Hanoi, Ginebra y La Habana (PL).- Si las mujeres participasen en la economía de la misma manera que los hombres, el PIB anual mundial aumentaría de 28 billones (millones de millones) de dólares, o 26 por ciento, en 2025.

Daño a la salud física, psicológica y social, menoscabo a sus derechos humanos y un riesgo para su vida constituyen consecuencias de la desigualdad, discriminación, violencia de género y pobreza que sufren millones de mujeres en el mundo. Cada vez son más las voces en las agendas globales de desarrollo que se pronuncian contra esos males, a fin de que se reconozcan los derechos, valores y contribuciones socioeconómicas y políticas de las féminas. También, numerosos planes e iniciativas están enfocados a elevar la conciencia pública sobre la necesidad de que estas desarrollen una vida digna, integral y justa.

Pese a los éxitos alcanzados en ese sentido en determinados países, las 12 áreas de especial relevancia en la lucha por la equidad de género identificadas en la Plataforma de Acción de Beijing (1995) siguen siendo retos en muchos Estados, según se reconoció en Hanoi en el Foro “Mujer, Paz y Desarrollo”. Esa cita se celebró en correspondencia con el compromiso del presidente vietnamita, Truong Tan Sang, de destinar los recursos necesarios para reducir la brecha de género en todos los ámbitos, durante su intervención en las Naciones Unidas en septiembre pasado durante la reunión de líderes mundiales sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres.

Auspiciado por la Unión de las Mujeres de Vietnam (UMVN), en ocasión además de los aniversarios 85 de esa organización, 70 de la ONU y la Federación Democrática Internacional de Mujeres, 20 de la Declaración de Beijing y 15 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el referido foro contó con la asistencia de más de 100 delegados de decenas de países. A los participantes de la India, Laos, Cambodia, Cuba, Estados Unidos, Filipinas, China, Malasia, Indonesia, Tailandia, Myanmar, Venezuela y el país anfitrión se unieron agencias de la ONU y otras organizaciones internacionales, así como diplomáticos de varias naciones y altos dirigentes de la anfitriona.

El evento efectuado los días 6 y 7 de octubre en el Centro para la Mujer y el Desarrollo aportó al intercambio de información, iniciativas y mejores prácticas de los movimientos de mujeres, así como a la promoción de la comprensión, solidaridad, amistad y cooperación entre las féminas en el mundo. Sus objetivos fueron comunes a los establecidos en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995): Avanzar hacia las metas de igualdad, desarrollo y paz. Asimismo permitió a los asistentes conocer a Vietnam, su gente y en especial las facetas de la vida del sector femenino.

El programa incluyó una sesión plenaria y dos talleres. La primera revisó la implementación de la citada declaración y la plataforma de acción, las experiencias de los países durante ese proceso y los aspectos del género de la agenda de desarrollo post 2015. Mientras, el taller Mujeres, Paz y Seguridad resaltó los desafíos que en ese último tema enfrentan las mujeres y su papel en la construcción y mantenimiento de la paz y de una cultura que reconozca cuánto contribuyen al desarrollo y también respete sus derechos.

En tanto, el de Mujeres y Desarrollo, analizó las políticas e iniciativas para garantizar una participación igualitaria y eficiente de estas en todos los aspectos de la vida, desde las actividades socioeconómicas hasta las políticas. Los delegados adoptaron una declaración con los compromisos de cooperación y esfuerzos concertados entre las mujeres a nivel nacional, regional e internacional en el camino hacia la igualdad, la paz y el desarrollo. Mientras, la segunda jornada incluyó una visita al Museo de las Mujeres Vietnamitas, donde los participantes pudieron constatar la contribución de las féminas de este país a esos objetivos.

