Santiago de Chile y Milán.- Los tres amenazas más importantes para los suelos de América Latina y el Caribe son la erosión, la pérdida de carbono orgánico y la salinización, según el estudio El estado de los recursos de suelos en el mundo de la FAO publicado durante la clausura del Año Internacional de los Suelos. Cerca del 50% de los suelos de América Latina y el Caribe sufre deficiencia de nutriente y la degradación afecta hasta la mitad del territorio de algunos países.

Según la nueva publicación, se requiere un enorme esfuerzo para diseñar e implementar el manejo sostenible del suelo en la región para proteger este recurso y garantizar la seguridad alimentaria y los servicios ecosistémicos que provee el suelo.

América Latina y el Caribe es una de las más ricas del mundo en términos de recursos naturales. Con sólo el 8 % de la población global, posee el 23 % de las tierras potencialmente cultivables, el 12% de las tierras actualmente cultivadas y el 46 % de los bosques tropicales del mundo. Sin embargo, la rápida explotación de minerales, gas, bosques y pasturas está produciendo cambios dramáticos en el uso de la tierra y una generalizada degradación de lossuelos de la región, necesarios para acabar con el hambre y la pobreza.

Según la FAO, el 14% de las tierras con algún grado de vulnerabilidad a la degradación en el mundo se encuentran en América Latina y el Caribe, afectando a 150 millones de personas. En Mesoamérica, la erosión y degradación afectan el 26% del territorio. Otro desafío asociado a la degradación es el problema vinculado a la baja fertilidad, que afecta a una gran parte de los suelos de la región: cerca del 50% de los suelos de América Latina y el Caribe sufren deficiencias de nutrientes.

En total, cerca de un 20% de los suelos de la región son áridos, mientras que un 10% presenta limitaciones de drenaje. La intensificación del uso de la tierra (por ejemplo, en la Amazonía), la contaminación de suelos en zonas dedicadas a la actividad petrolera, y cambios de uso del suelo para ampliar la frontera agrícola, son también realidades que agravan la degradación del suelo.

La FAO señaló que se requiere mejorar los sistemas de información sobre recursos naturales en muchos países de la región con el fin de llevar a cabo un mejor diagnóstico de las condiciones del suelo y su nivel de degradación. Esto permitirá que las posibles soluciones sean identificadas, incluyendo la planificación del uso del suelo y la legislación necesaria para protegerlo y preservarlo para futuras generaciones.

Principales amenazas causadas por el ser humano

Aunque las principales amenazas para el suelo en la región están relacionados con las características naturales de su fisiografía y el tipo de cubierta vegetal, la causas antrópicas (causadas por acción humana) y los rasgos culturales también juegan un papel importante, especialmente las prácticas agrícolas inapropiadas producto de la tenencia de la tierra desigual e insegura, investigación insuficiente y falta de servicios de extensión agrícola.

La deforestación y la erosión causada por el uso inapropiado de la tierra son las principales amenazas antrópicas a la calidad del suelo de la región, dos aspectos que deben ser enfrentados para que la región avance hacia los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible. Dichos objetivos se establecieron recientemente con miras a lograr el desarrollo sostenible para el año 2030. De los 17 objetivos, cuatro contienen metas específicamente relacionadas con los suelos.

Los suelos proveen servicios ecosistémicos claves para el desarrollo de la región. De estos, los más afectados en América Latina y el Caribe son la regulación del clima debido a la alteración de los ciclos de carbono y nitrógeno producto de la deforestación, la regulación del agua y la producción de alimentos en las tierras en pendiente.

Según el informe de la FAO, algunos países en la región han desarrollado e implementado buenas políticas y enfoques para mitigar la degradación de la tierra, los cuales pueden ser replicados en otros países de la región. Uruguay es un ejemplo de buenas políticas de conservación de suelos y tierras: su política fue diseñada por el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, como parte de un programa que promueve la intensificación agrícola bajo un modelo de sustentabilidad.

Bajo esta política, los productores de cultivos deben presentar planes de manejo del suelo y especificar las rotaciones de cada predio. Deben mantenerse dentro de niveles de erosión de la tierra tolerables, los cuales están basados en las características locales del suelo.

Otro ejemplo destacado es la Estrategia Ambiental Nacional de Cuba de 2011/2015 que identifica la degradación del suelo como uno de los problemas ambientales fundamentales en el país. El gobierno cubano ha puesto en marcha planes de acción para luchar contra la desertificación y, desde 2001, ha llevado a cabo programas para la conservación del suelo.

Erosión por agua y viento

Esta amenaza es considerada una de los más importantes de la región, ya que tiene un impacto en grandes sectores de la población regional, en particular aquellas concentradas en las regiones montañosas de los Andes, América Central, México y el Caribe.

La erosión hídrica y deslizamientos de tierra ocurren principalmente en laderas empinadas que han sido deforestadas o en zonas montañosas secas que se utilizan como pastos y que han sido objeto de sobrepastoreo.

