Un conocido matutino estadounidense, en su editorial de pocos dias atrás, ha dado a Hillary Clinton una ventaja de doce puntos sobre su rival el repubblicano Donald Trump en las próximas elecciones americanas del 2016.

Hillary es la candidata del Partido Demóctata a las presidenciales de noviembre en los Estados Unidos. Nacida en Chicago en 1947, se mudó a Arkansas, casándose con Bill Clinton en 1975. Esposa tolerante de un marido muy agradable a los estadounidenses, que ahora se vé siempre a su lado. Profundamente enraízada en el sistema jerarquico del Partido y de la sociedad, senadora por el Estado de New York, fue la oponente desafortunada de Barak Obama en 2008, nombrada luego Segretaria de Estado de los EE.UU. por el Presidente Obama. Incansable recaudadora de fondos para sus campañas, nadie podía imaginar que hubiese brillado como una estrella durante toda la marcha hacia la Casa Blanca. Sostenida por el Washinton Post y el New York Times y sobretodo mujer. Mujer de suceso de imitar y admirar. Se pensaba que todas las mujeres votarían por ella. Todas las electoras jóvenes del “caucus” de Iowa y de las primarias de New Hampshire han votado por su contrincante el anciano Bernie Sanders.

Durante los 14 años pasados, primero como “first lady” y luego como Secretaria de Estado, los esposos Clinton han ganado 139 millones de dólares, una cifra enorme imposible de ganar como “Commander in Chief”, Hillary, más que al partido y a los electores, ha pensado mucho más a sus bolsillos, hace poco ha ganado 675 mil dólares por tres conferencias patrocinado por Goldman Sachs, uno de los bancos que ha conducido a la catástofe financera de 2008. Quién se ha formado en los años de la recesión y quién no ha podido criar a sus hijos sin poder llegar al final del mes, no ha recibido muy bien esta noticia.

En los Estados Unidos se ha introducido poco a poco el virus del “socialismo” bajo varias formas, del “Occupy Wall Street” a las incursiones a las universidades de mayor prestigio, cuyo alto costo las hace inaccesibles a la clase media. La clase media, como ha sucedido en todo el mundo, se ha empobrecido, manteniendo un fuerte resentimiento hacia “Wall Street”, que ha desplumado los Estados Unidos y ningún potente ha pagado. De este modo, el núcleo duro y rural del sueño americano se ha polarizado en un personaje como Donald Trump, porque él ha prometido de rinverdirlo.

Los habitantes blancos de las ciudades, aquellos negros o hispanos de los guetos, por ahora le han dado las espaldas. No obstante todo, continua luchando en la construcción de la imagen de la “mujer perfecta”. En sus debates televisados, donde casi siempre ha ganado algún punto a su favor gracias a la gestión “politically corret”, que incluye su esposo Bill, grande patrocinador de su eleeción de la Casa Blanca, de su hija Chelsea e incluso de su nietecita Charlotte. De este modo, se ha encontardo fuera de tono incluso con su propia gente. No ha simpatizado con los ciudadanos y no se ha demostrado una gran oradora.

Esto no quiere decir que perderá en las elecciones presidenciales. En todo el mundo, la antipolítica, antes o después se desinfla. Hay que ver si se desinflará antes o después de las elecciones americanas.

Como compañero de fórmula para la vicepresidencia a elegido al senador Tim Kaine, un político de 58 años, miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Kaine procede de una familia de la clase trabajadora y habla perfectamente el español. Dos características que le otorgan un perfil, que, según espera, puede ayudarla a fortalecer sus opciones para derrotar a Donal Trump. De jóven, Kaile trabajó como voluntario con los misioneros jesuitas en Honduras, esto podría ayudar a Hillary a llegar al electorado hispano.