La Habana y Naciones Unidas (PL).- Representantes de compañías de transporte marítimo, del sector agrícola, de aerolíneas y múltiples entidades de Estados Unidos constataron que sus potenciales negocios con Cuba están seriamente limitados por el bloqueo contra la isla. Según fuentes oficiales cubanas, este cerco unilateral impuesto hace más de medio siglo, costó a la mayor de las Antillas más de 833 mil 755 millones de dólares, además de daños humanos incalculables.

Como las cálidas aguas de la corriente del Golfo de México y la brisa suave que llega del norte, arriban a esta capital cada vez más estadounidenses, generalmente asombrados de su encuentro con la verdadera Cuba. Sin ser todavía lo que puede ser, los pasos dados desde el pasado 17 de diciembre, a raíz de comparecencias públicas de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, han renovado el interés en ambos pueblos por echar a andar un proceso que nadie espera sencillo y rápido, el de la normalización total.

El 3 de enero de 1961 -año en que nació Obama- Estados Unidos rompió unilateralmente sus relaciones con Cuba y, a partir de entonces, Washington comenzó a presionar a los demás países de la región para que hicieran lo mismo. Con la honrosa excepción de México, los gobiernos del Hemisferio siguieron ese camino y Cuba fue excluida, en 1962, de la Organización de Estados Americanos, pero hace varios años los países latinoamericanos restablecieron sus plenas relaciones diplomáticas y amistosas con La Habana.

Encarar poco a poco la solución del histórico diferendo bilateral, puede llevar tiempo porque sus orígenes se remontan a la época colonial; quizás más fácil sea franquear la cortina de humo tendida sobre el archipiélago cubano, en las últimas décadas, con el fin de ocultarlo prácticamente del mapa americano. La novedad resultó bien recibida por el pueblo cubano, la amplia mayoría de los ciudadanos estadounidenses y la emigración cubana.

Decenas de norteamericanos, como se les dice aquí, están aprovechando la aún limitada lista de las categorías de ciudadanos autorizada por las actuales autoridades, que ahora pueden visitar este país, derecho prohibido a cal y canto durante medio siglo. Los yanquis o gringos, llamados así, en el pasado, todo lo desean ver y conocer; algunos se admiran de no observar soldados patrullando las calles y de la fraternidad de la gente que esperaban fuera hostil.

Del lado de acá existe la buena voluntad de establecer una relación civilizada, aunque persista la desconfianza a nivel de calle respecto a la sinceridad del poderoso vecino, autor de agresiones incalificables y de un bloqueo económico (de Kennedy a Obama), repudiado por la comunidad mundial.

La mayor parte de los cubanos nacieron bajo las penurias del cerco económico, impuesto en 1962, el cual fue recrudecido en la década del 90 por la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton.

Tan cerca geográficamente y, a la vez, muy lejos en la práctica de sus relaciones, Cuba y Estados Unidos han permanecido distanciados medio siglo por la aplicación de una política estadounidense que el presidente Obama calificó de enfoque anticuado, y anunció su disposición a cambios significativos.

En lo que a Cuba respecta, el presidente Raúl Castro reiteró ante la Asamblea Nacional la disposición para sostener un diálogo respetuoso, en igualdad y sin comprometer la independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional.

“Si realmente deseamos avanzar en las relaciones bilaterales -dijo-, tendremos que aprender a respetar mutuamente nuestras diferencias y acostumbrarnos a convivir pacíficamente con ellas”.

DOLOROSAS HERIDAS EN LAS ALMAS CUBANAS

Las distintas administraciones de Estados Unidos, desde el gobierno republicano del general Dwight D. Eisenhower, auspiciaron o toleraron las agresiones de todo tipo contra el pueblo de Cuba y su Revolución. Eisenhower reveló en sus memorias (Mis años en la Casa Blanca) haber ordenado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el 17 de marzo de 1960, comenzar a organizar el entrenamiento de cubanos contrarrevolucionarios, principalmente en Guatemala.

La CIA inició en abril de 1961 la ejecución del denominado Plan Pluto, destinado -en primer lugar- a crear una cabeza de playa en suelo cubano, luego de meses de preparación. El plan de la administración Eisenhower fue asumido y realizado por el sucesor demócrata, John F. Kennedy.

