Para comprender la situación actual de la mujer es pertinente trasladar el análisis al plano histórico y éste ciertamente nos remonta hace miles de años atrás. Por lo tanto sería un error pretender enfocarnos simplemente en las formas que se ejerce la opresión y explotación de la mujer en la actualidad, pues eso nos limitaría a aceptar como adecuadas las soluciones planteadas por las autoridades que responden a la ideología dominante, sin importar el partido al que pertenecen o como éste se autodenomine, todos responden a la ideología que apunta a perpetuar el dominio capitalista que se resiste a perder los privilegios de explotar “natural” y “legalmente” al sexo débil.

Pese a las muchas leyes surgidas y a las instituciones privadas y públicas que brindan ayuda a las mujeres, -sobre todo a las que están en situación de extrema vulnerabilidad- no son suficientes, pues no cuestionan y más bien renuevan y fortalecen la estructura social, cultural, económica, ideológica, que otorgan el papel prominente al varón como habitual ejecutante del poder público y social. En cambio la mujer, cuya función es inapreciable e infravalorada, se encuentra relegada por la estructura económica, las relaciones de producción, las normas y costumbres sociales que refuerzan las relaciones de género a los intereses masculinos desde el surgimiento de la sociedad patriarcal, que ha legado un conjunto material y simbólico que anudan estas relaciones sociales y económicas con las comportamentales, sentimentales, cognitivas, haciendo que estas prácticas sean interiorizadas como naturales que privilegian exclusivamente lo masculino.

Mediante este trabajo, notaremos que la opresión y explotación de la mujer no siempre fue así, que aunque esta situación hoy parezca natural, la condición de la mujer fue distinta, llegando incluso en algún momento de la historia a ocupar un lugar relevante en la organización y funcionamiento social, no sólo para la sobrevivencia del mismo, sino también para el desarrollo de la cultura y de la civilización.

La mujer en la actualidad, pese al “maquillaje social” con el cual se pretende hacer creer que las cosas han cambiado, aseverando que ahora tienen las mismas oportunidades laborales, educativas, económicas, políticas, etc. sigue siendo víctima de violencia física, psicológica, sexual y cultural; infravalorada laboral, económica y políticamente, de ahí la importancia de hacer un análisis aunque somero, pero con la voluntad de que éste sea lo suficientemente claro como para comprender los elementos socio-históricos y económicos que fueron la causa por la que la mujer hoy en día esta en situación de opresión y explotación. Este ensayo es simplemente un borrador, por tanto presto a sufrir modificaciones, fruto del resultado de análisis y aportes teóricos que puedan darse a partir de su divulgación.

  1. 1. BIOLOGÍA Y ANTECEDENTES SOCIO-HISTÓRICOS

Empezamos el desarrollo de este acápite escudriñando el determinismo biológico, pues la ideología de la derecha afirma que la subordinación femenina tiene una base innata, creencia que desde hace muchos años viene justificando la opresión de la mujer, posteriormente iremos “más allá de la biología” centrando nuestra reflexión en los antecedentes socio-históricos para develar esta torcida corriente científica.

Esta teoría basada más en deseos que en datos objetivos, asevera que las conductas humanas son consecuencias de los procesos bioquímicos de los que está compuesto todo individuo, por lo tanto la sociedad y los individuos que la componen son el mero reflejo de los genes que determinan la naturaleza humana, entonces el orden social es el resultado de la carga genética de los seres humanos. Esta ideología tiene como fin principal ayudar a mantener el orden imperante, creyendo expresar la “naturalidad” de cualquier orden social, situación que se facilita porque la clase dominante tiene la propiedad de los medios de producción material por lo tanto también controla los medios de producción mental.

Para Marx y Engels las ideas dominantes no son más que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, por lo tanto explicar la naturaleza humana como un mero epifenómeno de la estructura genética de los individuos, responde directamente a la ideología de clase dominante que intenta “naturalizar” sus privilegios. Es así que el patriarcado no es la consecuencia natural de la división sexual del trabajo, como sostiene la ideología burguesa, sino una construcción cultural masculina con base económica de dominio a la mujer, que más bien rompe con el antiguo equilibrio entre los sexos, aboliendo el derecho materno de filiación y sucesión, haciendo de la mujer y de los hijos objetos de propiedad privada del varón.

La monogamia, la forma más elevada de familia del patriarcado, de acuerdo a Engels, es la forma de esclavitud de un sexo por el otro, es la proclamación de un conflicto entre los sexos desconocido hasta entonces en la historia, además añade que el primer antagonismo de clases que surge en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia y la primera forma de opresión femenina.

El patriarcado se sostiene bajo los argumentos de que es un producto inevitable de nuestra biología, que marca de manera natural la diferencia entre hombres y mujeres y que éstas están determinadas por nuestros genes. Si bien el patriarcado precede al capitalismo, se constituye en un aliado ideológico fundamental para la opresión y explotación de la mujer desde tiempos antiguos hasta la actualidad. Bajo la sociedad patriarcal, los hombres tienden a llevar los trabajos más cualificados, mayoritarios y por lo tanto mejor remunerados. En cambio las mujeres los trabajos infravalorados o peor pagados, lo que a la larga implica una subordinación tanto económica como afectiva emocional. Además, la mujer también queda relegada al trabajo reproductor y del cuidado de los hijos, pero esta faena reproductora, no sólo se limita al cuidado de la prole, sino también al servicio del “pater familias”, como preparar la comida, lavar la ropa, mantener limpia la casa, administrar de manera eficiente la escueta economía, en otras palabras no ser sólo una eficiente ama de casa, si no también ser propiedad de satisfacción sexual del varón. Esta labor desempeñada por la mujer no es valorada por el capitalismo, más todo lo contrario, condena la vida doméstica a un sitial desvalorizado y específico de la mujer. Por lo tanto el patriarcado es una forma de organización social de la ideología dominante, directamente relacionada con el capitalismo, que es sostenida por aquellos que se benefician de ella, construida material y simbólicamente, mediante subordinación económica, presiones sociales y culturales transmitidas a través de instituciones estatales y religiosas que conducen a los sexos en direcciones distintas, posesionando a uno como dominante y a otro como dominada.

El patriarcado tiene una serie de prácticas sociales que prescriben la conducta esperada de hombres y mujeres, que configuran su actuar y emocionar de acuerdo a lo establecido mediante la convención social impuesta por la ideología dominante.

Para sostener esta práctica, los cientistas del determinismo biológico se apoyan en observaciones que encuentran entre los primates, los roedores, las aves, y muchos insectos.

Pero en contraposición a estos estudios interesadamente manipulados, se encuentran los hechos aportados por la antropología y otras disciplinas afines que hablan de la evolución biológica y cultural de los seres humanos. Dada la amplitud de los resultados de estos estudios, analizaremos los principales estadios para comprender la importancia e influencia en el desarrollo del individuo y de las sociedades de lo que se conoce como leyes biológicas y sociales, es así que tomaremos como referencia las siguientes etapas evolutivas:

· Australopiteco o precursor del hombre.

· Pitecántropo o estadio del más antiguo hombre.

· Paleoántropo o estadio del hombre de Neandertal.

· Neoántropo o estadio del hombre contemporáneo.

El australopiteco tenía como características principales la manipulación de los objetos y un gran desarrollo de las relaciones gregarias, lo que permitía el surgimiento de situaciones favorables para entablar relaciones variadas y complejas entre los individuos. Biológicamente estaban en desventaja con otros animales, su postura bípeda hacía más lento su traslado, aspecto que no le permitía rivalizar en velocidad con los cuadrúpedos, la falta de garras y colmillos les hacía más vulnerables al ataque de los depredadores y su poca fecundidad ponía en riesgo su sobrevivencia. Por lo tanto para vencer todos estos obstáculos, les quedaba como mecanismos de sobrevivencia -ante todas las adversidades del entorno- mejorar las aptitudes de manipulación de objetos y sobre todo desarrollar hasta un nivel consciente su instinto gregario.

El pitecántropo se caracteriza no sólo por la manipulación de objetos, sino sobre todo por la fabricación de herramientas, superando de esta manera el empleo de los objetos en su estado natural, ahora existía una transformación consciente lo que le ha permitido la adaptación a las condiciones de su existencia y el modo de vida gregario se encontraba vinculado de manera más sólida. En esta etapa se dio un crecimiento de la población que vino emparejado con el aumento de las necesidades materiales, lo que concluyó en la división del trabajo. Además de afrontar los peligros de la naturaleza, los pitecántropos afrontaban nuevas tareas – tal vez igual o más urgente que la anterior- que venían con el aumento de la población, problemas que eran resueltos con el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad primitiva que duró miles de años y que transformó las formas de cooperación de la vida gregaria y por ende al individuo mismo. El paleoántropo da un aumento y mejora su habilidad en cuanto a la fabricación de herramientas que adquiere una gran variedad de formas para diversas funciones. Aparecen elementos culturales nuevos, de forma embrionaria, que ayudaron de gran manera para el paso al estadio del hombre contemporáneo en quien el desarrollo físico adquiere gran estabilidad, alcanzando un estadio de organización física que permite el desarrollo de la actividad productiva colectiva sin que ya sea necesario adquirir nuevos caracteres hereditarios y es aquí que la selección natural como factor esencial de la formación de la especie fue superada, ahora ingresa un elemento vital en el desarrollo de los seres humanos: las leyes sociales.

A todo este proceso de transformaciones biológicas en los homínidos más antiguos de la especie y subespecie de los homo sapiens hasta se denomina hominización.

Hominización

La hominización como proceso biológico, tiene en el bipedismo su elemento central, sin desmerecer las otras características desarrolladas. El bipedismo permitió al homínido una visión panorámica, que le permitió estar atento al acecho de las fieras, además de liberar las manos, lo que le facilitó una mejor recolección diversificada de frutos, semillas, tallos, raíces, algunos insectos y carroña. Además dio otras particularidades a la caza, que hizo posible por sus características desarrollar la cooperación, indispensable para el éxito en la cacería. Algunas otras características presentes en los homínidos en su etapa de hominización, son los siguientes:

Gregario, aunque en una primera instancia es instintivo, esto le permite germinar la sociedad para hacer frente a las adversidades planteadas por la naturaleza y el crecimiento mismo de la población, sin este carácter gregario instintivo y precario, las posibilidades de sobrevivencia eran nulas.

Omnívoro, lo que le ayuda a no perecer en un ambiente de creciente sequía y escasez de alimentos, la competencia entre los omnívoros suele ser mínima por el propio tipo de alimentación variada.

Hipersexual, no se aparea con fines reproductivos simplemente, sino también por placer, aspecto que fortalece la unidad grupal en torno a las hembras por mucho más tiempo que aquellas especies que se aparean únicamente con fines reproductivos.

Sobre este punto, el determinismo biológico descarta el origen promiscuo de las primeras agrupaciones, tal cual lo sostenían Morgan y Engels como veremos más adelante, argumentando que existían relaciones monógamas desde las primeras agrupaciones que surgen por el enamoramiento adictivo en virtud de la producción oxitocínica y el consiguiente surgimiento de la relación placer-euforia con la pareja, gracias a la secreción de endorfinas mediante la realización del acto sexual, por lo tanto la monogamia como resultado de las relaciones productivas que instauran la propiedad privada y en ella a la mujer es la consecuencia de procesos físico químicos cerebrales, sin embargo, lo que no mencionan o “se les olvida”, es que la liberación de esas hormonas como lo demuestran los resultados actuales de la neurociencia no es permanente, ni siquiera se daba de forma regular, por lo que ese argumento como explicación biológica de la monogamia no tiene sustento científico.

Infancia larga de los nuevos integrantes, lo que permite a estos crecer bajo el cuidado de un grupo, y a lo largo de gran parte de su existencia a nivel cerebral se mantienen flexibles, por lo tanto proclive al aprendizaje y al desarrollo del pensamiento.

La infancia larga vinculada con la inmadurez neurológica y anatómica con la que nace la cría del ser humano, se constituyó en una gran ventaja a medida que lo sociocultural iba teniendo una mayor influencia, pues por ejemplo, a diferencia de la cría de chimpancé que nace con aproximadamente el ochenta por cien de sus potencialidades neuroanatómicas para así de forma inmediata hacer frente a su medio ambiente, le queda sólo el restante veinte por cien para ser estimulada por su entorno. Contrariamente el neonato humano, nace indefenso con aproximadamente el veinte por cien de su funcionamiento cognitivo y neuroanatómico, lo que quiere decir que el ochenta por cien restantes es enriquecido por la sociedad en la que crece y se forma como nuevo individuo. Por lo tanto de todas las características anteriormente mencionadas, sin desmerecer ninguna, el gregarismo es de suma importancia para la supervivencia de los homínidos, y directamente vinculada con la infancia larga, posibilitan defenderse y protegerse, cuidar y entrenar a los críos hasta su autosuficiencia, además facilita el apareamiento lo que a su vez cohesiona al grupo identificándose cada individuo con el conjunto total al que pertenece, también es importante en la redistribución de alimentos, la transmisión de experiencias adquiridas y el origen de la sociedad.

Leyes biológicas y leyes sociales

Retomamos nuevamente los argumentos de los deterministas biológicos para develar su intención de responder a la ideología dominante, en su intento de “naturalizar” la opresión y explotación de la mujer. Evidentemente sobre la estructura biológica de los seres humanos se formó su carácter social, las leyes sociales para desarrollarse a plenitud necesitaban una constitución física de los seres humanos bien definida que sólo se completó en el homo sapiens, como el bipedismo, la agilidad del pulgar y su consiguiente prensión y las características del desarrollo evolutivo del cerebro, aspectos que en el hombre primitivo eran imperfectos. Pero independientemente de las mencionadas características biológicas se fue perfeccionando el ser humano en función de las particularidades de la producción no individual, sino colectiva, bajo la influencia de nuevas leyes: las sociohistóricas. El rol del trabajo colectivo influyó considerablemente en la transformación del homínido primitivo en hombre, la misma condición biológica humana, en tanto constituyente de la ontología del ser social, tiene como base y fundamento el trabajo humano.

…un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que este realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina. Aquí, no vamos a ocuparnos (…) de las primeras formas de trabajo, formas instintivas y de tipo animal. (Marx, 1973)

La actividad laboral, el trabajo como actividad esencialmente humana, logra paulatinamente conseguir satisfacciones a las necesidades y carencias del ser social, pero también con esta actividad social el hombre transforma su propia naturaleza.

La relación hombre-naturaleza, específicamente social permitió la consolidación de las leyes sociales que aparecieron paulatinamente con los primeros instrumentos de producción. De esta manera las colectividades con mayor número de individuos, capaces de adaptarse mejor a la actividad del trabajo y a la transmisión de la experiencia, eran las que mejor se consolidaban, dejaban mayor número de descendientes y tenían la mortalidad más baja. Con estas leyes los seres humanos salen definitivamente de su estado animal y empieza el largo camino de formas de organización de la sociedad en base a la cooperación. Toda la actividad productiva y sus consecuentes divisiones se desarrollaron de acuerdo con las leyes que la producción misma provocó, por lo tanto una vez más contradecimos desde un análisis dialéctico-marxista de la historia que, la situación actual de la mujer no responde a estructuras biológicas innatas, sino a la organización sociohistórica de la producción y como esta se fue consolidando e influenciando en las relaciones sociales.

