El frente yihidista no conoce fronteras. Desde Libia a Indonesia, de Siria a Turquia, hasta el continente africano, grupos y movimientos islámicos radicales atacan en estos últimos tiempos a los occidentales y a sus aliados, los regimenes de la Medialuna que ellos consideran “ambiguos”.

Después de Giacarta es la vez de Ouagadougou, en Burkina Faso. Ha sido escogida porque el país africano proporciona bases a la operación militar francesa Barkhane, que tiene como principal objetivo derrotar al yihidaismo en esa región y proporciona tropas a las misiones internacionales que se encuentran en Mali y Burkina Faso. Tambien Malí, Mauritania, Nigeria y Chad, del así llamado G5Sahel tienen como meta combatir la propagación del yihiadismo en todos estos países donde el radicalismo ha penetrado desde hace mucho y con diferente intensidad,

Los autores del atentado en Ouagadougou han afirmado explicitamente que la ejecución ha sido una venganza hacia Francia, además la ofensiva contra París tiene también un componente interno que se refiere a la competencia hegemónica entre los distintos grupos radicales.

Los yihidaistas de matriz qaedista operan desde hace tiempo en la región africana, dando vida al AQMI (Al Qaeda del magreb islámico), refugiándose en esa extensa “tierra de nadie” que es el Sahel.

Este grupo de yihidaistas ha penetrado en Malí desde el Sahara algerino, encrucijada estratégica entre el Magreby y Africa subsahariana, allí han puesto raíces mediante alianzas, matrimoniales políticas con la población local de la tribú tuareg, en conflicto con el poder central.

Una penetración radical ocurrida en una región caracterizada por enormes problemas económicos y sociales, tensiones étnicas y religiosas, gobiernos frágiles y muy a menudo deligitimados, con una corrupción desenfrenada, apoyados por franceses y americanos y que en los últimos tiempos se han unidos los alemanes, sobretodo en Malí.

Este despliegue de fuerzas que también dispone de aviones no tripulados y fuerzas especiales es demasiado limitado para controlar un frente móvil y muy extenso. Un frente que en los próximos meses podría asumir una importancia estratégica que en el pasado nunca tuvo, sobretodo en un conflicto en gran escala. En un país como Libia, las milicias del califa Negro podrían desplazarse hacia el sur del país, donde se produciría un efecto dominó desde el Mediterráneo hasta el Sahel. De este modo los yihidaistas podrían colegarse con Chad, Niger, Malí, Burkina Faso, Niger y también en la dirección opuesta, es decir, hacia Egipto, Somalia y otros países de la región.

Estos grupos islámicos aunque divididos por opciones ideológicas y estratégicas están unidos en la voluntad de combatir contra los “cruzados” y sus aliados.

El continente africano, en definitiva, es probable que se convierta en el nuevo y enorme polvorín del islamismo radical.