El 25 de abril de 1961 la Casa Blanca reconoció su responsabilidad en la invasión por Bahía de Cochinos, en un comunicado: “El Presidente Kennedy, desde un principio, ha manifestado que asume plena responsabilidad por los hechos de estos últimos días”.

La brigada 2506, de mil 550 hombres reclutados por la CIA, fue entrenada en Retalhuleu, Guatemala, y sus integrantes partieron de Puerto Cabeza, Nicaragua, mientras que la fuerza aérea dispuso de la base estadounidense de Oppalocka, en la Florida.

Fueron derrotados en tres días (17-19 de abril); quedaron destruidos 12 aviones, dos buques de transporte y tres barcazas; otro buque y tres barcazas resultaron averiados; también les ocuparon técnica y armamento de diferente tipo.

Las bajas de los agresores fueron más de 200 muertos y mil 197 prisioneros; entre los combatientes de las fuerzas revolucionarias y la población civil hubo 176 muertos y más de 300 heridos, de los cuales 50 quedaron incapacitados de por vida.

Las acciones terroristas (de 1959 a 1999) causaron la muerte de tres mil 478 personas y quebrantaron ilícitamente la integridad física de más de dos mil.

Algunos de estos sucesos conmovieron en extremo al pueblo cubano; por la magnitud del crimen citamos dos: el sabotaje al buque francés La Coubre (4 de marzo de 1960), preparado por la CIA en el extranjero, y el estallido en pleno vuelo de un avión civil de pasajeros de Cubana de Aviación (octubre de 1976).

El primero de los hechos provocó dos terribles explosiones en el puerto habanero con saldo de 101 muertos, entre ellos seis marinos franceses, y centenares de heridos.

En el segundo murieron sus 73 pasajeros y tripulantes (57 cubanos, 11 jóvenes guyaneses y cinco ciudadanos coreanos), debido a un atentado terrorista, organizado por los contrarrevolucionarios Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles, protegidos por Estados Unidos.

La nave DC-8, con matrícula CUT-1201, acababa de despegar del aeropuerto de la isla de Barbados rumbo a Cuba.

Se enlutó el deporte nacional al perecer allí los 24 integrantes del equipo juvenil cubano de esgrima, ganadores de todas las medallas de oro del reciente campeonato centroamericano.

LA CULPA DE LA FRUTA QUE NO CAYÓ

No es un secreto que, en el siglo XIX, cualquier expresión de las repúblicas hispanoamericanas favorable a la libertad e independencia de Cuba tuvo la oposición estadounidense, ni tampoco como Norteamérica coqueteaba con elementos anexionistas cubanos.

La vieja aspiración de Thomas Jefferson (1743-1826), el tercer presidente estadounidense (1801-1809), de apoderarse de Cuba tuvo su expresión a lo largo de la centuria, pero la rivalidad anglo-norteamericana permitió a España conservar su dominio hasta que Londres aseguró a EE:UU. que no se opondría a sus ambiciones respecto al enclave antillano.

Hubo varios intentos de compra de Cuba, o sea, adquirirla por dinero, y de advertencias sutiles a Madrid de que Washington continuaba respetando la soberanía española, pero en ningún caso toleraría el traspaso del Archipiélago Cubano a otro país.

El fatalismo geográfico era para Cuba su único destino, según John Quincy Adams (1767-1848), el político estadounidense que expuso su Teoría de la fruta madura con respecto a Cuba y elaboró la Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”.

Fue Secretario de Estado (1817-1825) y el sexto presidente de Estados Unidos (1825-1829). Antes había sido senador y posterior a su mandato ocupó una banca en la Cámara de Representantes (1831-1848).

“… hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sí sola…”

“…tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente…, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno”, advirtió Quincy Adams en 1823 a su ministro en Madrid Hugh Nelson.

A tenor con estas ideas Washington declaró una guerra relámpago a España en 1898, sin permiso de los cubanos para intervenir en la tercera de sus guerras independentistas; y cobró como botín las últimas posesiones del imperio colonial hispano.

A Cuba impuso tres años de ocupación militar y, mediante la Enmienda Platt, una ley del congreso estadounidense, nació la neocolonia sometida a posteriores intervenciones y con una base naval (la de Guantánamo), todavía en su territorio.

El primero de enero de 1959, con el triunfo de la Revolución, fue archivada en la historia la neocolonia e iniciada la transformación económica y social del país.

