Así como hay una economía-mundo capitalista, un sistema-mundo capitalista, hay también, complementariamente, un sistema-mundo, político, como ya lo dijimos[1]. Así como en la economía-mundo el mercado es el océano de circulaciones de mercancías donde nace, se reproduce y muere, el sistema-mundo capitalista, la economía-mundo, las economías regionales, las economías nacionales, así también la red de gobiernos del mundo conforma un océano de circulación de efectos de poder, como vigilancias, disciplinamientos, controles, logrados, que intercambian, para obtener beneficios jerárquicos. Parece que ningún gobierno escapa a esta participación en el escenario político mundial. Unos logran márgenes de maniobra más anchos que otros; pero, todos participan en esta circulación de los productos del poder.

El sistema-mundo político funciona, como el sistema-mundo capitalista, en el que se encuentra, corroyéndose, oxidándose, chirriando. La corrosión puede aparecer como síntomas dispersos en formas de puntuales hechos, o encubierto con formas heredadas, haciendo creer que se trata de las mismas y no de un proceso de deterioro nuevo, vinculado al Estado moderno. La corrosión institucional del Estado moderno es distinta a las corrosiones institucionales de las formas de Estado de las sociedades antiguas. Una de las características de la diferencia es que se trata ya de una corrosión generalizada, que adquiere el perfil y el formato de una corrosión globalizada. Otra de las características es que el ponderador del alcance de la corrosión es la medida de la economía mundo, el equivalente general, del dinero.

Claro que la corrosión no deja de ser un fenómeno cualitativo, institucional, ético-moral; empero, en el sistema-mundo político y en la economía-mundo capitalista se comparte el fetichismos mercantil, el fetichismo del dinero, que es el fetichismo del capital, así como el fetichismo del Estado. Los códigos de estos fetichismos hacen que el fetichismo del dinero aparezca como el detonador del fenómeno más característico de la corrosión; hablamos de la corrupción. El fetichismo dinerario es la representación del fenómeno de deterioro cualitativo, la decadencia de la maquinaria misma de poder, que puede comenzar temprano. La decadencia desajusta los engranajes institucionales, afloja los funcionamientos, dando lugar a aprovechar los desajustes, usando la misma maquinaria de dominación para las prácticas paralelas de la corrupción.

Como dijimos antes, la historia del poder, está íntimamente ligada a la historia de la corrupción. Casi se podría decir, sin arriesgar mucho, salvo excepciones a la regla, que no hay poder sin corrupción. No debería sorprendernos, aunque lo haga, que gobiernos de “izquierda”, gobiernos populistas, caigan en estas prácticas paralelas, en plena decadencia de las maquinarias del poder. Se entienda que asombre, pues se espera otras conductas de estos gobiernos. Se cree en sus discursos, se espera el cumplimiento de sus promesas, del programa máximo, en transición, del programa mínimo; también el cumplimiento de la Constitución; se cree en la distinción que establecen, por cierto “ideológica”, entre ellos, los progresistas, y los anteriores, los conservadores y neoliberales. Este es el error de apreciación. Que se caiga en la corrupción no depende de los discursos, ni de la “ideología”; éstos sirven para legitimar. Depende del funcionamiento de la maquinaria del poder, depende del alcance de la decadencia de la maquinaria abstracta del poder. Si la maquinaria de poder no ha sido desmantelada, es de esperar que se repitan fenómenos desencadenados por esta fabulosa maquinaria chirriante y por el avance de su decadencia.

Esta hipótesis de interpretación, remarca la corrosión y la corrupción generalizada en el sistema-mundo político; sistema-mundo del que forman parte los Estado-nación. Esta interpretación no excluye las responsabilidades individuales, en este caso, de los gobernantes; de ninguna manera. La gran diferencia con la interpretación dramática moral acostumbrada, es que ésta interpretación reduce el problema al esquematismo dual del bien y el mal, a la lucha contra el mal. Esta interpretación fuera de ser ingenua es inútil para explicar la complejidad de un fenómeno aterido a las estructuras de poder.

Los perfiles individuales juegan su rol en este contexto histórico-político. Para hacerlo ilustrativo, sus comportamientos pueden variar en un intervalo político-moral, que se define entre conductas cautelosas, más solapadas, más asociadas a las normas institucionales, incluso a su cumplimiento y a prácticas correspondientes, hasta conductas descarnadas, cínicas, inmunes, audaces, menos asociadas a normas institucionales, por lo tanto, incumpliéndolas. En el transcurso del intervalo puede encontrarse toda clase de formas compuestas y combinadas de este deterioro ético-moral, como expresión subjetiva del deterioro material de la maquinaria del poder.

