La Habana (PL).- Alrededor del 40 por ciento de la población en la Tierra sufre escases de agua al menos durante un mes cada año, pero la crisis podría empeorar y plantea peligros globales de amplio espectro, corroboran diversas investigaciones. Un estudio del Foro Económico Mundial estima que en los próximos 10 años los problemas en torno a la disponibilidad y la calidad de ese vital elemento ocuparán la posición cimera entre los riesgos de mayor alcance y connotación planetaria.

De mantenerse los actuales patrones de consumo, en apenas 15 años el déficit global en el suministro del líquido será del 40 por ciento, calculan expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al considerar las demandas asociadas a la urbanización, el crecimiento demográfico, las producciones agrícolas e industriales y de energía.

Según datos de la ONU, en África subsahariana la proporción de habitantes con agua corriente en sus instalaciones bajó de 42 a 34 por ciento desde 1990, debido a la rápida y no planificada urbanización. Estadísticas avaladas por Naciones Unidas confirman que mil millones de seres humanos viven en asentamientos irregulares, de los cuales el 90 por ciento se encuentra en países en desarrollo.

Los migrantes, los refugiados y los desplazados internos forman un grupo significativo y cada vez más numeroso de pobladores urbanos informales, pues no pueden permitirse mejores viviendas, evaluó en diciembre de 2015 el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa, por sus siglas en inglés).

Muchos de los asentamientos, agregó el Unfpa, se sitúan en zonas con una provisión de servicios deficiente y sin infraestructuras básicas como los servicios de salud, el acceso al agua potable y el saneamiento. En términos de asimetrías, un análisis conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco de Desarrollo de América Latina indicó que la región posee la mayor disponibilidad promedio de agua en el mundo (alrededor de 24 mil 400 metros cúbicos per cápita).

Sin embargo, una cifra superior a los 34 millones de habitantes carece de acceso a ese vital elemento y más de 106 millones no disponen de instalaciones mejoradas de saneamiento.

Para 2050 dos tercios de la población en el orbe vivirá en las ciudades, y resulta previsible que las exigencias del consumo de agua crezca en el 55 por ciento, debido fundamentalmente a la urbanización en las naciones menos avanzadas, precisó el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2015.

Científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y la Universidad de California, en Estados Unidos, verificaron recientemente una alarmante desigualdad en la distribución del agua; con regiones secas que resultan cada vez más áridas y, a la inversa, zonas húmedas donde crece el potencial.

Aunque ninguna situación extrema resulta favorable, en particular la progresiva escasez del líquido representa una amenaza para la seguridad y el desarrollo de numerosos países, sostiene el Consejo de InterAcción (IAC, por sus siglas en inglés), compuesto por un grupo de 40 exjefes de Estado.

En su informe titulado “La crisis global del agua: encarando un urgente tema de seguridad”, el IAC señaló que antes de 2030 India y China adolecerán de suficiente agua potable para satisfacer sus necesidades y la escasez podría crear conflictos en detrimento de la estabilidad regional.

Distintos analistas coinciden en que el fenómeno, unido a la falta de alimentos y energía, actúa como catalizador de conflictos en diversas partes del orbe, entre ellas África y Oriente Medio. Un artículo del columnista Nafeez Ahmed, publicado en el portal Middle East Eye, señala que los recortes drásticos del suministro del líquido no solo constituyen un problema para la producción de alimentos y la generación de electricidad, también inciden en la escalada de violencia en territorios como Iraq, Siria y Yemen.

Para el experto estadounidense y asesor gubernamental sobre gestión del agua Roger Patrick, es evidente que “la inestabilidad política en el polvorín que se ha convertido Oriente Medio y el riesgo potencial en otros países es a causa de esta circunstancia”.

El texto presentado en Middle East Eye destaca las discrepancias entre Egipto y Etiopía, debido a la construcción de la presa Renaissance en territorio etíope, pues podría afectar la irrigación de las tierras egipcias por el río Nilo.

En enero de este año la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) notificó que Etiopía atraviesa la peor sequía en 30 años, lo cual atenta contra la seguridad alimentaria de 10,2 millones de personas.

De acuerdo con Nafeez Ahmed, en Siria la sequía podría avivar disturbios civiles en el país, mientras la pérdida de agua subterránea en la cuenca del Tigris y el Éufrates genera mayores complicaciones para Turquía, Iraq, Siria e Irán. Tampoco debe obviarse el asunto hídrico en el contexto de la agresión de Israel a Palestina, pues la Franja de Gaza puede convertirse en inhabitable debido a la carestía de ese recurso.