Fin del bloqueo contra Cuba, reclamo desde los cinco continentes

El debate de alto nivel de la Asamblea General de la ONU reiteró este año el rechazo mundial al bloqueo estadounidense contra Cuba, a pocas semanas de la nueva votación en ese foro de una resolución que reclama su levantamiento.

Entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, 47 jefes de Estado, de Gobierno y otros altos funcionarios de los cinco continentes defendieron en el debate general el fin del cerco económico, comercial y financiero vigente por más de medio siglo.

Nuevamente el tema estuvo entre los más tratados por la comunidad internacional en la Asamblea, en un planeta marcado por conflictos, crisis y desafíos como el cambio climático, la búsqueda de la paz y el desarrollo sostenible.

En voz de muchos mandatarios se escucharon respecto al bloqueo calificativos de anacronismo, injusticia, obstáculo al desarrollo, medida coercitiva unilateral, acto sin sentido y asfixia para el pueblo cubano.

Los llamados a detener las sanciones contra la isla tuvieron lugar a menos de un mes de la presentación ante la Asamblea General de Naciones Unidas de la iniciativa que pide a Washington detener el castigo, prevista para el 27 de octubre.

Se trata de un texto similar al que desde 1992 recibe el respaldo mayoritario del mundo, con 188 de las 193 naciones miembros de la ONU dándole su apoyo en los últimos dos años, con el aislado rechazo de Estados Unidos e Israel.

Desde la primera intervención en la plenaria del principal órgano deliberativo de la ONU, realizada por la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, hasta los discursos finales, el sábado 3 de octubre de 2015, líderes de los cinco continentes pidieron el levantamiento del bloqueo impuesto oficialmente en febrero de 1962 por el entonces presidente norteamericano John F Kennedy.

Nuestra región, donde reina la paz y la democracia se alegra del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y con esta acción se pone fin a una política que proviene de la guerra fría que debe culminar con el fin del bloqueo a Cuba, afirmó Rousseff.

Por su parte, el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, advirtió que “hay mucho más por hacer para desencadenar al pueblo cubano de las cadenas de un bloqueo injusto, ilegal y claramente anticuado”.

También los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; Ecuador, Rafael Correa; Panamá, Juan Carlos Varela; Serbia, Tomislav Nikolic; Mozambique, Jacinto Nyusi; México, Enrique Peña Nieto; Gabón, Ali Bongo Ondimba; Bolivia, Evo Morales; Uruguay, Tabaré Vázquez; y Namibia, Hage Geingob, entre otros, demandaron el fin del cerco.

A su turno en el podio, la ministra de Estado de Níger, Aichatou Boulama Kané, instó a aprovechar el aniversario 70 de Naciones Unidas para levantar el bloqueo, mientras que el jefe de Estado sudafricano, Jacob Zuma, alertó que la medida estadounidense limita la libertad económica de los habitantes de la mayor de las Antillas.

Para el líder de Ghana, John Dramani Mahama, el cerco que sufre Cuba constituye una “reliquia de la Guerra Fría” que debe eliminarse.

Angola, Vietnam, Vanuatu, Laos, Trinidad y Tobago, Guinea Ecuatorial, Benín, Timor Leste, Antigua y Barbuda, Lesoto, Cambodia, Islas Salomón, Barbados, Burkina Faso, Siria, Belice, Jamaica, Sao Tomé y Príncipe, Congo, Granada, Tuvalu, Santa Lucía, Perú, Guinea Bissau, Guatemala, Suriname, El Salvador y Dominica se sumaron en la Asamblea al reclamo.

El propio presidente estadounidense, Barack Obama, reconoció que el bloqueo establecido por la Casa Blanca no tiene cabida, e instó nuevamente al Congreso norteamericano a ponerle fin.

Con la entrada en vigor, en 1996, de la Ley Helms Burton, el entramado de sanciones contra la isla se convirtió en ley, por lo que corresponde al Capitolio su total levantamiento.

CUBA DENUNCIA

Al intervenir en el segmento de alto nivel de la Asamblea General, el jefe de Estado y de Gobierno de Cuba, Raúl Castro, denunció la vigencia del bloqueo y la necesidad del cese de las injustas y unilaterales sanciones.

Asimismo, ratificó que La Habana continuará promoviendo en la ONU la votación de la resolución que desde 1992 reclama el fin del cerco. “Mientras persista, continuaremos presentando el proyecto de resolución titulado Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba”, subrayó.

