Alfonso Gumucio D.
El presidente debería tener mucho cuidado con lo que afirma, y si afirma que hay un “golpe civil” en marcha, presentar argumentos convincentes. Todos los gobiernos autoritarios en este país han usado la excusa de “amenazas de golpe” para dictar el Estado de Sitio, y si eso es lo que quiere Evo Morales, no hará sino unirse a esa escuela autoritaria. Repetir una y otra vez “ya viene el lobo, ya viene el lobo”, es peligroso, porque cuando venga realmente, no habrá quien le crea al presidente.

Escritor, cineasta, periodista, fotógrafo y especialista en comunicación para el desarrollo. Ha trabajado en programas de comunicación para el cambio social en África, Asia, América Latina y el Caribe, con agencias de Naciones Unidas, con fundaciones internacionales y ONGs.
Fue miembro de la redacción del Semanario "Aquí" y ha publicado en un centenar de diarios y revistas de Bolivia, América Latina, Europa, Norteamérica, África y Asia. Dirigió películas documentales en varios países. Es Coordinador del Grupo Temático de Comunicación para el Cambio Social en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).
Ha publicado más de veinte libros de poesía, narrativa, testimonio, y estudios sobre literatura, cine y comunicación, entre ellos: Historia del Cine Boliviano (1982); Cine, Censura y Exilio en América Latina (1979); Luis Espinal y el Cine (1986); Las Radios Mineras de Bolivia (1989) en colaboración con Lupe Cajías; Comunicación Alternativa y Cambio Social (1990); La Máscara del Gorila (1982) Premio del Instituto Nacional de Bellas Artes de México; Haciendo Olas: Comunicación Participativa para el Cambio Social (2001), Antología de Comunicación para el Cambio Social (2008).

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Hay que analizar las cosas con la cabeza fría. Lo que está sucediendo actualmente es que varias regiones, lideradas por sus movimientos autonómicos, están en paro, resistencia y en actitud beligerante con relación a las medidas de aplanadora que el gobierno del MAS pretende imponer. Eso no significa que estén en actitud “golpista”, porque para dar un golpe hay que tener armas y contar con el apoyo del ejército. La figura de “golpe civil” sólo podría darse si el congreso inhabilitara al presidente, lo cual es improbable dado que el MAS tiene mayoría en la Cámara de Diputados, y los senadores no tienen interés en jugar con fuego.
Los movimientos ciudadanos, sean de izquierda o de derecha, son legítimos y legales en una democracia. Evo Morales está probando ahora su propia medicina, pues los autonomistas están actuando de la misma manera que las bases del MAS actuaron cuando Evo Morales estaba en la oposición. Ese estado permanente de agitación y zozobra que se vive en Bolivia, es un legado del MAS y de Evo Morales, que muy hábilmente agitaba a las calles cada vez que en el Congreso, donde era diputado, no le hacían caso.
Ciertamente que en los movimientos autonomistas se mueve mucho la derecha, tratando de capitalizar al máximo el descontento de las regiones frente al trato que reciben del gobierno central. Pero ya quedó muy claro que no se sostienen las afirmaciones del gobierno de que “unas cuantas familias” de Santa Cruz y de otros departamentos manipulan a cientos de miles de ciudadanos. En Santa Cruz he encontrado ciudadanos de muchos otros departamentos de Bolivia, incluyendo Oruro y Potosí, que están a favor del Estatuto Autonómico, aunque saben que la derecha está muy infiltrada en la dirigencia del movimiento autonómico.
Esa derecha autonomista no tiene capacidad de dar un “golpe civil”, como afirma el presidente, sencillamente porque es un movimiento regional, o una suma de movimientos regionales con intereses diversos, y no está articulada como una fuerza política. PODEMOS, el único partido que podía haber capitalizado desde la derecha el movimiento autonómico, se disparó en el pie y ahora ya no existe, no cuenta, a no ser por lo que todavía le queda en el Congreso.
En esta reflexión hay otro elemento para analizar. ¿Cual sería el interés de los autonomistas de derrocar al MAS y al presidente Morales? Ninguno, obviamente. Derrocar a Evo Morales es convertirlo instantáneamente en un héroe, a nivel nacional e internacional. Igual que Hugo Chávez, Evo Morales regresaría en hombros al Palacio de Gobierno, y yo estaría entre los que aplaudan su regreso, sencillamente porque aborrezco los golpes y las conspiraciones.
No, la derecha no quiere derrocar a Evo Morales, lo que quiere es que se caiga solito. La derecha infiltrada en los movimientos ciudadanos a favor de la autonomía quiere que el gobierno se deteriore y se desmorone, se haga pedazos solito.
Es una cuestión de tiempo, si es que las cosas siguen como hasta ahora, pues casi todos los pasos que ha dado el gobierno han sido desafortunados. Nadie ha atentado más contra el proceso de cambio social en Bolivia, que el propio gobierno que lo enarboló como bandera. Donde miremos, vamos a encontrar inexplicables metidas de pata, producto de la soberbia centralista, dela arrogancia indigenista (un indigenismo mal llevado, que hace daño al movimiento indígena), y del poco respeto por el juego democrático.
Los ejemplos abundan. Este gobierno ha funcionado hasta ahora a punta de decretos presidenciales, al igual que los gobiernos militares. Este es un gobierno que ha cacareado una nacionalización del gas que no existe, pues es simplemente una renegociación con las empresas multinacionales en mejores condiciones. Este gobierno ha llevado a la bancarrota, por su irrespeto a la ley, una Asamblea Constituyente que pudo haber cristalizado los anhelos colectivos del país, pero terminó en un sainete tramposo y costoso. Este es un gobierno que no concreta sus ofertas sociales de mejor educación y mejor salud para toda la población. Este es un gobierno que usa más propaganda que cualquier otro gobierno anterior. Este es un gobierno que tiene un discurso radical contra el imperialismo, pero es el gobierno que más convenios ha firmado con el Banco Mundial. Este es un gobierno que no tiene capacidad de control sobre la violencia, y por el contrario la estimula, habiendo ya acumulado en la mitad de su gestión varias decenas de muertos. Este es un gobierno que se ha enfrascado en el enfrentamiento político y ha descuidado la economía, al extremo de que ni siquiera podemos cumplir el compromiso de entregar gas a Argentina. Este es un gobierno que ha desmantelado la institucionalidad del país, tanto el Tribunal Constitucional, como la Corte Suprema de Justicia, y la Corte Nacional Electoral. En fin, podríamos seguir por un buen rato.
Pero a pesar de todo es un gobierno que tiene que terminar su periodo, por la sencilla razón de que estamos en democracia y así lo decidió la mayoría. Sin embargo, no podrá lograrlo si continúa violando preceptos constitucionales y sigue tratando de avanzar con medidas autoritarias y acciones que no tienen ni legalidad ni legitimidad. Se caerá solito si sigue jugando con fuego. Y peor aún, nopodemos excluir la posibilidad de que los propios movimientos sociales que lo llevaron al gobierno, los de izquierda, lo dejen solo cuando se derrumbe.
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