La influencia, inserción profunda y manipulación de los grandes medios de comunicación y de las industrias culturales monopolizadas por las potencias imperialistas, acompañantes ideológicos imprescindibles del proyecto económico y político del neoliberalismo y de su expansión regional, han dañado seriamente los procesos artísticos, intelectuales y culturales de compromiso y emancipación en América Latina y el Caribe durante los últimos treinta años, dejando una secuela de alienación mental muy profunda.

Las expresiones contrahegemónicas, como las místicas, música, teatro, talleres y las prácticas trabajo-formación de la Escuela Nacional Florestan Fernandez (ENFF) del Movimiento Sin Tierra (MST) del Brasil, las manifestaciones y creaciones del Teatro Alternativo o la irrupción del Ukamau y ke, el hip-hopista boliviano Abraham Bojorquez muerto trágicamente en 2009, la Misión Cultura Bolivariana, los graffiteros y muralistas callejeros, las prácticas de educación popular del Frente Dario Santillan de Argentina o las radios comunitarias y de cultura popular en varios rincones de Nuestra América, entre otros, son experiencias bellísimas e importantes, sin embargo enfrentan a los poderosos medios que controlan la opinión pública y mercantilizan las manifestaciones artísticas con finalidades económicas e ideológicas claramente identificadas: la dominación y control de las conciencias.

El colonialismo mental y pedagógico de larga data colonial e imperialista se ha beneficiado del llamado proceso de globalización que no solamente ha despolitizado a grandes sectores de la población, sino que ha ampliado los márgenes de alienación y ha conseguido controlar y manipular las manifestaciones de la cultura, quitándole la potencia del compromiso social y convertirla en un valor superficial y pastiche, presto al consumismo desmesurado y voraz. La cultura popular latinoamericana y caribeña, como la educación popular, la comunicación popular, la universidad popular, sobreviven y se desarrollan en los márgenes estatales, en las fronteras sociales de los grandes centros urbanos, en medio de mezclas y migraciones humanas muy diversas, sin ser, ni marcar, una tendencia histórica alternativa a lo establecido.

Los gobiernos neoliberales y conservadores han marginalizado aún más estas expresiones, sin embargo los procesos políticos nacionalistas, revolucionarios y antiimperialistas no han tenido la fortaleza suficiente para enfrentar a las industrias culturales y a los medios monopólicos de comunicación para generar un nuevo proyecto hegemónico, una nueva cultura, una reforma intelectual, moral y cultural que alcance las profundidades del sentido común y de un proyecto histórico socialista de largo alcance, con la integración y construcción de la Patria Grande Latinoamericana.

Los esfuerzos realizados en este ámbito estratégico han sido pocos, se ha avanzado con Telesur, con algunas agencias como ALAI, Bolpress, Patria Grande o ALER, con periódicos y revistas en varios países, pero todo muy limitado frente al poder del orden establecido nacional, regional e internacionalmente.

HORIZONTE HISTORICO ALTERNATIVO

En una perspectiva más general de la civilización y de la cultura, vinculada a los procesos políticos e ideológicos que reivindican el Vivir Bien, el Suma Qamaña, el Sumak Kawsay y el Socialismo Comunitario, se han desarrollado un conjunto de postulados de larga data histórica, muchos consideran que fueron las bases de la organización comunitaria precolonial en Nuestra América, que ponen en cuestión los fundamentos del orden de la modernidad occidental eurocéntrica, en unos casos, o que buscan nuevas síntesis dialécticas en torno a la correspondencia entre los valores y principios cósmicos del mundo indígena americano con los avances más descollantes de la ciencia y el conocimiento humanos, en otros.

