Desde la llegada del Movimiento al Socialismo (MAS) al poder político, las relaciones entre el gobierno y los medios de comunicación no siempre fueron de las mejores. El 22 de enero de 2006, en su acto posesión como Presidente de Bolivia, Evo Morales dijo: “Estamos sometidos por algunos periodistas y medios de comunicación a un terrorismo mediático, como si fuéramos animales, como si fuéramos salvajes”. Este panorama conflictivo se mantuvo inalterable en el denominado “proceso de cambio”, el Presidente en varias ocasiones cuestionó el papel de los medios de comunicación, así por ejemplo en noviembre de 2007 señaló que “algunos periodistas, aunque no todos, mienten al país”.

Otro altercado que tuvo el gobierno fue en mayo de 2009, cuando Evo Morales en una reunión con los representantes de la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP), calificó a los periodistas como “granja de pollos” y pidió a los de la SIP que eduquen a los comunicadores bolivianos, porque supuestamente no sabrían dirigirse al primer mandatario del país.

En ese sentido, los actores políticos gobernantes no se cansaron de arremeter a la prensa y a los periodistas independientes. Ahora, de las amenazas y descalificaciones, en este año 2015, se ha pasado a los hechos, así un impasse entre Enrique Salazar (presentador del programa “Que no me pierda” de la Red Uno) y la Ministra de Comunicación, Marianela Paco, le costó el cargo al primero. La misma suerte corrió el presentador del programa “Todo a Pulmón” de la red televisiva Cadena A, John Arandia, quien también fue despedido de su fuente laboral, por supuestos presiones del gobierno. A estos hechos se sumó las denuncias del intento de asfixia económica a la red Erbol, que derivó en la renuncia de la periodista Amalia Pando a este medio.

Entonces aquí surgen algunas incógnitas: ¿Por qué el gobierno del MAS tiene mucho interés en el control monopólico de los medios de comunicación?, ¿dónde queda la libertad de expresión? y ¿qué consecuencias puede tener estos intentos de acallar a los medios independientes? Estas y otras cuestiones nos llaman a la reflexión en esta coyuntura política que vive nuestro país.

El pensador Francés, Maurice Duverger a mediados del siglo XX sostenía que “en los regímenes autocráticos, los medios de información se encuentran de ordinario monopolizados por el Estado”, al parecer ese el caso del Estado boliviano, donde la mayoría de los medios de comunicación son controladas por el actual gobierno, tal como mostró Raúl Peñaranda el año pasado, en una investigación titulada: Control Remoto. Según el mencionado investigador, el gobierno boliviano habría logrado constituir una red de medios “paraestatales”, controladas desde la Vicepresidencia, además de los medios estatales que tienen presencia en todo país.

Todo esto nos muestra que el gobierno de Evo Morales tiene la pretensión de instaurar el pensamiento único en Bolivia a través del control vertical de los medios de comunicación, ya que el poder mediato le posibilita su reproducción en el campo político, formando conciencias ilusorias en el pueblo, presentando la imagen de un buen gobierno que trabaja por los sectores más empobrecidos. Ahí está el interés de controlar a los medios de comunicación, donde no se quiere admitir ninguna voz discrepante, y a quien se atreve se sanciona duramente, como señal de escarmiento, tal como ocurrió con los periodistas Enrique Salazar, John Arandia y Amalia Pando. Pues se infunde miedo desde el gobierno y se dice “no daremos publicidad a medios que hagan política”, y cuando el pueblo se solidariza con la prensa independiente como Erbol dando sus aportes económicos, desde las esferas políticas se acusa de “lavado de dinero” e intenciones de golpe de Estado que pueden ser aprovechados por la CIA. En este panorama político, los medios de comunicación viven una situación dramática, donde sólo deben obedecer a las instrucciones del Órgano Ejecutivo, caso contrario tendrán que atenerse a las consecuencias.

Y ¿dónde queda la libertad de expresión garantizada en la Constitución Política del Estado? La respuesta es: queda en la Constitución y en los discursos, el gobierno siempre dice: “nunca ha habido tanta libertad de expresión como hoy en día”, pero en los hechos sólo podemos ver la coacción que se ejerce a los medios de comunicación para uniformar la opinión pública. De esta manera se muestra la doble cara del gobierno de Evo Morales, “una cosa se dice y otra cosa de hace”, como los doctores de dos caras de Charcas que usaban “la faz versus la máscara” dependiendo de la coyuntura política.

Sin embargo, el intento de manipulación e instrumentalización de la comunicación por parte del gobierno, en la conciencia social sólo encuentra su rechazo. En vez desacreditar a los periodistas y medios de comunicación independientes, el pueblo brinda su apoyo y su solidaridad, ese el caso de la red Erbol, cuando un grupo de personas salieron a la defensa de este medio bajo la consigna de “callar a Erbol significa callar al pueblo”. En consecuencia, el pueblo ante las amenazas y arremetidas del gobierno a los medios de comunicación, entiende que es momento de recobrar la pluralidad informativa, ya que está cansado de la manipulación y desinformación.

* David Ali Condori es sociólogo alteño.