Al ser superadas las leyes biológicas el hombre se expresa y desarrolla en la cultura construida sobre la inteligencia y la capacidad de manipular y comprender el mundo, la inteligencia entendida como la aptitud para resolver problemas de un modo no programado como en la mayoría de los animales, sino creativo como particularmente se da en los seres humanos.

Las sociedades humanas por lo tanto empiezan a cambiar por evolución cultural, y ya no únicamente como resultado de alteraciones o mutaciones biológicas. Todo lo que se ha hecho desde la preeminencia de las leyes sociales es producto de la evolución cultural. La evolución biológica continúa, no negamos esta situación, pero a un ritmo sumamente lento comparado con la evolución cultural, ésta última tiene la gran ventaja de operar rápidamente, porque lo que aprende una generación se transmite a la siguiente para asegurar de este modo la continuidad y permanencia de la cultura sostén de la humanidad.

Otra ventaja de la evolución cultural o social, es que es fácilmente reversible, pues no está codificado en nuestros genes, lo que abre las puertas a una infinidad de posibilidades de cambio, incluyendo nuestra forma de ser, por ejemplo basándonos en Engels quien a su vez se remite a Morgan, en las primeras agrupaciones humanas los celos no existían como en la actualidad, no formaban parte de nuestra “naturaleza humana”, pues en las relaciones afectivas y sexuales no existía la monogamia, nadie pertenecía exclusivamente a alguien, ni nadie era dueño de nadie, por lo que los celos surgen en una sociedad donde prima la idea de propiedad privada, junto con el sentimiento de pertenencia.

Por lo tanto el hombre en primera instancia evolucionó bajo las leyes biológicas, adaptando sus órganos a las exigencias de la producción y estas a su vez transformándolos. En segundo lugar en base a esas leyes biológicas surgen las sociohistóricas que rigen el desarrollo de la producción y todo lo que surge de ésta, así el hombre, se libera completamente de su dependencia de los cambios biológicos para estar sometido exclusivamente a las leyes sociohistóricas.

1.3. Sociobiología: ¿una síntesis total?

La burguesía ha justificado el orden social actual desde un enfoque biológico, explicando sin hacer “juicios de valor” según ellos, el fenómeno de la desigualdad humana causada por la variabilidad genética, origen genético que no sólo causa las desigualdades, sino también modelan y caracterizan individualidades y poblaciones.

Desde el Leviatán de Hobbes no hubo un programa tan ambicioso para explicar la condición humana a partir de unos cuantos y simples principios básicos. Es así que en 1975 se dio un hecho destacable a nivel de las publicaciones académicas científicas: “Sociobiología: la nueva síntesis” de Edward O. Wilson quien define su obra como el estudio sistemático del fundamento de todos los comportamientos sociales, tanto de animales como de humanos. La caracteriza también como una ciencia que se basa principalmente en las comparaciones de especies sociales y cómo los grupos sociales se adaptan al medio ambiente a través de la evolución biológica.

El argumento central de la sociobiología es que todos los elementos de la cultura incluido el comportamiento humano en toda su expresión, están codificados en los genes y se han conformado por selección natural.

Para Lewontin, Rose y Kamin la sociobiología es “una explicación reduccionista y determinista biológica de la existencia humana”, consideran que tiene un gran atractivo general en la ideología dominante pues en nombre de la biología legitima el statu quo, de ahí el empeño en difundir esta corriente académica.

“Si el actual orden social es la consecuencia inevitable del genotipo humano, entonces nada que posea alguna importancia puede ser modificado.” Lewontin, Rose y Kamin 1987.

Por supuesto, el determinismo se reduce a eso y además se propaga rápidamente porque cuenta con todo el respaldo necesario, tanto a nivel de divulgación como de espacios dentro el ámbito académico precisamente porque en cualquiera de sus explicaciones avanza rápidamente por su esencia exculpatoria del sistema capitalista; si una clase explota a otra, si los patrones explotan a los obreros, si los hombres dominan a las mujeres es porque así debe serlo, está en nuestros genes, ahí su carácter exculpatorio.

“Además del interés político de la sociobiología como legitimadora de una sociedad jerárquica, empresarial y competitiva, tiene también un fuerte atractivo para los intelectuales burgueses debido a su reduccionismo extremo” Lewontin, Rose y Kamin 1987.

Habrá que decir, que Hobbes, Spencer, Malthus y ahora Wilson trasladan a la naturaleza el modelo de sociedad burguesa y esta “naturaleza aburguesada” es extrapolada nuevamente a la sociedad para justificar genéticamente su funcionamiento, probando su validez como leyes eternas de la sociedad humana.

Por lo tanto ellos concluyen que la sociedad avanza gracias a la supervivencia de los más aptos en una lucha competitiva y que eso es natural.

Si admitimos estos argumentos como válidos, sin someterlos al análisis dialéctico materialista de la historia, tendríamos que aceptar que el desarrollo humano se produce por la vía de la herencia, y que la historia sólo puede ser modificada gracias a medidas que alteren y mejoren esas propiedades hereditarias, es así que para los defensores del determinismo biológico surge la eugenética, que en líneas generales viene a ser la teoría del mejoramiento de la especie humana, fundada por Francis Galton, los eugenistas instan a tomar medidas tendientes a impedir que las personas de “razas inferiores” se multipliquen y se mezclen con las “razas superiores” del género humano, además llegan al extremo de solicitar políticamente se impida la reproducción de estos grupos inferiores y por el otro lado se fomente la reproducción de las clases superiores.

Lo humano para los defensores del determinismo biológico está escrito en los genes, pero como plantea Francisco Mora ¿Puede un ser humano crecido entre chimpancés tener una conducta humana? De acuerdo al razonamiento determinista, tendría que ser posible, pues si esta en los genes el entorno poco o nada puede hacer.

Pero se han dado algunos casos de niños extraviados en la jungla y que pudieron sobrevivir gracias a la protección en una colonia de monos. La historia más reciente es la de John Ssabunnya niño que se perdió a los cuatro años en la jungla de Uganda y fue encontrado en una colonia de monos dando saltos y gritos como los demás, incapaz de andar erguido, pronunciaba extraños sonidos que sólo eran comprendidos por los monos, no entendía la lengua que aprendió los primeros años y prefería la compañía de los monos al de las personas, tenía un carácter marcadamente huidizo.

Otro caso de un tiempo anterior al mencionado, es de 1799 el denominado “niño salvaje de Aveyron” descrito por Jean Marc Gaspard, psicólogo educativo. El cual transcribimos íntegramente dada su riqueza ilustrativa:

“En 1799, un niño de aproximadamente 12 años fue capturado en un bosque en Aveyron, Francia. Se le llevó a París, donde atrajo grandes multitudes que esperaban ver al “noble salvaje” de la romántica visión filosófica del siglo dieciocho. En lugar de ello encontraron un niño: cuyos ojos tenían una mirada insegura, sin expresión que vagaba de un objeto a otro, tan poco entrenado en el sentido del tacto, que nunca pudo distinguir un objeto en relieve de uno pintado. Su capacidad auditiva era insensible a los ruidos fuertes y a la música. Su voz se redujo al estado de total mudez y solamente escapaba de él un sonido gutural uniforme…era igualmente indiferente al olor del perfume como a la fétida exhalación de la suciedad que llenaba su cama…(su) tacto se había restringido a la sujeción mecánica de su objeto….(tenía) tendencia a trotar y galopar…(y) un hábito obstinado de oler cualquier cosa que se le diera…mascaba como un roedor con uso frecuente de los incisivos …(y) no dio muestras de sensibilidad ante el frío o el calor y podía agarrar carbón ardiente de una hoguera sin vacilar o echarse semidesnudo sobre un suelo húmedo en pleno invierno y quedarse ahí durante horas….Era incapaz de prestar atención y pasaba su tiempo meciéndose apáticamente hacia adelante y hacia atrás, igual que los animales en un zoológico.”

Gaspard estaba convencido que la aparente subnormalidad del niño salvaje no se debía a un problema mental genético, sino a la falta de participación en una sociedad humana, así mismo este psicólogo concluye que el potencial humano únicamente logra su realización dentro de la cultura en contacto estrecho con otros seres humanos.

Para Francisco Mora nacemos con la potencialidad de realizar cualquier acto motor, cualquier acto de conducta, pero su forma de expresión, precisión y finura sólo es posible por el aprendizaje, por supuesto de manera social.

Es verdad que nuestra biología nos hace sujetos potenciales, ya sea para hablar o realizar cualquier acto motor, pero la precisión y destreza de estos movimientos que desarrolla un ser humano sólo es posible con el aprendizaje, de ahí la enorme importancia del medio ambiente en el que se vive y se forma todo individuo. Por lo tanto concluimos que la sociobiología es el nuevo intento de “naturalizar” las diferencias sociales marcadas por la opresión y la explotación, lo que les lleva a negar su origen en los antagonismos de clases y hablar de razas superiores e inferiores y dentro de ellas el sexo débil. 1.4. Anatomía de la mujer y cuidado de la progenie

Al principio de su existencia los homínidos eran seres indefensos en un mundo desconocido y hostil, para protegerse de estos peligros que constantemente los acechaban y ponían en riesgo su supervivencia construían sus viviendas en lugares elevados, cerrados y de difícil acceso; eran lugares temporales pues al no tener todavía la capacidad de producir sus alimentos, tenían que trasladarse de un lugar a otro en busca de estos.

El trasladarse y hacer frente a estos peligros exigía reunirse tanto hombres como mujeres, para protegerse, procrear y mantener al grupo Dada la condición procreadora de la hembra, respecto al de otras especies, los grupos se iban quedando en determinados lugares tiempos cada vez más largos, acontecimiento por el cual grupos compuestos mayoritariamente por mujeres se establecieron en determinados lugares cuidando a su progenie. Esta situación hizo que los machos tengan la finalidad de buscar y retornar con alimentos, pero la obtención de los alimentos no era seguro, ni siquiera el retorno de los machos, pues algunos perecían en su búsqueda ante los peligros externos, circunstancias que empujaron paulatinamente el trabajo de la mujer a ir más allá del cuidado de los descendientes y empezar a forjar la base de un sistema agrícola y de domesticación de algunos animales, por lo tanto desde que comienza el proceso de hominización hasta la consolidación de la era agrícola, tanto el desarrollo de los vínculos psicosociales con los descendientes como los adelantos técnicos que posibilitaron la supervivencia y nacimiento de la civilización fue sobre todo obra de mujeres.

Durante toda la era conocida como pre-agrícola, el control y manejo de la producción de alimentos y las instituciones sociales básicas, estuvo en manos de las mujeres. Por lo tanto claramente se ve que en las primeras agrupaciones surge la necesidad de una división sexual, pero que esta de ninguna manera es la causa de la opresión y dominación de la mujer, esta división logra mejorar el trabajo de todos los seres humanos para su supervivencia, es más, la labor de la mujer en esta división sexual es de mayor importancia que la del varón, no sólo por lo mencionado anteriormente, sino también porque sacrifican su independencia en aras de la seguridad de un hogar, mediante los cuales germinan espacios diferenciados, que dan lugar a una división del trabajo (cuidadores de crías, guardianes, cazadores, abastecedores, etc.) además ven la necesidad de ir consolidando un sistema de valores compartidos socialmente como la solidaridad, la responsabilidad, el coraje, el autosacrificio y la lealtad para la supervivencia del grupo.

Cabe aclarar que el lugar de la mujer en el hogar en esta época es muy distinta a la que posteriormente surge con las transformaciones agrícolas consolidándose con la familia monogámica, en la primera como acabamos de describir la mujer ocupaba un lugar preponderante para la alimentación del grupo, la educación de los nuevos descendientes y el desarrollo e innovación de la técnica, en cambio posteriormente y hasta la actualidad el lugar que ocupa la mujer en el hogar esta desvalorizado y no significa nada en la producción de riqueza de bienes materiales y simbólicos.

Es importante mencionar también, que en la mujer existe una característica biológica significativa, pero que de muy poco serviría en un ambiente social que no es cooperador, hablamos de la panoramicidad de su cerebro ¿En qué consiste esta panoramicidad?

La hembra tiene un cerebro panorámico, y eso permitió no solo la sobrevivencia de la especie, sino también coadyuvó de gran manera al desarrollo y mantenimiento de la cultura. El cerebro panorámico le permitió a la hembra distinguir colores y formas de frutos, raíces, tallos y granos, además de medir con exactitud la distancia entre ella y su crío, entre ellos y el peligro, le permite escuchar y precisar los sonidos del entorno, es una madre que garantiza de mejor manera la supervivencia del crío.

En cambio los machos adultos, ante los infantes, sólo despliegan lo que se conoce como “intromisión tolerada” que les lleva a compartir los alimentos, a entrenarlos y cuidarlos pero no de la misma manera como lo hace la hembra. Por lo tanto en esta situación el grupo seleccionaba a los machos cooperadores antes que a los agresivos.

Hombre y mujer el primero propenso a la focalidad y la segunda a la panoramicidad se complementaron de manera cooperativa para la sobrevivencia.

1.5. DIOS NACIÓ MUJER

Este es un título cuyo libro se publicó en 1999, en base a esta investigación antropológica conoceremos cómo la labor de la mujer fue trascendental en los albores de la humanidad y como posteriormente ésta fue subyugada, situación que llegó a transformar nuestra percepción del entorno y a modificar nuestra relación con la naturaleza.

Los resultados obtenidos por la antropología, arqueología, paleontología, etnografía y otras disciplinas afines, muestran que en todas las culturas prehistóricas, la deidad o figura cosmogónica central como fuerza procreadora del mundo y del universo, fue representada, personalizada y simbolizada en la figura de la mujer.

Las deidades con su poder generador y protector tenían atributos femeninos, como senos, nalgas, vientre grávido, vulva, cadera, todos ellos bien remarcados. El útero estaba relacionado con la tierra de la que nace todo y al que todo retorna para ser regenerado y continuar con el ciclo de la vida, conexo con la naturaleza dadora de alimentos.

La naturaleza bajo esa relación fue conceptualizada como diosa y también como Madre, cuyos datos se tienen de hace más de 30.000 años a.C. hasta aproximadamente 3.000 años a.C. donde surge la idea del dios masculinizado que no logró la supremacía hasta el III o II milenio a.C. dependiendo de las regiones. De esta manera las primeras deidades fueron concebidas y reconocidas por más de 25.000 años como mujer, hasta que por transformaciones socioeconómicas apareció el concepto del dios varón.

La agricultura excedentaria célula de la propiedad privada dio como resultado la derrota de la mujer y con ella de la diosa a manos del varón y del dios hombre, imponiéndose de esta manera la sumisión de la mujer.

El matricentrismo estaba regido por la idea de la Gran Diosa, pero con la era agrícola y la consolidación del sedentarismo que hizo que las agrupaciones sean dependientes de sus cultivos, el hombre ya no sólo busca alimentos, si no que empieza a implicarse en la producción de los mismos, comenzando de esta manera un proceso de transformación social, económica y religiosa que despoja a la mujer del lugar milenario que ocupaba para recaer el dominio en manos del hombre.

