La Habana (PL).- Don dinero es el principal elector en Estados Unidos, donde 158 familias, por supuesto multimillonarias, son los principales donantes en la actual campaña de demócratas y republicanos para ganar la Casa Blanca en 2016. Recientemente Juan Williams, un analista político de Fox News Channel, en el título de un artículo, “Política, un deporte para multimillonarios”, recoge la imagen que ilustra la actual puja por el gobierno.

El 8 de noviembre de 2016 los estadounidenses acudirán a las urnas para elegir el 45º presidente de Estados Unidos, luego de recorrer un camino largo que no siempre está marcado por las buenas intenciones. A pocas semanas de terminar 2015, el escenario es complicado y los pronósticos son imprevisibles, en especial en el campo republicano, en el cual 14 políticos aspiran a ser ungidos con la boleta en la Convención Nacional en julio de 2016 en Cleveland, Ohio.

En el bando de los demócratas, la situación parece despejada y a no ser que ocurra un imprevisto, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton debe ser la candidata que intente llevar al llamado partido azul a un tercer mandato consecutivo en la Casa Blanca, algo que no ocurre en el país desde que el republicano Ronald Reagan pasó el mando a George Bush en 1989.

Hillary Clinton, de 68 años, con experiencia en el Senado, ex primera dama y exsecretaria de Estado en el primer gobierno del presidente Barack Obama durante cuyas funciones viajó a más de un centenar de países. Favorita en las encuestas con cerca de dos tercios de apoyo de los electores. Pese a ser blanco de ataques opositores en asuntos como el uso de un servidor privado de correo electrónico cuando era secretaría de Estado y sus presuntas fallas durante el ataque terrorista contra el consulado estadounidense en Bengasi, Libia, Hillary emerge como un contrario temible para el partido rojo.

Bernie Sanders, de 74 años, un senador independiente por el estado de Vermont, quien se presenta como un “socialista democrático” con un mensaje populista que atrae a un gran número de votantes, pero no debe representar un peligro para Clinton en especial por su retórica contra los multimillonarios y sus demandas de reforma de Wall Street. Posiblemente, sea el aspirante que tiene más arraigo sentimental entre los desposeídos en una nación donde la riqueza está en manos del uno por ciento, según el movimiento Occupy Wall Street, y solo 158 familias dieron la mitad de todo el dinero donado a los candidatos presidenciales.

Martin O‘Malley, de 52 años, exgobernador del estado de Maryland, quien por décadas se desempeñó en el servicio público. Entre los demócratas no debe haber sorpresa y Hillary sería coronada entre el 25 y el 28 de julio en la convención de investidura en Filadelfia, Pensilvania.

En el llamado Partido Rojo, identificado con el burro, un amplio pelotón disputa la única boleta, y los políticos tradicionales favorecidos por la maquinaria del establecimiento se ven retados por figuras ajenas al entorno de Washington que encabezan las encuestas nacionales. Extremistas con fuerte arraigo entre conservadores religiosos, xenófobos antiinmigrantes, conservadores económicos opuestos a mayores impuestos y partidarios de recortar programas sociales, entre otros, hacen del grupo un verdadero enigma.

Donald Trump, un polémico multimillonario neoyorquino, con un lenguaje incendiario y divisionista, encabeza las encuestas para preocupar a los dirigentes históricos. Basa su campaña en lo imprevisible, y según medios de prensa y políticos su discurso se aparta de cualquier idea políticamente correcta. Contra toda lógica, el hombre que financia su campaña gracias a su fortuna estimada en nueve mil millones de dólares, es aún uno de los favoritos y llevó a la elite partidista a hacerlo firmar un compromiso de no plantear una candidatura independiente.

Ben Carson, de 64 años, un neurocirujano retirado y que nunca se desempeñó en un cargo público, se abstuvo de lanzar ataques directos contra sus contrarios, lo que le permitió subir en las encuestas hasta retar en la punta a Trump. Es el único negro en la carrera presidencial, un neófito en política externa y a lo interno provocó reacciones adversas con declaraciones sobre los gays, los nazis y la esclavitud.

Marco Rubio, de 44 años, senador por Florida con un pobre desempeño en el Congreso. Incubado dentro del ecosistema político único de Miami y con una carrera marcada por el oportunismo político. Vinculado al Tea Party y empeñado en ser la figura más prominente entre los conservadores en los próximos años. Promueve una política externa agresiva y un refuerzo del poder militar estadounidense. Es considerado un político con posibilidades que amenaza dar marcha atrás a los avances en el área social y de política externa del gobierno de Obama. Su carrera está marcada por el oportunismo político, el manejo de sus finanzas y vínculos no aclarados con el pasado criminal (narcotráfico) de su cuñado Orlando Cicilia.