Estimaciones de la FAO advierten que a la altura de 2050 el número de habitantes en el planeta rondará los nueve mil millones y hará falta más agua para producir el 60 por ciento de los alimentos adicionales necesarios para esa fecha.

A juicio de la institución, es preciso lograr un empleo “más eficiente, equitativo y respetuoso con el medio ambiente”, y ello plantea cuestiones básicas como producir más alimentos con menos agua,crear posibilidades en las comunidades agrícolas para hacer frente a inundaciones y sequías, y aplicar tecnologías de agua potable capaces de proteger los ecosistemas.

El cambio climático conducirá a fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes e intensos, como sequías e inundaciones, con un impacto devastador en los sistemas de producción de alimentos, manifestó la FAO. Por tanto, “una gestión racional del agua es esencial para aumentar la resiliencia (capacidad de una persona o grupo de recuperarse frente a la adversidad) para seguir proyectando el futuro de la sociedad contra estas amenazas cada vez mayores”, recalcó el organismo.

De acuerdo con el Unfpa, sin contar otros eventos climáticos, solo las sequías, las temperaturas extremas y el riesgo de inundaciones provocarán que para 2030 alrededor de 319 millones de personas extremadamente pobres vivan en los 45 países más expuestos a esos peligros.

“Esta cuestión es un motivo de preocupación importante, dado que los riesgos de sequía e inundaciones se encuentran entre los factores más determinantes del empobrecimiento a largo plazo”, reflexionó la entidad.

En los países pobres el agua utilizada por los sectores más vulnerables por lo general adolece de los requisitos mínimos para el consumo humano, mientras que las fuentes de abasto suelen estar distantes o las comunidades carecen de los medios necesarios para poder extraer el líquido.

Al decir de la ONU, la forma de gestionar el problema será determinante para la consecución o no de la mayoría de las metas de desarrollo sostenible suscritas por la comunidad internacional, pues el acceso al agua para fines domésticos y productivos influye de manera directa sobre la pobreza y la seguridad alimentaria.

La agenda para el desarrollo después de 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible relativos a los recursos hídricos llaman a “garantizar la disponibilidad de agua y su ordenación sostenible y el saneamiento para todos”. Ningún proceso político, económico y social escapa a las amenazas multidimensionales del fenómeno expuesto, considerado con justeza como uno de los riesgos globales más trascendentes del siglo XXI.

Latinoamérica: Agua para todos

Si bien Latinoamérica cumplió los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de agua potable al lograr una cobertura bastante alta en la mayoría de los países, llegar al último segmento de la población constituye el logro más difícil y costoso.

Tanto es así que actualmente aún más de 34 millones de personas en la región no tienen acceso al agua potable y más de 106 millones no disponen de instalaciones mejoradas de saneamiento, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Al poseer la mayor disponibilidad promedio de agua del mundo, alrededor de 24 mil 400 metros cúbicos por persona, la región está obligada a resolver la disponibilidad y la seguridad del agua, y por supuesto el actual patrón de su uso sostenible.

Sobre el asunto el CAF considera una meta realista lograr la cobertura universal del agua y saneamiento para 2030, y confía en que tendrá impactos de inclusión y equidad en la sociedad latinoamericana.

El vicepresidente corporativo de Desarrollo Social y Ambiental de ese ente emisor, José Carreras, aseguró recientemente que ello será posible “si se invierte el 0,3 por ciento del Producto Interno Bruto en nuevas infraestructuras y se continúa con la inversión anual que ya se lleva a cabo”.

Para el directivo, el reto en América Latina es llegar a los sectores más pobres, porque las partes más acomodadas ya tienen agua de buena calidad, y que las comunidades incluyentes sustituyan a las segmentadas en las que la calidad de los servicios varían en función del estatus social.

De ahí que los esfuerzos deben dirigirse a las zonas marginales, rurales e indígenas, al considerarlas la parte poblacional más vulnerable de la región en este aspecto, sobre la base de que el 80 por ciento de la población vive en zonas urbanas mientras que el 20 restante reside en áreas rurales.

En esas cifras sobresale que entre el 25 y el 50 por ciento de los que se encuentran en ciudades viven en barriadas o favelas sin los servicios de agua y alcantarillado, por lo que se convierten junto a los habitantes afectados del campo en el sector prioritario de intervención, apuntó Carreras.

Vale recordar que América Latina destaca por ser la región más desigual del mundo y, por lo tanto, es la que presenta la peor distribución de ingresos. En los últimos años, no obstante, ha logrado, en general, un progreso considerable en materia de economía y estabilidad política, y avances en la lucha contra la pobreza.

