La Habana y Santiago de Chile (PL).- El diagnóstico de los científicos es casi unánime: la degradación de los suelos como consecuencia de la actividad del ser humano se acentúa sin cesar en el mundo. Estadísticas de la Cepal de 2011 señalan que en América Latina y el Caribe el sector agropecuario es responsable de 28`por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que el cambio de uso de suelo y la deforestación genera 21 por ciento del total.

Según un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), de aquí al 2050, al menos más de dos millones y medio de kilómetros de tierra podrían tornarse improductivos. No es fortuito que ante esta situación y para promover el uso más sostenible de ese recurso, la ONU haya declarado el 2015 el Año Internacional de los Suelos. Es muy claro: si no protegemos el fundamento de la producción de alimentos, la base de nuestros ecosistemas, es decir, el agua y principalmente el suelo, tendremos un gran problema en el futuro, sostienen expertos de ese organismo.

En efecto, se estima que si continúan los actuales niveles de degradación, toda la superficie cultivable del planeta podría desaparecer en 60 años. A juicio del director general de la FAO, José Graciano da Silva, aunque se trata de un recurso de enorme importancia, no se le presta la suficiente atención.

¿Qué es el suelo? De acuerdo con los especialistas, el suelo es la epidermis, la capa superficial de la tierra, cuyo espesor va de algunos milímetros a varias decenas de metros. Cubre los dos tercios de las tierras emergidas, pero solo una quinta parte es cultivable, o sea, el 5,5 por ciento de la superficie del planeta.

Según expertos, ese recurso se constituye a partir de una roca matriz que se altera y transforma por el efecto conjugado de la vida animal y vegetal, del agua y el aire. Inicialmente no hay más que roca, luego un liguen se instala encima de esta, llegan animales a comerlo y las partículas de polvo se acumulan.

Entonces puede aparecer una gramínea, que va a atacar un poco la superficie de la roca con sus raíces. Esto conduce a fabricar materia orgánica, que a su vez va a descomponerse y a mezclarse con los restos de las rocas. Poco a poco una pequeña placa de tierra se constituye y para alcanzar un centímetro de espesor necesita desde 50 hasta mil o dos mil años, según su ubicación. Esto significa que es difícilmente renovable.

Muchos afirman que el suelo es el más desconocido de los grandes recursos del planeta, y aunque es fuente de vida, con frecuencia se le identifica con la muerte, puesto que en él se sepultan cadáveres. Sin embargo, es muy valioso y lo necesitamos para producir alimentos, vestimenta, refugio, forraje y energía. También almacena y filtra agua, recicla nutrientes, constituye un amortiguador contra las inundaciones, secuestra carbono y ayuda en la lucha por la adaptación al cambio climático y hospeda la cuarta parte de la biodiversidad del planeta.

Los suelos están hoy en peligro y basta señalar que dos hectáreas de estos son selladas por crecimiento urbano cada minuto a nivel mundial. Hay que subrayar en ese sentido que el fenómeno de la urbanización y la industria se han extendido en perjuicio de varios cientos de miles de kilómetros de terrenos cultivables de buena calidad. Se afirma, por ejemplo, que en Estados Unidos se perdieron por esa causa más de 100 mil kilómetros en menos de 10 años.

Uno de los mayores causantes de la degradación de los suelos lo constituye la erosión, que arrastra materia hacia los ríos u océanos a una velocidad mayor que la de su reconstitución natural. Ese recurso además se agota desde el momento en que sus propiedades no tienen la posibilidad de regenerarse.

Según estadísticas internacionales, anualmente se erosiona una superficie equivalente a la del Reino Unido, o sea, más de 200 mil kilómetros cuadrados. No menos grave es el fenómeno de compactación, que modifica la actividad biológica y la circulación del agua en las tierras cultivadas. Según la FAO, en medio siglo se han degradado como mínimo 12 millones de kilómetros cuadrados de suelo.

