Francisco Maria Voltaire, uno de los más eminentes y talvez el más iluminado pensador francés decía: “no condivido tu opinión, pero daría mi vida para que tú la puedas expresar”. Este debería de ser el fundamento principal para la tolerancia y el respeto recíproco entre los pueblos de distinta cultura y diferente fe. Al contrario, en nombre de Cristo o de Alá, se han cometido durante el transcurso de muchos siglos, delitos, masacres, guerras y asesinatos.

Los Cruzados, al grito de «Dios así lo quiere» y convencidos de cumplir con el deseo divino, liberaron al Santo Sepulcro, cometiendo abusos, violencias, estupros y robos contra los que consideraban paganos, es decir de una civilización inferior. El integralismo islámico ve los Cristianos y el Occidente únicamente como una “raza de infieles” de aniquilar con cualquier medio. Bastaría poco para poder vivir en paz y tranquilidad. Se trataría de ver en la persona no su fe o su religión o su cultura, no al Judío, al Cristiano o al Musulmán, sino ver a un ser humano que creee en un Ser Supremo, pero sufre, goza y ama exactamente como todos los seres humanos, solamente ahora se podría iniciar a construír un mundo mejor.

Vienen definidos “mártires” a los kamikazes que se hacen explotar, masacrando niños, mujeres y en general personas inocentes, yo usaría la palabra “mártir” con la debida propiedad: llamaría “mártir” a Martin Luther King, apóstol de la no violencia, que fue asesinado porque creía en un sueño: la igualdad, la solidariedad y el respeto para cada ser humano, de cualquier color y de cualquier religión fuese. Llamaría “mártir” a Gandhi que, con la única arma del diálogo y de la razón, combatió contra la discriminación y la arrogancia del poder a daño de los oprimidos y de los más pobres.

He hecho solo dos ejemplos, pero los verdaderos “mártires” son muchos. Los verdaderos hombres son los que aplican cada día de su existencia los principios de la verdadera tolerancia contro cualquier fanatismo.