La erosión y los deslizamientos de tierra eliminan suelo fértil, afectando la productividad de los cultivos, lo que hace más difícil la labranza. Además, la producción de sedimentos perjudica a los campos y a la infraestructura aguas abajo, causando inundaciones en las zonas planas, las que podría aumentar a futuro por el efecto del cambio climático.

Cambios en el carbono orgánico del suelo

Los cambios en el carbono orgánico se producen sobre todo por la disminución del carbono suministrado por la vegetación, como sucede con la deforestación, o si se aumenta la mineralización producto del arado.

La mitad de los bosques tropicales del mundo pertenecen a América Latina y el Caribe, región que hasta hace poco tenía la mayor tasa de deforestación global, lo que redujo drásticamente los insumos orgánicos a los suelos.

La región también tiene algunos de los mejores suelos del mundo, por ejemplo en las Pampas. Estos suelos son muy fértiles y ricos en materia orgánica, pero su cultivo continuo ha aumentado la mineralización y reducido su carbono orgánico, volviéndolos cada vez menos productivos, lo que limita sus servicios ecológicos.

Según la FAO, revertir la degradación de suelos no sólo mejora su fertilidad sino que aporta a la mitigación del cambio climático.

Mayor salinidad

La salinización y sodificación natural son muy comunes en las regiones áridas y semiáridas de la región, incluyendo México, Cuba, el norte de América del Sur, Perú, el noreste de Brasil y el sur de Argentina. Las amenazas humanas también son importantes en este respecto, ya que la irrigación es común y la calidad del agua utilizada y la falta de drenaje producen una mayor salinización.

El riego provoca la salinización de suelos cuando no se toman medidas apropiadas. A pesar de que no ocurre en grandes áreas, la acumulación de sal es una amenaza importante porque reduce severamente la productividad de los cultivos, ya que es muy difícil de prevenir y aún más difícil de recuperar los suelos una vez salinizados.

Alianza por el Suelo, un ambicioso plan para recuperar los suelos de Sudamérica

Representantes de los países que conforman la Alianza Sudamericana por el Suelo aprobaron un plan que busca promover el uso y manejo sostenible de este recurso para garantizar la seguridad alimentaria, en el marco del Año Internacional de los Suelos.

“Sin suelos sanos y fértiles no podremos lograr la meta que han asumido todos los gobiernos de nuestra región: erradicar el hambre al año 2025, ni tampoco podremos enfrentar los desafíos del cambio climático y el desarrollo sostenible”, señaló Benjamín Kiersch, Oficial de Tenencia de la Tierra y Recursos Naturales de la FAO.

En la reunión realizada en Paysandú, Uruguay, la Alianza Sudamericana esbozó un proyecto para intercambiar experiencias en conservación, intensificar la cooperación científica y homogenizar los métodos y calidad de las mediciones del suelo. “Frente al riesgo agroclimático del eventos como El Niño, que impactan el suelo, el trabajo de la Alianza es de vital importancia para la región”, explicó Kiersch.

La Alianza Sudamericana busca promover el uso y manejo sostenible del suelo para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional, la adaptación al cambio climático, la provisión de servicios ecosistémicos y el desarrollo sostenible.

Facilita los vínculos con programas y actividades de manejo nacional y local del suelo, con miras a fortalecer el trabajo conjunto y el desarrollo de sinergias, ya que actualmente los países de la región no cuentan con legislaciones adecuadas para la protección del suelo, y la mayoría de los marcos legales existentes son escasamente aplicados debido a deficiencias técnicas, institucionales y políticas.

Cinco pilares para un suelo sano

El Plan que la Alianza Sudamericana está implementando en los diez países que la conforman se centra en los cinco pilares de la Alianza Mundial por el Suelo (AMS).

El pilar 1 promueve el manejo sostenible del suelo y mejoramiento de la gobernanza para su protección y productividad sostenible. El plan subregional busca definir las principales zonas agroecológicas en América del Sur y reunir un conjunto de prácticas adecuadas para evitar pérdidas irreversibles del suelo.

El segundo pilar fomenta la inversión, la cooperación técnica, el desarrollo de políticas, la educación, concientización y extensión sobre el recurso suelo, e incluye medidas para fomentar inversiones para fomentar la cooperación Sur-Sur, la creación de un Observatorio de políticas.

El tercero promueve el desarrollo e investigación aplicada con enfoque en las brechas y prioridades, buscando sinergias con acciones productivas, ambientales y de desarrollo social.

El cuarto pilar busca el mejoramiento de la calidad y cantidad de los datos e información de suelos: busca generar una base de datos de bibliografía sudamericana sobre suelos y fortalecer el Sistema de Información de Suelos de Latinoamérica (SISLAC), entre otros.

El último se centra en la armonización y establecimiento de guías voluntarias sobre métodos, mediciones e indicadores para fortalecer el manejo y protección del recurso suelo.

