La antigua ciudad siriana de Palmira que fue cuna de la civilización, está en peligro de ser destruída por las hordas salvajes del llamado Estado Islámico. En Palmira, la ciudad de los árboles de dátil y ruta de la seda que en el pasado ha unido el Occidente con el Oriente con el intercambio de marcaderías está flameando la bandera negra del EI. La ciudad está actualmente en manos de Abu al Baghdadi que confirma su fuerza de terrorista sanguinario. Este ejército de guerrilleros están a pocos pasos de las mil columnas, del centenar de estatuas y de las quinientas tumbas de la antigua necrópolis, que es el corazón mismo de un lugar arqueológico mundial, declarado por la Unesco patrimonio mundial de la humanidad.

Cada acción de este conjunto de milicianos exprime una fuerte carga simbólica: a Palmira las tropas del Califato han decapitado estatuas y personas, los símbolos de una civilización y los infieles que no han cedido a sus creencias. Como ya lo habían hecho en la ciudad iraquena de Nimrud donde han destruído las joyas arquitectónicas a piconadas, naturalmente grabando todo en video para hacerlo ver a la gran platea mundial de internet. Este Estado Islámico exalta una doctrina suníe vivida en su forma más extrema. A pocas fronteras de Siria e Iraq, donde un año atrás se ha establecido el califato, enemigos e infieles han sido crucificados en las plazas, degollados y las cabezas cortadas expuestas en postes y picas.

Han prohibido la música, el alcohol y el humo, las mujeres tiene que taparse desde la cabeza hasta los pies, las manos tiene que estar cubiertas con guantes negros y no pueden caminar solas. Para ellos el sexo forzado no es violación, justifican el secuestro y la violación de mujeres y niñas de minorías étnicas.

Este terror ha permitido al califato extender su poder y en estos últimos tiempos, se han organizado muy bien sobretodo militarmente. Después de haber conquistado vastas áreas de las regiones del norte de Siria, los guerrilleros por vez primera han tomado posesión y controlan importantes ciudades en el mismo corazón del país.

Además de Siria, desde hace un año controlan militarmente muchas partes de Iraq ocupando las ciudades de Mosul y Tikrit, en el norte del país y hace pocos dias atrás han ocupado Ramadi, una ciudad de medio millón de habitantes, ciudad de mayoría suníe. Actualmente, este conflicto religioso secular, entre suníes y chiíes pesa mucho sobre la guerra y el futuro de la zona.

Hoy Irán y Siria se encuentran juntos ante la amenaza del califo y no sólo por la misma fe religiosa, de los chiíes. Obama está frente a un dilema, tratar con el odiado dictador de Damasco y con Teherán contra los yihadistas, o tratar con los iraníes la delicada cuestión nuclear, descontentado a su histórico aliado Arabia Saudita y a los suníes. Es en esta parte del planeta que actualmente se están dibujando los nuevos equilibrios del mundo.