Provoca indignación, lágrimas y estupefacción apercibirse de la tragedia que sufre la desgraciada Siria. Ni siquiera por desastres ecológicos, sino por obra perversa de un consorcio de países que decidieron derrocar a aquél gobierno, a como dé lugar y al costo económico que aquello importe. Por supuesto, sin tomar en cuenta el sacrificio ni el costo de las vidas humanas.

Lo que fue un país de progreso, es hoy un gigantesco monumento a la destrucción. Virtualmente no hay ciudades ni aldeas que se hayan liberado del fantasmal fenómeno de verlo casi todo para abajo. Y no solo se exhibe la desolación de edificios destruidos y abandonados, casas y chozas, sino también protuberancias, relieves forzados, gigantescos promontorios de escombros y ambientes hundidos; incontable infraestructura de puentes, torres, monumentos, avenidas urbanas, escuelas, hospitales, prisiones y caminos rurales. Ni siquiera se salvaron las reliquias arqueológicas de la antigüedad romana, menos los antiguos monasterios, palacios y otras edificaciones que atraían el turismo internacional. Tales vistas, pese a todo, son solo algunos de sus horrores.

Luce el país un gigantesco y ruin panorama de la muerte, donde heroicos sobrevivientes de bombardeos, que no han podido huir a tiempo y abandonar su patria por falta de recursos económicos –en particular, los niños– enfrentan ahora los problemas psíquicos y físicos colaterales de una gran tragedia, jamás aparecida hasta ahora. Según informes de credibilidad, un tercio de las casas del país quedó destruido para diciembre de 2014, quedando liberadas substancias peligrosas como metales nocivos, bifenilos policlorados –conocidos como PVC– y asbesto.

Para mayor comprensión del problema será útil conocer algunos antecedentes auténticos de la situación.

1. Orígenes libios del conflicto.- El origen del desastre se halla en la guerra provocada a Libia, un quinquenio atrás. Este país, de apetecido petróleo por su calidad de primera clase –y proximidad a Europa– despertó las ambiciones de EE.UU. y la Unión Europea. No pudiendo causarle problema alguno interno a su gobierno nacional, mediante la forzada contratación de opositores –salvo raquíticas fuerzas para denigrar y descomponer al gobierno del Presidente libio Muamar Gadafi– falló el aventurado intento. Como consecuencia de semejante fracaso, decidieron prepararle directamente una guerra financiando mercenarios extranjeros de variado origen árabe, dotándoles de armas, materiales bélicos y otros elementos necesarios para encender una guerra ejecutada por fuerzas foráneas. Para asegurarse el resultado positivo y facilitar el avance de las huestes invasoras, las potencias interesadas –sin reparo alguno– establecieron una zona de exclusión aérea que impedía el vuelo de los aviones libios sobre su propio territorio y así facilitar se robustezca la incursión.

Libia tenía un standard de vida superior al de muchos países desarrollados. Solo para dar algunos ejemplos, la energía eléctrica era gratuita, los préstamos de dinero no devengaban intereses, del 95% de analfabetismo al ascenso del presidente Gadafi, éste lo transformó 83,50% de alfabetizados, la educación era de excelente calidad, la atención médica gratuita, la moneda libia –el dinar– estaba respaldada en oro. El petróleo no se vendía en dólares sino en dinares; situación que irritó al Presidente francés Sarkozy por “atentar” contra las finanzas del mundo. De otro lado, Libia no tenía deudas, el Banco Central no estaba en manos extranjeras, los ciudadanos libios al contraer matrimonio recibían dinero para comprarse una casa, y cualquiera que desee comprarse un carro, recibía el 50%. La gasolina apenas costaba 14 centavos de dólar el galón, los agricultores recibían verdaderos incentivos y facilidades (tierra, animales, equipos y semillas) Suenan a invención semejantes verdades, muy difíciles de creer.