Maternidad y economía, por qué separarlos

Como ocurre con casi todos los actuales problemas que enfrenta hoy la humanidad, algunos encuentran plena comprensión de autoridades políticas, económicas y sociales, otros no, como es el caso de la maternidad de la mujeres trabajadoras. No son pocos los que tienen la percepción de que la maternidad es costosa para las empresas, idea reforzada por la convicción cultural de que los “trabajadores ideales” están disponibles las 24 horas de los siete días de la semana, y que la dedicación de las féminas al empleo disminuye cuando están embarazadas o son madres.

En su informe La maternidad y la paternidad en el trabajo: Legislación y práctica en el mundo, del Servicio de Género, Igualdad y Diversidad de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se indica que alrededor de 830 millones de mujeres en el mundo no se benefician de protección adecuada en su período de gestación. Casi el 80 por ciento de esas trabajadoras se encuentran en África y Asia y de manera oficial Estados Unidos, Papua Nueva Guinea y Omán son los tres países que no contemplan autorizaciones pagadas, aunque en el caso del primero sí existen en los estados de Nueva York, California y Hawai.

“Si bien los resultados sugieren que muchos países han incorporado en su legislación los principios de protección de la maternidad y de apoyo a los trabajadores con responsabilidades familiares, en la práctica la falta de protección sigue siendo uno de los mayores desafíos”, remarcó el informe.

En relación a la salud y seguridad, apuntó el material, 111 de 160 países disponen de una legislación sobre el trabajo peligroso o insalubre que afecta a las mujeres embarazadas o lactantes, y 78 establecen prohibiciones explícitas contra este tipo de tarea. Sin embargo, pese a los progresos generales, la discriminación de la maternidad persiste en todas las naciones. La mayoría de las féminas, no tienen una protección adecuada en términos de licencia y seguridad del ingreso al momento del parto.

El estudio examina la legislación y la práctica a nivel nacional en materia de maternidad y paternidad en el trabajo en 185 países y territorios incluyendo licencias, prestaciones, protección del empleo, protección de la salud, disposiciones relativas a la lactancia en el trabajo y el cuidado de los hijos. De esas naciones unas 66 ratificaron al menos uno de los tres convenios sobre protección de la maternidad de la OIT, mientras 98 cumplen la norma que establece una licencia de maternidad de al menos 14 semanas.

Tal es la atención que los organismos de las Naciones Unidas prestan a este tema que la indagatoria reveló otros importantes y preocupantes datos: De las 185 naciones estudiadas, 107 financian las prestaciones pecuniarias de la licencia de maternidad mediante la seguridad social. Se detectó que entre 1994 y 2013, el financiamiento de esas retribuciones a las mujeres durante y después del embarazo a través del empleador disminuyeron de 33 a 25 por ciento.

Otros 74 países ofrecen beneficios monetarios que corresponden a al menos dos terceras partes de los ingresos hasta 14 semanas, un incremento general de tres por ciento desde el último estudio de la OIT, en 2010. Sobresale en el reporte final del estudio que 79 países disponen del derecho legal a la licencia de paternidad. En 70 de ellos dicho permiso es remunerado, lo que pone de manifiesto la tendencia de una mayor participación de los padres en el nacimiento de un hijo.

En 1994, la licencia de paternidad existía en 40 de los 141 países de los cuales se disponía de altos. Sobre esa base la investigación de la OIT resume que la protección de la maternidad todavía es percibida como una carga económica, en particular, para las pequeñas y medianas empresas (PYME).

Una nueva encuesta de la OIT dirigida por el Departamento de Condiciones de Trabajo e Igualdad y el Departamento de Empresas y llevada a cabo con la Middlesex University del Reino Unido, sugiere que esa protección es asequible y trae beneficios para la sociedad en general. Por ejemplo, ayuda a conciliar la vida familiar y laboral, por lo que es más probable que esos empleados permanezcan en la misma empresa y eviten gastos de contratación de nuevo personal. También disminuye el ausentismo, dice el estudio.

