La Habana, México y Panamá (PL).- Unas 20 mil niñas menores de 18 años dan a luz cada día en países en desarrollo, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa). De los 7,3 millones de partos de adolescentes registrados anualmente, dos millones de ellas tienen menos de 15 años, indica el documento Estado de la Población Mundial 2013. El Unfpa advirtió que la tasa de embarazos infantiles va en aumento en América Latina, donde los jóvenes inician su vida sexual como promedio entre los 15 y los 19 años de edad.

Si las tendencias actuales continúan, la cantidad de partos de menores de 15 años podría elevarse a tres millones en 2030, advierte el estudio titulado Maternidad en la niñez: afrontar el desafío de un embarazo adolescente. El nuevo informe anual subraya los principales desafíos que implican estos embarazos y sus graves consecuencias en la educación, salud y oportunidades laborales a largo plazo de las niñas, así como muestra qué se puede hacer para frenar esta tendencia, proteger los derechos humanos y bienestar de ese sector de la población.

Las menores pobres, de zonas rurales o con poca educación son más proclives a quedar embarazadas que las ricas, urbanas y educadas. Es el caso también de aquellas pertenecientes a una minoría étnica o a un grupo marginalizado, que tienen un acceso limitado o nulo a la salud sexual y reproductiva. Unas 70 mil adolescentes en países en desarrollo mueren cada año por causas relacionadas con el embarazo y el parto, mientras las que dan a luz tienden a vivir en hogares de ingresos más bajos y a tener una nutrición deficiente.

El informe resalta que la educación prepara a las niñas para futuros empleos y la subsistencia, aumenta su autoestima y estatus, y les permite ser más partícipes de las decisiones que afectan sus vidas. Asimismo, reduce las posibilidades de matrimonio infantil y posterga la maternidad, lo que conlleva, en el largo plazo, nacimientos más sanos.

El Unfpa advirtió que la tasa de embarazos infantiles va en aumento en México y el resto de América Latina. De acuerdo con el informe sobre el Estado de la Población Mundial 2013, tanto en el país como en la región los jóvenes inician su vida sexual como promedio entre los 15 y los 19 años de edad y cerca de un 17,4 por ciento de los alumbramientos ocurre en mujeres menores de 20 años.

El embarazo en niñas y adolescentes duplica la mortalidad en los países en vías de desarrollo y está asociado a la pobreza, la exclusión, la desigualdad y la discriminación, pero es un problema invisibilizado, alertó Leonor Calderón, representante del organismo en México. Indicó que cada año ocurren en el mundo siete millones 300 mil partos de adolescentes menores de 18 años y, de ellas, más de dos millones no llegan a los 15 años, cifra que para 2013 podría ser de tres millones.

Según Calderón, América Latina es la única área donde aumentan los embarazos antes de los 15 años de edad, por lo que es importante la aplicación de programas preventivos en la población. Por su parte, Raffaela Schiavon, secretaria técnica del Comité Promotor para una Maternidad Segura en México, señaló que cada día hay más hospitalizaciones por causas relacionadas con la gestación en niñas cuyas edades van de los 10 a los 14 años.

De hecho, expresó, de 1990 a 2011 se registraron en el país casi 28 mil muertes maternas, de las cuales, tres mil 473 fueron adolescentes de 15 a 19 años, y 160 niñas de 10 a 14 años. La experta manifestó que los embarazos a temprana edad son resultado de la falta de inversión en las adolescentes y niñas, a fin de proporcionales la información y el apoyo necesario para evitar la precocidad.

Al mismo tiempo, Schiavon exigió cero tolerancia ante la violencia sexual ejercida contra niñas y adolescentes, y llamó erradicar totalmente el matrimonio o unión infantil, como señala el propio informe. Denunció que ese tipo de prácticas todavía ocurre en México, especialmente en regiones alejadas y en algunas comunidades del país.

Las adolescentes deben ser reconocidas como sujetos de derecho y no como objeto de políticas y, por ello, es fundamental hacerlas partícipes, en distintos niveles, del diseño y evaluación de programas y servicios para afrontar el embarazo infantil, remarcó.