Muamar el Gadafi se hizo famoso porque derrocó al Rey Idris I de Libia y substituyó el reino por una república, desde el 1º de septiembre de 1969. Nacionalizó empresas petroleras, prohibió el consumo del alcohol e hizo mucho por la mujer en franco desafío al islam tradicional. Fue integrante del socialismo nacionalista árabe de varios gobiernos progresistas como Nasser en Egipto, Ben Bella en Argelia, Sadam Hussein en Irak, Hafez el Assad en Siria y otros más. Naturalmente era odiado por las pútridas monarquías árabes y los intereses imperialistas que gobiernan el mundo. Por estas razones habría de acabar acusado con los epítetos de “malvado”, “dictador”, “asesino”, “terrorista”, etc., etc., y luego asesinado, quedando todos los beneficios en cero, el pueblo en la miseria y el país fragmentado. Los servidores que ahora detentan el gobierno, no saben qué hacer dada la anarquía y el terrorismo interno, que jamás anteriormente hubo.

2. Rebote del conflicto sobre Siria.- Supuso la aleación extranjera (EE.UU, Unión Europea, Turquía, Arabia Saudita, Qatar y otros más –cada uno con intereses propios y distintos, pero todos confluyentes en el derrocamiento– que sería fácil trasplantar la Libia experiencia y hacer mismo en Siria, pero fallaron los cálculos. El gobierno sirio ya resiste 5 años, semejante atrocidad de guerra “civil” extranjera, particularizada con curiosas figuras que hubo creado el ingenio morboso:

a) Un 95% del capital humano, combatiente, fue adquirido en el mercado internacional –prefiriendo árabes, jóvenes de origen árabe y desocupados; pero todos musulmanes– e importado tanto de Europa como de doce países del mundo. Casi todos los entusiastas aventureros –con una excelente paga y una causa que estimaron fácil y rápida– ingresaron a Siria desde el territorio de Turquía, luego de recibir entrenamiento militar, instrucciones, armas ultramodernas y facilidades para su desplazamiento clandestino hacia el teatro de las operaciones.

b) Para asegurar el pago salarial de aquella inmensidad mercenaria, bastó la toma de las instalaciones petroleras nacionales sirias y –en horas y momentos imperceptibles– la remisión del producto hacia Turquía, mediante una inmensa flota de camiones. De esta forma el propio gobierno turco se dedicó a disfrutar de la travesura, dando mucha más bienvenida a mayor número de reclutas y fomentar la compra del petróleo robado, aunque a mitad de precio. Por contrapartida forzada, los abastecimientos de alimentos, ropa y equipamientos habrían de arribar desde aquél mismo país.

c) De este modo, ni los EE.UU, Europa y las monarquías árabes, consideraron que no podrían ser acusados de intervención en Siria, aunque sean sus directos causantes. Como bien pudo apreciarse, aquellos espetaron –desde lejos– los acontecimientos bélicos, aunque lo nieguen y se laven las manos.

d) Sin embargo de sus habilidades, la maniobra de fabricarle un enemigo al enemigo y, luego, hacerse el inocente, resultó contraproducente para el consorcio invasor, porque el fabricado enemigo acabó rebelde contra su propio creador. De aquellas importadas entrañas surgió el denominado “terrorismo islámico” que ya se ha volcado, no solo en contra de sus padres putativos –ahora horrorizados– sino contra la llamada civilización occidental.

e) Aquél terrorismo islámico no sólo se ha beneficiado con armas, tanques, camiones, artillería de altísima calidad y optimistas combatientes aventureros a borbotones. Se le ha creado –especialmente– una base ideológica en la cual apoyarse moralmente, creer en ella a ciegas y respaldarse. Había asesores intelectuales para aquello. Las organizaciones denominadas: ISIS o DAESH, Al Qaeda, Al Nousra, Takfiristas, Talibanes, etc., etc. son prácticas como útiles concepciones religioso fanáticas que emergen de la imaginación creadora. Todas aquellas bandas criminales actúan por separado, pero a la orden de un patrón que los maneja con recursos y poderío.

Luego de tanto derroche de dinero y creatividad, más el piadoso empeño occidental en pro de la “democracia” Siria contra su criminal “dictador” –con la curiosa solidaridad de monarquías árabes, que nada tienen de democráticas, por ser monarquías– el intento experimental aplicado en Libia no dio el ansiado resultado y abortó. Aunque la guerra prosigue, no hay indicios de que pueda prosperar; menos, el fraccionamiento del país.

Los guerreros ya esparcidos, como hijos malagradecidos, no le obedecen más a su sacrificado creador imperialista; se quedaron con todo lo que papá, generosamente les puso a su disposición.

