Una noticia procedente de la ciudad de Santa Cruz (8-VIII-2015), publicada en el medio oficial ABI, exhibe al segundo mandatario despotricando con dureza contra algunas ONG’s que operan en Bolivia. Por si acaso, la acepción castellana: despotricar significa efectuar crítica sin cuidar la terminología que se vierte.

Aquél gobernante califica a las entidades Tierra y CEDIB como mentirosas y saboteadoras en el uso de los recursos naturales, bajo el pretexto de cuidar la Madre Tierra. Sostiene que tales ONG’s le mienten y engañan al país y que –financiadas por poderes externos de países extranjeros– cumplen el papel de “defender los intereses de las grandes empresas extranjeras” –transnacionales– falseando datos, con la finalidad de evitar que los bolivianos utilicen sus recursos naturales para su desarrollo.

Por supuesto, no soy abogado de esas entidades; tampoco conozco a sus personeros y menos lo que aquellos hagan. Sin embargo, las acusaciones –tan solo por su contenido adjetivado– me despertaron sentimientos solidarios; tanto peor si el protagonista –en vez de circunscribirse a palabras de desahogo– ni por asomo se apercibió que sus acusados como agentes de un supuesto sabotaje, marchan acorde con el rumbo correcto de la historia. Más que felones los veo como guerrilleros útiles del planeta Tierra.

Me declaro Abogado de la Madre Tierra –abogado de oficio– dispuesto a desentrañar y destruir cualquier sofisma y combatirlo con firmeza, frente a quienes –bajo el pretexto de alimentación– pretenden hurguetear el subsuelo de las tierras indígenas, reservas protegidas, bosques y cualquier área, para extraer un sucio elemento líquido, co-causante del cambio climático. Se trata del petróleo, calamidad que ya ha agravado la situación mundial.

Es notoria la sintomatología de esquizofrenia en autoridades que, de un lado pregonan medio ambiente, lanzando oraciones de amor por la Madre Tierra, pero de otro –para financiar regalos y conseguir votos– acuden a las regalías del pernicioso elemento. Tal es la causa de su entusiasmo, necesidad y aún desesperación por dinero para contentar a su electorado, sin importar cuán desastrosos sean sus males. Por lo visto, se han olvidado las barbaridades sufridas por el Río Desaguadero y el Departamento de Oruro, con los derrames de tan espesa calamidad.

El petróleo tiene la virtud de mover dólares de seis dígitos para arriba. Aquello alcanza para contentar a la gente con canchas de pasto sintético, graderías y techo; le satisface también si recibe material escolar, implementos deportivos y la variada cositería. Todo se cuida, excepto el gasto público, el amarrarse el estómago y generar ahorro nacional para producir inversiones de desarrollo que no aumenten la deuda nacional.

Oigamos al Sr. Vicepresidente, con la fluidez de su propio lenguaje:

“Quieren que aquí en Bolivia no toquemos ni un solo árbol, nos convirtamos en guardabosques, esas ONG‘s no quieren que sembremos maíz, no quieren que sembremos caña, no quieren que sembremos soya, dicen no hay que tocar la tierra, no hay que tocar los bosques, porque hay que defender la madre tierra, eso nos dicen”

Se le olvidó al dignatario decir: “tampoco quieren que le saquemos petróleo al subsuelo”.