La nueva votación genera particulares expectativas, sobre todo por la posición que adoptará Washington, luego de que Obama pidiera varias veces al Congreso la eliminación del bloqueo.

Según el informe de Cuba a propósito del castigo de Washington, considerando la depreciación del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, el impacto económico del mismo asciende a 833 mil 755 millones de dólares.

Respecto a los daños humanos, la isla considera que resulta imposible cuantificar las afectaciones de una política que impide el acceso a medicamentos, equipos, piezas de repuesto y tecnologías para salvar la vida de niños, ancianos, mujeres y hombres.

El debate general de la Asamblea también ratificó la aprobación de la comunidad internacional al acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Alrededor de 65 gobiernos celebraron el restablecimiento de vínculos diplomáticos y la reapertura de embajadas, materializados por La Habana y Washington el pasado 20 de julio.

Abundaron las felicitaciones a los presidentes Obama y Raúl Castro por los pasos dados y los reconocimientos al nuevo escenario bilateral como un ejemplo del valor del diálogo para resolver diferencias.

“Hay que dar la bienvenida a algunos hechos diplomáticos recientes que proporcionan destellos de esperanza en las relaciones internacionales. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba es, sin dudas, un gran avance histórico”, afirmó el presidente haitiano, Michel Martelly.

También la mandataria de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, calificó de importante acontecimiento que ambos países decidieran resolver sus diferencias con la reanudación de vínculos. “Claro que hay motivos para la esperanza. El acuerdo nuclear con Irán y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba demuestran que situaciones enquistadas durante demasiado tiempo son susceptibles de solución dada la buena voluntad de las partes y España se felicita por ello”, dijo el canciller español, José Manuel García Margallo.

A propósito del acercamiento, el líder cubano Raúl Castro subrayó que tiene lugar tras 56 años de heroica y abnegada resistencia del pueblo de la isla. “Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones, que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero; se devuelva a Cuba el territorio ocupado ilegalmente por la

Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra la isla, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre”, sentenció.

Un bumerán para los intereses de EE.UU.

Representantes de compañías de transporte marítimo, del sector agrícola, de aerolíneas y múltiples entidades de Estados Unidos constataron en las últimas semanas que sus potenciales negocios con Cuba están seriamente limitados por el bloqueo contra la isla.

Según fuentes oficiales cubanas, este cerco unilateral impuesto hace más de medio siglo, costó a la mayor de las Antillas más de 833 mil 755 millones de dólares, además de daños humanos incalculables.

Sin embargo, ocasiona además serias afectaciones a los intereses económico-comerciales de Estados Unidos, e incluso a sus propios ciudadanos, cuyos derechos son violados al prohibírseles viajar a la isla y disponer de bienes y servicios producidos por entidades cubanas.

Cuando los enviados de las empresas estadounidenses que pretenden comerciar con Cuba estudian a fondo el tema o reciben explicaciones en el terreno, se percatan de que para hacer realidad sus expectativas hay muchos obstáculos que derribar.

El Gobierno de Estados Unidos otorgó en mayo pasado 15 licencias específicas a compañías de servicios de ferrys a la isla, pero estas no se han concretado, pues las disposiciones del bloqueo dificultan sus operaciones.

Especialistas cubanos aseguran que, de más de mil cruceros turísticos que se podrían recibir al año, solo entraron a puerto cubano 181, debido a que se necesitan licencias específicas del Departamento del Tesoro norteamericano.

A esto se agrega que quienes vienen en esas embarcaciones tienen que clasificar en las 12 categorías aprobadas en enero pasado por la Casa Blanca para llegar a la nación caribeña, pues el turismo sigue prohibido. Además, la proscripción de este tipo de actividad durante muchos años provocó que no existan en la isla las infraestructuras imprescindibles.

En este contexto, la visita que realizó el 6 y 7 de octubre a Cuba la secretaria de Comercio estadounidense, Penny Pritzker, mostró una vez más el desconocimiento en la nación norteña sobre esta realidad que golpea a la isla, pero que también daña a la contraparte norteamericana.