La agricultura y su posterior excedente dieron como resultado el nacimiento del dios masculino y con él, el clero, la sociedad de clases y posteriormente la monarquía que pese a haber transcurrido miles de años, en la actualidad sigue prevaleciendo en algunos países y no sólo de manera simbólica como se pretende hacer creer, sino con una real participación y decisión en la vida política. Este cambio hace que la mujer al igual que sus hijos queden reducidos a bienes de propiedad del varón, éste se hace dueño de los medios de producción material, de la cultura como medio simbólico y de las armas, lo que le permite crear un ejército masculino convirtiéndose por tanto en guardianes de la propiedad privada y del nuevo orden establecido, que irá a ser sacramentado por la religión.

Junto con la nueva situación de la mujer, la idea de la Gran Diosa fue cambiando, a partir del V milenio a.C ya no era considerada como la deidad germinadora de vida y alimentos, la diosa protectora de cuyo vientre todo había surgido, la fuerza procreadora del universo, la deidad en la que se personalizaba la naturaleza y la madre nutricia. Con el paso de los años y la consolidación de la dominación masculina el papel fertilizador de la diosa da paso a la idea de la creación por parte del dios masculino “en el principio era nada y de la nada Dios creó” es la acción fundamental que acompaña a los dioses masculinos, este principio creador alejó la ancestral dependencia de la diosa en cuanto principio generador único junto con ello, el papel y función socio-económico de la mujer.

La eficacia productiva de la mujer tanto de reproductora como de recolectora y horticultora, que por miles de años fue el sostén para la supervivencia de las comunidades humanas acabó degradado y con escasa o ninguna valoración social.

Nuestra percepción de la naturaleza sufre una mutación considerable, tornándose antropocéntrica, el hombre por encima o apartado de la naturaleza, fuente de todo valor y medida, y la naturaleza mero instrumento de uso, junto con ésta la mujer empieza a sumergirse en el camino de la desvalorización.

1.6. La cultura

Queda clara la idea de que el desarrollo de las sociedades no se puede explicar ya desde lo estrictamente biológico, pues el hombre a diferencia de otros animales ya no está sometido a las leyes de la naturaleza por ende a los dictámenes de su instinto, sino a leyes nuevas que ellos mismos desarrollan, estas son las leyes sociohistóricas. Estas permiten el desarrollo de la producción, que es un proceso social que se desarrolla según sus propias leyes, el hombre ya posee, todas las propiedades biológicas necesarias para que su desarrollo sociohistórico posterior sea ilimitado.

El proceso de hominización ha concluido y con la cultura se desarrolla la humanización, es decir la hominización que implica importantes modificaciones en la organización física anatómica del hombre llega a su fin con el surgimiento de la historia social de la humanidad, pero esto de ninguna manera significa y en ello estamos de acuerdo con los biólogos evolucionistas, que las leyes biológicas que rigen la variación y la herencia dejen de influir y que el hombre ya no sufre ninguna transformación en su “naturaleza biológica”, el hombre no es ajeno a la influencia de las leyes biológicas, pero es importante aclarar que éstas no determinan el desarrollo social e histórico de la humanidad como pretenden algunas corrientes del determinismo biológico.

De acuerdo a Leontiev, el hombre ya no necesita sufrir cambios biológicos hereditarios para adquirir una civilización cada vez más elevada. A partir de ahora cada generación se encuentra en un mundo material y simbólico creado por las generaciones precedentes, las cuales son asimiladas y de alguna manera transformadas para las generaciones venideras, quienes a su vez asimilan y transforman la herencia cultural y así sucesivamente.

Por tanto a cada grupo e individuo, para vivir en sociedad no le basta con su estructura biológica, sino que debe asimilar, apropiarse, debe hacer suyo lo que ha alcanzado la humanidad en el curso de su desarrollo histórico.

¿En qué consiste este proceso de asimilación? Es una asimilación activa, dialéctica, no pasiva ni mecánica, pues el hombre modifica sus movimientos naturales e instintivos adquiriendo nuevas facultades motrices cada vez más perfeccionadas, lo que a su vez repercute en modificaciones de su entorno sociocultural.

“Lo que caracteriza sobre todo la asimilación o la apropiación de la cultura es, por consiguiente, el hecho de que crea en el hombre nuevas aptitudes, nuevas funciones intelectuales. Gracias a ello difiere de modo fundamental del aprendizaje animal” Leontiev 1969.

Otra aspecto de la asimilación es, que sus relaciones con el mundo, son siempre influidas por sus relaciones con los demás hombres que integran la sociedad, a través de un proceso de educación, que con el transcurrir se torna cada vez más complejo y especializado, aparece la educación básica, superior y para finalizar la autoeducación, -lo que implica que el ser humano no es simplemente una respuesta a estímulos ambientales- siendo éste un proceso obligatorio porque si no, la transmisión de conocimientos a futuras generaciones sería complicado o imposible, provocando una ruptura en la continuidad de la historia y sobrevivencia de la cultura.

¿Y cómo podemos definir o por lo menos entender lo que es cultura? En su sentido más general es caracterizado como el conjunto de rasgos adquiridos por aprendizaje, en contraste con los biológicamente heredados. Por lo tanto podemos inferir que de manera general cualquier rasgo aprendido socialmente es cultural, a diferencia de lo heredado biológicamente.

Lo característico de la cultura es que no se aprende de manera aislada, sino en la pertenencia e interrelación con el grupo social al que pertenece el individuo. Podemos agregar también, que un grupo social comparte rasgos con los cuales se identifican todos sus individuos y a la vez le permite diferenciarse de otros grupos sociales.

Muchos autores consideran que la tecnología, las relaciones sociales y el mundo imaginario, miden el grado de desarrollo alcanzado por un grupo social a nivel cultural, revisemos estos puntos.

· Tecnología.- Es la forma de afrontar la naturaleza, son los logros materiales alcanzados tales como el territorio, vivienda, producción, economía, etc.

· Relaciones sociales.- Hace referencia a las organizaciones básicas, como la división del trabajo, las relaciones de género, las relaciones de producción, etc.

· Mundo imaginario.- Es la cultura simbólica, como la lengua, mitos, historia, expresiones artísticas, religión, ética, valores, formas de educación, etc. Otro aspecto de la asimilación cultural es que éste es un proceso de reproducción de las propiedades históricamente formadas por la especie humana en sociedad. La instrucción de los individuos por lo tanto su asimilación, se desenvuelve en un medio social que las condiciona.

“El hombre, en cuanto es hombre es social: es decir, esta siempre modelado y configurado por un ambiente histórico, del cual es imposible desprenderlo.” Anibal Ponce 1999

Por lo tanto si tendríamos que hablar de naturaleza humana, diferimos del planteamiento de los sociobiólogos y primero diríamos que no es algo innato en el individuo, sino que es el resultado del conjunto de las relaciones sociales humanas, por lo tanto dinámica y mutable, que la naturaleza humana como se pretende manejar desde la ideología burguesa responde a una construcción ideológica de justificación de la opresión y explotación de la que son víctimas en este caso particular millones de mujeres y en general es la base de la argumentación del racismo científico.

Para ir cerrando la idea de asimilación, Leontiev sostiene que no es sólo algo dado en los fenómenos objetivos de la cultura material y espiritual que las encarnan, sino que los individuos deben entrar en relación con los fenómenos del mundo circundante por medio de otros hombres, esta situación, dadas sus características es un proceso de educación.

“El progreso de la historia es, por lo tanto, imposible sin la transmisión activa de las adquisiciones de la cultura humana a las generaciones nuevas; es imposible sin la educación” Leontiev 1969

Enfatizamos que existe un vínculo fuerte entre el progreso de la historia y la educación, ésta última transforma al hombre, pero a la vez éste transforma a la educación, surgiendo formas especializadas, programas, métodos de enseñanza que están enmarcados dentro del desarrollo histórico de la sociedad y viceversa.

1.7. El problema de la cultura

Si bien la cultura posibilita desarrollar aptitudes en los individuos que la conforman, cabe preguntarse si ¿Todos los individuos pueden alcanzar las mismas posibilidades? La historia en este sentido, nos enseña que muchos individuos están excluidos de estas posibilidades y con el tiempo la mayoría de los grupos fueron marginados de los avances culturales a nivel tecnológico y científico en general por la clase dominante.

Después de lo desarrollado podemos sostener que, las desigualdades sociales tienen un origen sociohistórico, Leontiev, explica de la siguiente manera: “La desigualdad no estriba en diferencias biológicas naturales. Es creada por la desigualdad económica, la desigualdad de clase y la diversidad consecutiva de las relaciones que las vinculan a las adquisiciones que encarnan el conjunto de las fuerzas y de las aptitudes de la naturaleza humana formadas en el curso del proceso sociohistórico” Leontiev 1969

Por lo tanto el problema de la cultura estriba en que aparentemente es para todos, pero la realidad muestra que sólo una minoría dispone del tiempo y de las posibilidades sobre todo materiales para asimilar e instruirse y gozar de los logros culturales, como los alcanzados a nivel intelectual, material, artístico, etc. Esta estratificación, se agudiza profundamente con el surgimiento y consolidación de la propiedad privada, la desigualdad social, se pretende justificar biológicamente dividiendo a los hombres en razas superiores e inferiores. Llamadas también hipótesis poligenéticas que se limitan a decir que las razas humanas tienen orígenes independientes, argumentando de esta manera diferencias insuperables para las posibilidades de desarrollo posterior. Se olvida así que la sociedad está dividida en clases, donde los grupos dominantes minoritarios gozan de las más altas conquistas de la cultura y en contraposición la gran mayoría accede a los logros culturales pero de forma intrascendente. Por lo tanto el problema del hombre y la cultura se basa en que no todos los hombres y los pueblos tienen la posibilidad de asimilar los logros culturales, las clases dominantes los mantienen excluidos y dominados económica e ideológicamente, pretendiendo hacer creer que el problema de la asimilación cultural se da por las ineptitudes de las personas, y en el tema de la mujer en particular, consideran que las desigualdades, no sólo son inevitables, sino que esta función desigual ha permitido sobrevivir a la humanidad. Basándose en la sociobiología indican que las diferencias de sexo surgieron gradualmente por selección natural, como resultado de las diferentes estructuras biológicas que ocupan los dos sexos en la reproducción, ignorando las presiones y construcciones sociales y culturales que conducen a los sexos en direcciones diferentes.

Concluimos por tanto que no existe un comportamiento puro biológicamente determinado que no esté influido por la cultura. Las diferencias entre hombre y mujer, no son biológicas, pues un individuo sólo se puede desarrollar en un ambiente que incluya al factor social desde el primer momento de su nacimiento. Las diferencias que se dan en el ambiente social de un individuo durante el desarrollo terminan modificando el comportamiento, el cerebro y el cuerpo. (Lewontin 1984)

El niño nace cuando sólo tiene definidas unas pocas vías neurales, a lo largo de su infancia, las conexiones entre las células nerviosas se forman, no simplemente basándose en una programación epigenética específica, sino sobre todo a la luz de la experiencia en la vida social, a través de la cultura.

CAPÍTULO II

EL FEMINISMO EN LA HISTORIA

En este capítulo, abordaremos los diferentes momentos históricos de las luchas de las mujeres tanto a nivel teórico como práctico, su forma de articularse y organizarse para lograr sus reivindicaciones.

Analizaremos cronológicamente como se fue dando el desarrollo feminista a lo largo de la historia. En ese sentido existen tres grandes momentos: El feminismo pre-moderno, el feminismo moderno y el contemporáneo.

2.1. El feminismo pre-moderno

Nos remite inicialmente a la Ilustración donde empieza a surgir el pensamiento de la igualdad entre los sexos, en una sociedad occidental heredera de discursos y prácticas que afirmaban la inferioridad de la mujer respecto al varón. Esta etapa renacentista quiso ser una restauración de la cultura y del saber clásico, se intentaba imponer este modelo como alternativa a la “barbarie medieval”. Fue un vasto movimiento intelectual que renovó la cultura europea en el campo del arte, la literatura, la religión, la música, etc. Además trajo consigo un nuevo paradigma de ser humano, reemplazando el teocentrismo fuertemente dominante en la edad media por el androcentrismo base del pensamiento humanista, pero este nuevo paradigma no se extendió del todo a las mujeres como lo hizo para los varones.

Pese a que la cultura y la educación eran demasiado escasas sobre todo para las mujeres, la educación cumple una importante influencia pues abre una discusión sobre la naturaleza y deberes de los sexos mediante los cuales surgen algunos tratados que elogian las virtudes de las féminas y señalan los vicios masculinos. Pero la represión a las mujeres y su exclusión de los círculos intelectuales, hizo que muchas de éstas se relacionen con grupos herejes al cual acudían mujeres del pueblo como también burguesas y aristócratas.

Si bien las doctrinas heréticas no eran claras sobre el origen y situación de la mujer, lo que les ofrecía era un escape emocional e intelectual. Esta situación provocó que la Inquisición se ensañara aún más desde comienzos del siglo XIV llevando a cabo una persecución sanguinaria que no dudaba en mandar a muchas a la hoguera o a la horca.

Con el “movimiento de reforma protestante” la mujer empieza a cuestionar su relación dentro la iglesia, -muy vinculada con el poder monárquico- planteando la posibilidad de ocupar puestos jerárquicos, pero este “movimiento” reforzó el patriarcado del sacerdote y del rey, lo que llevó a la formación de más sectas femeninas que desafiaban la autoridad masculina dentro la iglesia ocasionando que se las acuse de rebelarse contra los designios de Dios y tener pacto con el Diablo.

En Francia, en el siglo XVII surge un movimiento literario y social denominado “Preciosismo” que traslada su espacio físico de los claustros heréticos clandestinos a los grandes salones sociales aristócratas, donde las mujeres empezaron a cuestionar los modelos de amor que primaban en la época y empezar a trasladar la “cuestión feminista” al plano de la opinión pública. Movimiento que fue combatido de manera misógina desde la literatura, lo social y lo político hasta lograr su desaparición.

2.2. El feminismo moderno

La Revolución Francesa que consolida a la burguesía como clase dominante derrotando al absolutismo feudal, tuvo en las mujeres a destacadas protagonistas que se levantaron junto a grandes masas de hombres explotados, contra las cargas de rentas e impuestos y los atropellos de los señores feudales, contra la escases de alimentos y el constante atropello a sus derechos.

La revuelta encabezada por las mujeres pobres de París enciende la chispa de la revolución francesa. Varios autores y autoras coinciden que, en esta época los movimientos de mujeres y feministas más la obra “Sobre la igualdad de los sexos” -de gran divulgación y notable influencia- del filósofo Poulain de la Barre fueron claves para la articulación del feminismo moderno, esta obra reflejo de la tendencia de la época, ya no se centra en las diferencias entre hombre y mujer, sino más bien demanda la igualdad sexual, bajo las premisas de que todos los hombres nacen libres e iguales, por tanto, con los mismos derechos. Pero con la Revolución Francesa las mujeres estaban al margen de su proyecto igualitario, el nuevo Estado revolucionario las dejó sin derechos civiles y políticos.