  1. Sobre lo primero, claro está que no debe tocarse un sólo árbol y, menos, selvas ni bosques. Infelizmente, el Supremo Gobierno fomenta la deforestación del país con agentes madereros, que lucran a costa de la destrucción del medioambiente, especialmente animal, reduciendo la fauna, empobreciendo el suelo, destruyendo el clima e incrementando el calentamiento terrestre. Esta actividad ya debía ser paralizada con su ecológica Constitución. ¿Qué esperan ahora los mandatarios “ecologistas” para tomar las medidas adecuadas?
  2. ¿Por qué razón, bajo pretexto de sembrar maíz, caña y soya se quiere arrasar con las selvas vírgenes naturales que, en estos tiempos, solo a enajenados mentales se le puede ocurrir? A muy pocos se va a tomar el pelo con esta historia sembradora, donde su escondido propósito –imposible de simular– es el negocio del hidrocarburo, aunque después aparezcan alrededor unas cuantas plantaciones de coca para satisfacer a otro electorado, que jamás sembraría ni maíz, ni caña ni soya.
  1. De la transcripción anterior también emerge otro sofisma: que el Sr. Vicepresidente no quiere convertirse en guardabosque. ¿Guardabosque de quién? ¿De intereses extranjeros? Si así resulta, ya no hay duda que estos últimos están más interesados que las autoridades bolivianas en proteger y mantener los recursos selváticos nacionales.
  2. No se percibe ofensivo que los bolivianos se conviertan en guardabosques de lo propio. Lo malo, –de profunda mala fe– es pretender confundir a la opinión pública con razonamientos elementales. Si se quiere sembrar los importantes productos arriba enunciados, sobra tierra para aquél objetivo y no se precisa del sacrificio de nuestras selvas primarias ni de su tala para semejante baratura.
  3. El Departamento de Santa Cruz ha sembrado en exceso caña y soya. Ha debilitado y agotado la calidad del suelo por el exceso de actividad agrícola sobre la química natural del terreno. Ahora para hacerlo trabajar se acude a fertilizantes y se emplea insecticidas. También se engulle las reservas naturales de agua nacional. ¿Y para qué? –Para fomentar la agricultura de exportación, beneficiando a europeos y norteamericanos a costa del debilitamiento de la Madre Tierra por los enormes volúmenes de la demanda, así sea a los bajos precios que siempre impone el comprador. Podemos preguntar ahora al inquisidor ¿Desea sembrar más soya, señor Vicepresidente? ¿No le apiada su amada Pachamama?
  4. Si respetamos la lógica de la propia información vicepresidencial, contenida en el artículo informativo, encontraremos que su encomiable gestión ya ha saneado 42 millones de hectáreas “en favor de campesinos e interculturales”. Con las felicitaciones consiguientes, corresponde que el maíz y el alimento que reclama, –y también el trigo, que para nada ha mencionado– sean sembrados en tales tierras saneadas, sin tocar selva alguna.

Las expresiones vicepresidenciales contra los organismos que han salido en defensa del Planeta Tierra, –contra las ONG’s enunciadas al principio– ofenden también a la propia humanidad, porque guardan propósitos inconfesables que atentan contra el género humano. Infelizmente carezco de más espacio para extenderme y demostrar cuán nefasto resulta el petróleo en todas partes.

Aquél pernicioso elemento, que ha enriquecido infinitamente a una costra multimillonaria –pero minoritaria– del Primer Mundo, ha producido guerras, golpes de Estado y crímenes personales. Desde su extracción ha traído problemas, incluyendo a sus subproductos, contaminando la superficie terrestre, flora, fauna, aguas potables, océanos, mares, lagos y ríos (con criminales derrames y el uso de motores de navegación) incluyendo la agricultura. Solo su respiración ha acabado con comunidades pobres. En la elaboración química de los hidrocarburos, en el consumo, en sus residuos y en cuanta forma se perciba, ha dejado la huella maldita de la destrucción. Ha envenenado el medio ambiente, ha dañado la capa de ozono que cubre la tierra, ha convertido el cielo en un basurero de dióxido de carbono (al decir del científico Kenneth Caldeira (del Carnegie Institute), ha incrementado la generación de huracanes e inundaciones, ha producido migraciones humanas ambientales, y ahora –por añadidura– se descongelan y disuelven los casquetes polares, el Ártico y la Antártida, cuyas aguas inundarán las ciudades costeras del mundo.

Hace más de veinte años que clamo en mis modestos libros y artículos de prensa, en favor de una milicia mundial de voluntarios que haga respetar la Tierra. Felizmente esta milicia –antes sueño, hoy realidad– ya va surgiendo en todas partes. Alguien habrá de organizarla. Serán las locales comunidades del orbe, orientadas por la abundante intelectualidad, que igualmente trabaja sin descanso.

Las ONG’s son también intelectualidad y las comunidades su contacto natural. Infelizmente para quienes ejercen la diatriba, las comunidades ya no son rebaño de llamas que obedecen al cacique de más arriba. Toman conciencia de los peligros que se les avecina y se percibe su madurez por la serenidad con la que se expresan. Cada día se hace más difícil sobornar a los dirigentes.

Acaba de informar la prensa que la protesta pública de la comunidad guaraní ha sido reprimida. Téngase la seguridad que surgirán más guaraníes en otras partes del país.

Finalmente, a las entidades difamadas Tierra y CEDIB les queda el deber y el honor de no defraudar ni retroceder un solo milímetro frente a la injuria y la amenaza. Si son clausuradas por “peligrosas” o “conspiradoras”, su personal tiene el deber de continuar individualmente con su actividad cotidiana, pero esta vez en coordinación con el movimiento ecologista que ya existe en Bolivia. No ha nacido todavía quien pueda clausurar ni la voz ni la actividad del cuerpo.

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