La Habana y Atenas (PL).- El NO en el referéndum griego del domingo 5 de julio constituye además de una respuesta a las presiones económicas de los acreedores, el inicio de un largo camino financiero por recorrer.

En principio, la victoria del NO (61,3 por ciento) ante propuestas del Eurogrupo para resolver la situación económica griega, constituye una rotunda aprobación a la gestión del primer ministro heleno Alexis Tsipras.

El gobierno de izquierda de Tsipras vence una primera ronda de pulso con sus acreedores (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional). Ese problema que afronta Atenas es viejo, y proviene de elementos de corrupción en mandatos anteriores, en tanto ahora se busca un camino sin apretar el cinturón a los griegos más pobres, sobre todo en materia de empleo, jubilación e Impuesto al Valor Agregado (IVA) turístico.

Por tanto, aunque la interpretación general de la consulta pública se muestra como una referencia económica en busca de nuevas negociaciones, se trata realmente de respetar un trayecto democrático que resuelva verdaderamente los problemas del país heleno.

Nuevas negociaciones constituyen ahora motivo de expectativas acerca de la situación griega luego del triunfo del NO frente a las medidas del Eurogrupo, y un sí a la gestión del primer ministro Alexis Tsipras.

Pese a que la falta de liquidez continúa en el tapete, la alegría de los griegos caracteriza el panorama en Atenas, aunque el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, anunció su renuncia para facilitar los tratos posteriores con los acreedores.

Varoufakis significó que su deber es ayudar al primer ministro Tsipras a explorar, como considere adecuado, el capital que el pueblo griego otorgó al gobierno mediante el referéndum.

Gobierno griego obtiene respaldo del pueblo y oposición

La rotunda respuesta popular en el referéndum celebrado en Grecia, rechazando nuevas medidas de austeridad, y la postura casi unánime de la oposición respaldando al ejecutivo de Atenas, serán presentadas por el primer ministro Alexis Tsipras a los dirigentes europeos.

El gobierno no solo se ganó el apoyo de una amplia mayoría de los ciudadanos, sino que además consiguió un acuerdo con todos los grupos parlamentarios, con las únicas excepciones del Partido Comunista (KKE) y el fascista Amanecer Dorado, para representar con más fuerza la posición de Grecia frente a los acreedores.

La victoria en la consulta desarmó a los partidos que apostaban por el ‘Sí‘, a la propuesta de las instituciones financieras, y les movió en aras de la unidad a aceptar las líneas generales esgrimidas por el gobierno en la negociación, que se anuncia inminente.

En el documento rubricado por cinco formaciones se indicó que el mandato popular del domingo 5 de julio “no es para la ruptura, sino para la continuación y el fortalecimiento de los esfuerzos para lograr un acuerdo socialmente justo y económicamente sostenible” con los acreedores.

Esta afirmación choca con las afirmaciones realizadas durante la dura campaña tanto por el derechista Nueva Democracia, principal partido opositor, como por los socioliberales Potami y Pasok, en el sentido que una victoria del ‘No‘ en la consulta llevaría al país al caos y fuera de la Unión Europea (UE).

Sin embargo, desde las filas del partido de gobierno, el izquierdista Syriza y su socio menor Anel, derecha nacionalista, trataron de definir que su propuesta no era un rechazo a la Eurozona, sino a las políticas neoliberales que han llevado la economía y la sociedad griega al desastre.

A su vez el KKE defendió en todo momento que el verdadero referendo debía plantear una salida de la moneda común y la UE, razón por la cual no quiso participar de ningún acuerdo que en su opinión solo perpetuará el sufrimiento de la clase trabajadora.

Pero Atenas también realizó una importante concesión a los acreedores al aceptar la retirada del hasta ahora ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, con la esperanza de que este movimiento permita alcanzar un acuerdo de forma rápida y definitiva.

En su lugar el ejecutivo designó como gesto conciliador al hasta ahora responsable del equipo negociador, Euclides Tsakalotos, y a quien las instituciones conocen al frente de la delegación griega desde el mes de abril.

Grecia se presenta con una posición especialmente fuerte de cara a la finalización de las negociaciones, pero ahora con dos cuestiones añadidas que no habían sido abordadas hasta el momento: la reestructuración de la deuda y la materialización de un vasto programa de ayuda económica para dinamizar la economía productiva.

El resultado del referéndum cayó como un jarro de agua fría sobre los dirigentes europeos que, no obstante, retomaron de manera urgente la cuestión griega y empezaron a reconocer la necesidad de poner punto final a una negociación que dura meses.

El lunes 6 de julio, la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés François Hollande fueron los primeros en reconocer la decisión de las urnas y en pedir a Grecia que “de forma urgente tengamos propuestas precisas para poder encontrar una salida a la situación”, según señaló Merkel al finalizar el encuentro.

La respuesta de Atenas no se hizo esperar y adelantó que el martes Grecia llevaría su plan a la Cumbre Europea de Jefes de Estado y de Gobierno, avanzando que estará en línea con el presentado días atrás, según aseguró Daniel Munévar, asesor del Ministerio de Finanzas heleno.

Así mismo, resaltó que cualquier acuerdo que no incluya la reestructuración de la deuda y mecanismos de financiación para aliviar la situación actual, “no será viable” para la población griega.

Horas antes de esta Cumbre se reunirán también los ministros de Finanzas de la zona euro, aunque previsiblemente no tomen ninguna medida definitiva, como ya se encargó de advertir el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker.

