La Habana (PL).- El Gobierno estadounidense plasmó en importantes documentos oficiales recién publicados sus proyecciones estratégicas a nivel global, las que ratifican la superioridad militar y el uso de la fuerza como categorías de primer orden. Así lo evidencia la nueva Estrategia Militar Nacional (EMN) del Pentágono, que vio la luz el 1 de julio y resalta la necesidad de una fuerte presencia de las fuerzas armadas norteamericanas en la arena internacional, con el pretexto de garantizar la seguridad de la nación norteña.

EE.UU., ¿otra versión de guerra global contra el terrorismo?

Estados Unidos parece abocado a una nueva guerra global contra el terrorismo, similar a la que inició el presidente George W. Bush (2001-2009) tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, aunque con la impronta de esta Administración demócrata. Al menos así lo evidencia una campaña de los principales medios de prensa norteamericanos que destacan la expansión del Estado Islámico (EI) fuera de sus tradicionales áreas de operaciones en Iraq y Siria hacia otros países de la región.

Fuentes de los servicios de espionaje estadounidense aseguraron al periódico The New York Times que la extensión de grupos afiliados al EI aumenta las posibilidades de que Washington inicie lo que algunos expertos señalan como “cruzada” más amplia contra los fundamentalistas en varias regiones del mundo.

Los especialistas citados por el diario neoyorquino prevén un posible aumento de las operaciones del Pentágono más allá de las que lleva a cabo con sus aliados contra objetivos de los irregulares en Siria -sin la anuencia del Gobierno de Damasco- e Iraq. EI estableció en los últimos meses bases de operaciones en Afganistán, Argelia, Egipto y Libia, mientras que en Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Túnez y Yemen mantiene dos centenares en cada país.

Otros medios de prensa estadounidense hacen referencia a las acciones del EI en el norte de África, en especial a las decapitaciones masivas de cristianos egipcios por extremistas en Libia, vinculados al EI, que pusieron en evidencia la ampliación de la amenaza de estos grupos. Desde Europa, la cadena televisiva CNN informaba el 22 de febrero pasado sobre temores, en especial del Gobierno italiano, de una eventual “invasión” de los irregulares que actúan en territorio norafricano.

Francia no se queda atrás en esta alarma y sus autoridades aseguran que más de mil 400 ciudadanos galos o residentes en ese país mantienen vínculos con las redes yihadistas y centenares de ellos combaten junto a las bandas armadas en Siria e Iraq.

Algunos expertos aseguran que el presidente Barack Obama prepara condiciones para un incremento de la proyección del poderío bélico norteamericano en ultramar en los últimos dos años de su mandato, con las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) como punta de lanza.

Al menos así lo considera el diario Tampa Tribune en un artículo del 16 de febrero, al señalar que esas tropas recibirán para el año fiscal 2016 más de 10 mil 600 millones de dólares, lo que significa un incremento cercano al seis por ciento en relación con el dinero recibido en 2015, y contarán con un total de 69 mil 900 efectivos.

En ese contexto, las FOE realizan hasta principios de marzo el ejercicio multinacional de lucha antiterrorista Flintlock 2015, con unidades de Níger, Nigeria, Camerún, Túnez y tendrán a Chad como la sede principal del evento, dirigido por el Comando de África, cuya jefatura radica en Stuttgart, Alemania.

Según la información oficial, estos entrenamientos forman parte de la estrategia de Estados Unidos de fortalecer las capacidades de los ejércitos locales para enfrentar las acciones de la organización extremista Boko Haram, que aumentó sus actividades en esta área.

Las FOE son unidades élites integradas por los llamados Boinas Verdes del Ejército norteamericano, los grupos Seals de la Marina y otras de la Infantería de Marina y la Fuerza Aérea, subordinadas al Comando Conjunto de Operaciones Especiales del Pentágono, cuya jefatura está en MacDill, cerca de la ciudad de Tampa, Florida.

