El gobierno del MAS se presta 7.500 millones de dólares para financiar un proyecto ferroviario transoceánico. Los beneficiados serán poderosas empresas brasileras y la compañía venezolana que controla las redes ferroviarias Oriental y Occidental. Los bolivianos cargarán por muchos años el peso de este millonario crédito chino.

El gobierno oficialmente ha anunciado que acaba de firmarse con el gobierno chino un crédito de 7.500 millones de dólares y también anticipa que está en camino otro de la misma procedencia de 10.000 millones. Ha hecho saber que gran parte de esos cuantiosos recursos se invertirá en la construcción de una red ferroviaria que unirá la Oriental con la Occidental, en la perspectiva de crear una red interoceánica que una el Atlántico con el Pacífico. Los más entusiastas dicen que se trataría, más o menos, de la reedición del Canal de Panamá ferroviario por Sud América. También informa que se construirán caminos en diferentes puntos del país, todos orientados a articularse con el megaproyecto ferroviario.

El objetivo es muy claro, facilitar el comercio de poderosas empresas del Brasil, Uruguay y Paraguay con el coloso asiático. Bolivia se limitaría a ser un país de tránsito porque, además de su limitada producción de minerales, no tiene nada que exportar al mercado chino. Según los analistas, ahora que la economía china está viviendo un proceso de depresión, el gran comercio con aquel país tendría porvenir en el rubro de la alimentación, pero en Bolivia no producimos lo suficiente ni siquiera para cubrir las necesidades del mercado interno. Este megaproyecto ferroviario parece que sustituye definitivamente a la controvertida construcción de la carretera por medio del TIPNIS que tantos problemas le han traído al gobierno con los habitantes de ese parque protegido y con los ambientalistas.

Inmediatamente han salido a la palestra los economistas críticos al gobierno denunciado que semejante endeudamiento, en momentos críticos para el país a raíz de los efectos de la crisis mundial, es peligroso en extremo porque, con la poca producción que se tiene y con los precios de los hidrocarburos y de los minerales en permanente caída, no podrán generarse los recursos suficientes para pagar la deuda; por otra parte, también han denunciado que el crédito viene casado con la condición de adjudicar a empresas chinas la ejecución de los proyectos ferroviarios y carreteros. O sea, los chinos tendrán ganancias por doble partida, los cuantiosos recursos que recibirán por concepto de intereses y las utilidades que generará los contratos que firmen las empresas para la construcción de las ferrovías y carreteras, amén de que invadirán el país con técnicos y mano de obra china.

Recién ahora algunos sectores de la prensa nacional dan atención al hecho de que tanto la Red Oriental como la Red Andina de ferrocarriles tienen como socio mayoritario a un venezolano llamado Carlos Gil. Este poderoso empresario que se ha movido sigilosamente a la sombre del gobierno del MAS también se ha convertido en dueño de influyentes medios de comunicación bolivianos que de manera indisimulada adquieren una orientación oficialista para facilitar la monstruosa campaña publicitaria y electoral del gobierno de Evo Morales. Este empresario, además, ha nombrado al ex embajador venezolano en Bolivia Julio Montes como vicepresidente de la empresa ferroviaria más grande del país.

Se dice que Montes, entre el 2006 y el 2008, fue el diplomático más influyente que actuó como directo colaborador del gobierno de Evo Morales porque él habría sido el artífice que ayudó a consolidar a este gobierno derrotando a su oposición de la Media Luna y habría logrado también consolidar el control sobre las Fuerzas Armadas en cuyo seno habían tendencias fuertes contra el gobierno del MAS. Despareció del escenario a partir del 2009 y ahora reaparece ya no como diplomático sino como gran empresario.

Esta historia donde los actores empresariales y políticos se encuentran estrechamente vinculados, moviéndose sigilosamente a la sombra del poder, donde los diplomáticos y los empresarios extranjeros, esta vez de origen venezolano, tienen carta blanca para participar incluso en los actos de represión política y en las organizaciones obreras, parece no sólo la historia secreta de los espías al estilo de James Bond sino de la acción de verdaderas organizaciones del hampa. De este modo, Evo Morales y su entorno no tienen el menor escrúpulo en rodearse de aventureros y hampones como Soros y Gil.

De lejos se puede percibir que el millonario crédito chino y el megaproyecto ferroviario no sólo beneficiarán a las empresas brasileras sino también a los socios políticos y empresariales del gobierno de Evo Morales. Ellos sacarán la parte del león en este negocio y los bolivianos, en angustiosos años de miseria, cargarán con el peso del crédito. De esta manera, igual que Goni Sánchez y Paz Zamora, Evo Morales es sirviente de las transnacionales y entrega a manos llenas los recursos del país a sus “socios” chupasangres.

* El autor es secretario general del Partido Obrero Revolucionario (POR).