Otro agente devastador es el pastoreo excesivo, que también ha dañado grandes superficies, mayormente en África y Asia. Asimismo, se inscriben entre los enemigos de los suelos, la utilización de técnicas agrícolas con químicos y la deforestación, que aumenta la erosión y el calentamiento global.

El hambre y el suelo

Los expertos coinciden en que la progresiva degradación de los suelos a escala planetaria amenaza la seguridad alimentaria, particularmente en los países en vías de desarrollo, donde se concentra la mayor parte de la población. Si hace algunas décadas se le prestaba escasa atención a ese fenómeno, pues solo se explotaba la mitad de la tierra cultivable existente, actualmente la situación es muy diferente.

En efecto, no pocos especialistas coinciden en que la combinación del crecimiento demográfico y la degradación de los suelos podría tornarse explosiva y provocar una multiplicación de los conflictos sobre la utilización de las tierras. La situación no es nada sencilla, pues además existen otros problemas como el de que en zonas donde hay terrenos fértiles se carece del agua y la población indispensables, por lo que en esos lugares de nada vale contar con suelos buenos si no se les puede sacar partido.

De acuerdo con analistas, la magnitud del problema queda de manifiesto cuando se conoce que la superficie con suficiente regadíos en lugares que demandan esta atención no aumenta mucho, apenas un dos por ciento anual. Según la FAO, actualmente padecen hambre cerca de 800 millones de personas, y aunque la cifra hace una década superaba los mil millones, es demasiada aún la legión de los que sufren ese flagelo.

Las necesidades alimentarias no van dejar de aumentar y lo más probable es que la disponibilidad de tierras arables por habitante continúe disminuyendo, particularmente en las naciones del Sur subdesarrollado.

Estas y otras temáticas relacionadas con la seguridad alimentaria fueron analizadas en la 39 Conferencia de la FAO, realizada en Roma. Pocos días antes en La Habana se efectuó un taller sobre La Alianza Regional del Suelo (para el área del Caribe, Centroamérica y México), a iniciativa de ese organismo internacional, a fin de adoptar una estrategia con vistas a la protección y conservación de ese recurso vital para la producción de nutrientes.

El secretario de la Alianza Mundial por el Suelo, el boliviano Ronald Vargas, destacó entre los acuerdos de la reunión, el establecimiento de un programa regional de manejo, conservación y restauración de los suelos, y de una plataforma destinada a su gestión sostenible que incluya educación, y actividades continuas de sensibilización y concientización. También incrementar la inversión en los países de la región en la investigación interdisciplinaria y aplicada en suelos.

Asimismo, el fortalecimiento del sistema de Información de Suelos de Latinoamérica (Sislac) y el desarrollo de capacidades en cartografía digital de los terrenos fértiles, y aplicaciones funcionales, entre otros.

No podía faltar, además, el establecimiento de un programa regional para la estandarización de muestreos y análisis de suelos (red de laboratorios) y metodologías para evaluar el impacto de las áreas beneficiadas con el manejo sostenible.

Los suelos sanos son la base de la producción mundial de alimentos y deberían convertirse en un elemento clave en las políticas públicas, aseguró el director de la División de Tierras y Aguas de la FAO, Moujahed Achouri. Se trata de un recurso esencial para lograr la seguridad alimentaria y la nutrición y tiene el potencial de ayudar a mitigar los efectos negativos del cambio climático, indicó Achouri, quien alertó que la presión sobre los recursos del suelo está llegando a límites críticos.

Según el experto, además de mantener el 95 por ciento de la producción de alimentos, los suelos albergan más de una cuarta parte de la biodiversidad del planeta, son una fuente importante de productos farmacéuticos, y juegan un papel fundamental en el ciclo del carbono.

Al mismo tiempo -alertó- el nivel de degradación del suelo, que se calcula en un 33 por ciento a nivel mundial, es alarmante y tiene el potencial de poner en peligro la seguridad alimentaria y enviar muchas personas a la pobreza. Se considera que la gestión sostenible de esa capa cultivable, a su vez, puede contribuir a la producción de más alimentos y más saludables.