Para implementar acciones que promuevan el manejo sostenible del suelo, la FAO a través del Secretariado de la Alianza Mundial por el Suelo (AMS) estableció la Alianza Latinoamericana por el Suelo en 2012. En 2014 ésta se dividió en la Alianza Regional por el Suelos para Centro América, México y El Caribe (ARS-CAMC) y la Alianza Sudamericana por el Suelo (SSP).

Los miembros de la Alianza Sudamericana por el Suelo son Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. El comité regional se encuentra presidido por Argentina.

La FAO llama al cambio en la forma de producir los alimentos

“Es necesario cambiar la forma en que se producen los alimentos”, afirmó el Director General de la FAO José Graziano da Silva en un discurso del Día Mundial del Medio Ambiente, en defensa de crear conexiones positivas entre los alimentos, la agricultura y el medio ambiente. Los gobiernos, los ciudadanos, los productores y los inversionistas deberán forjar una “mentalidad y, desde luego, una forma de proceder nuevas e integrales” para combatir el cambio climático y alimentar a una población cada vez más numerosa, señaló en la Expo 2015 de Milán.

Citó dos principios rectores -garantizar el acceso universal a los alimentos y hacer sostenibles nuestros sistemas de producción de alimentos- como decisivos en el esfuerzo por alimentar a la creciente población mundial y, al mismo tiempo, conservar la salud de los suelos y otros recursos naturales que la vida humana necesita para prosperar.

Si bien hará falta producir más alimentos para el aumento demográfico previsto de 2000 millones de personas para el año 2050, la principal causa del hambre tiene que ver con el acceso. Hay suficientes alimentos disponibles, pero las familias pobres carecen de recursos para comprar o producir los alimentos que necesitan. Éste es un punto en el que hace énfasis la FAO conforme los desafíos que afronta el mundo pasan de la necesidad del período de posguerra de aumentar la producción a un nuevo paradigma basado en formas mejores de aprovechar los recursos limitados.

La sostenibilidad es fundamental porque “somos 7000millones de almas que compartimos un único planeta”, señaló Graziano da Silva en una reunión a la que también asistió Gianluca Galletti, Ministro del Medio Ambiente de Italia, y Achim Steiner, Director Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. El lema del día es “Consumir con cuidado”, que subraya la extrema importancia de cómo se tratan los alimentos, agregó.

Los alimentos que se pierden y desperdician podrían alimentar a una tercera parte de las personas que padecen hambre en el mundo, en lugar del uso incorrecto de la mano de obra, el agua, la energía y otros insumos, señaló.

Los alimentos que se pierden y desperdician podrían alimentar a una tercera parte de las personas que padecen hambre en el mundo, en lugar del uso incorrecto de la mano de obra, el agua, la energía y otros insumos, señaló.

La FAO estima que en todo el mundo más de una tercera parte de todos los alimentos que se producen se desperdicia o se pierde, y que los 222 millones de toneladas de alimentos que desechan al año nada más los consumidores de los países ricos, casi equivalen a la producción neta de alimentos de los países del África subsahariana. Los alimentos no sólo no llegan a las personas que sufren hambre, sino que producirlos extrae nutrientes fundamentales del suelo y puede limitar la capacidad de gestión de las tierras para obtener mejores servicios de almacenamiento de carbono.

“El siglo pasado presenció una rápida transformación de nuestra relación con el mundo natural, con un incremento del uso de los recursos naturales que ha conducido a la degradación del medio ambiente”, dijo Steiner. “Hay que preguntarnos qué consecuencias tendrá este ritmo de consumo y esta trayectoria en un mundo que en el año 2050 tendrá que sustentar la vida y las aspiraciones de 9000millones de personas”.

El cambio climático supone un riesgo importante para el futuro de la seguridad alimentaria, especialmente debido a sus posibles efectos en la producción agrícola en los países en desarrollo más pobres, y es una amenaza para la supervivencia misma de algunos estados insulares.

La FAO está haciendo énfasis en la necesidad de un enfoque “de todo el gobierno”, en el que participen numerosos ministerios y niveles del gobierno para afrontar cuestiones que van desde la necesidad de conservación de los suelos y de tener cultivos más resistentes hasta políticas incluyentes que beneficien a los sectores más vulnerables y que habiliten a las mujeres y los jóvenes.

No sólo hace falta una distribución y elaboración de alimentos más eficientes, sino que la necesidad de adaptación al cambio climático significa que muchas prácticas agrícolas tendrán que orientarse hacia objetivos nuevos, con nuevas tecnologías. La clave de la transformación necesaria supone “un cambio del enfoque de la utilización intensiva de insumos a otro que nos permita producir más con menos”, señaló Graziano da Silva.

Esto exigirá innovación en ámbitos como la conservación y el restablecimiento de los suelos, así como en reproducción de semillas con capacidad de recuperación ante un clima más cálido o inestable, y sistemas de gestión de las tierras creados con miras a la absorción de las emisiones de dióxido de carbono.