Embarazo precoz en Latinoamérica, un problema de graves dimensiones

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) informó que Latinoamérica es la segunda región con mayor tasa de embarazo adolescente. En un informe presentado en Guatemala, dicha entidad reveló los resultados de un estudio que desarrolló junto a la organización Plan Internacional en 2013, en seis países de la región: República Dominicana, Guatemala, Honduras, Colombia, Paraguay y Brasil.

El objetivo central de la investigación, explicaron sus coordinadores, era comprobar y analizar desde las aristas cultural, social y emocional, las complejidades asociadas al embarazo adolescente, cuya tasa en América Latina y el Caribe no ha descendido en la misma proporción que la de otras áreas.

Los datos del informe revelaron que una de cada tres jóvenes latinoamericanas es madre antes de sus 20 años. Entre los países con peor balance se encuentran Honduras con el 26 por ciento, República Dominicana (25), Guatemala y El Salvador (24).

El especialista en política social de Unicef Juan Enrique Quiñonez advirtió en la presentación que los datos actuales lleva a pensar que en 20 años la región latinoamericana será la de “mayor tasa de fecundidad de adolescentes del mundo”. Su aseveración concuerda con los estimados de la división de Población del departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, que prevé que el índice de Latinoamérica será el más alto del mundo y se mantendrá estable entre 2020 y 2100.

Las principales causas del fenómeno identificadas por el estudio no difirieron de las planteadas en la literatura e investigaciones existentes sobre el tema. En este sentido, continúan siendo factores generadores de la problemática la violencia estructural asociada a la pobreza, la violencia ideológica o machista y la violencia sexual. Los investigadores destacaron además como motivos por los que muchas adolescentes quedan embarazadas la falta de acceso a educación y a servicios de salud reproductiva, la voluntad propia, los obstáculos a los derechos humanos, el matrimonio infantil y las expectativas sociales, signadas por la desigualdad de género y una cultura machista.

El embarazo en adolescentes, provocado por cualquiera de estas causas, para el representante de Unicef en Guatemala, Christian Skoog, es además una violación a los derechos humanos de las niñas, ya que las obliga a reproducir el ciclo de pobreza del que son víctimas y les priva del acceso a la educación. Su organización reconoce la toma de conciencia sobre el problema por parte de gobiernos y la sociedad en general, materializada en planes subregionales, políticas sociales y programas “prometedores”. No obstante, reafirma la necesidad de avanzar a mayor ritmo en la instrumentación de políticas públicas y legislación para abordar el tema con un enfoque más integral, atacando las situaciones que constituyen causas y determinantes del fenómeno.

Al respecto, Quiñónez recalcó la importancia de trabajar con sistemas educativos y de salud que sean amigables con la niña; no sólo que le garanticen el acceso a métodos anticonceptivos, sino también que le proporcionen una educación integral en sexualidad. Como una posible vía, el especialista señaló la formación de un mayor número de educadores en la materia, que se imbriquen en los procesos comunitarios y se erijan en líderes, para poder incidir en la vida de las niñas y contribuir a cambiar sus comportamientos sociales.

Coincidentemente, un día después de la presentación del informe inició en la sede de Naciones Unidas la Cumbre sobre la Agenda de Desarrollo Sostenible Post-2015. Con la presencia de 150 jefes de Estado y de gobierno, el cónclave, que se desarrolló entre el 25 y el 27 de septiembre, fijó 17 objetivos de desarrollo para la humanidad, centrados en la eliminación de la pobreza y el hambre, el logro de la seguridad alimentaria, y garantías para una vida sana y con bienestar.

Las nuevas metas sustituyeron a los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que si bien no fueron alcanzados por todos los países, impulsaron avances en algunas esferas como la disminución de la pobreza. Sin embargo, como señaló en su intervención el presidente de Cuba, Raúl Castro, los avances, 15 años después de adoptados los ODM, son insuficientes y están desigualmente distribuidos.

No menos de dos mil 700 millones de personas en el mundo viven aún en la pobreza, destacó el mandatario, quien además refirió otros hechos insoslayables que demuestran el incumplimiento mayoritario de los ODM, como los elevados índices de mortalidad materna e infantil en las naciones subdesarrolladas.

Al momento del debate y aprobación de los objetivos de desarrollo sostenible, Raúl Castro criticó la ausencia de claros medios que permitan su implementación e instó a tomar acuerdos que pudieran concretarse en acciones.