Pero aún, y pese a sus caudalosos ríos, espesos bosques y selvas, la regiónlatinoamericana padece la escasez del preciado líquido, lo cual según criterios especializados puede convertirse en causa de conflictos en un futuro.

Sin embargo, aun con esa amenaza que puede ser real o no, muchos gobiernos no desarrollan políticas para favorecer la distribución en zonas de difícil acceso; es decir, regiones montañosas, o muy vastas, que implican altos costos en la fabricación de infraestructuras y el saneamiento.

En conclusión, a la falta de voluntad política se suma la geografía, opinan los analistas.

RECURSOS HÍDRICOS MAL DISTRIBUIDOS

La oferta natural de agua se distribuye desigualmente en el espacio y en el tiempo, y en muchos casos no coincide con la demanda. Entre los casos más representativos se encuentra Perú, donde más del 50 por ciento de la población se localiza en la vertiente pacífica, y solo cuenta con el 1,8 por ciento de la disponibilidad hídrica del país.

Otro tanto ocurre en Centroamérica, dos tercios de la población se ubica en las cuencas del Pacífico, hacia donde fluye solo el 30 porciento de las agua superficiales.

Asimismo casi el 25 por ciento del territorio de la región se clasifica como árido o semiárido, que incluye zonas como la Patagonia (Argentina), la Puna (Argentina, Bolivia, Chile y Perú), el Chaco (Argentina, Bolivia y Paraguay), el desierto costero (Chile y Perú), el desierto sonorense (México), el noreste de Brasil y el semidesierto de Venezuela.

Y aunque la densidad de población es baja en comparación con otras regiones del mundo, las demandas del preciado líquido aumentan considerablemente, y en ocasiones se incrementan de manera muy concentrada en el espacio.

De ahí que el progreso socioeconómico que está experimentándose en la región plantea a los gobiernos garantizar la seguridad hídrica.

Con esa urgencia, en la última década varios países de América Latina y El Caribe han promulgado nuevas leyes de aguas o reformado las existentes. Sin embargo, preocupa la falta de eficacia o inoperancia de muchos de los preceptos legales aprobados.

Ricardo Sánchez, al frente de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la Cepal, opina que la región tiene ante sí el desafío de la gestión de este recurso, la calidad de los servicios, el agotamiento de las fuentes, la contaminación de las cuencas y los efectos del cambio climático.

Según datos oficiales, en los últimos 25 años la cobertura de agua potable pasó de 85 casi 95 por ciento, mientras que el servicio de saneamiento subió de 67 a 83 por ciento.

Entre los países que promulgaron nuevas legislaciones o reformado las existentes figuran Ecuador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Venezuela y varias provincias de Argentina. Otros están en ese camino, como Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y República Dominicana.

No obstante, muchas de esas leyes de agua “se quedan en meras declaraciones”, sin traducción efectiva en los aparatos estatales, en los planes hidrológicos o en la puesta en marcha de proyectos de gestión, indicó Sánchez.

Por eso la agenda para el desarrollo después de 2015 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relativos a los recursos hídricos plantea “garantizar la disponibilidad de agua y su ordenación sostenible y el saneamiento para todos”.

Las seis metas asociadas establecen el acceso universal y equitativo al agua potable y al saneamiento, el mejoramiento de la calidad del agua, la utilización eficiente de los recursos, la ordenación integrada de los recursos hídricos, y la protección y restablecimiento de los ecosistemas relacionados con el agua.

Según la ONU, la demanda de agua se incrementaría en un 55 por ciento para 2050, principalmente debido a la creciente urbanización en los países en desarrollo.

En ese mismo período, la población de América Latina se prevé llegue a los 784 millones, por lo que su garantía es un tema crítico para el desarrollo económico.

Pero en ese empeño no se pueden obviar eventos extremos como las sequías, las inundaciones y los huracanes cada vez más frecuentes e intensos y que han afectado a más de una decena de ciudades latinoamericanas en los últimos tres años.

Sequía desata el hambre en África

El hambre acecha a países del continente africano como consecuencia de la sequía que causó el fenómeno meteorológico El Niño y se calcula que podrían morir millones de personas.

Ese suceso es capaz de cambiar el clima mundial e influir en las poblaciones durante extensos períodos, si bien aún los científicos desconocen por qué ocurre este absurdo de la naturaleza.

El fenómeno atmosférico causa en algunas zonas sequía y en otras graves inundaciones.