“Es por este motivo que consideramos que la protección de la maternidad es más una inversión que un costo, no sólo para los empleadores, no sólo para los trabajadores, no sólo para el gobierno, sino para todo el país”, afirmó Guebray Berhane, funcionario de la OIT en su sede regional en Africa.

En relación con esta problemática en las PYME se torna más significativo porque las mujeres constituyen una gran proporción de sus empleados, sobre todo en el sector de los servicios. Pero para que la maternidad y la paternidad se conviertan en un hecho normal en la vida de las empresas se necesitan nuevas y concretas políticas que tomen en cuenta las características y necesidades específicas de cada entidad.

En particular, estas disposiciones deberían incluir leyes y estrategias nacionales dirigidas a la protección de la maternidad y conciliar la vida laboral y familiar con un costo mínimo, o ninguno, para los empleadores, junto a medidas de apoyo específicas.

Comentarios del responsable del servicio de género, igualdad y diversidad de la OIT, Shauna Olney, resaltan que en primer lugar, es fundamental que la licencia por maternidad sea financiada por el seguro social obligatorio o con fondos públicos. No obstante, eso no significa que no representan costo alguno para las empresas, pues el apoyo financiero y otros incentivos podrían ser particularmente útiles para las pequeñas empresas.

El estudio de la OIT muestra que algunas medidas de protección a la trabajadora embarazada y posparto pueden ser implementadas con un pequeño gasto o ninguno. Por ejemplo, la ayuda al amamantamiento en el lugar de trabajo es una medida que genera ventajas para todas las partes, empleadores y empleados, máxime en países donde la licencia por maternidad es corta y escasean las soluciones gubernamentales o privadas para facilitar guarderías infantiles.

En resumen, son necesarias más y mejores soluciones para ampliar y proteger la maternidad en las PYME, en particular en las naciones en desarrollo donde esas entidades operan en la economía informal y la mayoría de las mujeres no tiene ningún amparo a su maternidad. Sin embargo, las prestaciones antes y después de la gestación también están siendo restringidas en los países de altos ingresos. Ello se debe al número cada vez mayor de trabajadoras con contratos de trabajo a tiempo parcial, ocasional o temporal, quienes tienen menos probabilidades de disfrutar del derecho de protección a la maternidad.

A esa situación se suman las evidencias cada vez más numerosas de discriminación relacionada con el embarazo y la maternidad, sobre todo en momentos en que muchas empresas tienen dificultades para seguir adelante en tiempos de recesión económica.

Las mujeres pueden elevar el PIB mundial

Si las mujeres participasen en la economía de la misma manera que los hombres, el PIB anual mundial aumentaría de 28 billones (millones de millones) de dólares, o 26 por ciento, en 2025. Así ve el futuro la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De acuerdo con la jefa del servicio de género, igualdad y diversidad de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Shauna Olney, las personas deberían escuchar estas cifras extraordinarias, aun aquellas en las que el dinero tiene la última palabra y define su paso por el mundo.

En su opinión, a pesar de los progresos en ámbitos como la educación y la mortalidad materna, el mundo no ha logrado equiparar los empleos, los salarios y las condiciones de trabajo de las mujeres con los de los hombres.

A nivel mundial, la tasa de participación de las féminas en la fuerza de trabajo es de 50 por ciento, frente a 77 por ciento para los hombres, por lo que no es suficiente que un número mayor de ellas entren en el mercado laboral si no se alcanza la primordial calidad de los empleos.

En general, las mujeres ganan como promedio 77 por ciento de lo que ganan los hombres, por lo que la OIT señala que al ritmo actual, sin una acción dirigida, la igualdad salarial entre ambos sexos no será alcanzada antes de 2086, es decir, dentro de al menos 71 años. Además, sostiene que al parecer la diferencia de remuneración no ajustada relacionada con la maternidad tiende a ser mayor en los países en desarrollo que en los países desarrollados.