Esta situación hizo que las mujeres redactaran su propios “Cuadernos de quejas” que son documentos que surgen durante la culminación de la llamada prerevolución y el comienzo de la Revolución Francesa, en el que se trataban los problemas que acuciaban a la nación, se centraban a diferencia de las “quejas” de otras clases sociales, en los abusos de los derechos feudales y de los recaudadores de impuestos, se exigía la libertad de pensamiento, la igualdad de derechos civiles, políticos y laborales, denunciando la marginación y abuso extremo del cual eran las mujeres, con el cual se autodenominan el tercer Estado del tercer Estado, lo cual denota un claro desarrollo de su consciencia de colectivo oprimido y explotado, todavía no había una claridad en cuanto a su situación de clase. Esta voluntad política se materializa en la formación de clubes de mujeres que buscaban protagonismo y el reconocimiento público del ejercicio de sus derechos, sin embargo el Estado solo les reconoció el rol de madres y esposas como roles naturales de las mujeres, quedando relegados sus derechos a la participación política, ciudadana e incluso a la educación en igualdad de condiciones con los varones. Los clubes de mujeres fueron cerrados por los Jacobinos y se prohibió rotundamente su participación en la vida política, medida que no quedó simplemente ahí, sino que para evitar que las mujeres protestaran, llevó a muchas de estas a la guillotina o al exilio como precedente y advertencia para aquellas que intentarán seguir el mismo rumbo.

“Las más lúgubres predicciones se habían cumplido ampliamente: las mujeres no podían subir a la tribuna, pero sí al cadalso. ¿Cuál era su falta? La prensa revolucionaria de la época lo explica muy claramente: habían transgredido las leyes de la naturaleza abjurando su destino de madres y esposas, queriendo ser “hombres de Estado”. El nuevo código civil napoleónico, cuya extraordinaria influencia ha llegado prácticamente a nuestros días, se encargaría de plasmar legalmente dicha “ley natural”. Ana de Miguel 2011

Ya en el siglo XIX surgen varios movimientos de carácter emancipatorio, el feminismo rompe con sus barreras locales y adquiere un carácter internacional consolidándose teórica y organizativamente, lo cual le permite vincularse con los diferentes socialismos y anarquismos de la época, a ésta corriente se la conoce como el feminismo decimonónico.

Ahora está en crecimiento una nueva revolución: la industrial. La que promete poner fin a todas las carencias materiales de la humanidad, sin embargo surge o se afianza una nueva clase explotada: el proletariado, donde por supuesto existen en mayor cantidad mujeres, que no sólo estaban desposeídas de sus derechos civiles y políticos más básicos al igual que las mujeres burguesas, sino que además, estaban al margen de la riqueza producida por el capital, constituyéndose en la clase explotada y oprimida del emergente orden social, siendo mano de obra más barata y sumisa que los varones.

En la vereda del frente, las mujeres burguesas, no estaban en las fábricas, si, enclaustradas en los hogares y esta situación de enclaustramiento era el reflejo del status y éxito económico de sus maridos, que para no caer en la pobreza, tenían que contraer matrimonio, pues estaban al margen de la educación que les pueda proveer alguna profesión y si se daba el extraño caso de alguien que lo obtuviera, casi nunca lo ejercía, pues el capitalismo les recordaba que sólo recurría a las mujeres para explotarlas en la fábricas y no para que ocupen cargos jerárquicos, pues esos cargos estaban destinados únicamente a los hombres.

En este contexto surge el movimiento sufragista, cuya reivindicación más visible era el derecho al sufragio, pero luchaban también por la igualdad en todos los ámbitos sociales, creían que llegando al parlamento a través de los votos podrían cambiar las leyes y de esta manera mejorar la situación de las mujeres en general, pues consideraban que estaban oprimidas por el simple hecho de ser mujeres, denotando este movimiento un carácter interclasista.

Se dieron grandes luchas en Europa y Estados Unidos, en este último país existía una relación con el movimiento abolicionista de la esclavitud, poco a poco este movimiento se tornó más radical con intentos de boicot, huelgas de hambre, enfrentamientos físicos con la policía, llegando incluso algunas encontrar la muerte, hasta que en 1928 en Inglaterra consiguieron sufragar en igualdad de condiciones. Pero pronto quedó claro que por esa vía, la mujer no iba a encontrar su ansiada igualdad. Fueron los socialistas utópicos los primeros en analizar el tema de la mujer desde otra óptica, planteando la necesidad de independencia económica de las mujeres, lo que les permitiría encontrar mayores posibilidades de desarrollo intelectual, cultural, artístico, y social. Este pensamiento tiene una gran acogida en diferentes círculos de mujeres, ideas que influyen en la Tesis de Fourier, en la obra de Flora Tristán, en Saint Simón y Owen quien incluso llega a afirmar que la salvación de la sociedad sólo podría proceder de lo femenino. “Tal vez la aportación más específica del socialismo utópico resida en la gran importancia que concedían a la transformación de la institución familiar. Condenaban la doble moral y consideraban el celibato y el matrimonio indisoluble como instituciones represoras y causa de injusticia e infelicidad. De hecho, como señalara en su día John Stuart Mill, a ellos cabe el honor de haber abordado sin prejuicios temas con los que no se atrevían otros reformadores sociales de la época” Ana de Miguel 2011

Otro movimiento social que contó con la militancia de muchas mujeres fue el anarquismo, pese a que tuvo posturas anti-igualitarias y no tenía una claridad teórica respecto a la problemática de los sexos. Sus principales teóricas como Emma Goldman afirmaban que la liberación de las mujeres estaba en su esfuerzo individual, en vencer la carga ideológica en su propio interior, la libertad individual era el principio rector de todo, esta situación las llevaba a revelarse contra todo lo que representaba la autoridad encarnada mayoritariamente en el varón, teóricamente se enfrentaban con los otros movimientos feministas como las sufragistas, las socialistas a las que acusaban de querer “salvar” al Estado.

2.3. El feminismo contemporáneo

Los logros reformistas conseguidos sobre todo por el movimiento sufragista consiguieron cierta satisfacción, poniéndole un maquillaje a la discriminación de la mujer, se entró en la época de la “igualdad legal” y había que hacer caer el velo, y es en esta titánica labor que surge Simone de Beauvoir, con su libro “El segundo sexo” que plantea una teoría feminista para comprender la realidad de forma revolucionaria. También la obra de Betty Friedan “La mística de la feminidad” analiza la situación de las mujeres estadounidenses no sólo desde un punto de vista socioeconómico sino también psicológico, que abarcaba diversas patologías como la ansiedad, depresión y alcoholismo, pero planteaba de forma clara que el problema tenía raíz política, contribuyendo de esta manera a fundar en 1966 la “Organización Nacional para las Mujeres” (NOW) etapa conocida como feminismo liberal que proyectaba la situación de las mujeres como efecto de la desigualdad y de la exclusión de la esfera pública, por lo tanto era importante reformar el sistema hasta lograr la igualdad entre los sexos, no enfocaban el problema desde la opresión y explotación.

Este movimiento fue muy interpelado por el feminismo radical por su carácter reformista y análisis sesgado de la situación de la mujer, este movimiento en su lucha contra el feminismo liberal adquiere un papel importante en las décadas de los sesenta y setenta.

“Los sesenta fueron años de intensa agitación política. Las contradicciones de un sistema que tiene su legitimación en la universalidad de sus principios, pero que en realidad es sexista, racista, clasista e imperialista, motivaron a la formación de la llamada Nueva Izquierda y diversos movimientos sociales radicales como el movimiento antirracista, el estudiantil, el pacifista y, claro está, el feminista.” Ana de Miguel 2011

El feminismo radical no estaba interesado en la política reformista, por lo que empezaron a organizarse de forma autónoma separándose de los varones, aunque no tenían claro la necesidad y el fin de esta decisión, lo que produjo una división dentro de este movimiento de donde surgen las feministas políticas y las feministas, que tienen algunos elementos en común como su actitud antisistema y su lucha contra el feminismo liberal. Si bien a un principio las “políticas” eran superiores en número, poco a poco las “feministas” fueron sumando militantes incluso se pasaban del bando opuesto hasta lograr ser mayoría.

La diferencia entre estas agrupaciones consistía en que para las “políticas” el capitalismo era el causante de la agudización de la opresión de las mujeres, y que también los varones son víctimas de este sistema y que no había que enfrentarse con éstos, por lo tanto debían estar junto a los movimientos de izquierda y es sobre este punto que las “feministas” discrepaban y consideraban mantener su independencia ideológica de los movimientos de izquierda ya que los varones en cualquier plano social, económico, ideológico eran los causantes de su dominación, pues sostenían que la mujer es definida en términos del varón, es una construcción social de las exigencias y expectativas varoniles.

Entre 1967 y 1975 se forma el feminismo radical en Estados Unidos en cuyos fundamentos teóricos resaltan dos obras primordiales, “Política sexual” de Kate Millet y “La dialéctica de la sexualidad” de Sulamit Firestone influidas por la teoría marxista, psicoanalítica y anticolonialista acuñan términos como patriarcado, género y casta sexual.

“El patriarcado se define como un sistema de dominación sexual que se concibe, además, como el sistema básico de dominación sobre el que se levanta el resto de las dominaciones, como la de clase y raza. El género expresa la construcción social de la feminidad y la casta sexual alude a la común experiencia de opresión vivida por todas las mujeres” Ana de Miguel 2011

Las radicales además aportaron con el análisis de las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad y con la organización de grupos de autoconciencia bajo la lupa del psicoanálisis, cada mujer del grupo explicaba la vivencia de su opresión para ir poniendo las bases de la transformación de la situación femenina, es decir, construían la teoría desde la experiencia personal, se desarrolla en este movimiento el activismo, de manifestaciones multitudinarias cuestionando la mercantilización de la mujer, el derecho al aborto, etc. Crearon también centros de ayuda y autoayuda, grupos de estudio, guarderías, centros para mujeres maltratadas y defensa personal. Pero una peculiaridad de estos grupos y lo que a la larga los debilitó fue la falta de estructuras jerárquicas lo que hizo que numerosas líderes antiguas fueran cuestionadas o desvalorizadas en su trabajo siendo muchas de ellas posteriormente expulsadas.

El feminismo radical en este contexto fue mutando en lo que se conoce como feminismo cultural que exalta el “principio femenino” y sus valores en contraposición a lo masculino, rompen con el objetivo igualitario de los otros movimientos feministas para establecer la diferencia. En Francia por ejemplo, se empieza a hablar de la mujer como lo absolutamente otro, siendo el psicoanálisis la base de su interpretación y reconstrucción de una identidad propia, para ellas la mujer no logra alcanzar la libertad de pensamiento, sino logra establecer la diferencia sexual, hacían duras críticas al feminismo igualitario que no logra romper con la dominación masculina.

2.4. El feminismo socialista

Tiene como instrumento intelectual de análisis de la historia al método dialéctico de interpretación de la realidad, a diferencia de los otros movimientos feministas, busca las raíces de la opresión de la mujer en las formas económicas sociales, nos muestra que la mujer tiene posiciones distintas en base al lugar que ocupa en los modos de producción que se fueron dando a lo largo de la historia y como éste ha ido usando a la mujer de acuerdo a sus intereses de dominio de un género sobre otro para afianzar el sistema económico imperante.

Marx y Engels establecían el origen de la opresión de la mujer con el surgimiento de la sociedad dividida en clases, por lo tanto el tema de la mujer no era un asunto añadido a posteriori sino inherente desde el comienzo mismo del socialismo científico, esto se puede constatar también en el manifiesto comunista (1848) escrito por los mencionados autores.

“El burgués ve a su esposa como mero instrumento de producción. Escucha que bajo el comunismo los instrumentos de producción serán explotados en común, y, naturalmente, no puede por menos de pensar que las mujeres correrán la misma suerte. Ni siquiera puede sospechar que el punto al que (los comunistas) queremos llegar es a la abolición del status de la mujer como mero instrumento de producción” Marx y Engels 1992

Las investigaciones de Lewis Henry Morgan, antropólogo del siglo XIX, aportan datos importantes para comprender la evolución de las organizaciones sociales humanas. Si bien parte de sus datos antropológicos se encuentran caducos, corrientes antropológicas recientes han ofrecido evidencias amplias que sustentan el marco básico de los estudios de Morgan. Engels escribió la obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” basándose en las publicaciones de este antropólogo, publica después de la muerte de Marx, y figura como único autor, pero cabe puntualizar que fue un trabajo en conjunto.

En base al libro mencionado y a los estudios realizados por Alexandra Kollontai, por sus valiosos aportes para entender el papel de la mujer a lo largo de la historia, subdividiremos este acápite en los siguientes puntos:

· La mujer en el comunismo primitivo.

· Sistema económico de la esclavitud y el papel de la mujer.

· La mujer en la sociedad feudal.

· La situación de la mujer durante el nacimiento del capital.

· La mujer en el periodo de la gran industria capitalista.

2.4.1. La mujer en el comunismo primitivo

El feminismo socialista de formación marxista sostiene que la situación de la mujer era muy distinta hace miles de años, llegando incluso a causar asombro e incredulidad en muchos que consideran natural la situación de las mujeres hoy en día.

“…no siempre han existido esa falta de igualdad de derechos de la mujer frente al marido ni esa subordinación de esclava. Hubo periodos en que la mujer fue considerada totalmente igual que el hombre e incluso épocas en que el hombre reconocía a la mujer, en cierta medida, la posición dirigente” Alexandra Kollontai 1976

A diferencia de lo que se creía, la mujer en la época del salvajismo y barbarie no estaba en una situación de opresión y esclavitud, como se pretende sostener y que todo lo contrario en contraste a esa época “más bien” en la actualidad goza de derechos como nunca antes.

Las tareas de trabajo de las épocas mencionadas designaban a la mujer una situación de respeto y privilegio en muchos casos, no existía la propiedad privada, la explotación del trabajo, las clases sociales, ni poblaciones asentadas en determinados territorios. Los primeros grupos eran cazadores y recolectores y entre hombres y mujeres no existían grandes diferencias físicas, ambos participaban de esas labores mostrando agilidad, destreza y fuerza parecidas, incluso se sostiene que en ciertas etapas del desarrollo socioeconómico no sólo era productora sino también soldado, puesto que para la defensa de la comunidad eran imprescindibles todas las fuerzas posibles, tanto de hombres como de mujeres. La evolución anatómica posterior de la mujer, tal cual resalta en la actualidad, -sobre todo en las culturas occidentales- como la figura esbelta de formas redondeadas y músculos débiles, se debe a que ésta fue reducida a su rol reproductor y alejada de las actividades de las que antes formaba parte. Poco a poco las agrupaciones fueron tomando dos rumbos, influenciados sobre todo por el clima y la geografía, algunas se hicieron sedentarias sobre la base de la agricultura y otras, las que vivían de la caza, terminaron siendo pastores, ambas implicaban diferentes formas de economía y la situación de la mujer era distinta dependiendo a cuál de estos grupos pertenecía.