Este evento provocó aridez en diferentes lugares del mundo, afectó los cultivos y causó hambrunas, con mayor incidencia en familias pobres. En territorios africanos el asunto es bien amargo, por la cantidad de realidades conflictivas que afectan principalmente a los menores de edad que allí habitan.

Diversos grupos armados hacen sufrir en África a inocentes (en especial a los niños), en conflictos étnicos y de otra índole, que se suman a la sequía. Además, existe en la región un sinfín de desplazados que sobreviven en condiciones pésimas y ven amenazada su integridad emocional y física.

Desde inicios de 2016, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, advirtió que unas 14 millones de personas están en riesgo de pasar hambre en África meridional debido a las malas cosechas por la sequía causada por El Niño.

El vocero adjunto de la ONU, Farhan Haq expresó que el fenómeno global generó una aridez aún peor en la región y afectó la cosecha de este año,así como que la cantidad de personas sin comida suficiente podría elevarse de manera significativa en los próximos meses.

De acuerdo con el PMA, los más afectados por la falta de lluvias son Malawi, Zambia, Madagascar y Zimbabwe, países que poseen altas cifras de malnutrición crónica.

A Zambia, mayor proveedor de cereales para la producción de pan en la región, la afecta la carencia de precipitaciones.

Lesotho declaró una emergencia por sequía y allí unas 650 mil personas carecen de alimentos suficientes. Necesitan alrededor de 278 millones de dólares para enfrentar la grave situación impuesta por el clima.

Ese Estado quiere construir pequeñas represas para el ganado y el riego, a la vez que también precisa de equipos de bombeo y distribución de agua, vacunas e insumos agrícolas.

Asimismo es preocupante la situación en Angola, Mozambique y Swazilandia, dijo Haq.

Sudáfrica, antes exportador de granos, tendrá que importar entre cinco y seismil toneladas de maíz por causa de una severa sequía.

En Sudán del Sur aumentó la crisis alimentaria, una situación sin precedentes: 2,8 millones de personas necesitan de manera urgente ayuda alimentaria, y al menos 400 mil están una situación catastrófica.

El Niño provocó inundaciones perjudiciales para los cultivos en el sur de Somalia y se registra una grave sequía, sobre todo en el norte. Se calcula que 58 mil 300 niños se enfrentan a la amenaza de muerte, si no se logra apoyo humanitario urgente en la cuestión alimentaria.

La carencia hace difícil acceder al agua potable tanto para el consumo de las familias, como para el ganado y las plantaciones; al respecto, la ONU solicita 885 millones de dólares, para costear la ayuda que requiere ese país del Cuerno Africano.

Un informe de la organización humanitaria Save the Childrenindica que en Etiopía -otro país del Cuerno Africano- el hambre causada por la sequía, y que arruina cosechas y ganado, amenaza la vida de 10,2millones de habitantes.

Unos 2,5 millones de personas se enfrentan al hambre en la República Centroafricana (RCA), golpeada por la inseguridad que obstaculiza el acceso y la disponibilidad de alimentos. La ONU requiere 41 millones de dólares para responder allí a las necesidades más urgentes.

Para enfrentar el fenómeno de El Niño a escala mundial, el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) implementa planes de respuesta en 20 países prioritarios en África, Asia, América Latina y el Caribe y el Pacífico Sur, mientras que otros 21 estados son sometidos a estrecha vigilancia.

El PMA desea aumentar su programa de asistencia en los países más afectados, pero lamenta la gran escasez de fondos para esas operaciones.

Es injusto observar indiferentes las situaciones de crisis alimentaria en esos lugares, pues, si el resto del mundo se sometiera por un día a un ayuno forzado, comprendería mejor la gravedad del asunto.

Una de las soluciones de carácter inmediato sería la ayuda que podrían ofrecer aesta causa personalidades mundiales como políticos, intelectuales, artistas, organizaciones religiosas y otras figuras ilustres de cada país para mantener la esperanza de que el problema pueda resolverse o almenos atenuarse.

También youtubers (influenciadores a través de videos web) con su poder de persuasión a diversos públicos en las redes sociales, podrían ayudar en gestiones de apoyo monetario.

Se necesita accionar ya porque sobre la conciencia mundial caerán las víctimas, si se las priva del requerido socorro

* Mayoral es periodista de la Redacción de Economía de Prensa Latina, Rodríguez César, jefa de la Redacción de Economía, y Rojas Rodríguez, periodista de la Redacción África y Oriente Medio de Prensa Latina.