Agricultura sostenible ante el cambio climático

Dos grandes cumbres mundiales se perfilan en el horizonte antes del cierre de 2015, la primera sobre Desarrollo Sostenible y la segunda focalizada en el Cambio Climático. Paradigmas que sin dudas marcarán el futuro de la humanidad, ambos asuntos revisten especial relevancia aterrizados en elementos fundamentales: el desarrollo de la agricultura y los desafíos del clima.

La Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible que se celebrará en septiembre de 2015 en Nueva York y la Cop21 de París sobre Cambio Climático se antojan los pasos definitivos dentro de la cruzada, por ejemplo, contra el hambre en el orbe.

Avances hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) son significativos en torno a disminución de la pobreza; escolarización de niños; reducción de la mortalidad infantil; y acceso al agua potable, entre otros.

La oficina regional de la FAO, con sede en Chile, se congratuló de los pasos positivos de América Latina y el Caribe en la reducción de la pobreza. Precisamente una cuestión debatida en esta capital durante el VI Seminario regional de Agricultura y Cambio Climático por la FAO y el paraguas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La Cepal y la FAO, funcionarios de gobiernos y especialistas coincidieron en impulsar un cambio de paradigma hacia una agricultura sostenible ante los desafíos del cambio climático. Se trata de un camino preliminar con miras a la nueva agenda de desarrollo 2030 que se aprobará en septiembre. Al mismo tiempo, toma en cuenta las dinámicas actuales de cara a la Cop 21 de Cambio Climático de diciembre.

Eve Crowley, representante regional adjunta de FAO, resaltó que 72 países lograron los Objetivos de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la hambruna. Refirió además que el propósito de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, integrados en la agenda 2030 a adoptarse en septiembre, es conseguir la completa erradicación de la subalimentación crónica y poner fin a la malnutrición.

“La agricultura también tiene el potencial de mitigar las emisiones, pero para ello es necesario un cambio de paradigma hacia un modelo sostenible”, consideró la funcionaria de la FAO.

Estadísticas de la Cepal de 2011 señalan que en América Latina y el Caribe el sector agropecuario es responsable de 28`por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, mientras que el cambio de uso de suelo y la deforestación genera 21 por ciento del total. Antonio Prado, secretario ejecutivo adjunto de la Cepal, dijo a su turno que el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señaló que este fenómeno podría causar a futuro impactos negativos.

En particular se enfocó en América Central, el noreste de Brasil y parte de las zonas andinas, así como en el centro de Chile y el oeste de Argentina. Al abundar sobre el asunto, Prado advirtió que esto podría comprometer la seguridad alimentaria en las tres primeras áreas, con altos índices de pobreza y muy dependientes de la agricultura.

A su turno, Ana María Loboguerrero, Coordinadora para América Latina del Programa de Investigación en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria, anotó que el Programa de Investigación CCAFS busca generar conocimientos. La idea es mejorar la toma de decisiones de administraciones públicas, empresas, organizaciones agrarias y de los propios agricultores, en favor de la calidad de vida de estos y lograr que el sector agropecuario sea más competitivo, recalcó.

Al evento asistieron delegaciones de Argentina, Colombia, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, República Dominicana y Uruguay. Asimismo, una representación de la presidencia ecuatoriana de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Igualmente, representantes del Consejo Agropecuario Centroamericano y del programa de mejoramiento del café de Centroamérica PROMECAFE.

Francia, en calidad de anfitrión de la Cop21, confió por intermedio de su Consejero en la embajada en Chile, Emmanuel Pineda, en que además de los 52 países comprometidos con la reducción de emisiones se sumen más en el futuro.

Urgen acciones a favor del planeta

Es indispensable disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero entre 40 y 70 por ciento para 2050 en comparación con 2010, con vista a evitar así el incremento de la temperatura global por encima de los dos grados Celsius. Así lo aseguró Ramón Pichs, copresidente del Grupo de Trabajo III del Panel Intergubernamental de Expertos de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC).

