Al momento de redactar la presente nota, la prensa informa que el voto por el NO en el referéndum autonómico está ganando con más del 70% de votos en los cinco departamentos donde se ha realizado este ejercicio de consulta popular. Se trata de un anticipo de lo que pueda ocurrir en la próxima consulta para la reelección del presidente y de su cínico acompañante.

La información surge con más o menos el 20% de los votos escrutados oficialmente en las cortes departamentales del total de la votación emitida durante la jornada. Lo sorprendente es el caso de Potosí donde, a pesar de la ocupación militar de la ciudad capital, el 91% ha rechazado el estatuto y parece que los votos de las provincias y del campo no modificarán esta tendencia dominante en aquel departamento.

El oficialismo, que fue el único que hizo campaña por el SI, ha enmudecido y prácticamente desaparecido del escenario para no ser encontrado por la prensa, los pocos personajes oficialistas que fueron sorprendidos por los micrófonos se limitaron a decir que faltaba información entre la gente. Se dice que en Oruro, al iniciar la noche, la tarima que fue armada para festejar el triunfo del SI ha sido rápidamente desarmada porque los funcionarios de la gobernación ya tenían los datos de la votación negativa de todo el departamento.

Otro de los elementos que la prensa destaca es el altísimo ausentismo; la gente, a pesar de los anuncios de multas por encima de los 400 Bs. y que los certificados del sufragio tendrá vigor en los próximos 90 días como requisito para realizar viajes, transacciones bancarias y otros trámites oficiales, no concurrió a las urnas. Esta ha sido otra de las formas de rechazo a la impostura montada por el oficialismo.

Se trata de un rechazo político al gobierno que, hasta la víspera, ha realizado una frenética campaña por la reelección de Evo Morales y García Linera; un rechazo a la prepotencia del oficialismo que ha pretendido suplantar la voz de los explotados con una camarilla de oficialistas adocenados en la llamada CONALCAM; un rechazo a la política cada vez más autoritaria y represiva que pretende enmudecer a los que se atreven a pensar y expresar libremente su pensamiento.

El proceso de empoderamiento del MAS tiene algunos rasgos fascistas; fueron las masas pequeñoburguesas arruinadas por el neoliberalismo las que echaron del poder al gobierno de Sánchez de Lozada y acabaron entronizando al gobierno del MAS ilusionadas en el origen indígena campesino de Evo Morales. Pero, a diferencia del fascismo en Alemania o Italia, su furia no iba dirigida contra el proletariado -ausente como clase consecuencia de que había sido desperdigado por la relocalización de su núcleo fundamental: el proletariado minero-.

El MAS no conquistó a las masas pequeño burguesas con un discurso fascista; el MAS carece de programa, Evo adquirió importancia política por la lucha de resistencia de los cocaleros en contra de la política de erradicación forzosa de la coca dirigida por el imperialismo. En el camino adhirió a las corrientes indigenistas que encontraron afinidad con Evo por su condición indígena y campesina y, cuando llegó al poder, Evo buscó apoyo ideológico en la izquierda reformista que se había alejado definitivamente de cualquier influencia del marxismo para aterrizar en el posmodernismo. Los izquierdistas oenegeros son los que finalmente se han apoderado del gobierno del MAS.

Igual que los nazis y el fascismo italiano, para ganar a la masa de la pequeña burguesía arruinada, los masistas utilizan la demagogia anticapitalista, imitan el lenguaje del socialismo; los fascistas alemanes incluso se autodenominaron “nacional socialistas” y, como señala Trotsky, el programa, si así puede llamarse al indigenismo posmodernista del MAS, “está desgarrado de la realidad y disuelto en actos rituales.”

El gobierno del MAS, al poner en evidencia el contenido proburgués, proimperialista, antiobrero y antipopular de su política, ha ido desencantado a cada vez más amplios sectores de las masas que inicialmente se ilusionaron con él. Ahora pretende apoyarse en los llamados “movimientos sociales” como base social para arremeter contra los sectores explotados que se independizan de él y lo enfrentan, para constituirse en una dictadura reaccionaria con rasgos fascistoides y eternizarse en el poder. Pero esos “movimientos sociales” han degenerado en organizaciones cupulares, burocráticas y corruptas cada vez más alejadas de las bases.

En las actuales condiciones del proceso de descrédito del gobierno, el NO en el referendo, particularmente en las ciudades, es la expresión del creciente descontento hacia el gobierno y su pretensión de eternizarse como dictador. La victoria del NO es un rechazo a la política abiertamente anti obrera, antipopular y al servicios de los empresarios privados y de las transnacionales. Se trata de un voto político que significa un anticipo de lo que pueda ocurrir en la próxima consulta para la reelección del presidente y de su acompañante amanerado y cínico.

Muchos temen que el servil Tribunal Electoral pueda revertir esta calamitosa situación para el oficialismo con el fraude. Esto funciona cuando los márgenes de diferencia no son muy amplios, pero, en el presente caso, aunque el voto en el campo pueda subir en favor del gobierno, será difícil cerrar la brecha que existe entre el SI y el NO. No olvidar que el voto del campo, aunque fuera unánime en favor del oficialismo, no pasa de representar el 30% de la votación general.

Por otra parte, el voto por el NO expresa una íntima desconfianza de los explotados y oprimidos a todo lo que hace y dice este gobierno. Ellos intuyen que la famosa autonomía es una trampa que se va a traducir en mayores impuestos con la finalidad de cargar el peso de la crisis sobre las espaldas de la población, toda vez que el poder central reducirá drásticamente los ingresos de las gobernaciones y municipios por la caída de precios de los hidrocarburos y minerales.

* El autor el secretario general del Partido Obrero Revolucionario (POR).