Ojo de vidrio: Publicó las novelas: ¡Qué solos se quedan los muertos!-Vida de Antonio José de Sucre
(Ed. El País, 2006), Potosí 1600 (Premio Alfaguara 2001), Ladies Night, La Casilla Vacía, Ando volando bajo (Premio Guttentag 1994),
El run run de la calavera (Premio Guttentag 1983), Allá Lejos (Ed. Los Amigos del Libro, 1978).
Inició su carrera literaria con Pedagogía de la Liberación (Premio Franz Tamayo de Ensayo 1975).
Tiene dos libros de crónica gastronómica: Crítica de la sazón pura, Todos los cominos conducen aroma y La importancia de vivir en Cochabamba.
Es también guionista de cine.
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10-09-2009: Notas sobre video, democracia y cotidianidad en el arte contemporáneoA principios de los 60 vivía en París; era amiga de Cortázar y de Octavio Paz y, según sus biógrafos, se acostaba indistintamente con hombres y mujeres, en un torbellino de alegría y de pasión que fue quizá la época más feliz de su vida. Pero poco después comenzó a deslizarse irremisiblemente hacia ese 25 de septiembre de 1972 en que la muerte le ofreció en el cuenco de su mano huesuda cincuenta pastillas de Seconal, el vehículo preferido entonces para quitarse la vida.
Este comercio con la administradora de nuestra hora postrera había tenido varios episodios, con las consiguientes internaciones en institutos psiquiátricos. Quizá por eso la muerte es una presencia viva (si se puede decir así) en su poesía. Como Dios, está en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Los literatos prefieren circunscribirse a su condición de "poeta del lenguaje", emparentada con los grandes poetas malditos, y olvidar su trágica carrera hacia la muerte que le dio la cita postrera a sus treinta y seis años.
Por eso algunos analistas consideran su obra posterior a 1968 como "el diario íntimo de una psicosis". Diario construido por una loca dotada de extraordinaria agudeza poética, aunque otras lectoras de su obra, como Cristina Piña, a quien debemos una biografía de Alejandra, prefieren creer que la potencia creativa de la artista y la precisión de sus palabras corresponden a sus períodos de lucidez y no de locura.
No sólo potencia creativa y precisión, sino humor negro para reírse de sus angustias, como en el título de una de sus obras últimas, "Extracción de la piedra de la locura", seguida de "El infierno musical". "Voces, rumores, sombras, cantos de ahogados, no sé si son signos o una tortura", así describe la fragmentación de su identidad y personalidad.
"Una vibración de los cimientos, un trepidar de los fundamentos, drenan y barrenan/ y he sabido dónde se aposenta aquello tan otro que es yo, que espera que me calle para tomar posesión de mí y drenar y barrenar los cimientos, los fundamentos/ aquello que me es adverso desde mí conspira, toma posesión de mi terreno baldío".
Voz angustiosa que abandona los escenarios de la razón y el sosiego para gritar desde lo más profundo del pozo que aparece en el último mensaje que dejó escrito en un pizarrón: "No quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo."
Y sin embargo es la misma que en sus años felices escribía alborozada: "La poesía es el lugar donde todo sucede. [...] Decir libertad o verdad y referir estas palabras al mundo en que vivimos o no vivimos es decir una mentira. No lo es cuando se las atribuye a la poesía: lugar donde todo es posible."
"En oposición al sentimiento del exilio, al de una espera perpetua está el poema ?tierra prometida?."