Han pasado más de cuarenta años cuando el director de cine Alan Pakula, proyectó la película “Todos los hombres del Presidente” tansformando dos periodistas del “Washington Post”, Bob Woodward y Carl Berntein en héroes absolutos con la extraordinaria investigación que hicieron sobre el escándalo Watergate que barrió con el poder del presidente americano Richard Nixon.

El papel de la información libre en la sociedad estadounidense es un clásico del cine hollywoodiano. La historia escrita por el director de cine Tom McCarthy induce a razonar sobre el estado de salud del periodismo. No hay ninguna duda que los medios de información sometidos a presión o censura, mutilan la sociedad en su totalidad. Ha sucedido con las dictaduras nazi-fascista europeas, así como en los países socio-comunistas y sucede en la actualidad en la mitad del mundo Tenemos los ejemplos de Corea del Norte, Hungría, países árabes, africanos y actualmente Bolivia, donde políticos y organizaciones sindicales piden la supresión de algunos medios de información independientes por haber dado a la luz casos de corrupción,

Marthy Baron que ha sido director del Boston Globe por trece años y actualmente lleva tres en el Washington Post, ha reconstruído fielmente una investigación sobre los cientos de abusos sexuales con menores de edad por sacerdotes católicos en Boston durante los años 2001-2002.

La investigación no fue inmediatamente percibida como un turning point del periodismo militante, distraído por la transición del papael a las plataforms digitales, tanto es así que en 2003, meses después de la publicación de centenares de artículos sobre el tema, la noticia continuó en la indiferencia general hasta que el importante semanario del sector “Niemen Reports”, preguntó al jefe del equipo de redactores, Walter “Robbie” Robinson cómo con tres colegas había derribado el muro del silencio. “Robbie” le repondió que “después de tanto tiempo, pensé que el asunto interesase a pocas personas” y Robbie se sorprendió mucho más cuando algunos años después le ofrecieron comprar los derechos para realizar una película. Los cuatro de “Spotlight” no se dieron cuenta de la importancia de la investigación hasta el momento en que recibieron el Premio Pulitzar de Periodismo en el año 2012.

La película “El caso Spotlight” que entre aplausos, en la capital del cine Hollywood, durante la noche de los Oscar, ha obtenido el premio como la mejor película y el mejor guión, cuenta como utilizando su amplia presencia y poder de presión secular, la Archidiócesis de la ciudad de Massachusetts trató detener la investigación del grupo de periodistas especializados en pesquizas del Boston Globe llamados “Spotlight”. Ellos pero no se hicieron intimidir y completaron una tarea muy difícil de realizar porque los hechos ya estaban en los archivos y sólo Marthy Baron tuvo el valor para pedirlos y comenzar la relación.

Es una película sobre el periodismo investigativo que depués de su debut en Venecia, ha ganado en los Estados Unidos los principales premios de crítica del cine independiente.

Es la historia de como en Boston en el año 2001 se indagó y se lanzó la campaña contra los sacerdotes pedófilos. Puede ¿pero un periódico en el que sus lectores son más de la mitad católicos dar vida a una investigación devastadora para la Iglesia? El director del Boston Globe, Maarthy Baron, es una persona de pocas palabras que va directamente al problema y es intereresante seguir el mecanismo investigativo relatado en detalles. Es decir, no publicar nada si la investigación no ha sido completada con pruebas o testigos. La investigación, de hecho, duró varios meses, a partir de los primeros trece casos de sacerdotes pedófilos, hasta los noventa que surgieron gradualmente.

El grupo de cronistas se pone en marcha siguiendo la pista del abogado que defiende las víctimas de la volencia y que negocia directamente con la Iglesia consiguiendo altas compensaciones. Se habla de mil millones de dólares, de los cuales, 21 millons en la sola ciudad californiana de San Francisco.

La película del director de cine Tom McCarthy es exactamente lo que el público esperaba: un elenco de excelentes actores, puntual y diligente en la puesta en escena, preciso en contar el escandalo en la Archidiócesis de Boston, en la investigación de los reporteros y finalmente y sobre todo en el dolor de la víctimas.