Pero el gobierno griego también deberá pelear con el Banco Central Europeo (BCE) para que aumente la línea de financiación a los bancos griegos, y pueda llevarse a cabo sin problemas su reapertura, programada para el 9 de julio.

En esa línea también se situó el documento suscrito por los partidos griegos al asegurar que la prioridad inmediata debe ser la de garantizar la liquidez necesaria para el sistema financiero griego.

La consulta celebrada en Grecia ha puesto en el tejado de Bruselas no una pelota sino varias, y en los próximos días veremos cómo los poderes europeos manejan esta nueva situación, que las urnas voltearon en favor del pueblo griego.

REFLEXIONES OBLIGADAS

Por un lado están quienes aprecian un camino nuevo para Grecia, mientras otras voces recuerdan la deuda de 180 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país y prevén unas arduas negociaciones para el futuro inmediato.

La base de esta crisis está en una deuda de aproximadamente 320 mil millones de euros que la nación helena no puede pagar.

Análisis señalan que durante años, en anteriores mandatos, Grecia gastó más dinero del que producía y financió ese gasto mediante préstamos, pero esto ocurre desde mucho antes del euro.

Con la llegada de la moneda común en 2001 las cosas no cambiaron para Grecia, por lo tanto no estamos en presencia de un problema nuevo.

El gasto público aumentó 50 por ciento de 1999 a 2007, mucho más que en otros países de la eurozona; a este elemento se sumaron temas de corrupción y evasión fiscal, reconocidos por Grecia, lo que llevó a un déficit superior al tres por ciento del PIB.

De ahí que se pueda comprender el incremento de la deuda de 150 por ciento a 180 por ciento en la actualidad. Entonces aparecieron medidas de gruesa austeridad para un rescate financiero e impedir la quiebra y salida del grupo de moneda única.

El primer paquete de ayuda financiera a Grecia fue aprobado por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional en mayo de 2010, y contó con 110 mil millones de euros para cumplir con sus compromisos con los acreedores.

Sin embargo, esa ayuda propiamente no llegó nunca a ser un verdadero beneficio del pueblo, pues consistía sobre todo en salvar a los bancos y las principales fortunas.

Pero el segundo rescate no se hizo esperar y se elevó a 240 mil millones de euros. Tales devaneos financieros finalmente llevaron a la mencionada cifra de deuda de 320 mil millones de euros, que finalmente Atenas, lógicamente, se negó a pagar.

Estas ayudas, sin embargo, presionaron un paquete interno de medidas que tuvo en primeros planos a asuntos como la jubilación y de esta manera reforzó el cansancio de los griegos por la austeridad.

Economistas como Paul Krugman y Joseph Stiglitz -ganadores del premio Nobel de Economía en 2008 y 2001, respectivamente- consideran que las medidas no mejoraron la situación o las perspectivas de Grecia. De hecho, estiman que la economía griega se redujo 25 por ciento desde el inicio de los programas de austeridad, lo que acentúa su dependencia en créditos externos.

Por tanto, el impacto en el pueblo de esas medidas de los prestamistas es brutal, con una tasa de desempleo del 26 por ciento, la más alta de toda la Unión Europea. Entre los jóvenes supera el 60 por ciento, por tanto ya son millones de griegos que viven bajo el nivel de pobreza.

Ahora Grecia no logró pagar mil 500 millones de euros de deuda con el FMI, y su principal acreedor en materia de país es Alemania, de ahí la recia posición de Berlín ante estos problemas. Otras voces plantean la deuda de Grecia entonces tienen que repartírselas los demás miembros del grupo de moneda única.

Pero lo que sí es cierto es que la mayoría de los griegos quiere buscar soluciones dentro del euro y con el gobierno de Tsipras. De ahí que ahora, luego de la votación, se gestiona la reanudación de las negociaciones.

Tsipras y el presidente de la República, Prokopis Pavlópulos, mantuvieron una conversación telefónica con el presidente francés, Francois Hollande, con vistas a la reunión del mandatario galo con la canciller alemana, Angela Merkel.

Según fuentes gubernamentales citadas por la televisión pública, Tsipras habría hablado también con el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. Fuentes oficiales señalaron que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pidió hablar con Tsipras.

Por su parte el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, señaló que la estabilidad de la zona euro no está en discusión. En esa cuerda, el gobierno británico pidió a los miembros de la Eurozona participar en un diálogo que permita alcanzar una solución sostenida al problema de la deuda griega.

Los ministros de Economía y Finanzas de los países de la zona euro fueron convocados de inmediato para Bruselas y se esperan nuevas propuestas de parte de las autoridades griegas, refiere un comunicado, a la par de otra cita prevista para la ciudad francesa de Estrasburgo.

Pese a la euforia del pueblo griego y voces optimistas, Dombrovskis afirmó que la victoria del NO en el referéndum en Grecia aumenta la distancia entre éste y sus socios del euro. Añadió que no hay una salida fácil a esta crisis, pues se perdió demasiado tiempo y oportunidades.

Las presiones de la troika (el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional) fueron valoradas por el gobierno de Atenas como un chantaje y por eludir un espíritu verdaderamente constructivo a la hora de negociar, además de considerarse tales exigencias como terrorismo económico contra ese país. Ahora solo resta negociar con buena voluntad.

* Periodistas de Prensa Latina.