Otro indicio de las proyecciones globales de las intenciones de la Casa Blanca de expandir la lucha contra el terrorismo fue la Cumbre Internacional contra el Extremismo Violento, que tuvo lugar en Washington D.C. a mediados de febrero, en la que estuvieron presentes representantes de más de 60 naciones.

Aunque esta potencial ampliación de la campaña contra el terrorismo por parte de Obama se prevé sea más limitada que la de Bush, elementos conservadores en el Congreso y dentro del gabinete presionan al mandatario para que ejerza a fondo sus funciones como comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Uno de los principales propulsores del incremento del compromiso estadounidense en el Medio Oriente y en otros teatros de operaciones es el nuevo secretario de Defensa, Ashton Carter, recientemente confirmado por el Senado norteamericano, para sustituir a Charles Hagel, quien renunció a su cargo.

Carter respalda la política de la Casa Blanca destinada a apoyar a las bandas armadas que intentan derrocar por la fuerza al gobierno de Siria y de entregar armamento al ejército de Ucrania, ante el avance que han tenido en las últimas semanas los rebeldes que operan en el sureste de esa nación.

En este contexto, Obama pidió al Capitolio una nueva autorización para el uso de la fuerza (AUMF) con el fin de perseguir al EI donde quiera que este actúe.

Al respecto, el vocero de la Casa Blanca, Johs Earnest, dijo que Estados Unidos no puede dejarle la impresión al EI de que si se traslada a un país vecino estaría en un lugar seguro, fuera del alcance de las capacidades militares norteamericanas. Como elemento de presión en este proceso, el liderazgo republicano en el Capitolio estudia en detalles la solicitud de Obama, pero todo parece indicar que quiere ir un poco más allá de lo que pide el gobernante.

Los senadores John McCain, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara alta, y su correligionario Bob Corker, de la Comisión de Relaciones Exteriores en ese hemiciclo, son los críticos más prominentes de las proyecciones del jefe de la Casa Blanca, a quien exigen una posición más ofensiva.

Si el Capitolio aprueba la solicitud de Obama, el texto tendría validez por tres años y, aunque descarta el empleo de tropas terrestres en combate, autorizaría el uso de unidades de las FOE estadounidense para operaciones de rescate de pilotos, espionaje dentro del territorio enemigo, sabotaje, entre otras misiones “limitadas”.

Funcionarios de la Casa Blanca señalaron el 23 de febrero, cuando el Capitolio reinició sus sesiones tras una semana de receso, que Obama rechaza con firmeza cualquier restricción geográfica sobre las zonas en las que el ejército puede perseguir al EI.

El mandatario incluso está dispuesto a debatir gran parte del resto de su propuesta, así como el plazo de tres años en su proyecto y el controversial acápite relacionado con las tropas y su misión combativa. Pero los críticos de esta posible expansión de la guerra temen que la Casa Blanca se involucre en un conflicto prolongado y de varios frentes en los últimos dos años de su mandato.

Eso quiere evitar el congresista demócrata Adam B. Schiff, la principal figura de su partido en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, quien señaló que se opone a ofrecer otro cheque en blanco que justifique el uso de los militares estadounidenses en cualquier parte del mundo.

Expertos del Instituto para el Estudio de la Política (IPS), un “tanque pensante” con sede en la capital estadounidense, consideran que el borrador presentado por Obama al Capitolio tiene un lenguaje peligrosamente ambiguo.

“Hace más de una década nos opusimos a una resolución similar que, al autorizar el uso de la fuerza militar, sentó las bases para una desastrosa invasión contra Afganistán e Iraq y para una campaña interminable”, añaden los especialistas de IPS.

Poco más de 13 años después, Iraq es un desastre, centenares de miles de civiles murieron y nuevos grupos terroristas como el EI emergen de los escombros de nuestras intervenciones militares, acota el análisis. Otro elemento de peso en esta orientación neobelicista, es la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que mantiene el empleo del poderío militar como factor vital de la política exterior.

El documento afirma que Estados Unidos utilizará la fuerza de forma unilateral cuando considere amenazados sus intereses y los de sus aliados, estén en peligro las vidas de los ciudadanos y como instrumento esencial de apoyo a la diplomacia en cualquier lugar del mundo.