Para muchos jefes de Estado y gobierno, así como especialistas y observadores, el proyecto de metas resulta particularmente impreciso a priori, fundamentalmente en lo referido a la transferencia de los recursos necesarios, financieros y tecnológicos, para la consecución de las mismas. Se teme que pueda ocurrir lo mismo que con los ODM, que a pesar de influir en políticas y programas que sacaron a un gran número de personas de la pobreza, no lograron materializarse tal y como fueron planteados ni lograron resultados jactanciosos.

Un ejemplo bastante ilustrativo es el del embarazo en adolescentes y sus secuelas, reproductoras de la pobreza y condiciones desfavorables para un normal desarrollo social. A pesar de que la región latinoamericana logró disminuir cuantitativamente la pobreza y mejorar ciertos indicadores socioeconómicos, hoy es la segunda con mayor tasa de fertilidad en menores de edad, y con posibilidades de ser la primera en poco tiempo, tal y como advierte Unicef.

La disminución de los índices de embarazo precoz no constituye una meta por sí sola, al no estar considerado el problema como uno de los más acuciantes. Sin embargo, realidades como que las niñas embarazadas pierden su infancia al asumir obligaciones de adultas, y que rara vez pueden ejercer sus derechos a la educación, la salud y un nivel de vida adecuado, hacen del tema un asunto de especial interés para la superación de la pobreza y males sociales adyacentes.

Para Unicef, la mejor forma de superar la situación existente es mediante la instrumentación de políticas públicas que, con un enfoque holístico y objetivos a largo plazo, permitan empoderar a las adolescentes y cambiar patrones culturales que de cierta forma aprueban las relaciones de estas con hombres adultos.

Sólo así, en conjugación con campañas masivas de comunicación y programas sistemáticos de educación para la sexualidad, la entidad considera que podrán superarse la situación actual y perspectivas de un problema de graves dimensiones, que atenta contra la eventual superación de la pobreza en el área.

Niñas madres: ¿Quién cuida a quién?

Sharai e Idaliris son apenas dos de las cuatro mil 323 panameñas de entre 10 y 19 años que sin darse cuenta dejaron de ser niñas para convertirse en mujer, y asumir el difícil rol de ser mamá. Sin terminar sus estudios básicos, con cuerpos apenas preparados para concebir una criatura y sin ningún conocimiento de cómo educarlas, ellas asumen hoy una responsabilidad que las tomó por sorpresa y que cambió sus vidas para siempre.

Atrás quedaron sueños, proyectos y deseos por cumplir, porque pese a tener el apoyo de su familia y parejas, adolescentes también, ya nada es igual. Ahora, a sus escasos 16 años, intentan proteger a sus bebés para que sean “mejores personas”, cuando “a nuestra edad todavía necesitamos el cuidado de nuestros padres”, refirió Idaliris.

Según cifras oficiales, cada 49 minutos una niña queda embarazada en Panamá, y lo que es peor, el 75 por ciento de ellas no asiste a la escuela, la abandona o no regresan por falta de apoyo o por temor a las críticas de sus profesores y compañeros. Esa situación contrasta con la letra de la Ley 29, la cual establece que el Ministerio de Educación debe garantizar que las menores embarazadas permanezcan en el sistema educativo.

La falta de comunicación entre padres e hijos, los falsos cánones religiosos, el tabú de asumir la sexualidad como asignatura curricular y la ausencia de preparación entre los profesores para aceptar este reto son algunos de los factores que inciden en las alarmantes cifras. A ellos se suman otros no menos importantes como la desintegración familiar, la pobreza, la falta de oportunidades, la violencia y el abuso sexual.

La mayoría de las madres adolescentes son pobres, que de esta forma profundizan su condición y exclusión, además de pertenecer a hogares disfuncionales, comunidades indígenas y negras, precisó el sociólogo Alexander Allene. En las comarcas de los pueblos originarios la mortalidad materna va en ascenso, al igual que los hijos no deseados, debido a la falta de orientación, expresó la líder comunitaria Ngabe Buglé Eyra Carrera.

