www.bolpress.com Posts

El escenario neoliberal en Bolivia

Vezna Marinkovic

Publicado el: enero 9, 2005 4 min.

Vezna Marinkovic U.
El escenario creado por el neoliberalismo nunca ha sido benéfico para el país ni para la democracia representativa pese a la espectacularidad de las cifras macroeconómicas y a la estabilidad política que ha establecido desde 1985.

Vezna Marinkovic U.

El escenario creado por el neoliberalismo nunca ha sido benéfico para el país ni para la democracia representativa pese a la espectacularidad de las cifras macroeconómicas y a la estabilidad política que ha establecido desde 1985. Esta es una verdad que recién hoy comienza a cobrar a sentido cuando constatamos que el neoliberalismo es, en realidad, contrario a toda forma de democracia y por tanto de equidad. Desde su implementación no ha podido articular una nueva matriz sociopolítica capaz de consolidar la democracia y por el contrario ha venido “consolidando” un estado ausente, sirviente del interés transnacional junto a un sistema de partidos incapaz de representar adecuadamente la demanda ciudadana provocando, eso si, la mayor crisis del sindicalismo nacional y propiciando el hundimiento de otros actores sociales capaces de presionar al estado. El resultado de todo ello es el profundo vacío de legitimidad en que se debate hoy la democracia boliviana y la ausencia de respuestas coherentes a una crisis económica que ha desbordado los límites de lo aguantable.

El “estilo neo” ha significado que las políticas públicas en Bolivia sean elaboradas por tecnócratas supeditados al asesoramiento extranjero que plantea, de entrada, una ruptura total con la democracia participativa pese a la direccionalidad de los discursos oficiales y, por otro lado, la caída de los recursos internos de inversión, ha obligado a los gobiernos “light”, aceptar las imposiciones de los organismos internacionales y a supeditarse comodamente a los designios de los intereses especialmente de EE.UU, lo que elimina nuestros sueños de soberanía y autodeterminación nacional junto al radicalismo reivindicativo de la clase trabajadora ausente de propuestas. De manera que, junto al fracaso de la estrategia neoliberal de crecimiento económico y de fortalecimiento democrático está, a no dudarlo, el fracaso de las elites revolucionarias en la tarea de construir un sistema político estable, productivo y autónomo justo cuando el poder se hace transnacional y cuando la intolerancia en Bolivia se pinta de movimiento regional reivindicativo sin luces que la opaquen. En estas condiciones, si la Asamblea Constituyente no se convierte en el espacio fundacional de un nuevo estado que represente a la nación que conformamos, con claridad y eficiencia, esta modalidad de la democracia participativa será otro instrumento del poder imperial para incorporar sus pendientes neoliberales de manera no solo subliminal. Es prioritario, entonces, estar atentos a lo que ocurra en el Parlamento en torno a las definiciones que se tomen sobre las características de dicha Asamblea.

Por el momento, creo que a todos nos corresponde desprivatizar la acción y emprender un proceso significativo de cambios exacerbando nuestra iniciativa e imaginación para evitar que, en el camino, reaparezca la figura del autoritarismo como respuesta. El ambiente se está caldeando al amparo de las transnacionales, las provocaciones salen de todas las direcciones posibles y el boliviano tendrá que aprender a leer las pretensiones del poder, sin perderse en el proceso. Entretanto, el dilema del desarrollo es, nuevamente y en estas condiciones, un tema de postergación permanente. Ahí estamos, como varados en la nada, caminando hacia el vacío y lo peor, concientes de ello. De manera que o, nos removernos enteritos hacia la acción o mejor decretamos la muerte de la revolución posible, por exceso de ineficiencia.

Atrás