Sin embargo, dicha ESN, que fue presentada recientemente por la asesora de seguridad nacional del mandatario, Susan Rice, reconoce que esa no es la única herramienta a su disposición, ni el medio principal ni más efectivo para enfrentar los desafíos en la arena mundial, para lo cual Washington dispone además de otras medidas punitivas.

Esta ESN de 2015 repite aseveraciones tendentes a justificar las intervenciones en cualquier conflicto, por encima de los obstáculos que le impongan las leyes internacionales y el derecho de los pueblos a la libertad y la autodeterminación.

EE.UU. actualiza sus proyecciones estratégicas a nivel global

La nueva Estrategia Militar Nacional (EMN) del Pentágono, que vio la luz el 1 de julio, reclama el hegemonismo de Washington en todos los frentes, y afirma que la situación actual es la más inestable en los últimos 40 años, razón por la cual los militares necesitan mantenerse como la agrupación bélica mejor equipada y dirigida en el mundo.

En el prólogo de la EMN, el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Martin Dempsey, señala que desde la anterior, publicada en 2011, el desorden global tiende a ascender, a la vez que se erosiona la superioridad comparativa de Estados Unidos.

A pesar de las dificultades, “somos la potencia más poderosa del mundo”, añadió Dempsey, quien es el principal asesor del presidente Barack Obama en temas castrenses y el oficial norteamericano de mayor rango. El texto señala que Washington enfrenta actualmente varios desafíos de seguridad de forma simultánea, desde los tradicionales actores estatales -aquí menciona a Rusia y a China- y las redes transregionales, lo que hace que los conflictos del futuro sean más duraderos y tengan un mayor impacto en territorio continental norteamericano.

El texto aborda el conflicto en el sureste de Ucrania y las consiguientes desavenencias con Rusia, ante el rechazo de Moscú a las autoridades que asumieron el poder en Kiev en febrero de 2014 tras el golpe de estado contra el presidente Viktor Yakunovich.

En este sentido, el general Joseph Dunford, nominado para ocupar el cargo de Dempsey a partir del 1 de octubre si el Senado lo confirma, también expresó recientemente en una audiencia en la Cámara alta la misma percepción respecto a la nación euroasiática al señalar que constituye la principal amenaza para Estados Unidos.

La EMN valora además el papel que deben asumir las fuerzas armadas norteamericanas para contrarrestar el ascenso de la economía de la República Popular China y su creciente influencia en la región Asia Pacífico y el resto del mundo, así como el conflicto por el programa nuclear de la República Popular Democrática de Corea.

Al mismo tiempo, la nueva estrategia del Pentágono califica de organizaciones extremistas violentas al Estado Islámico y Al Qaeda, que intentan socavar la seguridad especialmente en el Medio Oriente y el Norte de África, “donde emplean el terror para imponer sus percepciones sobre la organización social”.

La EMN especifica los objetivos del estamento castrense norteamericano: disuadir y derrotar a los estados adversarios, desestabilizar degradar y vencer a las organizaciones extremistas violentas, y fortalecer la unidad de los aliados y socios de Washington en todo el mundo.

El documento señala que para imponer un costo impagable a los enemigos que intentan desafiar el hegemonismo estadounidense, es necesario mantener unas fuerzas armadas con alto nivel de disposición combativa, bien entrenadas y equipadas.

La presencia bélica en el exterior estaría “justificada”, según el texto, por la necesidad de estar listos para responder a crisis sin tener que enviar unidades desde territorio continental, lo que demoraría el tiempo de respuesta de la maquinaria bélica del Pentágono.

Pero la EMN forma parte de un conjunto de documentos que el Gobierno de Estados Unidos está obligado por ley a elaborar y publicar de forma periódica, en dependencia de las circunstancias, y que conforman los aspectos básicos de su política exterior.

En ese sentido, el 6 de febrero pasado la Casa Blanca publicó la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), firmada por el presidente Barack Obama, que ratifica el uso de la fuerza como opción de primera mano en las intenciones hegemónicas globales norteamericanas para los próximos años.

