El Kan amenaza China

abril 27, 2004Publicado el: 3 min. + -

El Kan amenaza China Pablo Cingolani Siento la corriente que sin cesar se escurre por mis manos. Mi cuerpo se subleva por la caricia de las aguas que me envuelven? Veíamos unos pequeños peces que proyectaban sus colores ?índigo, bermejo, ocaso- en el lecho de piedras que siempre me parecía blanco. Enloquecidos, llegaban de más allá de la línea de los hielos que se quebraban. La cruzábamos para no saber de la arena debajo de nuestros pies. No dejábamos ni un momento de agitarnos y dar vueltas en la espuma, lejos de la orilla, donde el lobo nos observaba, sin que lo viéramos... Era una presencia. Luego del baño, envueltos en pieles y la gratitud de mi madre, oíamos como se alejaba de la playa y nos dejaba ahí, presas de su retirada, en el silencio de nuestros corazones. Gritábamos "auuhh, auuhh" , y él nos respondía. Auuhh, auuhh" , le respondíamos. Lo incierto se tornaba luminoso, el día brillaba como un torrente: nacían estrellas y destinos de la nada, los labios se enguajaban en una sal de victorias anticipadas, una verdad comenzada a practicar. Mi madre me decía que murmuraba entre dientes, entre el frío: - Seré soldado, seré soldado...

El Kan amenaza China

a Fernando Luna, desde siempre

Pablo Cingolani

Seré soldado.

Mi lanza barrerá las fronteras de la estepa. Arrasará todas las murallas. El viento hará mi nombre inmortal. Venceré...

Eran frías las mañanas de primavera cuando corríamos a mojarnos y nadar en el río.

Siento la corriente que sin cesar se escurre por mis manos. Mi cuerpo se subleva por la caricia de las aguas que me envuelven?

Veíamos unos pequeños peces que proyectaban sus colores ?índigo, bermejo, ocaso- en el lecho de piedras que siempre me parecía blanco. Enloquecidos, llegaban de más allá de la línea de los hielos que se quebraban. La cruzábamos para no saber de la arena debajo de nuestros pies. No dejábamos ni un momento de agitarnos y dar vueltas en la espuma, lejos de la orilla, donde el lobo nos observaba, sin que lo viéramos...

Era una presencia.

Luego del baño, envueltos en pieles y la gratitud de mi madre, oíamos como se alejaba de la playa y nos dejaba ahí, presas de su retirada, en el silencio de nuestros corazones.

Gritábamos "auuhh, auuhh" , y él nos respondía.

Auuhh, auuhh" , le respondíamos.

Lo incierto se tornaba luminoso, el día brillaba como un torrente: nacían estrellas y destinos de la nada, los labios se enguajaban en una sal de victorias anticipadas, una verdad comenzada a practicar.

Mi madre me decía que murmuraba entre dientes, entre el frío:

- Seré soldado, seré soldado...

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