Se sabe, por las investigaciones hechas sobre todo por la antropología, que la mujer gozaba de plenos derechos y jerarquía social en las tribus dedicadas a la agricultura, donde prevalecía la forma de organización matriarcal, pues los indicios materiales apuntan a que ella inventó la agricultura, ya que por su gestación y posterior maternidad se quedaba en el territorio fijado por la tribu, donde empezó instintivamente a sembrar movida por el hambre y a dominar el fuego, primero para ahuyentar a las fieras y luego para mejorar las herramientas dejada por los varones, además fue conociendo también el uso de las hierbas descubriendo, no sólo sus propiedades alimenticias, sino también medicinales, labor que implicaba un gran trabajo intelectual, mientras los varones hacían el esfuerzo muscular en la caza y campañas guerreras.

“La tierra y la mujer eran las fuentes de riqueza más importantes y originarias; las cualidades de la tierra y de la mujer se presentaban como idénticas: ambas creaban y daban la vida. Quien ofendía a una mujer ofendía al mismo tiempo a la tierra y ningún delito debía considerarse tan grave como el que se cometía contra una madre.” Alexandra Kollontai 1976

En las tribus de pastores, las obligaciones maternales condenaban a las mujeres pues no podían participar de las cacerías o capturas de animales vivos, sólo las mujeres no gestantes salían de caza provisionalmente. En esta etapa desempeña incluso la mujer un papel importante, pues empezó poco a poco a domesticar a los animales capturados vivos, formando de esta manera los primeros rebaños, pero esta labor no era del todo valorada, por lo que la mujer en estas tribus era considerada inferior al varón.

2.4.2. Sistema económico de la esclavitud y el papel de la mujer

Se considera que hay relación entre el surgimiento de la esclavitud y la consolidación de la propiedad privada, incluso que ésta última tiene mucho que ver con la situación de opresión de la mujer, pero como lo asevera Kollontai, esto no es del todo cierto; la propiedad privada contribuyó a la opresión de la mujer pero no fue por sí misma la causante de esta opresión, tampoco la división sexual del trabajo, mientras la mujer conservaba un rol productivo era valorada, en cuanto queda al margen de lo que se considera trabajo productivo, la mujer pasa a un plano secundario desempeñando un trabajo no valorado socialmente. Esta nueva situación de la mujer en el proceso productivo, sobre todo en las tribus pastoras, hace que pierda la importancia que tenía en tribus agricultoras como abastecedora de la sociedad.

La agricultura permitió el excedente, lo que consiguió el asentamiento de las agrupaciones humanas y junto con ésta surgieron otras actividades que forjaron el surgimiento de oficios nuevos como los alfareros, tejedores, artesanos, etc. Estos oficios logran tener mayor consideración con relación al trabajo de agricultura, pues ésta última exigía mayor esfuerzo físico y sus productos no se obtenían de forma inmediata.

De estos diferentes oficios nace el intercambio de productos y con ello la búsqueda del beneficio, ya no era suficiente satisfacer las necesidades materiales del grupo, sino que cada productor buscaba una eventual ganancia que se va acentuando como el motor de la economía de esa época; por lo tanto el trabajo de la artesanía y el comercio rinden más y comienzan a alcanzar un nivel elevado dejando el trabajo agrícola a los esclavos que eran capturados en guerra. Es así que la mujer muy vinculada con la naturaleza y la agricultura pierde la posición apreciada hasta entonces.

La división del trabajo, se da, no sólo en función del sexo, sino también en base al trabajo productivo e improductivo, quedando el primero en manos de los varones, y el segundo condenó a la mujer al trabajo doméstico del hogar. La economía doméstica se separa de la economía comunitaria, perdiendo el trabajo de la mujer la importancia que tenía antes. Este nuevo tipo de economía va creando una forma de familia limitada en número y de características cerradas, donde fue germinando la idea de que la mujer era un ser inferior.

En este nuevo tipo de sociedad que iba surgiendo existían dos clases antagónicas: la de hombres libres y esclavos. Sobre las espaldas de estos últimos empieza a recaer la responsabilidad de la elaboración de muchos productos necesarios para la subsistencia del grupo, complementado con el trabajo no menos fundamental de las mujeres, pero únicamente se valoraba el trabajo de los hombres libres que cumplían el papel de administradores del excedente, quienes no tomaban en cuenta el trabajo en sí, sino los beneficios y en ese sentido los esclavos empiezan a ser más valorados que las mujeres libres del grupo.

2.4.3. La mujer en la sociedad feudal

Este tipo de economía de característica “natural” dependía del trabajo de los agricultores siervos y ya no de los esclavos, existían tres clases sociales: los dueños de la tierra, los campesinos y los ciudadanos. La mujer tenía una situación distinta, según a que clase pertenecía, por ejemplo la de clase dominante, del castillo para afuera gozaba de gran respeto, pero al interior estaba completamente sometida a las decisiones y caprichos de su marido, aunque ella era la responsable de la organización y administración de la producción al interior del castillo pues su marido normalmente se encontraba ocupado en guerras.

Esta economía de castillo dominada por la mujer, proveyó a la misma, pero de ascendencia noble una escueta instrucción sobre todo en costura, hilado y tejido, además de lectura y escritura básica. En los monasterios ingleses por ejemplo, se les enseñaba también el cuidado de enfermos, cuentas y cocina.

En los siglos XI y XII los monasterios eran importantes en la instrucción tanto de varones como de mujeres en ciencias naturales y filosofía, pero las mujeres no sólo se instruían dentro de los conventos, sino también fuera de ellos, llegando a destacar incluso en política, pero por supuesto estas mujeres formadas eran una rarísima excepción.

La economía natural de castillo empieza a perder importancia y se desmorona con el crecimiento del comercio, lo que degradó a la mujer reduciéndola a su labor procreadora y administrativa, de esta manera el nivel de instrucción de las mujeres de clase noble cae, pues ya no participa de la economía y producción emergente. La situación del campesino en el feudalismo era de “hombre libre”, a diferencia del esclavo, pero política y económicamente estaba subsumido a su señor, quien tenía poderes ilimitados sobre las y los campesinos. El hombre no tenía ningún derecho y estaba completamente sometido a su señor, pero dentro de su familia, emergía como el amo absoluto de su mujer e hijos, como consecuencia la mujer era sierva dentro y fuera de la familia. En síntesis, la mujer aristócrata y campesina no tuvieron igualdad ni independencia ni derechos fundamentales, aunque la primera gozaba de consideración y respeto fuera de las murallas de su castillo. Sólo para las mujeres de los artesanos, la situación era un tanto diferente, pues era parte del proceso productivo, aunque de manera secundaria y cuanto más hábil era, más respeto tenía, llegando incluso en el siglo XIV a formar gremios integrados exclusivamente por artesanas. Los gremios conformados por hombres y mujeres, tenían derechos iguales, éstas últimas tomaban decisiones importantes sobre el proceso productivo, aunque no se podía acaparar en todos los aspectos con los derechos de los que gozaban los hombres. Por lo tanto la situación de la mujer depende y varía del lugar que ocupa en el sistema económico desempeñando un trabajo útil y productivo para la sociedad.

El hecho de que el trabajo del hombre y la mujer sean valorados de la misma manera, minimiza las costumbres patriarcales y el seudo complejo de superioridad masculina. En contraposición cuando esto no es así, las mujeres dependientes de sus maridos y desvalorizadas en sus trabajos viven marcadamente oprimidas. Pero hay un elemento más a considerar en la Edad Media, las constantes guerras que tenían que librar los hombres, hacía que estos, estén absortos en la violencia, cultivando mayormente el arte del manejo de las armas, en cambio la mujer, empezó aunque clandestinamente a elevar su instrucción lo que le permitió ser intelectualmente superior a su marido. Pero las autoridades clericales de la iglesia vieron en ello un peligro para su dominio espiritual, pues la mujer, mientras más instruida estaba en el arte de curar enfermedades, en la filosofía o astronomía más se alejaba de las supersticiones religiosas, por lo que fue etiquetada como hereje e instrumento de Satanás, siendo víctima de una de las etapas más crueles y sanguinarias en la historia de la humanidad: La inquisición, que coadyuvó a dominar el “espíritu salvaje” de la mujer, privándola de toda iniciativa intelectual y práctica condenando a la mayoría de ellas a la ignorancia científica y espiritual.

2.4.4. La situación de la mujer durante el nacimiento del capital

El capitalismo vence al feudalismo, no le era útil el trabajo de los siervos campesinos y la economía natural, sino el del obrero “libre” asalariado, necesitaba comprar fuerza de trabajo a costos lo más bajo posibles. En consecuencia, la mano de obra barata era la nueva palanca de crecimiento del capital. El capitalismo tiene un proceso de desarrollo lento, atravesando diversas fases que le permitió concentrar el capital tanto en el comercio como en la manufactura, hasta desencadenar en la industria fabril y metalúrgica, posteriormente surge el capital financiero.

Este nuevo sistema económico aglutina sobre todo a un ejército de mujeres, que eran las más vulnerables en sus derechos y cuyo trabajo estaba infravalorado, por lo tanto más fáciles de explotar para obtener mayores beneficios. Surge una rama de la economía nueva hasta entonces: “el trabajo a domicilio” que se caracteriza porque el trabajador en cada producto renuncia a una parte de la ganancia en beneficio del capitalista, además para lograr un mínimo de vida tenían que aumentar la productividad de su trabajo teniendo como consecuencia de esta manera una jornada interminable a cambio de una remuneración miserable. A diferencia del feudalismo en esta nueva etapa, se van consolidando dos grupos sociales antagónicos, los dueños de los medios de producción y los privados de estos medios, base de lo que muy pronto será la burguesía y el proletariado. Por lo tanto, la mujer se diferencia por su situación de clase, la mujer burguesa de cierto reconocimiento personal, pero de limitadas libertades, sin apremios económicos descargaba sus tareas domésticas sobre las espaldas de la mujer proletaria sin derechos, víctima de toda opresión y explotación. La mujer burguesa además podía tener acceso a estudios de ciencia y filosofía y también una limitada intervención en política, esta situación logró que muchas de ellas destacaran e incluso formaran círculos progresistas intelectuales, llegando alguno de ellos a plantear la igualdad de la mujer en todos los campos, situación que fue descalificada y difamada por la burguesía.

En cambio la mujer proletaria estaba marginada de la posibilidad de todo desarrollo intelectual y espiritual, es más, su situación se caracterizó por una triple opresión: privación absoluta de derechos civiles y sociales, servidumbre y ausencia de derechos dentro de la familia y explotación laboral. La familia monogámica asentada ya en el capitalismo significó aún más la despauperización del trabajo de la mujer:

“La mujer, a pesar de su trabajo relativamente duro, no era un miembro útil a los ojos del Estado y de la sociedad, porque en efecto servía con su trabajo solamente a su propia familia. Para la renta nacional no se computaba el trabajo del miembro aislado de la familia, sino el resultado de ese trabajo, es decir, el total ingreso familiar, porque la familia era la unidad fundamental económica” Kollontai 1976

La sociedad burguesa no valoraba el trabajo de la mujer, consideraba su aporte como insignificante, esta situación se agudiza más, con el desarrollo de la técnica y la nueva división del trabajo que favoreció al capitalista en la obtención de mayores beneficios, porque las máquinas aumentaban la productividad del trabajo pero los obreros y obreras seguían recibiendo míseros pagos.

La mecanización de la productividad laboral encadenó todavía más a los trabajadores a la explotación por el capital, quien pagaba no por la productividad sino por la fuerza de trabajo totalmente desvalorizada. A las mujeres lo único que les quedaba era su fuerza de trabajo y si no podían acomodarse en alguna fábrica muchas terminaban prostituyéndose.

Esta nueva situación socioeconómica debía encontrar un asidero ideológico, razón por la cual no tardaron los ideólogos burgueses en proporcionar toda una teoría de la naturaleza humana, donde sostenían que la mujer es inferior al hombre. Incluso la iglesia dio pie a esta situación al argumentar que es el hombre el sustento de la familia, lo que fue muy bien aprovechado por los capitalistas para considerar la fuerza de trabajo de la mujer inferior a la del hombre, que lo que produce la mujer para su familia debía ser únicamente suplementario.

Este escenario cambia en los países altamente industrializados, en la fase más alta del desarrollo del capital la mujer empieza a desempeñar labores en la esfera de la producción y por ende se empieza a valorar su trabajo lo cual no significa que hayan acabado el problema de la opresión y explotación laboral, este persiste, simplemente la mujer con su lucha lograr conquistar algunos derechos laborales y

sociales, pero no cambió la estructura capitalista e ideológica que todavía las oprime y explota.

CAPÍTULO III

3. LA CONSTRUCCIÓN SUBJETIVA DE LA FEMINIDAD

En todas las sociedades a lo largo de gran parte de la historia sobre todo desde el surgimiento de las clases sociales, han existido múltiples formas de dominación y de control social con el fin de conseguir ventajas y privilegios para la clase dominante. Inicialmente estas formas de dominio eran de violencia física, se materializaban hegemónicamente en el cuerpo, en lo tangible, dejando laceración, dolor y mutilación. Posteriormente se dio formas mucho más sutiles y eficaces de dominio mediante la imposición de normas, leyes, sentidos, estereotipos, etc. creando un orden social profundamente excluyente que obedece a intereses económicos de clase.

Estas formas de dominación y control social pasaron a ejercerse desde la apropiación del cuerpo como en la sociedad esclavista, de esta forma apropiarse de las riquezas mediante el trabajo ajeno, con el transcurso del tiempo la religión en general y el cristianismo en particular fueron para los grupos de poder un instrumento de tremendo control social sobre las “almas” de las personas, mediante la invasión a la vida privada y consciencia de los sujetos en su intento de construir y manejar la subjetividad de los mismos hechos a la medida de las exigencias sociales de la época. Pero es con el capitalismo que este anhelado sueño alcanza su máximo esplendor, logrando penetrar profundamente en la subjetividad de las personas a través de la construcción de valores y conductas, que el sujeto no sólo las asume como un mandato sino que las siente como propias, como algo inherente a su ser, por lo tanto las defiende como algo “normal” y “natural”.

En este sentido debemos comprender cómo y porqué se da la construcción de la subjetividad, tal vez de esta manera logremos acercarnos a responder cuáles son los mecanismos sociopsicológicos por la cual los explotadores han logrado penetrar de manera más sutil, pero no menos violenta a los explotados, para ejercer su dominio sin que este siquiera sea percibido. Para ello partamos indicando que las condiciones inmediatas de existencia como las económicas, políticas, sociales, culturales, sexuales, religiosas, etc. son las que influyen directamente en la sujeción de las personas. Los procesos de subjetivación están enmarcados dentro de una realidad sociohistórica que marca lo que debe ser “ser hombre” o “ser mujer”, la subjetividad es entonces la expresión individualizada de estas condiciones inmediatas de existencia pues lo subjetivo y lo social no son existencias separadas más bien existe una interacción compleja permanente, sin embargo, la subjetividad no es mera síntesis de lo social ni lo social es simple suma de individualidades, aquello que constituye a un individuo como tal tiene su origen en las condicionantes socioeconómicas y culturales al que pertenece, que a través de sus diferentes instituciones mediante discursividades ideológicas lo determinan de una manera diferencial para que encaje en lo que se espera socialmente de ese individuo, en ese sentido lo social como realidad que sujeta a los individuos está conformada por reglas y convenciones que establecen las relaciones de dominio entre grupos sociales específicos.