En entrevista para Prensa Latina, Pichs remarcó que en ausencia de medidas de adaptación y mitigación en la emisión de esos gases, los impactos negativos del cambio climático serán cada vez más generalizados e intensos. Para los países subdesarrollados es fundamental acceder a tecnologías idóneas y financiamientos a fin de poder avanzar en el enfrentamiento al cambio climático, comentó Pichs.

Los documentos del IPCC -acotó- son una referencia muy importante para el proceso de negociaciones políticas multilaterales que este año tendrán un momento muy importante en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en París, Francia, del 30 de noviembre al 11 de diciembre. Allí, los países subdesarrollados llevarán justamente esas posiciones, de la necesidad del acceso a tecnologías y financiamiento para avanzar en esas direcciones.

También, lo referido al tema de que las responsabilidades de los distintos países y regiones dependen de su contribución histórica a este problema del calentamiento global. Son justamente los países más industrializados los principales responsables de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, subrayó el experto.

Sobre las negociaciones que se realizan en el mundo acerca del tema, el doctor Pichs dijo que es un proceso extraordinariamente polémico que tiene lugar en el contexto de una crisis global aún no superada. En esas condiciones, señaló, es fundamental para los países subdesarrollados lograr un acuerdo que sea equitativo para enfrentar el cambio climático.

El aumento de la emisión de gases de invernadero a la atmósfera en la década de 2000 a 2010, debido a la quema de combustibles fósiles, como petróleo y carbón, sobrepasó los 30 años anteriores, advirtieron científicos recientemente reunidos en La Habana.

La producción de energía sigue siendo el principal factor impulsor de las emisiones de gases contaminantes como el dióxido de carbono (CO2) y otros, indicaron los participantes a la X Convención sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

El 35 por ciento de las emisiones proviene del sector energético, 24 por ciento de la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra, 21 por ciento de la industria, 14 del transporte, y seis por ciento del sector residencial.

En todo el planeta, afirman, hay más de 120 tipos de impactos observados atribuibles al cambio climático, y los países más afectados son los que tienen una menor capacidad de adaptación, que son una buena parte de los países en desarrollo.

Para fines de siglo va a ver en todo el mundo una disminución de las precipitaciones, que afectarán sobre todo la región del Caribe, habrá más calor, mayores eventos extremos, aumentarán los riesgos de desastres y los impactos del cambio climático van a ser más severos.

El panel hizo referencia a los mensajes principales del quinto informe de evaluación del IPCC, donde se destaca que la influencia humana en el sobrecalentamiento del planeta es cada vez más evidente. Ese calentamiento global es inequívoco, y la mayor parte del mismo está condicionado por la contribución de las actividades humanas a la generación de gases de efecto invernadero.

Este 2015 la Tierra se encamina a su año más cálido desde que comenzaron los registros undiales de temperatura en 1880. Un reporte de científicos del clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NASA) indica que la temperatura media global fue 0.80 grados Celsius por encima del promedio del siglo XX, de 12.0 grados, en los primeros meses del año. A través de la quema irracional de combustibles fósiles, como carbón y petróleo, la civilización emite a la atmósfera terrestre enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y otros gases contaminantes de efecto invernadero, de forma más rápida de lo que la Tierra puede absorber.

El calentamiento global implica el ascenso de las temperaturas medias del aire y los océanos, derretimiento de hielo y nieve, sequías extremas, alteración en regímenes de precipitaciones, e incremento del nivel del mar, entre otras adversidades para los ecosistemas marinos y terrestres, incluida la vida humana.

Esos rasgos del estado actual del clima mundial, a corto y mediano plazos, solo empeorarán si se mantienen los actuales niveles de emisión de sustancias contaminantes a la atmósfera terrestre, según las advertencias del IPCC.

* Salomón es periodista de la Redacción de Economía de Prensa Latina, Boada es periodista de la Redacción Ciencia y Técnica y Triana, corresponsal de Prensa Latina en Chile.