Ingredientes a los que se adicionan otro dos comunes para toda la sociedad panameña: el cultural y religioso. “Los católicos panameños no pueden seguir insistiendo en que esto (educación sexual) atenta contra las convicciones religiosas, porque el Papa es el primero que ha dicho creer en un estado laico. Esto es un problema social y de salud pública, que nada tiene que ver con la religión”, aseguró el analista Jorge Eduardo Ritter. Es hora, dijo, de ponerle coto a esta tragedia con rostro humano, que trae aparejados otros fenómenos tan graves como la prostitución.

Mientras, algunas como Carmen aspiran a llegar a la universidad y tener un empleo para darles una buena vida a su hija y a ella misma; otras como Maruquel están condenadas a vivir un círculo repetitivo de pobreza y desesperanza por falta de apoyo familiar y de sus parejas.

Ante esta dramática realidad emerge Las Claras, un centro creado por la Fundación Voces Vitales que busca, a través de una educación integral, rescatar a la menor de su condición de vulnerabilidad y darle la oportunidad de salir adelante en compañía de su bebé. Sin embargo, su pequeña capacidad para acoger a solo 20 adolescentes resulta una alarma roja ante las miles que todavía no encuentran abrigo y orientación ante la falta de políticas públicas, como señalan algunos expertos.

Luego de cinco años de total silencio sobre el tema en el anterior Gobierno y de varios intentos frustrados por aprobar en el Parlamento una ley referida a la educación sexual y la salud reproductiva, hoy parece que el viento sopla a favor de los que exigen poner un freno a este fenómeno social y de salud.

Al respecto, la presidenta de la Fundación Voces Vitales, Gisella Álvarez, aseguró que urge un enfoque integral de cómo atender y de qué oportunidades tienen las niñas, en tanto no podemos pretender que una legislación y la educación lo resuelvan todo.

Estándares mundiales ubican en 11 por ciento el embarazo adolescente; sin embargo, Panamá ya se acerca al 30, en una población que no llega a los cuatro millones de habitantes, lo cual dice mucho del papel que deben jugar en este contexto la familia, la sociedad y la escuela. A juicio del viceministro de Educación Carlos Staff, actualmente existe en el país una voluntad política para enfrentar este asunto, el cual está asociado a la falta de información y formación.

“No podemos esperar a que exista una ley para iniciar el abordaje de dicho tema, por ello ya se dan algunos pasos en la capacitación de los profesores y en la introducción de la educación sexual en el currículo escolar, porque la sexualidad debe verse con un enfoque de dignidad y respeto al ser humano”, apuntó.

“Debemos retomar el concepto de familia en su mejor expresión, pero mientras no lleguemos a ese punto hay que buscar otras alternativas, porque las estadísticas son dramáticas y no tenemos tiempo para reconstruir ese espacio. “Sin renunciar a ello, debemos ver cuanto antes como disminuimos o hacemos desaparecer esas cinco niñas que, según las estadísticas, salen embarazadas por día”, aseveró.

Por su parte, el funcionario del Ministerio de Salud Max Ramírez reconoció que actualmente existe un programa de atención a la adolescencia, que consiste en capacitar a adolescentes para que estos hagan lo mismo con otros semejantes, porque “los silencios tienen graves consecuencias”. Urge revisar los programas y políticas de las instituciones a fin de lograr una ley integrar de niñez y adolescencia, apuntó.

“El embarazo adolescente limita proyectos de vida, de ahí la importancia de una educación integral, de calidad e inclusiva en el tema de la sexualidad, basada en valores, principios y competencias” señaló Edilma Berrío, del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

“Con ley o sin ella es urgente desarrollar en los colegios programas que ayuden a los jóvenes a retrasar el inicio de las relaciones sexuales y a tener prácticas sexuales que les protejan, no solo de los embarazos no deseados, sino de infecciones de transmisión sexual”, acotó.

Pese a las frustraciones, a la enorme responsabilidad y de llegar en “un momento en que no lo esperaba, mi hijo es el regalo más lindo que me ha dado la vida, y cada vez que lo veo me motiva a seguir luchando”, afirmó Idaliris, a quien Las Claras le ofrece nuevamente la oportunidad de renacer, pero esta vez junto a su pequeño Emir Meneses, de ocho meses.

* José Gabriel Martínez es periodista de la Redacción Suramérica de Prensa Latina y Nubia Piqueras Grosso, corresponsal de Prensa Latina en Panamá.