El documento establece las guías generales y los objetivos de política exterior para todas las agencias federales, incluyendo el Pentágono y la Comunidad de Inteligencia, que a su vez emiten sus respectivas directrices de trabajo.

La ESN afirma que Washington utilizará su poderío militar de forma unilateral cuando considere amenazados sus intereses y los de sus aliados, estén en peligro las vidas de los ciudadanos y como instrumento esencial de apoyo a la diplomacia. Estados Unidos mantiene actualmente más de 156 mil efectivos militares en 150 países y otros 70 mil desplegados en las llamadas operaciones de contingencia.

Entretanto, las actuales misiones que cumplen los militares estadounidenses en el exterior afrontan serias dificultades para alcanzar los objetivos propuestos y que están establecidos tanto en los textos programáticos de la Casa Blanca como del Pentágono y las declaraciones de los principales líderes de la nación norteña.

Un ejemplo de esto es la inefectividad de la campaña aérea contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Iraq, contienda que ha resultado más difícil de lo previsto, según un artículo publicado el 3 de julio en la versión digital de la revista U.S. News and World Report.

El texto recuerda que a pocos días de conocerse la formación de ese grupo extremista, el entonces vocero del Pentágono, contralmirante John Kirby, desestimó el potencial de los fundamentalistas y sus capacidades para mantener un poderío duradero, por lo que -según él- serían derrotados en plazos relativamente breves.

Sin embargo, un año después de la formación del llamado Califato por ese grupo extremista, Washington y sus aliados han lanzado miles de golpes aéreos y gastaron más de nueve mil millones de dólares en esa contienda sin lograr su objetivo, añade la publicación.

El análisis, escrito por Paul D. Shinkman, especialista en temas de seguridad nacional, pone en duda los señalamientos de altos funcionarios del Pentágono, quienes dicen disponer de una estrategia adecuada en dicha campaña y esperan el inevitable colapso del EI.

Una opinión similar expresó el 10 de julio el congresista republicano Ryan Zinke, quien señaló que los bombardeos de Estados Unidos y sus aliados contra el EI son inefectivos, y los esfuerzos para armar a las bandas antigubernamentales sirias constituyen un rotundo fracaso.

Zinke, exmiembro de las fuerzas de operaciones especiales de la marina, criticó las recientes declaraciones del secretario de Defensa, Ashton Carter, quien señaló en una audiencia senatorial que el Pentágono apenas entrenó a 60 irregulares sirios en el primer semestre de 2015 a pesar de que el Congreso asignó 500 millones de dólares para tales fines.

Me siento decepcionado, porque esto constituye un fallo abismal que denota la ausencia de una estrategia clara hacia el conflicto en Siria, y no sabemos cuál es nuestra política allí, si vamos a apoyar o no un cambio de régimen, añadió el legislador.

Desconocemos además si vamos a ceder al EI el territorio que este ocupó en esa nación árabe, como hacemos actualmente, agregó Zinke, quien es miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.

Washington y sus aliados iniciaron el 8 de agosto de 2014 una campaña aérea contra objetivos de los fundamentalistas en Iraq. Estas operaciones se expandieron el 23 de septiembre del mismo año a suelo sirio, sin la anuencia de las autoridades de Damasco, las cuales acusan a Occidente de armar a las bandas que intentan derrocar por la fuerza al Gobierno de Bashar Al Assad.

De todas formas, tanto la Estrategia de Seguridad Nacional firmada por Obama, como la Estrategia Militar Nacional, que concierne al Departamento de Defensa, son apenas la punta del iceberg de todo un conjunto de proyecciones que confluyen en un objetivo básico: la consolidación de la hegemonía global de Estados Unidos.

La mayor parte de los objetivos y las tareas de las fuerzas armadas del país norteño y de las agencias de inteligencia permanecen en el más absoluto secreto, sobre todo aquellas relacionadas con las acciones destinadas a subvertir el orden en países con Gobiernos que no son afines a los intereses norteamericanos.

* Jefe de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina.