Este jueves 26 de noviembre autoridades bolivianas viajan a Brasil para comenzar las formales para un nuevo contrato de compra-venta de gas natural, que deberá sustituir al actual (GSA) que termina en 2019. El ministro Luis Alberto Sánchez afirmó que se buscarán precios mayores. La expectativa en Bolivia es máxima.

En ese contexto, el exministro de Hidrocarburos de la primera gestión de Evo Morales, Andrés Solíz Rada (ASR), accedió a una entrevista con El País (EP), en la que resalta puntos claves que debieran marcar la posición boliviana en las negociaciones con Brasil para obtener las mejores condiciones.

(EP). Considerando nuestros bajos niveles de reservas, la historia de incumplimientos de compromisos por parte de Brasil, y la presión del lobby brasileño para hacernos bajar nuestro precio de exportación, ¿realmente conviene a Bolivia renovar ese contrato de exportación de gas a Brasil?

(ASR). Lo ideal es no vender al Brasil y la Argentina ni un metro cúbico de gas natural sin valor agregado. Todas nuestras reservas deberían estar destinadas al consumo interno y la industrialización. Sin embargo, las urgencias económicas del país obligarán a renovar el contrato con Brasil, ojala en las mejores condiciones posibles y por tiempo limitado, estoy pensando en un máximo de diez años.

(EP). ¿Qué condiciones tendría que poner Bolivia a Brasil para acceder a seguirle vendiendo gas después de 2019? Quizás por ejemplo condicionar la exportación de gas a Brasil a que también nos compre energía, plásticos y fertilizantes.

(ASR). En su pregunta está contenida la respuesta. Bolivia no debe vender gas rico, salvo que YPFB sea socia de las termoeléctricas que Brasil tiene en el Mato Grosso.

Es necesario actualizar los compromisos asumidos por Brasil cuando se negociaba la compra de nuestro gas: Polo petroquímico en la frontera, siderurgia en el Mutún, instalación de 46 termoeléctricas, la mitad en de ellas en territorio boliviano y mercado para muestra naciente petroquímica.

En forma previa, Brasil debe explicar el por qué incumplió los compromisos que precedieron al contrato suscrito en 1994 y que comenzó a ejecutarse en 1999. Recordemos que ya en 1994, Brasil se negó a comprarnos termoelectricidad, aduciendo que el gigante sudamericano nos compraba gas rico o nada, pero sin siquiera considerar un aumento de precio por los componentes húmedos del gas.

(EP). Brasil seguramente jugará la carta del Presal para presionar a la baja del precio en un nuevo contrato. ¿Cuán viable es realmente el Presal en las condiciones actuales? Además, el gasoducto Bolivia – Brasil ya está amortizado. ¿Tiene sentido para Brasil gastar en un nuevo gasoducto para llevar el gas desde el Presal hacia sus termoeléctricas y petroquímicas en Mato Grosso?

(ASR). No debemos dejarnos chantajear con argumentos falsos destinados a pagarnos lo menos posible. No es cierto que Brasil ya no necesite el gas boliviano, porque tiene la reserva del Pre Sal. La explotación de esa reserva está in viabilizada por la rebaja en el precio de los hidrocarburos, lo que se prolongará por varios años.

También requiere de nuestro gas para sus termoeléctricas del Mato Grosso y para mantener su enorme influencia geopolítica sobre nuestro país, la que debemos tratar de contener por todos los medios a nuestro alcance.

(EP). Históricamente hablando (y también en la actualidad) ¿cómo calificaría usted el accionar y las actitudes de Petrobras dentro de Bolivia? ¿Qué podemos esperar de la posición brasileña en esta nueva negociación que se avecina?

(ASR). Brasil ha considerado que el gas boliviano de nuestros megacampos es de su propiedad. No olvidemos que el Presidente Fernando Henrique Cardoso viajó al campo de “San Alberto” para la inauguración del gasoducto Santa Cruz – San Pablo.

Petrobrás tiene mucha más información geológica de la zona que el Estado boliviano. Por esta razón no quiso participar de la “capitalización” de YPFB, dispuesta por Sánchez de Lozada. En el 2006, toleró la nacionalización de los hidrocarburos, pero a condición de continuar siendo la operadora de los campos que proveen de gas a San Pablo.

Por todas estas razones, el equipo negociador boliviano debe estar muy bien preparado, a fin de enfrentar la habilidad y la dureza de nuestra contraparte.