La centralidad de su debate ha sido y es importante en términos de encontrar perspectivas de construcción estratégica de la sociedad. Se trata del rescate de la relación ser humano, naturaleza y cosmos como una totalidad armónica que contiene vinculaciones de complementación e influencia mutua, como condición vital de la existencia de la humanidad. Ahí se enraízan los postulados del Vivir Bien que implica la recuperación de la comunidad como eje articulador de las relaciones humanas, en la que las prácticas de cooperación, reciprocidad y redistribución ocupan el centro de la actividad humana; de esta manera en pone en cuestión los valores del individualismo posesivo, de la competencia sin límites y del consumo destructor de la propia identidad humana.

Las posturas más radicales sostienen que se trata de puntos fundamentales de la reconstrucción total de la sociedad y la humanidad transformando absolutamente las bases del mundo moderno, sin embargo las posiciones menos ortodoxas consideran que se está produciendo una simbiosis en la cual no se desconocen los avances del conocimiento y la ciencia y tecnología más avanzados en conjunción con los valores más humanos y equilibrados con el mundo que rodea la vida humana. Ambas posiciones se desenvuelven en ámbitos muy estrechos y limitados sin trascender efectivamente en la vida cotidiana, ni en los ámbitos institucionales de carácter académico, intelectual o universitario.

Las Constituciones Políticas de Ecuador y Bolivia han incorporado estos principios, los gobiernos y movimientos sociales y populares los desarrollan y utilizan esporádicamente, pero no se asientan en políticas públicas más agresivas debido, especialmente, al copamiento existente de las lógicas hegemónicas del mercado y el consumismo.

EXPERIENCIAS HISTORICAS PASADAS

Dos experiencias históricas anteriores nos permiten valorar la importancia de avances antiimperialistas y contra hegemónicos del pensamiento y la cultura en América Latina y el Caribe: Por una parte la gesta de artistas, intelectuales, periodistas, muralistas, políticos, ensayistas y escritores de la generación del 900 –de fines del siglo XIX a principios del siglo XX–que marcó, con la pluma y el argumento la emergencia de una conciencia latinoamericanista que se manifestó en la Independencia Cubana, la Revolución Mexicana, la Reforma Universitaria, la resistencia Sandinista, el Anti Panamericanismo anexionista y el posicionamiento de la Alianza Antiimperialista y la Unidad de Patria Grande como banderas centrales y articuladoras.

Por otra parte las manifestaciones de identidad, resistencia, solidaridad y unidad de América Latina y el Caribe a través de artistas, cantautores, poetas, trovadores, cineastas, literatos, novelistas, periodistas, pintores e intelectuales que en los años sesenta y setenta (1960-1970) establecieron una corriente de raigambre popular y revolucionaria marcando una fortalecida tendencia capaz de poner en cuestión las manifestaciones culturales hegemónicas de la época y alcanzar un sentido común profundo, en el contexto de las luchas por la liberación nacional, la Revolución Cubana, la experiencia del Socialismo a la Chilena, la lucha contra las dictaduras impuestas por el imperialismo y la Revolución Sandinista.

Finalmente, corresponde tomar en cuenta que los movimientos de emancipación y liberación nacional, los procesos revolucionarios antiimperialistas, el choque contra las políticas económicas y comerciales de Estados Unidos y Europa, la emergencia de los gobiernos nacionalistas y los proyectos de integración como el ALBA, UNASUR o CELAC de principios del siglo XX no han estado acompañados por movimientos artísticos, culturales, académicos, intelectuales de similar envergadura para enfrentar la fuerza de la imposición del mercado de las culturas oficiales del neoliberalismo, la dominación, el consumismo y la alienación.

Sin embargo, la potencia del discurso y mensaje de los lideres tercermundistas y latinoamericanos como Hugo Chavez, Lula Da Silva, Fidel Castro, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega o Pepe Mujica han dejado y mantienen presente una huella muy fuerte, particularmente los del comandante venezolano, que han plantado la bandera de la Patria Grande, de la Unidad de América Latina y de la reivindicación histórico-cultural de la Guerra de la Independencia con el pensamiento integracionista de Simón Bolivar, José de San Martín, José Maria Morelos, Bernardo de OHiggins y Francisco Morazán.