El 13 de marzo de este año, papa Francisco anunció al mundo de los creyentes un Año Santo, un “Jubileo”, dedicado a la misericordia. Este Año Santo iniciará en la solemnidad de la Inmaculada Concepción y terninará el 20 de noviembre del 2016.

La tradición de los “jubileos” se remota a los tiempos de Moisés, y era una antigua costumbre judía y a los tiempos de las leyes que le dio Dios en el Monte Sinai. En efecto, todo se coloca, desde un punto de vista histórico, inmediatamente después del exilio en Mesopotamia. En esos tiempos existián dos maneras diferentes de celebrar el “jubileo”: uno al norte de Palestina, y otro al sur, en esta última localidad hace referencia el libro del Levítico que dice: “así consagrareís el quincagésimo año y proclamareís libertad en la tierra para todos sus habitantes. Será un jubileo para vosotros y cada uno de vosotros volverá a su familia”.

Existen otros libros sobre el año sabático como el Exodo y de este importante texto se destaca sobretodo el aspecto social. Es por eso que de aquí nace el triple imperativo del “Año Santo Jubilar”: la restitución de las tierras, la condonación de las deudas y liberar a los exclavos; en una palabra: se tenía que volver a vivir como hermanos. Esta era la condición para poder habitar sobre la tierra.

La palabra “jubileo” etimológicamente no es comparable a la palabra “alegría” , más bien se remota a la palabra judía “Jodel”, que significa “cabrio macho”, y se refiere al cuerno de carnero que se usaba para sonar en las ceremonias sagradas durante los antiguos jubileos. Se celebraba cada 50 años, en el que se restituía la igualdad a todos los hijos de Israel y con la cual se anunciaba la purificación del Kippur. El jubileo para la tradición hebrea significaba un momento de reequilibrio del órden originario de Israel.

Para los primeros cristianos significaba viajar en pelegrinaje a Jerusalem con el deseo de conocer los lugares donde nació, vivió, predicó y murió Jesús. Se convirtió en una costumbre fija a partir del año 313 d.C. con el edicto de Constantino y la libertad de culto en el Imperio Romano.

Poco a poco este culto cristiano se extiende a Roma, con la devoción de los pelegrinos a los Apóstoles Pedro y Pablo martirizados y considerados los fundadores de la iglesia. Así Roma se convierte en ciudad bendecida, bautizada y martirizada por la sangre de los dos apóstoles de Cristo.

El primer jubileo fue promulgado por el papa Bonifacio VIII en el año 1300 con la Bula Pontificia del 22 de febrero de 1299 sin hacer referencia alguna al “jubileo” judío. Según la intención de Bonifacio VIII debía tener carácter de excepcionalidad y celebrarse cada 100 años preveía la remisión de todos los pecados y la indulgencia plenaria, la intención de este acontecimiento era dar a todos los fieles una ocasión para gozar de los beneficios con la remisión de los pecados. Actualmente consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos.

El presente “jubileo” promulgado por Francisco es un “Jubileo Extraordinario”, generalmente se anuncia por un evento de especial importancia o por una necesidad urgente.