Con esos antecedentes Olney destacó 193 países incluyeron la igualdad de género como elemento central en la recién adoptada Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Sobre el tema significó que los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) comprenden metas sensibles al género y, en particular, el Objetivo 5 plantea “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, lo cual sigue siendo una prioridad independiente.

La funcionaria recordó que si bien el 51 por ciento de los Estados miembros de la OIT otorgan al menos 14 semanas de licencia por maternidad, millones de mujeres aún no se benefician del derecho fundamental de una protección adecuada de la gestación. Al respecto, advirtió que son necesarias políticas ambiciosas que logren transformar las normas y las relaciones de género en la sociedad y en el trabajo y, que por lo tanto, valoren las desigualdades estructurales.

Los convenios en materia de igualdad de la OIT, que abordan la discriminación, la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, la protección de la maternidad y las medidas de conciliación trabajo-familia, incluyendo el acceso al permiso parental así como a servicios sociales de cuidado de calidad y asequibles para los familiares dependientes, proporcionan la hoja de ruta para la acción, subrayó la especialista.

VERDADES A TENER EN CUENTA

No son pocas las féminas expuestas a la violencia en el trabajo, mal social que incide en su capacidad de acceder a un empleo y de mantenerlo, lo cual afecta su productividad. A ello se suman que están subrepresentadas en las posiciones de toma de decisiones y, si bien dirigen más del 30 por ciento de todas las empresas a nivel mundial, tienden a estar concentradas en micro y pequeñas empresas, y ocupan sólo 19 por ciento de los puestos de los consejos directivos de las grandes compañías.

En todo el planeta, de acuerdo con las estadísticas de la OIT sólo el cinco por ciento de los directores ejecutivos de las principales empresas del mundo pertenecen al sexo femenino, realidad que indica lo mucho por hacer en materia de igualdad de género. De ahí que muchas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil rechazan justificar tales discriminaciones y otras violaciones de los derechos femeninos con las tradiciones culturales y las condiciones económicas.

Varios son los países que aprovechan el potencial social y económico que representa para la sociedad la igualdad de género y han adoptado, por ejemplo, medidas para hacerlas valer durante y posterior al embarazo de una trabajadora. En Chile, después de una campaña para promover la presencia de los padres en el nacimiento de un hijo, la proporción de mujeres que notificó la presencia de un compañero de parto, casi siempre el padre, aumentó de 20,5 por ciento en 2001 a 71 por ciento en 2008.

Francia tiene aprobado que la pareja de una mujer embarazada disfruta de un permiso para ausentarse del trabajo para asistir a tres exámenes médicos. Paraguay extendió el permiso de paternidad de tres a 15 días, mientras en Etiopía, el programa red de seguridad productiva comprende la concesión de tiempo libre durante el embarazo y la lactancia, guarderías en el lugar de trabajo y horarios flexibles de trabajo de manera que los padres puedan conciliar el trabajo remunerado y el cuidado de los hijos.

Cuba, en aras de cumplimentar con la responsabilidad compartida, una vez concluida la licencia posnatal y la etapa de lactancia materna, la madre y el padre pueden decidir cuál de ellos cuidará al hijo o hija, la forma en que se distribuirán dicho encargo social hasta el primer año de vida, y quién devengará la prestación establecida.

En la aplicación de todas estas políticas y derechos conquistados la OIT tiene una decisiva participación e influencia, en tanto promueve empleos decentes para las mujeres de las presentes y venideras generaciones. Como ente decisivo en la materialización de los ODS hasta el 2030, el director general de la OIT, Guy Ryder, ha comentado que para la entidad que dirige es una cuestión de derechos, de lo que es justo para ellas y necesario para el desarrollo sostenible, por lo que afirmó “llegó el momento de pasar a la acción e invertir en las mujeres”.

* Rodríguez César es periodista de la redacción de Economía de Prensa Latina y Vives Romero, corresponsal Jefa de Prensa Latina en Vietnam.