Ted Cruz, de 44 años, senador por Texas, se erige como el más claro representantes de los sectores más ultraconservadores del partido, aunque en ocasiones se aparta de las orientaciones de los líderes republicanos. Tiene un fuerte respaldo de los extremistas religiosos, partidario de eliminar programas sociales que impliquen más gastos para el país.

Jeb Bush, de 62 años, exgobernador de Florida, hijo y hermano de expresidentes, considerado el último representante de una dinastía que puede enfrentar a Clinton. Llegó a la liza arropado por una aureola de favoritismo que se diluyó desde que presentó su campaña. Es un gran recaudador de fondos y aun espera convencer a los votantes de que puede ganar la presidencia. En su pasado hay un lado oscuro vinculado a manejos financieros en un proyecto en África cuando era gobernador del estado del Sol.

Carly Fiorina, de 61 años, ex directiva del consorcio Hewlett-Packard, fracasó en obtener una banca en el senado en 2010 por California. Su historia de ser exitosa cuando dirigía la empresa es considerada una falacia y no son pocos los que ponen en duda sus cualidades para llegar a la Casa Blanca. Es la única mujer entre los aspirantes republicanos.

John Kasich, de 63 años, gobernador de Ohio, con muchos años de experiencia en el Congreso, con un mensaje conservador en materia de política fiscal y moderado en política social. Es visto con pocas posibilidades de triunfo.

Rand Paul, de 52 años, senador, figura del llamado pensamiento “libertario” del partido con alguna aceptación entre las minorías y defensor de una reforma del código de justicia criminal, algo en lo que coincide con ideas de los demócratas.

Mike Huckabee, de 60 años, exgobernador de Arkansas y predicador, está en su segunda campaña presidencial. Aunque es una figura conocida a nivel nacional sus ideas solo atraen a sectores conservadores de la comunidad religiosa, en especial en el medio rural.

Chris Christie, de 53 años, gobernador de Nueva Jersey, considerado en algún momento entre los favoritos pero venido a menos luego de un escándalo por el cierre de un puente entre su estado y la ciudad de Nueva York. Defensor de reformas del sistema de impuestos y política energética, muchos republicanos no le perdonan un abrazo con Obama cuando el huracán Sandy.

El pelotón de los republicanos se completa con el exsenador Rick Santorum, con fuertes ideas conservadoras religiosas; el senador Lindsey Graham, que empuja el poder militar del país; el exgobernador de Nueva York George Pataki y el exgobernador de Virginia Jim Gilmore, quienes apenas marcan en las encuestas.

Desistieron de llegar a la Oficina Oval el gobernador de Wisconsin Scott Walker, el gobernador de Texas Rick Perry y el gobernador de Louisiana, Bobby Jindal, el último que tiró la toalla.

Entre demócratas y republicanos la puja por llegar a la Casa Blanca está marcada por varios debates de los candidatos y las elecciones primarias, donde cada uno intentará afectar a sus rivales para ganar puntos en las encuestas, que como tradición influyen en los votantes pero no determinan en los resultados.

ELECCIONES PRIMARIAS

El proceso electoral en Estados Unidos es complejo, y a las campañas de los aspirantes de ambas agrupaciones políticas, sigue la celebración de las llamadas elecciones primarias y caucus (asambleas) a las que concurren afiliados y simpatizantes.

Antes de llegar al 8 de noviembre de 2016, cuando se decidirá si es un demócrata o un republicano el que comandará los destinos de la principal potencia mundial, hay una serie de eventos que pueden aclarar las candidaturas. Enero de 2016 tendrá un debate republicano en Iowa, dirigido por Fox News, en una fecha por precisar, mientras el 17 los del partido azul estarán en Charleston, Carolina del Sur, con el patrocinio de la NBC.

En febrero se “rompe el fuego” con primarias en cuatro estados (Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur). Habrá otros debates partidistas hasta llegar al 1 de marzo, donde ocurrirá el llamado “Super Martes” con elecciones en 13 estados, entre ellos Alabama, Arkansas, Georgia, Oklahoma, Tennessee, Texas y Virginia.

El 15 de marzo los electores depositarán sus boletas en Florida, Illinois, Misuri y Carolina del Norte, y en abril llegarán los comicios en Nueva York (19) y Connecticut, Delaware, Maryland, Pensilvania y Rhode Island (26).

Otras elecciones primarias ocurrirán hasta junio, entre ellas las de California, el estado con más peso en el país, hasta llegar a las convenciones partidistas, la republicana en Cleveland, Ohio, y la demócrata en Filadelfia, Pensilvania. Con posterioridad, y ya electos los candidatos, se producirán los debates en los que cada agrupación hablará de sus programas de gobierno para influir en el voto que tendrá lugar el martes 8 de noviembre para elegir al 45º presidente de Estados Unidos.

