El golpe de Estado ejecutado en Brasil por la poderosa alianza plutocrática del imperialismo, las transnacionales, la oligarquía empresarial y terrateniente, la Red O Globo y otros medios, el sistema bancario y financiero y la corrupción organizada de sectores de senadores y diputados, en contra de la presidente Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT), se proyecta más allá de las fronteras del gigante de América del Sur no solamente por su peso económico y político de alcance mundial, sino sobre todo por la importancia geopolítica que tiene en el contexto latinoamericano y caribeño, poniendo en riesgo los avances de unidad e integración emancipadora realizados en los últimos quince años.

Michel Temer, quien fue vicepresidente de Rousseff, es el instrumento de los poderes fácticos conservadores y neoliberales para llevar adelante una política que destruya las políticas sociales, el papel del Estado en la economía y el importante protagonismo geopolítico regional y mundial que agrupaba a las potencias emergentes como Rusia, China e India en los BRICS, por una parte; a países africanos con posiciones tercermundistas e impulsores de las relaciones Sur-Sur, por otra; y finalmente a las tendencias nacionalistas, antiimperialistas y progresistas de América Latina y el Caribe que desarrollaron iniciativas de acción conjunta.

Las primeras señales de su administración se orientan a seguir las decisiones de los grandes bancos, transnacionales y medios de comunicación y esto se expresa en la formación de su gabinete ministerial, en el cual destacan hombres de negocios, gerentes de bancos, terratenientes que controlan la producción de la soya y hombres vinculados a las redes mediáticas y al poder de los partidos tradicionales. Bajo el control de los tres Robertos Marinho, los hermanos dueños de la cadena O Globo, están el Rey de la Soya, Blairo Maggi, como Ministro de Agricultura, el hombre del poder bancario y financiero, Henrique Meirelles, como Ministro de Hacienda, el adalid del neoliberalismo y ex gobernador de Sao Paulo, José Serra, como Ministro de Relaciones Exteriores y otros de similares antecedentes.

PESOS Y CONTRAPESOS GEOPOLITICOS

El zarpazo político dado por el sistema tradicional de partidos del Brasil ha producido distintas reacciones en los gobiernos de los países de la región: por un lado Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua y El Salvador han manifestado su preocupación por la ruptura democrática, calificando de golpe institucional la decisión parlamentaria de suspender a la presidenta y por otro Colombia, Perú; Argentina y, por supuesto, Estados Unidos, han dado su visto bueno a Michel Temer y su alianza. A su vez, los movimientos sindicales, populares, campesinos, así como grupos de intelectuales, artistas y trabajadores de la cultura de toda América Latina han repudiado el golpe.

La primera señal es clara. La polarización de alternativas respecto a: 1.- los procesos de unidad e integración regional desarrollados desde principios de siglo; 2.- la división frente a la aplicación de medidas neoliberales guiadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM); y 3.- las posiciones en relación a la estrategia estadounidense de avanzar en una injerencia mayor sobre el comercio, la economía, la política y la seguridad regional tomando en cuenta su retroceso en Asia, Europa Oriental y Medio Oriente.

Las coincidencias de Temer con el presidente de Argentina, Mauricio Macri, que en pocos meses de gobierno impuso un duro paquete con alzas de precios de los productos básicos de consumo y de los servicios de gas, agua y electricidad y con decenas de miles de despedidos de sus fuentes de trabajo, se manifestaron inmediatamente tanto por su adhesión a las políticas de libre comercio de Estados Unidos, sus relaciones directas con agencias del Departamento de Estado, como por su intención de debilitar el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

EL EJE BRASIL-ARGENTINA

A su vez, las declaraciones de los gobiernos y de poderosos medios de comunicación de Colombia, Estados Unidos y Chile, respaldando al gobierno ilegítimo de Brasilia, permiten advertir que los proyectos de la Alianza del Pacífico (A. del P.) y el Tratado de Asociación Trans Pacífico (TTP) apadrinados por Washington, recibirán un espaldarazo de Temer y Macri. La importancia regional de las coincidencias de los gobiernos de Brasil y Argentina, en la perspectiva conservadora que se pronostica, es decisiva para el futuro de los países de Sudamérica.

La ofensiva oligárquico-imperialista en América Latina y el Caribe, sin embargo, no se queda ahí, sino que se combina con la agresión incesante que se ejecuta contra el gobierno de Caracas, donde el presidente Nicolas Maduro enfrenta una larga campaña diplomática, política, mediática, económica y la amenaza de agresión militar sobre su territorio, en medio del intento de revocar su mandato por la acción de una Asamblea Nacional con mayoría opositora, bajo similares criterios a los manejados en Brasil. En Bolivia también se ha advertido el despliegue de los mismos mecanismos, incluyendo la “guerra sucia” operada por varias agencias de noticias, periódicos y canales de televisión que repercuten las versiones y los rumores de las redes de internet con la finalidad de debilitar al gobierno y a la figura de Evo Morales.

El peso político y económico del Eje Brasil-Argentina es decisivo en la región por lo que la coordinación de los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires apunta, de inmediato, a revertir las posiciones nacionalistas y antiimperialistas del pensamiento bolivariano de la Patria Grande que han conseguido desde 2005 constituir un bloque con voz y posición propia en la geopolítica mundial. La señal más lamentable al respecto es la capitulación de Macri frente a Inglaterra en relación a la patriótica causa de Malvinas Argentinas.

LA RESISTENCIA ANTIIMPERIALISTA

Sin embargo, en este contexto de retroceso nacional-popular se han producido importantes movilizaciones, huelgas y bloqueos de los sectores sindicalizados y populares en rechazo a las políticas de Macri en la Argentina e inclusive han avanzado los iniciativas de unificar las centrales obreras para formar un bloque de resistencia; de igual manera los movimientos populares de Brasil han salido a las calles para repudiar el golpe a la presidenta y las poderosas organizaciones del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y de la Central Única de Trabajadores (CUT) han manifestado su radical oposición al gobierno de Temer.

Se advierte también que sectores civiles y militares argentinos que han impulsado la soberanía argentina en las Malvinas y respaldado las acciones tendientes a conseguir la solución mediante diálogo impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que reconoce que existe un problema no resuelto, demandan una posición clara del gobierno. Asimismo, en el caso de Brasil, las Fuerzas Armadas de ese país se han manifestado constantemente por la defensa de la Amazonía y por desarrollar una estrategia propia y regional en un mundo multipolar, aunque hasta ahora en la nueva coyuntura no han hecho conocer su criterio frente al nuevo gobierno.

En la perspectiva de la unidad de la Patria Grande y de poner freno a las políticas neoliberales en el continente también el papa Francisco ha manifestado su preocupación por las políticas que están comenzando a implementar los nuevos gobiernos afectando a los grupos y sectores más pobres, marginados y desfavorecidos.

Los próximos meses van a ser muy importantes para marcar hasta dónde las nuevas tendencias políticas, sociales y económicas provocan un cambio radical y la reversión de los cambios realizados hasta ahora, tomando en cuenta que la democracia liberal y formal sin un avance más profundo de la organización popular se convierte en un instrumento de la dominación y el sometimiento.