La alta funcionaria reconoció que en Estados Unidos hay ignorancia sobre las regulaciones del Gobierno de Washington y las leyes cubanas. Tenemos que trabajar para construir una nueva relación, en consonancia con la decisión anunciada el 17 de diciembre de 2014 por el presidente cubano, Raúl Castro, y su homólogo, Barack Obama, y en ese sentido fue fructífero el diálogo con las autoridades de la isla, destacó Pritzker.

La delegación que la acompañó estuvo integrada por expertos de los departamentos de Estado, Comercio y del Tesoro, quienes aportaron experiencias a sus homólogos locales y a la vez aprendieron de la realidad cubana y de su sistema sociopolítico.

Pritzker participó en un encuentro en el que la parte norteamericana explicó el alcance y las limitaciones -sobre todo estas últimas- de las regulaciones emitidas el 18 de septiembre pasado por el Gobierno norteamericano, para modificar aspectos puntuales de la aplicación del bloqueo.

Como parte de las amplias facultades ejecutivas que tiene el presidente Barack Obama para eliminar estas sanciones -y que no ha usado a fondo- los departamentos del Tesoro y de Comercio emitieron en esa fecha revisiones adicionales a los Reglamentos de Control de Activos Cubanos y los de Administración de Exportaciones.

Las medidas, que entraron en vigor el 21 de septiembre, mantienen intocables aspectos esenciales del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, considerado por las autoridades de la isla como el principal obstáculo hacia la normalización de los nexos bilaterales.

Quizás el único aspecto que avanzó realmente en este grupo de decisiones es el de las remesas, pues ahora se anulan los límites de estos envíos a Cuba.

En cuanto al comercio no aportan nada nuevo, pues sigue sin autorizarse la concesión de créditos y hasta la fecha la parte cubana tiene que pagar en efectivo y por adelantado lo que compra en Estados Unidos.

En resumen, las nuevas provisiones que la Secretaria de Comercio vino a explicar a la parte cubana, no abren ningún aspecto significativo en los vínculos bilaterales, aunque, a juicio de expertos, eso no quita el valor de su visita.

Esta funcionaria de alto nivel se convirtió en la segunda integrante del gabinete de Obama que llega a la isla en más de 50 años, después de que estuvo aquí el secretario de Estado, John Kerry, en la apertura oficial de la embajada el 14 de agosto pasado.

Por otra parte, el daño que causa el bloqueo a los intereses estadounidenses también fue constatado en semanas recientes por políticos, expertos y otras figuras de la sociedad de la nación norteña.

Uno de los ejemplos en este sentido fue el gobernador de Arkansas, Asa Huchinton, que estuvo aquí del 26 al 30 de septiembre, al frente de una amplia delegación de funcionarios estaduales y representantes de casi una veintena de compañías del sector agrícola, la industria farmacéutica y los fertilizantes.

El político republicano expresó su convicción de que el próximo paso hacia la normalización de las relaciones entre ambos países lo debe dar el Congreso: levantar las sanciones unilaterales contra la mayor de las Antillas.

En declaraciones exclusivas a Prensa Latina, destacó que resulta vital que los miembros del Capitolio eliminen las prohibiciones que impiden a la isla caribeña obtener créditos para adquirir alimentos, interés especial de los productores de su estado.

De acuerdo con fuentes de Estados Unidos, las ventas agrícolas a Cuba alcanzaron 658 millones de dólares en 2013, pero cayeron a poco menos de 300 millones en 2014 y según estimados oficiales el intercambio pudiera alcanzar los mil 700 millones de dólares cuando no existan las restricciones vigentes.

De acuerdo con cálculos de medios de prensa especializados, en el Capitolio se presentaron cerca de 40 proyectos de leyes en meses recientes, algunas de las cuales tienen como fin levantar el bloqueo y otras, por el contrario, fortalecerlo para complacer a sectores ultraconservadores anticubanos.

Uno de los principales opositores a la eliminación de este cerco unilateral, el senador demócrata Robert Menéndez -involucrado en un escándalo de corrupción-, criticó el 7 de octubre pasado la política de Obama hacia la isla y pidió al jefe de la Casa Blanca revertir lo que ha hecho al respecto.

El senador Marco Rubio, precandidato republicano a las presidenciales de 2016, es otro de los que claman por revertir los logros que hubo hasta ahora en los nexos bilaterales.

Ambos legisladores van en sentido contrario a la corriente mayoritaria de la opinión pública estadounidense, que favorece la eliminación de las sanciones, y del deseo de Obama de librar los nexos bilaterales “de las ataduras del pasado”, una de las cuales es precisamente el bloqueo.