De esta manera surgen categorías sociohistóricas que en esencia son excluyentes, como el género, etnia, clase social, religión, idioma, etc. Que además estratifican a estos diversos grupos en base a una lógica social dominante; lógica que tiene una base ideológica, política, religiosa, económica e incluso científica que marca el rumbo de lo que es bueno o malo para la convivencia en un orden social que para que perviva le da un carácter inmanente y naturalizado. Por lo tanto, este orden social regula, define y jerarquiza las pautas de las relaciones sociales de sus individuos determinando lo que éstos deben ser para no alterar ese orden, construyendo percepciones, cogniciones y sensaciones que el sujeto asume como suyas siendo esta una representación del mundo tan sutilmente impuesta que no necesita de constatación alguna y que incluso cuando se va contra este orden, se cree que es contranatura, constituyéndose como una violencia simbólica tal como lo propone Bourdieu (2000) pero esta consciencia simbólica está enraizada dentro de las estructuras de dominación, si bien no es consciente, es más que una representación mental, es un sistema de estructuras

de dominación inscritas en los cuerpos y en las cosas, por eso es ilusorio pensar que se pueda vencer con tan sólo las armas de la consciencia y voluntad.

Lo histórico-cultural prescribe por lo tanto como se dijo anteriormente diferentes formas de pensar, sentir y ser para hombres y mujeres. Lo masculino y femenino determina el lugar desde donde se actuará, constituyéndose el género en la orientación de la forma de ser tanto a nivel personal como sexual. El género como categoría excluyente, es una construcción parte del ordenamiento de la sociedad sobre la base de los sexos, de naturaleza política y económica que constituyen los pilares de la cultura y la sociedad.

Estas categorías genéricas de hombre-mujer se organizan en torno a opuestos supuestamente complementarios como lo activo-pasivo, racional-emocional, independiente-dependiente, fuerte-débil, etc. Categorías que privilegian a unos y devalúan a otros, la identidad masculina se desarrollaba en la esfera pública con posibilidades de éxito económico y profesional, en cambio lo femenino se desplegaba en la esfera privada, al interior de la familia, cuidando de los demás integrantes como “ama de casa”.

La construcción del género psicológica y biológicamente tiene parámetros estrictamente masculinos definidos “científicamente” por la ausencia, la falta, la carencia y la atrofia fálica, que concluye en la envidia del pene que sostiene el psicoanálisis, estos parámetros moldean generalmente de forma inadvertida o inconsciente los destinos de pulsión, los ideales del yo, las inclinaciones aptitudinales, los sentimientos, hasta los vínculos que se establecen entre hombres y mujeres. En ese sentido también la intersubjetividad como vínculo humano, ya sea para formar pareja, vivir en familia o en comunidad está condicionado por elementos sociohistóricos, económicos, políticos, culturales a los cuales pertenecen los diferentes grupos y/o clases sociales, porque así cada individuo inviste y es investido por los demás creando de esta manera alianzas (Kaës 2007) en su gran mayoría inconscientes cuya función principal es anudar en los roles establecidos a los sujetos que componen determinada realidad social.

Estas alianzas incluso producen efectos que van más allá de los sujetos que las elaboraron y de las circunstancias y del momento que las hicieron necesarias, transmitiéndose de manera psíquica de generación en generación, son alianzas construidas socialmente en determinado momento que imponen formas de conductas a través de obligaciones, prohibiciones y sujeciones haciendo que la subjetividad se construya tanto a nivel intra como inter y transubjetivo manteniendo a unos en situación de poder.

Lo masculino y femenino se debe entender siempre desde un momento y contexto histórico, desde una clase social, etnia y cultura determinada, que sin importar las variaciones existentes entre culturas, éstas imponen patrones conductuales y de normas incluso sentimentales para diferenciar a hombres y mujeres y tener a estas últimas en clara situación de desventaja. Pero sus integrantes se apropian de manera individual y subjetiva de esas realidades sociales y emocionales pues lo masculino y femenino no es algo general y abstracto, se debe comprender como producciones sociales en un momento dado de carácter dialéctico, pues no están exentas de tensiones ni de cambios.

La clase social como elemento ordenador de la sociedad y excluyente en términos económicos, condicionan la desigualdad de las mujeres y las colocan en sitiales diferentes respecto a la propiedad de los medios de producción y a la división del trabajo manual-intelectual.

A nivel de la construcción de la sexualidad femenina existe una marcada “prohibición de ser para sí”, situación que se consolida sobre todo con el surgimiento del patriarcado y la familia monogámica que hace de la mujer propiedad privada del “pater familia” esta prohibición ejerce una función de control y coerción subjetiva en las mujeres por lo que su transgresión además de ser socialmente peligrosa se vive con temor, culpa y vergüenza.

Pero no sólo en el plano sexual, sino también en todo lo que respecta a la feminidad, el simple cuestionamiento de esta “esencia femenina” tiene como consecuencias en muchas mujeres la depresión, el miedo al rechazo, la autorepulsión, etc.

Por ejemplo el patriarcado hizo de la maternidad el eje principal de la naturaleza femenina y en el ideal que espera la sociedad, una mujer que elige no ser madre es vista como un espécimen raro, desde la propia familia hasta la colectividad. Apoyados en el determinismo biológico, consideran que la maternidad recae específicamente en las mujeres, sin tomar en cuenta que la maternidad también tiene un doble carácter a nivel psíquico y social, este estereotipo biológico argumenta que la maternidad es algo natural e instintivo, estereotipo introyectado y asumido por las mujeres a partir del cual construyen su subjetividad bajo la premisa madre=mujer que el sistema capitalista intenta perpetuarlo y vestirla de naturalidad, para que aquellas que se encuentran subyugadas no sólo lo asuman sino también reproduzcan en las nuevas generaciones las mismas condiciones de su propia dominación, además esta capacidad procreativa antiguamente valorada, actualmente es legitimada por el varón, lo que conlleva conflictos legales que humilla a las mujeres cuando estas se encuentran como madres solteras. Por lo tanto lo subjetivo como universo simbólico asigna sentido a la forma de ser de las personas o a cualquier suceso y para no ser cuestionado se construye y se sostiene en convenciones sociales, que incluso preexisten al individuo formándolo desde la infancia. El psicoanálisis llega a aseverar que incluso está formación se da antes del propio nacimiento del individuo, pues la familia ya tiene expectativas que marcaran las pautas con las que el nuevo individuo deberá guiar su vida, pues toda esa red de sentido conforma su ser.

“El universo simbólico es distinto de una cultura a otra, es diferente dentro de los distintos estratos de una cultura y al mismo tiempo es necesario e imprescindible, esto es, no existe actividad social si no hay representación simbólica, producción de significación en lo que se está haciendo” Raquel Gutiérrez Aguilar pág. 1999

Este universo o campo simbólico como se denomina influye considerablemente la forma de nuestro pensamiento, de nuestros sentimientos, de nuestro actuar y ser en el mundo sobre la base de convenciones socialmente aceptadas; aspecto que no debe entenderse como un determinismo acabado, sino como elementos de considerable influencia que producen disposiciones “permanentes y transponibles” (Bourdieu), en más de los casos de manera inconsciente que obran en hombres y mujeres pertenecientes a determinadas épocas, que sienten ese universo simbólico como la única vía de sentido de pertenencia al grupo, pues en el colectivo social se mantienen las valoraciones de lo que es adecuado hacer, sentir, pensar, etc. Y de lo que no lo es.

A nivel de la sexualidad, ésta es organizada de manera diferente en la cultura para ambos géneros, pues no es algo naturalmente dado, si no es una construcción social que determina la sexualidad, pero el cuerpo no es una tabula rasa sobre la cual se escribe los roles de hombre o mujer pero tampoco se es hombre o mujer desde que uno nace determinado por la genitalidad; es más bien una construcción de relaciones y fuerzas donde la mujer está en clara situación de desventaja. Psicólogos cognitivos y neurocientíficos aseveran que existen procesos cognitivos y funciones cerebrales en los humanos que favorecen las interacciones con la realidad externa, por lo que la cultura a través de la educación, la religión, los roles establecidos, la economía, etc. no tendría posibilidad alguna de influencia o esta sería insignificante si no fueran por estos procesos y funciones cerebrales, pero los mencionados procesos como lo demuestran estas disciplinas científicas son influidos y moldeados de manera considerable por medio de las propias interacciones de los que ellos mismos forman como posibilidad. Las emociones moldean las neuronas, la experiencia forma los circuitos cerebrales, las actividades grupales desarrollan áreas de determinadas funciones.

Las capacidades de la mente como la simbolización, significación, memorización, interrelación, síntesis, selección de información, procesamiento de datos, toma de decisiones, reflexión, auto-observación, etc. no son autónomas o independientes por sí mismas, sino que responde a un proceso evolutivo social. En este sentido el lenguaje tiene un papel preponderante en los procesos de constitución del individuo en la realidad material y simbólica.

3.1. Sexualidad: cuerpo y lenguaje

Tanto el cuerpo como el lenguaje son procesos duales en la construcción de identidades sexuales de la mujer, pues ambos son construidos en el contexto cultural.

El cuerpo es una realidad material y simbólica, pues además de lo biológico, de su estructura orgánica, es una representación o proyección de todo un sistema de significados, como categorías sociales (género, estereotipos) sistemas de reconocimiento (que pueden ser propios, ajenos o compartidos) y expectativas normativizadas.

La cultura mediante sus instituciones educativas, religiosas, políticas, etc. se encarga de construir los significados en gran parte inconscientes de la imagen social del cuerpo, así la cognición como parte de la estructura del cuerpo experimenta estas influencias para poder comprender, sentir e incorporar de manera subjetiva ese entramado social que marca las pautas de lo que se debe experimentar como cuerpo, es aquí que se entra en el plano del individuo histórico, mutable, perteneciente a un contexto social determinado. Por lo tanto, el cuerpo del individuo histórico está marcado por los procesos de evolución de la cultura a través de la historia, si bien es, una experiencia individual, la cultura se materializa en el individuo, por lo que éste no puede escapar a sus influencias, como aseveran los subjetivistas.

El lenguaje tiene notoria influencia en la configuración de la realidad, el lenguaje está inmerso en una red social de interacción flexible y en evolución, desarrollada a lo largo de millones de años, es un proceso cognitivo simbólico, y como tal nos ayuda a comprender el cuerpo en su contexto simbólico e interactivo en el que ha sido construido, pues el cuerpo entendido como resultado de su biología se reduce a lo orgánico, fisiológico, molecular, ajeno a lo social y a la construcción de géneros, pues el sexo es a medio biológico y la sexualidad a sociedad.

Por lo tanto el cuerpo es el lugar donde la sexualidad es una realidad en la vida del individuo, marcada por la realidad social cambiante y circunstancial, el lenguaje permite entender al cuerpo como un proceso histórico de socialización, en lugar de esencial o de naturaleza humana como pretende la ideología burguesa, incluso el individuo antes de nacer está sujeto a diversos significados, representaciones, valores, costumbres, etc. que determinan los comportamientos. Las diferencias de géneros, su jerarquía social, los valores construidos en torno a ellos se reflejan en el lenguaje a través de su uso y contenidos, al menos en el idioma español marcadamente sexistas, donde las características del varón, son construidas como paradigmas de la humanidad, de la cual la mujer es secundaria y en muchos casos inexistente, por ejemplo hasta hace poco existían sólo términos masculinos y no femeninos para designar a juez y no jueza, médico y no médica, por lo tanto el control del lenguaje, del vocabulario y de sus significados, es de gran importancia para los grupos dominantes.

3.2. Discurso de la sexualidad

La sexualidad desde las primeras culturas constituyó siempre un conjunto de creencias, actitudes y comportamientos que se transforman en la interacción con otros cambios sociales, como la economía, la religión, las relaciones de poder entre clases sociales, de esta manera adquiere nuevos significados y formas de experimentar y/o vivenciar, fundamental para la identidad de los individuos. Para Foucault y Weeks estos estereotipos sexuales logran discriminar y preservar las diferencias de clase y/o de raza, por esta razón por ejemplo el comportamiento sexual de la clase trabajadora y de la población negra era catalogada como indecente, promiscua, pervertida, vulgar, de naturaleza pecaminosa, en contraposición a la de la clase burguesa como refinada y educada, pero también debemos agregar que estos estereotipos ponen a la mujer en un situación de desventaja respecto al varón sin importar a que clase social pertenezca, pues en ellas el placer y el erotismo están construidas social y culturalmente de manera distinta a la del varón tanto a nivel psicológico como afectivo y emocional llegando en muchas culturas a estar prohibidas o estar en un contexto de violencia y abuso, de ahí las prácticas de la oblación, por ejemplo.

La sexualidad para el hombre está vinculada con el goce, el placer, el erotismo, en cambio para la mujer esta reducida a la reproducción, incluso teorías científicas sostenían que la maternidad inhibía la libido de la mujer en beneficio de los instintos de protección y cuidado a la progenie. La sexualidad es alienante para la mujer, con valores desiguales y realidades distintas sostenidas en instituciones sociales que mantienen un desequilibrio entre géneros y clases sociales cuya transgresión es severamente castigada moral y judicialmente.

¿Pero por qué la sexualidad femenina ha sido reprimida? ¿Por qué ha convenido al varón?

Las respuestas se han dado a lo largo del desarrollo del texto, pero cabe puntualizar que esta situación por donde se analice dio al varón un lugar prominente como titular del poder público y social, ha dado lugar a que casi todas las culturas se construyan en base a modelos masculinos naturalizado en sociedades patriarcales que sostienen la creencia de la superioridad masculina. Esta desigualdad sexual condena a la mujer a su mísero ámbito doméstico, negándole o dificultándole a desarrollarse en otros terrenos como el científico o artístico en general. Esta desigualdad impuesta violentamente ha imposibilitado su desarrollo cognitivo, emocional y espiritual y a allanado el camino del dominio del varón.

¿No es una contradicción para el varón la represión sexual femenina? ¿No limitaría también los deseos varoniles de promiscuidad practicadas en la etapa más antigua de la historia humana? Si fuese así ¿Por qué se da este cambio?

Las razones hay que buscarlas en lo que se conoce como la revolución agrícola, etapa donde comienza a consolidarse el sedentarismo, pues empieza a darse un excedente alimentario y una mejora nutritiva por lo que también mejora la capacidad reproductora de la mujer ampliándose el número de nacimientos, se lucha por el excedente, surge la propiedad privada, por lo tanto el varón no sólo quiere asegurar su patrimonio sino aumentarlo a través del trabajo que aportaban la mujer e hijos; por tanto, mientras más hijos tuviera la mujer, más ventajas obtendría el varón. Así que debía estar seguro de su mujer y de que los hijos de ésta eran de él, por lo tanto se va imponiendo la relación sexual monógama. De esta manera se aseguraba el clan y el aumento de poder de éste frente a los otros clanes, por lo que la exigencia de la fidelidad femenina se impuso a través de construcciones morales, religiosas y jurídicas, notoriamente opresivas con la mujer, cohesionada por la dependencia económica, que inhibió la sexualidad femenina, exigiéndole sólo a ella la fidelidad en cambio el varón camina sin restricciones por la promiscuidad sexual, siendo incluso valorado como atributo natural masculino hasta la actualidad.