(EP). En cuanto a YPFB, se observa a casi 10 años de la nacionalización, una total falta de institucionalización de la empresa estatal, así como una total falta de transparencia en la misma. ¿Debilita esto nuestra posición negociadora? ¿Usted cree que se ha avanzado en mejorar esta situación en los últimos años?

(ASR). Tal vez el mayor acierto de la nacionalización ha sido transformar al YPFB residual de Sánchez de Lozada en un YPFB que participa en la totalidad de la cadena productiva.

Infelizmente, el país está informado sólo de los grandes logros macroeconómicos de YPFB, como el impresionante in cremento de conexiones domiciliarias de gas, que pasaron de 29.000 en 2005 a más de 500.000 en el 2014. No existe argumento neoliberal que empañe esta conquista, ya que su política consistió siempre en abastecer los mercados externos, olvidándose de los bolivianos.

Parte de esos éxitos macroeconómicos son también las plantas separadoras de líquidos y petroquímica de Bulo Bulo. En consecuencia, están dadas las condiciones para retener el gas húmedo que hoy se entrega gratuitamente a la Argentina y casi gratuitamente al Brasil. No es menor el logro de haber abierto mercados para el GLP en Paraguay, Perú y Uruguay.

Sin embargo, estos y otros logros se ven opacados por la falta de información oportuna y actualizada de YPFB a la ciudadanía. Las condiciones están maduras para que, en cumplimiento de normas legales, el parlamento esté presente en la designación del Presidente de YPFB. Esto permitirá una mayor fiscalización parlamentaria sobre la principal empresa estratégica del país.

Es tiempo de que los representantes de los departamentos productores en el directorio de YPFB informen públicamente a sus regiones de lo que ocurre al interior del ente estatal, a fin de no convertirse en cómplices de presuntas irregularidades. Avanzar en la institucionalización de YPFB es, en consecuencia, una de las tareas más importantes que tiene el país.

(EP). ¿En caso de no cobrarse por el gas rico, podría considerarse esto como algún tipo de corrupción?

(ASR). Para denunciar corrupción existe la necesidad de probarla. Por esta razón, ignoro si la cláusula de no incluir el incremento de precio por el gas rico se debió a corrupción, incapacidad o complejo inferioridad frente al poderío geopolítico de Brasil.

Pero tanto más grave que lo anterior es la responsabilidad de quienes manejaron la política del gas en los gobiernos previos a Evo Morales, al no haber instalado plantas separadoras de líquidos antes de vender gas rico a Brasil y Argentina.

En esta materia, el régimen actual es responsable de haber comprometido mayores porcentajes del gas rico al Brasil, lo que ha facilitado la instalación de termoeléctricas en la frontera y ha perjudicado los planes del país al respecto.

(EP). A modo de conclusión ¿cómo deberíamos construir una nueva relación con Petrobrás y otras petroleras, en un contexto donde no hay integración económica real en Latinoamérica? ¿Es posible una verdadera integración energética regional en las condiciones actuales?

(ASR). Considero un gran acierto el que Evo Morales hubiera resuelto instalar en el menor tiempo posible la hidroeléctrica de “Rositas” en Santa Cruz y ojala la del “Bala” en La Paz.

Si Bolivia logra obtener más divisas por la exportación de hidroelectricidad y de sus termoeléctricas habrá dado un salto histórico, no por haber reemplazado el esquema primario exportador que nos estrangula desde la fundación de la República, sino porque esa independencia ya no estará sujeta principalmente a la venta de una materia prima no renovable, como la plata, el estaño o el petróleo, sino de un recurso renovable como el agua.

Este avance no resolverá por si sólo nuestros problemas estructurales, pero logrará que pensemos en nuestro futuro con mayor tranquilidad de lo que ocurre ahora, situación que nos obliga a estar pendientes del agotamiento de nuestra materia prima no renovable de turno, de la que depende nuestra subsistencia.

El Mercosur ha fracasado hasta ahora al no haber incursionado en la gestión conjunta de los recursos estratégicos de la región: Hidrocarburos, minería, Bancos, agricultura y cambio climático. Esta situación se ha agravado aún más por las dificultades internas de Venezuela, Brasil y Argentina, lo que nos obliga adoptar políticas de defensa del país, de austeridad, honradez y patriotismo para encarar el futuro.