Expertos en el tema señalan que el levantamiento de este cerco no se producirá de forma simultánea, sino en un largo proceso que intentará desmontar por partes el conjunto de legislaciones que lo rigen.

Las autoridades cubanas han reiterado que los avances hacia la normalización de los nexos Cuba-Estados Unidos dependerán principalmente de lo que ocurra en relación con el bloqueo.

Sin embargo, en el plano de la situación interna en el Congreso, a los promotores de la eliminación de este les espera una ardua lucha.

La reciente decisión del congresista republicano John Boehner de renunciar al cargo de presidente de la Cámara de Representantes, puso en crisis a los integrantes del partido rojo en ese hemiciclo, a menos de un año de las presidenciales de noviembre de 2016.

Especialistas señalan que esta revuelta contra Boehner, que algunos califican como un golpe de los sectores ultraderechistas, amenaza el funcionamiento mismo de la Cámara baja, que aún no ha podido llevar adelante asuntos vitales como el presupuesto gubernamental ni el alza en el límite de la deuda pública.

El liderazgo republicano ha reiterado que no permitirá avanzar los proyectos en el Congreso relacionados con el levantamiento del bloqueo, pero el peso de la opinión pública es tan fuerte que las principales figuras del Capitolio tendrán que repensar sus prioridades y al menos permitir un debate sobre el asunto.

Varios líderes del Legislativo que visitaron Cuba en los últimos meses aseguran que en esa rama del Estado existe un consenso bipartidista para eliminar el bloqueo, que además de afectar a la isla, constituye un verdadero efecto bumerán contra los intereses de Washington.

Relaciones Cuba-EE.UU.: Los próximos pasos

Las relaciones Cuba Estados Unidos transitan por una nueva fase tras la reciente visita que realizó el 14 de agosto el secretario de Estado, John Kerry a La Habana, donde presidió el acto oficial de reapertura de la embajada norteamericana.

La presencia del jefe de la diplomacia estadounidense marcó un punto de viraje en la dinámica hacia la normalización de los vínculos bilaterales y permitió que ambas partes delinearan los próximos pasos para consolidar el proceso.

Entre los criterios que aborda la prensa internacional en los últimos días hay diversas tendencias y una de ellas asegura que terminó el último de los conflictos de la Guerra Fría y es el fin de una etapa de enemistad entre las dos naciones.

Kerry, quien se convirtió en el primer funcionario de ese rango que visita la mayor de las Antillas desde 1945, matizó esta aseveración y dijo que a partir de ahora “nuestros pueblos no son ni enemigos ni rivales, sino vecinos”, aunque no profundizó en el por qué de estos calificativos.

Otro criterio que se debate es si el actual momento en las relaciones bilaterales y lo que se avance en los próximos meses pudiera ser revertido por el jefe de la Casa Blanca que resulte electo en noviembre de 2016.

Al respecto Kerry declaró que no imaginaba a otro presidente, fuera demócrata o republicano, que echara por tierra todo lo que se hizo para llegar a este punto, porque la política empleada por Washington durante54 años fue un fracaso.

Desde las filas conservadoras en Estados Unidos varias figuras expusieron en los últimos días su rechazo a este acercamiento, aunque una buena parte de ellos guardaron silencio. Pero algunos salieron de inmediato a la palestra pública, como el senador Marco Rubio, uno de los 17 precandidatos republicanos a las presidenciales de 2016.

El político de origen cubano amenazó con revertir este proceso si logra su aspiración de llegar a la Casa Blanca, deseo que le va a ser difícil cumplir, pues, según encuestas recientes, el apoyo de sus correligionarios es relativamente bajo.

Sus planteamientos marchan en sentido contrario a los deseos de los electores, más del 70 por ciento de los cuales apoyan los vínculos con La Habana, y contrastan además con las posiciones de otros colegas suyos en el Capitolio, que auspician proyectos contra el bloqueo.

Otro que habló de inmediato fue el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien calificó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la visita de Kerry a Cuba como una concesión unilateral al Gobierno de La Habana.

Boehner amenazó con bloquear cualquier propuesta legislativa destinada a flexibilizar el conjunto de sanciones unilaterales contra la mayor de las Antillas, que solo el Congreso puede modificar.