CAPÍTULO IV

4. LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA MUJER EN BOLIVIA

Históricamente en Bolivia, la presencia de las mujeres en las luchas sociales ha sido permanente y determinante, desde los levantamientos indígenas del siglo XVII pasando por su lucha contra las dictaduras militares, hasta los conflictos de la guerra del agua y del gas. Muchas de sus luchas han estado vinculadas a proyectos de transformación profunda, no obstante sus demandas nunca fueron incorporadas al sistema político.

La mujer en el campo comparte con la mujer de la ciudad la condición de oprimidas en una sociedad patriarcal y machista, opresión que se manifiesta principalmente en la violencia doméstica, tan extendida como oculta. Pero hay tres esferas, en las cuales se ve más agudizado el problema de la mujer, nos referimos al plano laboral, educacional y de salud.

4.1. La mujer en el espacio del trabajo

La realidad laboral de la mujer está condicionada por su situación social, notoriamente marcada por la división de clases, lo que hace que las mujeres vivan realidades distintas, por ejemplo, la mujer burguesa tiende a reproducir la ideología dominante llegando incluso a explotar a mujeres de clases empobrecidas, lo que le permite desprenderse de su rol doméstico y crianza de sus hijos, obteniendo así tiempo para trabajar fuera de casa y sentirse de esta manera productiva, estudiar para obtener una formación técnica o profesional, frecuentar grupos de ocio cultural, incluso tener tiempo de militancia política que en algunos casos le ha permitido ocupar cargos administrativos, situación que la ubica en condiciones de igualdad frente a los varones, por lo que su concepto de libertad está reducido a la conquista de derechos ante la ley burguesa, lo que hace que sientan como grandes logros históricos la presencia de mujeres en el plano político, académico, científico, artístico, etc. olvidando a las miles o millones de 54 mujeres que siguen constituyendo el grueso mayoritario de la población empobrecida y oprimida en Bolivia.

La situación de la mujer por lo tanto no es homogénea, está determinada por su condición de clase, donde algunas ideológica y políticamente se encuentran más retrasadas que otras.

En Bolivia hasta el 2012 según datos del CEDLA, las mujeres representaban al 45 por ciento de la población trabajadora, sobre todo en el mercado informal en condiciones de vulnerabilidad, con salarios menores al de los varones incluso en las mujeres con formación profesional el índice de desempleo es mayor en relación al de los varones y perciben menores salarios pese a las modificaciones en la Ley General del Trabajo y la Constitución Política del Estado.

Un informe del ECAM del 2014 indica que Bolivia es uno de los países en Latinoamérica con las tasas más bajas de participación laboral de las mujeres, pese a que según el Censo del 2012 la participación de las mujeres en el ámbito del trabajo se ha incrementado, situación que nos permite concluir que este incremento no es significativo.

Muchas empresas y fábricas prefieren varones aunque paguen relativamente más, pues así se evitan los gastos en seguridad social, como los tres meses de baja médica, el horario de lactancia, la obligatoriedad de espacios para el cuidado de sus hijos, etc. Además que todavía prima el pensamiento patriarcal de que las mujeres no responden en el trabajo igual que los varones y que su lugar es el ámbito doméstico, realizando un trabajo económico que el capital no quiere reconocer, razón por la cual muchas mujeres se ven empujadas a buscar fuentes de ingreso en el ámbito laboral informal como el comercio minoritario menos productivo y desprotegido que apenas les da para subsistir y donde la precariedad tiene su mayor manifestación o siendo subempleadas o terciarizadas con bajos salarios, lo que incide en su mayor empobrecimiento.

Por el otro lado los trabajos asalariados en los cuales tienen espacio son para la realización de tareas rutinarias y menos especializadas, donde la mano de obra es fácilmente sustituible, como las barrenderas, limpieza, servicios, el PLANE, etc. También el acoso laboral es más notorio en las mujeres, por su condición de madre trabajadora, por ocupar roles de menor rango y calificación laboral y sobre todo si desempeña cargos de dirigencia sindical

La brecha salarial está también marcadamente distante entre varones y mujeres, de acuerdo al CEDLA en 2010 el salario de la mujer equivalía al 73 por ciento con relación al de los hombres que realizaban la misma tarea, en el 2011, esta situación se agudizó, pues la mujer percibía sólo el 56 por ciento.

De acuerdo a REMTE las mujeres están concentradas en la categoría de trabajadoras por cuenta propia (32,47%) trabajadoras familiares o aprendices no remuneradas (34,36%) como asalariadas son principalmente empleadas (19,95%) empleadas del hogar (7,17%) sólo el 2,7% se halla en condición de obreras y no todas con seguro social. De todo el porcentaje sólo el 34 por ciento hace aportes a las administradoras de fondos de pensiones.

Está falta de seguridad en la relación laboral, típico sobre todo de un capitalismo atrasado, provoca que las trabajadoras ingresen a un círculo de ocupación y desocupación, lo que psicológicamente da mayor poder al capitalista para controlarlas y disciplinarlas profundizando la sumisión de las trabajadoras a las decisiones de su patrón.

Bolivia como país de capitalismo atrasado, acumula su capital en la extracción de sus recursos naturales para exportarlos como materia prima y en la explotación de su fuerza de trabajo, ésta última se caracteriza en la extensión de su jornada de trabajo y en el pago de salarios por debajo de su valor, sobre todo en las mujeres. Los últimos datos del censo 2012 indican que la participación de la mujer en el trabajo aumentó, pero cabe enfatizar que ésta se ha incorporado a los empleos menos productivos y peor remunerados, ello se debe sobre todo a la discriminación, subvaloración por el hecho de ser mujer y a que sus niveles de educación son más bajos que de los varones, situación que la ubica en una escasa capacidad para generar ingresos.

4.2. La mujer y la educación

Hasta principios del siglo XX el acceso de las mujeres a la educación estaba restringido, los gobiernos liberales hicieron una reforma educativa que contemplaba la educación técnica, la educación indígena y la educación de las mujeres. Para 1912 sacaron a siete mujeres bachilleres todas ellas de clase media, se empezó a contemplar la educación como un medio de emancipación, las universidades lentamente empezaron a recibirlas en sus aulas, pero sobre todo la mayor parte de las mujeres con estudios superiores eran normalistas y no se tienen datos de mujeres indígenas o proletarias que hayan cursado esta carrera. Pese a que el analfabetismo, la deserción escolar y el nivel de instrucción en las mujeres en relación a los varones ha estrechado la brecha que los separaba, la realidad sigue siendo asimétrica, todavía gran parte de las mujeres están excluidas de los estudios de formación superior, sobre todo las que vienen de estratos sociales empobrecidos, lo que ha contribuido a mantener su marginación social, además que en Bolivia prima una cultura patriarcal, machista, que asigna a las mujeres roles subordinados y dependientes sobre todo en la esfera reproductiva y cuidado de la vida familiar, situación que es más notoria en áreas periurbanas, rurales y el campo.

Sin importar la formación profesional que tengan, las mujeres tienen la tasa de desempleo más elevada que la de los varones, sueldos inferiores y mayores dificultades para obtener trabajo y especialmente estabilidad laboral. Para muchas de ellas la maternidad significa ponerle fin a todas sus aspiraciones de formación y de desempeño laboral, pues la responsabilidad doméstica recae enteramente sobre ellas.

Aunque muchas han conseguido ingresar al campo laboral de riqueza productiva socialmente valorada pero en condiciones totalmente desfavorables, además este ingreso no ha significado que se hayan librado de las responsabilidades domésticas que en la gran mayoría sigue recayendo sobre ellas, haciendo que tengan una “doble jornada” por ende una doble explotación, un grupo de mujeres, pertenecientes sobre todo a la clase media o a la burguesía no tiene esta doble jornada de trabajo, pues sus responsabilidades domésticas recae en otra mujer, contratada para cumplir con estos servicios.

Cabe mencionar que pese a tener menor presencia numérica en relación a los varones y a tener mayor abandono de estudios superiores tienen una importante presencia entre los graduados y titulados.

Una característica en los estudios que escogen los estratos empobrecidos es que hay una tendencia mayoritaria a elegir carreras valoradas socialmente como femeninas como la repostería, peluquería, costura, etc. tradicionalmente infravaloradas y por ende mal remuneradas.

En cambio las mujeres sobre todo de clase media se inclinan por formarse en la educación, donde tienen una presencia mayoritaria en los niveles parvulario, inicial y primaria, su presencia disminuye en la educación secundaria y más aún en la enseñanza universitaria, donde la balanza se inclina a favor de los varones. Otro campo donde hay presencia mayoritaria de mujeres es la salud, pero a nivel de enfermeras, donde se ha podido constatar la subordinación y maltrato por parte de sus superiores, médicos en su mayoría varones, que las consideran no aptas para ocupar cargos de dirección y/o planificación en instituciones de salud.

La mujer por tanto, pese a las cifras optimistas que indican un cambio, sigue en una posición de desvalimiento respecto al varón incluso aquellas que poseen un título universitario, pues la doble jornada hace que muchas de ellas vayan abandonado la esfera pública de trabajo y se aíslen en la esfera doméstica al servicio de la familia, del esposo y de los hijos.

4.3. Mujer y salud

La mortalidad materna es un problema de salud pública lacerante que afecta sobre todo a la mayoría de países empobrecidos o en vías de desarrollo, repercutiendo notoriamente a nivel familiar, social y económico.

Como causas principales de mortalidad materna se tiene a las complicaciones del embarazo y el parto sobre todo en mujeres en edad reproductiva. Según la OMS, en su informe sobre la mortalidad materna (2012) más de una mujer muere en el mundo cada minuto, revela que cada día fallecen en todo el mundo unas 800 mujeres por complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto. En 2010 murieron 287.000 mujeres durante el embarazo y el parto o después de éste. Prácticamente todas estas muertes se produjeron en países de ingresos bajos y la mayoría de ellas podrían haberse evitado.

La situación de la mujer boliviana en el campo de la salud sigue siendo precaria y la de peores resultados en el continente. Pese al discurso oficial del Ministerio de Salud, que indica que la mortalidad materna disminuyó en los tres últimos años, Bolivia mantiene uno de los niveles más altos de mortalidad materna e infantil en la región. Las causas principales son hemorragias en postpartos y las infecciones. Aun con la vigilancia del Servicio Universal de Salud (SUMI), los índices de mortalidad se mantienen elevados, principalmente en el área rural.

Un reciente informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que el índice de mortalidad materna en Bolivia llega al 64 por ciento en el área rural, pues este sector de la sociedad todavía es la más vulnerable, ya que tiene cuatro veces más probabilidades de fallecer por complicaciones del embarazo, parto o postparto. Esto es sólo una foto de la situación de la salud, pues es muy difícil llevar un registro cabal de la mortalidad materna, principalmente por falta de los mismos.

Pero en otros aspectos de la salud, la mujer no cuenta con seguro social, lo que agrava todavía más su situación, pues no tiene acceso a los tratamientos ginecológicos que evitarían las penosas enfermedades como el cáncer uterino, de mama, etc. a esto se suma la falta de información fruto de su marginación de las esferas públicas.

El problema de los embarazos precoces y no deseados es otra realidad que día a día golpea a mujeres sobre todo adolescentes, lo que las lleva a tomar la decisión de abortar, situación que eleva aún más las cifras de muertes.

4.4. Las estadísticas de la violencia de género

La violencia hacia las mujeres que en muchos casos termina con la muerte de ésta, ha adquirido características de crueldad y ensañamiento, lo que ha movido a las autoridades de gobierno a encontrar la solución más rápida, pero totalmente ineficaz, la creación de la Ley 348 de 9 de marzo de 2013 “Ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia” con el cual “se pretende garantizar a las mujeres el derecho a no sufrir violencia física, sexual y/o psicológica tanto en la familia como en la sociedad.”

Por supuesto es de enorme ingenuidad que una ley por si misma venga a solucionar un problema tan arraigado en la sociedad, es como pretender creer que únicamente cerrando el paraguas dejará de llover.

De acuerdo a datos de CIDEM, desde el año 2009 hasta junio de 2014 se han registrado 551 feminicidios, superando a casos de asesinatos por inseguridad ciudadana y otros en la misma fecha, que llegaron a 313. Sin contar los casos de violencia psicológica y sexual. Según datos de la misma fuente, del 100% de feminicidios, más del 60% son de tipo conyugal, lo que permite deducir el grado de poder que se atribuyen las parejas sentimentales sobre las mujeres; luego está el de tipo sexual, infantil y familiar. Muchas de las víctimas de feminicidio han muerto luego de ser torturadas y violadas y en algunos casos descuartizadas. Bolivia está considerada como el país latinoamericano con el nivel más alto de violencia física contra las mujeres y el segundo en casos de feminicidio después de Haití.

Está ley a la que hicimos mención, ni siquiera ha sido capaz de agilizar los procesos para una pronta sentencia del agresor, desde su promulgación en marzo de 2013 hasta noviembre de 2014 se cometieron 206 feminicidios, pero sólo ocho juicios llegaron a sentencia. Según cifras oficiales solo el 40% de mujeres concreta la denuncia, mientras que el restante 60% desisten de proseguir con la causa por la complejidad del proceso, la presión familiar y el temor a sus parejas.

Las instituciones ya existentes como el Ministerio Público y creadas recientemente como la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) y Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM) son precarias, pues no cuentan con presupuesto, infraestructura adecuada, ni personal calificado, además a esto se suma que muchos de estos cargos están politizados para la gente de base del partido de turno.

Este tipo de violencia se lo intenta justificar sobre todo a través de la patologización del agresor o el estado de embriaguez de éste, pero de acuerdo a un estudio chileno, que sirve de base para refutar esta situación, ni siquiera el 2% de los agresores llega a tener algún tipo de patología asociada, al contrario muchos de ellos son hombres considerados “normales”.

Las razones de la violencia se la soslaya y no se menciona o se la hace de manera muy superficial que la cultura en la que se desenvuelven sus individuos se sostiene en relaciones patriarcales y machistas de superioridad y dominación hacia las mujeres, profundizadas todavía más en el sistema capitalista predominante. Por lo tanto tratar de explicar el fenómeno de la violencia a la mujer al interior de la familia como un ente aislado, de dominio privado y absolutamente conyugal, sin tomar en cuenta lo social y las relaciones de opresión y explotación capitalistas que se dan, es ver el fenómeno de una manera completamente errónea.

4.5. Para una comprensión de la violencia a la mujer: sociedad, familia y relaciones de género.

Las bases materiales que oprimen a las mujeres deben ser abolidas y junto con ella debe darse transformaciones en el ámbito de los actuales vínculos entre hombre y mujer fruto del tipo de sociedad que genera el capitalismo, estos vínculos fuertemente asentados en las relaciones de género que implica como lo sostiene Ester Kandel contradicción, antagonismo, lucha por el poder, resistencia a considerar que los sistemas dominantes (capitalismo, patriarcado) son totalmente determinantes y que las prácticas sociales son un reflejo de estas determinaciones.

En ese sentido la familia de corte patriarcal para la mujer es el espacio institucional que sacraliza su opresión, pues a su interior también prevalecen las relaciones de género sin diferenciar la clase social a la cual esta pertenece, pero obviamente las que pertenecen a las clases más empobrecidas sufren con mayor rigor el yugo opresor. El trabajo que desempeña al interior de la familia como “ama de casa” no es valorado en términos reales productivos, haciéndola doblemente dependiente tanto del capital como de su marido, aunque en la actualidad existe cierto acceso de las mujeres a un trabajo remunerado que les permite obtener relativa independencia, esto no significa que quedan libres de las faenas domésticas y del cuidado de los hijos, sobre todo las de la clase proletaria. Situación distinta en las mujeres burguesas que para liberarse del dominio familiar depositan en otras mujeres estas responsabilidades a cambio de un mísero sueldo en la mayoría de los casos sin ningún tipo de beneficio social.

En las mujeres proletarias el yugo familiar les cae con más saña, pues después de cumplir extensas jornadas de trabajo deben asumir solas las responsabilidades que les espera en sus familias, por lo que cuanto más se extiende el trabajo asalariado de la mujer, más notoria la descomposición de la familia de tipo patriarcal.

Al interior de la familia existen roles marcados socialmente a partir de unos valores determinados resultado de la historia, que en la mayoría de los casos se formalizan en leyes o costumbres. La diferencia que se establece entre varónmujer determina la forma de relacionarse de la pareja dentro como fuera de la familia, relación totalmente asimétrica, acentuada aún más en la sociedad de clases capitalista.

“Los patrones y modelos económicos y sociales de familia planteados por el sistema patriarcal y reforzado por el sistema capitalista, sitúan a las mujeres en un marco de subordinación con relación al varón y ésta inferioridad se acentúa mucho más si se es mujer obrera o campesina indígena” Campaña feminista ASR-Bolivia. Por eso la familia no es una célula aislada, más todo lo contrario es el resultado de las relaciones socio-económicas capitalista que llega a transformar la misma psicología humana llevándola al extremo del individualismo, la idea del derecho de propiedad no sólo sobre las cosas, sino también de un ser sobre otro y la idea de la desigualdad natural en la relación varón-mujer que subyuga a ésta última en todas las esferas de la vida incluida la sexual, situación que se convierte en uno de los factores de violencia de pareja al interior de la familia.

Esta violencia conyugal desde la óptica psicológica es definida como una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza física, psicológica, política y económica, implica una relación de subordinación, donde por lo común se intenta maquillar como una relación complementaria (activo-pasiva, racional-emotiva, competitivo-cooperativa, etc.) lo que ayuda a naturalizar la violencia invisible a la mujer; naturalización que hace muy difícil que la persona que lo sufre la cuestione. Pero la explicación de este fenómeno de la violencia no debe tener asidero simplemente en lo psicológico, sino que ésta debe vincularse con el fenómeno del patriarcado, entendida de manera general como una manifestación de relaciones sociales, culturales, políticas y económicas históricamente desiguales entre hombres y mujeres. Si no se aborda de esta manera se tiende a atribuir a la mujer la corresponsabilidad de los hechos violentos, es su culpa por no denunciar, seguramente se lo buscó, debió hacer algo para que su pareja reaccione así, es que no sabe comportarse como mujercita, es provocadora, no es recatada, etc. todo un sinfín de razones sociales que no sólo involucran también culpabilizan a las mujeres en las situaciones de violencia conyugal. Es menester comprender también que la violencia que se ejerce cotidianamente en la sociedad abarca tanto el espacio público como el privado, y es en la familia que recaen las transformaciones que se dan en la sociedad, por lo tanto existe un vínculo indisoluble entre pareja y sociedad, por lo que es erróneo creer que para cambiar a la sociedad se debe transformar primero a la familia o que la primera es el reflejo de lo que pasa al interior de la última, por lo que una sociedad en decadencia es el reflejo de lo que sucede al interior de sus familias. Por supuesto que nada más falso, pero es así como se hacen muchos análisis para dar respuesta al fenómeno de la violencia de pareja.

Debemos ser enfáticos que la violencia en el vínculo conyugal se enmarca dentro el contexto sociocultural de características completamente patriarcales, cada integrante de la pareja reproduce su historia familiar transmitida como dice Jung, por arquetipos inconscientes generacionales, que constituyen un sistema de creencias y conductas, es así que la violencia en la pareja es un círculo repetitivo de violencias padecidas por sus antepasados, gracias a la re-significación e intercambio continuo que se da en el contexto social en el que se desenvuelve la pareja. Es por esta razón que muchos actos de violencia en el ámbito conyugal tienen su origen en el espacio público, en las relaciones sociales de producción, en el campo laboral, en la crisis económica, en el desempleo, en la explotación y también en lo simbólico entendida como los principios y valores que priman, rigen y ordenan una sociedad determinada.

Por tanto, la infravaloración que se tiene de la mujer al interior de la familia es preponderantemente por el papel económico que desempeña dentro de la sociedad, el desempeño de estas en el ámbito laboral público, se da en condiciones desiguales con salarios inferiores o vulnerabilidad e inestabilidad laboral, naturalizada como ser inferior desde la sociedad patriarcal que las ha mentalizado como sujetos sociales destinadas a la procreación y a la realización de las tareas domésticas, la mujer en muchas etapas de la historia, ha sido reducida a objeto de propiedad del varón, quien tenía la potestad de decidir sobre su vida misma. Hoy en día notamos que esa situación no ha cambiado mucho, de ahí que muchas mujeres mueren a manos de su pareja por diversas situaciones, pero sobre todo cuando ésta intenta llevar una vida más digna al interior de su familia, cuando intenta posesionarse como sujeto y no como mero objeto. Por eso, pese a que en la actualidad pregona el derecho a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, aun cuando la mujer se ha incorporado masivamente al espacio laboral público, sin embargo todavía persisten los roles tradicionales patriarcales y machistas que obstaculizan el pleno desarrollo de la mujer y por ende de la sociedad.

Pero para la mujer que no logra entrar a este espacio laboral público o para aquellas que se encuentran en una precariedad o inestabilidad laboral permanente la situación todavía es más complicada, es en esta situación que encontramos algunas explicaciones a la violencia de pareja y como, en el caso particular de la mujer, le cuesta mucho poner un fin a esta espiral violenta.

No sólo para la mujer si no para cualquier persona ¿Cuánto puede afectar la desocupación? O ¿Estar fuera de los espacios públicos de producción? O ¿Desempeñar labores no reconocidas? Responderíamos sin dudar que de gran manera, pues el trabajo no sólo es asimilado como un derecho, sino como una fuente de sobrevivencia e independencia, por lo tanto la pérdida del mismo tiene connotaciones psíquicas de desvalimiento y desamparo, que genera montos elevados de angustia, que terminan en stress, baja autoestima, depresión, dependencia, etc.

La falta de trabajo en cualquier persona irrumpe su proyecto de vida, difícilmente permite avizorar un futuro, por lo que la mujer desocupada tambalea en la inestabilidad lo que la empuja a aferrarse a su pareja aguantando todo para no caer en mayor desesperanza, pues fuera de la familia existe una sociedad que no le ofrece nada, más que opresión y explotación.

La desocupación al igual que la pobreza sobre todo tiene rostro de mujer, situación que le genera profundas crisis personales, lo que le imposibilita construir su propio yo, su autoimagen, autoestima y el no ser reconocida o desvalorizada es el principio del desmoronamiento como sujeto. De esta situación surge una explicación psicológica, pues la mujer al no ser reconocida se ve impelida no sólo a reconocer a su pareja sino a sobrevalorarlo, pues es el único en el ámbito del trabajo mercantilizado, el único generador de dinero, por lo tanto es el espejo en el cual la mujer se idealiza y sólo existe en función a él, de alguna manera el éxito de su pareja es el suyo, ya no se siente tan disminuida y en familias de clase media el varón llena ese vacío de su mujer con electrodomésticos e infinidad de enseres, para hacer de su vida menos opresiva y tediosa.

En el caso de familias empobrecidas, donde muchos de los varones han perdido su trabajo, la mujer sale a trabajar, en la venta de comida, verduras, frutas, en el mejor de los casos y el grueso de ellas subsiste vendiendo diversidad de cachivaches sino mendigando. La mujer se convierte en la única fuente de ingreso, pero a un alto costo familiar, pues esta tiende a desintegrarse, ya que por razones culturales el varón es incapaz de sustituir a la mujer en las responsabilidades domésticas y de cuidado de los hijos. Situación que genera en ella sentimientos de culpa, alto monto de desesperanza y frustración que se transforma en violencia contra sí misma, o ejercido contra los hijos que llegan a ocupar el lugar de los más débiles.

CONCLUSIONES

Es importante resaltar que la situación de la mujer se la debe comprender desde un plano histórico, en el cual se desglosa lo político, económico, cultural e ideológico. El lugar que ocupaba en los albores de la sociedad fue cambiando en la medida en que se transformaban las relaciones de producción, hubo un tiempo sobre todo en que la mujer trabajadora pasaba gran parte de su tiempo al interior de la familia, pero no de forma parasitaria sino de manera útil y necesaria tanto para la misma familia como para la economía del Estado puesto que la mujer no sólo hacía la limpieza de la casa, la comida y la crianza de los niños, sino también hilaba la lana y el lino, tejía las telas y los adornos, preparaba y conservaba los alimentos, destilaba las bebidas, reparaba y fabricaba muchos enseres que posteriormente se intercambiaban como mercancías. De esta manera la sociedad en su conjunto se beneficiaba pues el trabajo del hombre no hubiera bastado para mantener a la misma.

El trabajo casero actualmente ya no es una necesidad pues el capitalismo lo transformó radicalmente, todo lo que producía la mujer al interior de la familia el capitalismo lo fabrica en grandes cantidades en talleres por obreras y obreros asalariados apoyados por las máquinas. Es así que la labor productiva de la mujer útil a la sociedad desaparece, ya no contribuye a la economía del país y lo único que le queda es la limpieza de su casa y vestimentas de su familia, la preparación de alimentos más el cuidado y educación de sus hijos, labores que recaen particularmente en la mujer obrera que además desde la revolución industrial debe trabajar fuera de su hogar para llevar un salario que le permita mantener a su familia, pues el salario de su pareja es cada vez más insuficiente, además de que el capitalismo necesita abaratar sus costos al extremo y ve en las mujeres el ejército de asalariadas más barato.

Sólo el trabajo que realiza la mujer fuera de su casa es valorado socialmente y no así todas las labores que ejecuta al interior de su familia porque se considera improductivo.

Es también visible que la mujer ha ingresado al espacio laboral público remunerado, sobre todo en el siglo XX, pero el que haya entrado a ese espacio para obtener fuentes laborales, no ha cambiado significativamente su realidad, pues muchas de ellas son trabajadoras en situación de extrema precariedad, sin ningún tipo de seguro ni beneficio social, a esto se debe sumar que todavía existe una gran mayoría que permanece desocupada y por ende arrinconada al trabajo doméstico depreciado o en trabajos informales como el comercio minoritario, que al no tener un ingreso estable no es considerado como “un verdadero trabajo”. Vimos también que la división del espacio público y privado se ahonda aún más en el capitalismo, supra-valorando el primero en deprecio del segundo, espacio último en el que se encuentran las mujeres.

También observamos que la mujer ha desplegado a lo largo de la historia luchas importantísimas que no sólo iban a nivel teórico ideológico sino también en muchas ocasiones la confrontación corporal, lidias con las cuales se pretendía darle un carácter e identidad a la lucha feminista; por supuesto que esperar una homogeneidad en este sentido es utópico, por la diferente situación de clase que ocupan las mujeres en el ámbito de la producción, de ahí las diversas interpretaciones que condujeron la lucha feminista por caminos que en algunos casos fueron hasta contrarios y más bien sirvieron para debilitar verdaderos movimientos feministas. Este elemento nos permite aseverar que el camino de la emancipación de la mujer es la lucha por el socialismo, como sistema político, económico e ideológico capaz de abolir la opresión y explotación sostenidas y reforzadas por el capitalismo.

Queremos enfatizar también, que los altos índices de violencia a la mujer es una pandemia mundial, donde lamentablemente se han soslayado las causas estructurales como la económica, política y cultural y simplemente se le dio un enfoque jurídico y psicológico, éste último de enfoque reduccionista, que incluso culpabiliza a la mujer de la violencia conyugal.

El hecho de que la mujer sea desvalorizada y reducida a mero objeto de placer y/o servicio, hace que su vida se perciba como insignificante, percepción que esta tan enraizada en el inconsciente colectivo que ni las leyes con las penas más drásticas son capaces de frenar esta ola de violencia.

Por lo tanto, el feminicidio no debe ser comprendido y abordado simplemente como un tema conyugal, exclusivo de la vida privada de pareja. Sino como un fenómeno socio-histórico enraizado en lo económico y cultural, los cuales dan forma a las relaciones de género que determinan el lugar que ocupan en la sociedad tanto hombres como mujeres.

Mientras existan estos posicionamientos privilegiados, estas relaciones desiguales que garantizan la preponderancia masculina, la posición de las mujeres en el espacio social será siempre desvalorizada, situación que hace que las mujeres apunten sus mayores esfuerzos a desmontar las estructuras sociales patriarcales y capitalistas, esto es lo que diferencia a un movimiento feminista socialista de aquellos movimientos que reducen su accionar a feminizar el mundo masculino o a la búsqueda quimérica de la igualdad con el varón en las relaciones sociales y en los espacios públicos de producción de riqueza dentro un marco capitalista.

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INDICE Introducción 1

Capítulo I

1. Biología y antecedentes socio-históricos

1.1. Hominización 1.2. Leyes biológicas y leyes sociales

1.3. Sociobiología ¿Una síntesis total?

1.4. Anatomía de la mujer y cuidado de la progenie

1.5. Dios Nació mujer

1.6. La cultura

1.7. El problema de la cultura

Capítulo II

2. El feminismo en la historia

El feminismo premoderno

El feminismo moderno

El feminismo contemporáneo

El feminismo socialista

2.4.1. La mujer en el comunismo primitivo

2.4.2. Sistema económico de la esclavitud

2.4.3. La mujer en la sociedad feudal

2.4.4. La mujer durante el nacimiento del capital

CAPÍTULO III

3. La construcción subjetiva de la feminidad

3.1. Sexualidad cuerpo y lenguaje

3.2. Discurso de la sexualidad

CAPÍTULO IV

4. La situación actual de la mujer en Bolivia

4.1. La mujer en el espacio del trabajo

4.2. La mujer y la educación

4.3. Mujer y salud

4.4. Las estadísticas de la violencia de género 59

4.5. Para una comprensión de la violencia a la mujer: Sociedad, familia y relaciones de género

CONCLUSIONES

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 69

DATOS DEL AUTOR

Franco Morales Lara, es titulado de la Carrera de Psicología de la Universidad Mayor de San Simón (2004).

Es militante de Juventud Socialista Revolucionaria (JSR) Cochabamba.

Contacto: francox517@hotmail.com.