Volviendo al asombro y a las sorpresas, se entiende que cuando se llega a proximidades de uno de los extremos del intervalo, relativo a las conductas impúdicas, el asombro viene por la forma despejada con la que se efectúa la corrupción, a pesar del enmarañamiento discursivo, que trata de justificar estos comportamientos o como herencias del pasado, transfiriendo la culpa a anteriores gobiernos; o, lo peor, lo más estrambótico de sus argumentos, cuando se explica como parte de los logros del “proceso de cambio”. Fuera de otro aspecto llamativo, la “democratización” de la corrupción, su generalización inaudita, la participación de todos, no solo de una casta, en el contexto de la extensión de las relaciones clientelares.

Lo triste de todo esto es que los gobernantes del “proceso de cambio” lo han reducido a este dramático escenario de tragicomedia de escándalos; que haya destruido el horizonte histórico-político abierto por la movilización prolongada y el proceso constituyente. Lo demás era de esperar, las conductas sinuosas, los gestos descarados, los enmarañados argumentos de explicación, los alcances de la corrupción, pues, un vez, que el deterioro de la maquinaria del poder ha abierto muchos boquetes en los funcionamientos, en arenas deleznables[2], donde gente vulnerable pisa terrenos inestable y conduce la mecánica de este deterioro y el proceso de esta decadencia, los desenlaces del derrumbe ético-moral se dan lugar.

Formas de corrupción

Si bien se puede hablar de una corrupción generalizada en el sistema-mundo político, se dan formas diferenciadas de las prácticas y composiciones singulares de este fenómeno de corrosión institucional y ético-moral. No solamente hablamos de la distinción en lo que ocurre en los centros y en las periferias del sistema-mundo capitalista, que, en la actualidad, mas bien, se parecen cada vez más, sino de formas singulares, que tienen que ver con historias particulares. Los cuadros de la corrupción más determinantes, por así decirlo, son los enganchados a los procedimientos de las empresas trasnacionales, las cuales contemplan en su presupuesto este tipo de acciones. Uno de los objetos de ataque, para efectuar estas estrategias de incorporación a los intereses de las trasnacionales, son los gobiernos, entre ellos, particularmente los gobiernos de los Estado-nación subalternos. Los gobiernos terminan incorporados a las zonas de influencia y control de las empresas trasnacionales; incluso terminan incorporados los gobiernos progresistas, aunque no lo crean, aunque presenten una ostentación contraria, incluso “antiimperialista”. Se puede decir que estos gobiernos lo hacen incluso mejor, pues desarman al pueblo de la capacidad de resistencia, incorporando sus fuerzas a la reproducción de la comedia política, que se lleva a cabo.

Sin embargo, a pesar de las diferencias singulares de las formas de corrupción, los síntomas tienden a parecerse. Por ejemplo, cuando se nota la irregularidad en las licitaciones, en las adjudicaciones, en las concesiones, en los contratos, en los proyectos. Cuando la licitación se da en condiciones provisionales, apuradas, flexibles, aunque se la haya publicado. Cuando se adjudica a la empresa que ha participado, que puede ser una sola o varias; empero, no queda claro cuáles han sido las razones y los atributos de la empresa. Cuando es la misma empresa la que gana un número significativo de licitaciones o de invitaciones directas, sobre todo cuando se trata de mega-proyectos. Se hace más evidente lo que ocurre cuando el perfil de la empresa no parece apropiado para cumplir con el proyecto que exige otro perfil.

Por más esfuerzo que se haga para explicar estas incongruencias, por más propaganda y publicidad que se ventile, por más chantajes emocionales a los que se recurra, el hecho efectivo de la corrupción continúa, afectando al cumplimiento de los proyectos, pues en un contexto tramposo la ingeniería de los proyectos no funciona. Esto no cambia con informes especulativos de las propagandas, pues la realidad no se cambia con informes.

Como dijimos antes, en los ámbitos de la economía política del chantaje[3], cuyo objetivo no es la producción, sino la especulación; los proyectos no se aprueban para materializarse eficazmente, coordinadamente, en una planificación, keynesiana o socialista, como se quiera, sino son la excusa para hacer marchar la economía política del chantaje, que adquiere las formas de la corrosión y la corrupción.

NOTAS

[1] Ver Clausura del horizonte moderno. Dinámicas moleculares. La paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/clausura-del-horizonte-moderno/.

[2] Ver Arenas deleznables, suelos inconsistentes. Dinámicas moleculares 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/arenas-deleznables-suelos-inconsistentes/.

[3] Ver Diagrama de poder de la corrupción. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/diagrama-de-poder-de-la-corrupcion1/.