Lo cierto es que, como reconocen las autoridades de Cuba y Estados Unidos, ambos países iniciaron un nuevo curso en sus nexos como naciones soberanas y se proponen convivir a pesar de los criterios divergentes que los separan.

Pero, como dijo el presidente Barack Obama en su discurso del 17 de diciembre de 2014, Washington priorizará mecanismos diferentes a los utilizados anteriormente para lograr sus objetivos con Cuba. Esto también lo abordó Kerry, quien al hablar en la embajada norteamericana, pidió para los cubanos una “democracia” según los dictados de Washington.

Esta aseveración la repitió, con otros matices -de acuerdo con despachos de la agencia Associated Press, AP- durante su estancia esa misma tarde en la residencia del encargado de negocios de su país, Jeffrey DiLaurentis.

Sobre este aspecto, horas antes, en la conferencia de prensa conjunta en el capitalino Hotel Nacional, el canciller de la isla dijo que Cuba tiene una ejecutoria ejemplar en el ejercicio de los derechos humanos.

Me siento cómodo con la democracia de mi país, pero podemos también conversar sobre esto, destacó el ministro en alusión a las referencias de Kerry a temas de competencia exclusiva del pueblo y el Gobierno cubanos.

Cuba, afirmó Rodríguez, es un lugar sin discriminación racial, brutalidad policial o muertes derivadas de esos problemas y agregó que el territorio donde hay torturas y personas detenidas en un limbo legal no está bajo jurisdicción cubana, en referencia a la cárcel en la base de Guantánamo.

Las autoridades de La Habana tienen preocupaciones en el ámbito de los derechos políticos y las libertades civiles, que deben garantizarse de la misma manera que el derecho a la alimentación, a la igualdad de género, a la vida, a la educación y la salud.

Entretanto, los cubanos insisten en la necesidad de que Estados Unidos devuelva el territorio ocupado por la base naval de Guantánamo y cese las transmisiones ilegales hacia la isla, así como los planes subversivos para los que el Congreso aprobó sumas millonarias.

Nos movemos con una estrategia realista para construir la confianza entre las dos partes, que la gente vea que vale la pena levantar el embargo (bloqueo), señaló Kerry.

Para abordar estos y otros asuntos pendientes, los dos gobiernos decidieron crear una comisión bilateral que comenzará a trabajar en septiembre próximo. De acuerdo con el canciller cubano, el objetivo de este grupo es crear confianza mutua para desarrollar intercambios en las áreas donde existen visiones aproximadas y al mismo tiempo discutir de forma respetuosa sobre los temas en los que hay diferencias.

Kerry señaló que uno de esos asuntos es el de las compensaciones a las compañías estadounidenses nacionalizadas tras el triunfo de la Revolución cubana, algo que la mayor de las Antillas está dispuesta a dilucidar.

La Habana demanda que también se tengan en cuenta las indemnizaciones que exigieron los tribunales cubanos por los enormes daños humanos y económicos resultado de la política de hostilidad contra la isla en más de 50 años.

El tema migratorio es otro aspecto que sin lugar a dudas estará presente en los próximos contactos entre expertos y funcionarios de ambos gobiernos, quienes manifiestan su interés en estimular una emigración segura, legal y ordenada.

Sin embargo, pese a que -según el Gobierno de la nación caribeña- la Ley de Ajuste Cubano vigente desde 1966, es el principal estímulo a la emigración irregular hacia Estados Unidos, Washington no tiene en su agenda la eliminación de esta pieza legislativa.

A pesar de ello, varios congresistas, incluso algunos de conocidas posiciones anticubanas, reiteraron en los últimos meses que ese estatuto debe reconsiderarse, teniendo en cuenta las condiciones actuales, muy diferentes a las existentes en la década de los años 60.

Por tanto, para los observadores del tema este será uno de los asuntos más complicados que las partes tendrán en la mesa de negociaciones.

En general, la visita de Kerry a Cuba, calificada de histórica, provocó diversas apreciaciones y puntos de vista sobre su impacto en el acercamiento bilateral y a la vez una cautelosa esperanza de que es posible una relación basada en el respeto al derecho internacional y la no injerencia en los asuntos internos.

* Marta Denis Valle es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina; Waldo Mendiluza, corresponsal en Naciones Unidas y Roberto García Hernández, jefe de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.