El dinero, importante elector

Don dinero es el principal elector en Estados Unidos, donde 158 familias, por supuesto multimillonarias, son los principales donantes en la actual campaña de demócratas y republicanos para ganar la Casa Blanca en 2016. Recientemente Juan Williams, un analista político de Fox News Channel, en el título de un artículo, “Política, un deporte para multimillpnarios”, recoge la imagen que ilustra la actual puja por el gobierno.

Según Tom Perkins, un capitalista multimillonario republicano, usted paga un millón de dólares en impuestos y obtiene un millón de votos. Williams amplía en su comentario que desde 2010 solo 195 individuos y sus cónyuges dieron casi el 60 por ciento de los mil millones de dólares canalizados a super-PAC.

Esto es algo posible luego que la Corte Suprema estadounidense dictaminó que las contribuciones ilimitadas están protegidas por el secreto, por un problema de libertad de expresión. El propio puntero en las encuestas entre los aspirantes republicanos, Donald Trump, estima que ese dinero que llega a los candidatos a través de grupos de apoyo es una estafa.

Hasta ahora el dinero carcome al sistema político estadounidense, a la vez que viola la ley y los derechos de millones de personas que buscan ser representadas por políticos honestos, algo raro en el país. En Iowa, la aspirante y favorita entre el electorado demócrata, Hillary Clinton, lanzó una advertencia: “”Haré todo lo que pueda para nombrar a los jueces del Tribunal Supremo que protejan el derecho a votar y no protejan el derecho de los multimillonarios para comprar elecciones”.

El papel del dinero en los comicios es recurrente en los medios de prensa estadounidenses, en cuyos artículos son asiduos protagonistas magnates como los hermanos Charles y David Koch. Los Koch son dueños de una amplia fortuna que impulsa a candidatos republicanos tanto para la presidencia como para todo cargo electivo en las elecciones de noviembre.

Según sostuvo Williams en su comentario sobre el deporte de los millonarios, el problema es una tormenta a punto de estallar. Un articulo del diario The Washington Post señala que las grandes donaciones de los super-ricos tienen el potencial de deformar el sistema político, entre otras cosas porque son personas que verían afectados sus capitales por gobiernos que no respondan a ellos y quieren tener “hacedores de políticas” que los representen. De los candidatos republicanos, el que presuntamente tiene más dinero es Trump, quien califica de “títeres” a sus contrarios que buscan el apoyo de los Koch, entre otros grandes donantes.

Una investigación de Pew Research encontró que ahora el uno por ciento de las personas controla más del 80 por ciento de la riqueza nacional y muchos ponen ese capital en función de protegerse y ampliar sus fortunas. Mientras, encuestas de 2012 mostraron que los votantes con ingresos anuales familiares menores de 51 mil dólares, pobres y de clase media, componen el 41 por ciento del electorado del país y sufragaron por el presidente Barack Obama un 22 por ciento más que por el republicano Mitt Romney.

Eso lógicamente preocupa a los republicanos y a grandes familias de esa filiación política, que no escatiman recursos para darle un vuelco a la situación. Documentos fiscales muestran cómo el dinero secreto infecta las campañas de ambos lados, republicanos y demócratas, según comentarios de prensa. Dichos documentos confirman que operadores políticos continúan utilizando falsas organizaciones de bienestar social para bombear decenas de millones de dólares anónimos en las elecciones. Algunas fuentes señalan que el secreto del gasto hace más difícil que los funcionarios electos rindan cuentas al interés público y respondan a los votantes en lugar de a los donantes de campaña que sólo conocen ellos.

En este acápite destacan los mencionados hermanos Koch, quienes a través de un sofisticado entramado se preparan para pasar cerca de 889 millones de dólares y favorecer intereses en las batallas políticas hasta noviembre de 2016, usando organizaciones independientes no sujetas a las leyes como los comités de los partidos.

La misma configuración del proceso electivo en Estados Unidos es algo que favorece estas prácticas, pues obliga a los candidatos a buscar dinero para poder avanzar en su empeño. Para estar en las boletas electorales de cada estado, un candidato enfrenta una tarea “costosa y compleja” pues algunas demarcaciones requieren miles de firmas a fin de calificar y otros cobran decenas de miles de dólares. A nivel nacional, el precio para el acceso a la boleta puede elevarse mucho más allá de un millón de dólares.

No hay duda de que los republicanos de primer nivel con grandes operaciones de dinero, Jeb Bush, Marco Rubio, Ben Carson, Ted Cruz y Donald Trump, estarán en la boleta electoral en todo el país. Pero para todos los demás, incluyendo Chris Christie, John Kasich y Rand Paul, el acceso al voto es un desafío costoso.

Si bien los candidatos no tienen que competir en todos los estados para ganar la nominación, la realidad política es que cada fracaso en aparecer en una boleta socava la credibilidad de un candidato como una figura nacional. En este escenario revuelto, los que más tienen salen a pescar y el pescado se vende al mejor postor.

* Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.