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La refundación de Bolivia

Publicado el: enero 29, 2004 3 min.

La refundación de Bolivia
Ramón Rocha Monroy
Somos pasmosamente aficionados a las palabras que suenan a bombo y sonaja, y en esa línea nos hemos dejado cautivar por una que, más que refundar, retumba. Es la palabra “refundación”.

La refundación de Bolivia

Ramón Rocha Monroy

Somos pasmosamente aficionados a las palabras que suenan a bombo y sonaja, y en esa línea nos hemos dejado cautivar por una que, más que refundar, retumba. Es la palabra “refundación”.

Refundación de Bolivia. Suena a borrón y cuenta nueva: el pasado no existe más y a partir de nosotros nace un nuevo país, acaso una nueva nación.

Esos entusiasmos típicos de toda crisis suelen disiparse por lo general con un examen sereno del pasado, de la memoria histórica e institucional. En ese orden, la verdadera refundación del país ha ocurrido hace veintidós años, el 10 de octubre de 1982, con la democracia.

Esto es lo más sensato que he escuchado en medio de los brotes regionales de la histeria colectiva: el inicio de una auténtica vida democrática en el país ha revolucionado las prácticas políticas y sociales, ha creado múltiples espacios de expresión, ha exigido transparencia en el manejo de la cosa pública desde la sociedad, ha multiplicado los mecanismos institucionales o espontáneos de fiscalización social sobre los servidores públicos, pero, por sobre todo, nos ha permitido reconocernos en un gran escenario horizontal multiétnico, multicultural, plurilingüe, con reivindicaciones de generación y género plasmadas en leyes.

En ese ciclo de refundación del país hay una cúspide: los acuerdos del 9 de julio de 1992 en los cuales los bolivianos planteamos al Estado la agenda pública de la última década que ha sido cumplida casi en su totalidad con la creación del Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo y el Consejo de la Judicatura; las nuevas leyes electorales que garantizan comicios limpios, la ley SAFCO y la costumbre de elegir a los funcionarios públicos de jerarquía por dos tercios de votos congresales. Únicamente han quedado pendientes la ley de industrialización de la hoja de coca y el cumplimiento global de la ley de descentralización, pues ésta tenía dos vertientes, una regional y otra municipal. El gobierno de Sánchez de Lozada optó por desarrollar la descentralización municipal con la ley de participación popular y postergar la descentralización regional, pero eso no quiere decir que no se haya previsto la posibilidad de crear autonomías o cualquier otra forma de gestión al margen del centralismo del viejo régimen.

Hubo un factor de distorsión de este proceso que, de no corregirlo, puede ser letal: la política económica neoliberal, que dilapidó nuestro patrimonio con la Capitalización. Por eso corregirla y enmendarla, ya que no podemos suprimirla, será un ejercicio de reconducción de la democracia. Hubo también un factor secundario: que los líderes populares de hoy se niegan a reconocer los avances del proceso democrático y, más aún, los desarrollos pendientes, que no son contradictorios con el ciclo iniciado en 1982. En definitiva, no se puede imaginar una forma de estado o de sociedad que no esté basada en una ampliación de la democracia, es decir, de esa señorita de 22 años que engendramos y criamos con dificultades, es cierto, pero con gran esperanza en su porvenir.

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