago". Es normal que un Papa esté contra las guerras y no sólo las mundiales que han caracterizado el siglo pasado. Así como es normal que un Papa afirme la primera razón de la vida de la Iglesia: Dios es bueno y justo, Dios es misericordioso y terrible, es Dios que dispone del destino de los hombres. Contra cualquier forma de relativismo. Estas cosas el Cardenal Joseph Ratzinger las ha dicho en la misa celebrada al inicio del Cónclave. Era su programa de "gobierno". Si los cardenales lo han aceptado, almenos la mayoría de ellos, quiere decir que estaban de acuerdo con él.

En América Latina se recuerda todavía el rigor de Ratzinger contra la "teología de la liberación" del teólogo Leonardo Boff. El futuro Pontífice ha mantenido y aceptado la parte mejor de la "teología", es decir el empeño a favor de los pobres y desamparados, y no aceptado la parte peor, es decir la lucha de clases y de la insurrección violenta. Seguramente la mayor parte de los católicos de este enorme continente aceptarán las decisiones del Cónclave del tercer milenio. En los católicos latinoamericanos, ha crecido en estos últimos años un nuevo modo de ser católico. Se han distanciado de la vieja "teología de la liberación", contaminada con estereostípicosos marxistas, pero sin retroceder de un milímetro cuando se trata de defender los derechos humanos, sociales o económicos, de los más débiles. El Sínodo de la Iglesia Latino-Americana de Puebla de 1978 ha marcado profundamente la vida de los creyentes de este continente condenando sin atenuantes el "imperialismo del dinero que hoy muestra su cara idólatra" y al mismo tiempo el rechazo de las ideologías revolucionarias.

El nuevo Pontífice tiene una fuerte personalidad. Desde este punto de vista podemos esperar enormes sorpresas. Ha tomado el nombre de Benedicto, en homenaje al fundador de la grande tradición monástica de Occidente. Su mensaje es claro: crear nuevas formas de comunidades cristianas en respuesta a los desafíos de una sociedad que poco a poco se está alejando de Dios. Estamos asistiéndo al abandono de la práctica religiosa.

En verdad se esperaba en un Papa latinoamericano, un Papa del continente más catolíco del mundo con sus 500 millones de creyentes.

rodolfo.faggioni@corrispondenti.net

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