3. Causas de la guerra trasplantada. Podemos preguntarnos ¿Por qué EE.UU. Inglaterra, Francia y otros secundones insisten tanto y testarudamente en la salida del Presidente Bashar el Assad, con tanto empeño y tenacidad, aún en las negociaciones de paz? ¿Qué trasfondo mueve las cosas?

Por lo menos, los analistas, nos brindan conclusiones evidentes y aceptables, por si mismas, interpretando la conducta de cada uno de los aliados en la aventura:

  • Para EE.UU, su ejército internacional, –la OTAN– su adláter Unión Europea, más otros de sus obsecuentes servidores, que ya saben que el gobierno sirio no se va a doblegar a sus siniestros propósitos, la solución se halla en la salida de quienquiera que no sea su dócil sirviente porque obstruirá sus planes de mayor alcance.

Siria, por ser diferente, tiene todas las condiciones para ganarse el odio y la adversidad de la causa imperialista. En Siria no existe el Banco Central Rothschild, rapaz de las finanzas; tampoco el país tiene deuda con el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Mundial y no coopera sino prohíbe los alimentos transgénicos. El ciudadano sirio se halla muy bien informado de la realidad internacional, discute y rechaza con frecuencia la voracidad extranjera; no comparte con el apartheid israelí y sabe que su país es la última región laica del Medio Oriente. Siria, por otra parte, tiene grandes y apetecidas reservas de hidrocarburos que no se hallan en manos de consorcios internacionales.

Una de las razones es aquella reserva de hidrocarburos, para arrebatársela al Estado. Los argumentos u ornamentos decorativos para la salida del “dictador” y su “pérdida” de legitimidad –raro dictador al cual su propio pueblo le tiene profundo respeto y lo ha reelegido– disimulan la verdadera finalidad imperialista. La causa real y de fondo para la guerra es de es de orden político-bélico, Apoderarse de Siria es el objetivo estratégico para luego apoyarse en ese territorio y, desde allí, invadir al odiado Irán. Tal es la real como desnuda verdad oculta, directa e irrenunciable de los EE.UU.

  • Para Turquía –nostálgica heredera del desaparecido Imperio Otomano– su obsesión es diferente. Le interesa vivamente la destrucción de Siria para anexársela por partes, ya que el actual Presidente turco –auténtico dictador y pretendido Sultán del añorado imperio Otomano– está interesado en tal objetivo avasallador. Claro está que sus pretensiones expansionistas van más allá; incluyen también a otros pueblos como el Líbano e Irak.

No es extraño que intereses diferentes., en cierto momento confluyan y se emparenten con los del amo mayor.

  • Para las monarquías árabes, adversarias de todo gobierno republicano, les es inconveniente una república social progresista de la talla de Siria. Prefieren seguir aquellas como son ahora más sus privilegios personales basados en la abundancia de petróleo. Tienen horror a la idea de transformarse en repúblicas y mucho les agradaría que Siria se vaya para atrás.

Aquellas también mantienen pretensiones, presiones e intereses materiales sobre el territorio sirio Pretenden cruzar oleoductos por aquella –especialmente Qatar– para bajar enormemente sus costos y acelerar su exportación, porque actualmente el transporte de su crudo realiza una vuelta gigantesca en barcos, desde el Mar Rojo hasta el Mar Mediterráneo, para finalmente arribar a Europa. Siria tuvo razones para no estar de acuerdo.

Después de lo dicho anteriormente, y considerando siempre el objetivo imperial, ahora sale a luz un político norteamericano retirado; un anciano desgastado, pero famoso en sus tiempos por su astucia como derrocador oficial de gobiernos. Se trata del estratega Henry Kissinger, cuya reciente frase –vertida el 8 de noviembre de 2015– no pierde un ápice de su cinismo habitual, pese a que a su senilidad ya debía experimentar un mayor grado de sensatez. Oigámoslo:

El resultado que me gustaría ver en Siria es el de un país desintegrado y ‘balcanizado’ con más o menos regiones autónomas. (Expresión vertida en la Escuela de Política Pública, Gerald Ford. Universidad de Michigan) Fuente: Radio Rasta.Bizkaia

Salgamos ahora del campo político e ingresemos a los efectos de la guerra en el plano del medioambiente y la economía.

4. Consecuencias ecológico ambientales y la economía.- La contaminación de guerra avanza en Siria a grandes pasos. Se trata de la fuerza poderosa que ejercen los metales pesados, que componen los residuos tóxicos de las municiones y deshechos de bombas, que cada vez se expanden por todo el territorio. También las substancias cancerígenas y el uso arbitrario (o casero) de materias químicas para efectos bélicos.

En las ciudades sirias de Homs y Alepo, se ha hecho fuerte y constante el empleo de la artillería y el uso irresponsable del TNT. Este último, aunque no explosione, guarda el feroz riesgo de la contaminación ambiental. Las armas caseras con estos elementos, resultaron tanto o más peligrosas que las que emergen de la producción industrial bélica. Contribuye a ello el robo de otros productos químicos para hacerlos más tóxicos y peores contra el enemigo.

Los niños sirios son los primeros en arriesgarse, –sin saberlo– a los peligros ocultos de la guerra. Muchos de aquellos recolectan materiales de desechos tóxicos para contribuir a la producción de más armas, comprometiendo su salud.

Cualquier acto –por muy inocente o espontáneo que parezca– puede resultar perjudicial. El solo inhalar materiales de construcción, pulverizados por las bombas (cemento, mezclas, cal y/o metálicos) es un veneno pulmonar y aún cerebral. Su fusión con el agua, particularmente de lluvia produce nuevos elementos químicos que van a dar a ríos, lagunas y lagos. Ambos bandos bélicos reconocen que estos materiales son un tercer enemigo común para todos. Se suma a lo anterior el uso inadecuado e ilegal explotación del petróleo, mediante técnicas primitivas. Todo el crudo se halla expuesto a la propagación de gases tóxicos, que atacan aire, agua y tierra; vale decir: a todo lado, sin consideración humana ni biológica alguna las víctimas son por igual mayores, menores, ancianos, flora, fauna, y medioambiente.

La situación se hace peor porque las fugas petroleras en tierra son doblemente dañosas en Siria, por ser escasa en agua subterránea. Consiguientemente, las filtraciones del crudo impiden la agricultura y esterilizan el suelo.

La guerra también ha destruido la economía nacional. Se han reducido a escombros numerosas fábricas, artesanías y la agricultura, por encontrarse precisamente todo aquello dentro el teatro de operaciones bélicas, produciendo ciudades fantasmas. La ciudad próspera de Alepo tiene las industrias bajo tierra.

Cuando acabe la lid bélica, será tan costoso desmontar y expulsar las ruinas a otras regiones, que edificar nuevas ciudades.

5. Infernal situación.- La invasión a Siria no tiene parangón en la historia. Ha traído una inmensa destrucción urbana, rural, ambiental, económica, humana y aún moral. Sin embargo los agresores –insensibles, pero tozudos en sus propósitos– no piensan ceder ni van a retroceder en sus intenciones. Sólo habrá que confiar en que la fuerza del pueblo y la ayuda que recibe de distintos lados, derrote a sus agresores, dada su muestra tenaz de resistencia y rechazo a la incursión extranjera.

Gracias a las potencias imperialistas y sus aliados, ha ocupado y ofuscado gran parte del país el salvajismo, la incultura, las manías, la moda estúpida y el oscurantismo que no permite ver la televisión ni usar teléfono, pero humilla a las mujeres y las convierte en prostitutas si no aceptan imposiciones.

La forzada emigración siria, regada por el mundo, –que ya alcanza varios millones– va trayendo a sus agresores, problemas que no esperaban.

La economía siria ha sufrido una gran paralización.

Los niños en las áreas ocupadas han aprendido perversidades: matar a cualquiera, odiar todo lo que no sea musulmán, denunciar a sus padres como infieles y aún matarlos directamente.

La crucifixión, lapidación, el ahogamiento provocado, la hoguera y el corte de cabezas son cosas habituales.

Los ocupantes invasores han impuesto formas de vida primitivas, vergonzantes y ofensivas a la condición humana, especialmente a la mujer.

La educación escolar ha suprimido toda materia cultural y aún científica.

Infelizmente continuará ardiendo el fuego del infierno, –encendido por “civilizados” y democráticos países– hasta que la victoria corresponda a quien debe vencer: el pueblo sirio.