¿Cuál es el sueño de la clase dominante? Esta vez hablamos no de la burguesía en general, tampoco de las burguesías concretas, de cada país, de alguna manera, hablamos, es cierto, de las burguesías de las potencias imperialista; pero, estas figuras históricas de la estructura de clases de las sociedades capitalista, en el sistema-mundo capitalista, han quedado atrás. Hablamos de la híper-burguesía del orden mundial del sistema-mundo, en el ciclo del capitalismo vigente, bajo el dominio absoluto del capitalismo financiero, desplegado como sistema financiero internacional. Esta clase, la híper-burguesía mundial, sueña con el dominio absoluto del mundo. No es que sea una utopía no solo conservadora, incluso narcisista, hasta sádica, sino que, en realidad, prácticamente ya tiene este dominio; entonces, no es utopía. No es que no está en ningún lugar, está en todos los lugares del mundo, materializado el dominio absoluto en las formas aplastantes del capitalismo financiero, articulado al capitalismo extractivista, ya desbordante descomunalmente. Sin embargo, esta híper-burguesía tiene pesadillas, es paranoica; se siente acorralada por la inmensa población mundial, primero de pobres, después, de pueblos dinámicos, y, obviamente, de activistas. La democracia, por más formal que fuera, incluso controlada por las burguesías concretas, le ha resultado insuficiente, hasta problemática, pues permite el cuestionamiento de parte de los descontentos. Por eso, se entiende, que la híper-burguesía haya decidido descartar la democracia, por más formal e institucional que sea, y apostar por el Estado de excepción mundial.

Toda esta estrategia de guerra infinita contra el terrorismo, que, además, se ha convertido en paradigma de los políticos y los gobiernos – sean conservadores, imperialistas, para-imperialistas, cipayos, o, en contraste, progresistas, hasta “revolucionarios”, por lo tanto, sean de “derecha” o de “izquierda” -, es pues la estrategia que apunta a instituir el Estado de excepción mundial. Esta es la razón por la que ven terroristas en todas partes, síntoma compulsivo de su paranoia crónica; cuando no los encuentran efectivamente, los inventan. Han llegado al colmo de inventarse su alteridad extrema, un fundamentalismo recalcitrante, extremo, alucinante, como para ser real, que sirve como simetría opuesta, precisamente para reproducir el poder y la dominación del imperio. Sin embargo, nada de esto es suficiente, pues la paranoia no se resuelve exorcizando algunos fantasmas; en esta psicosis dominante, los fantasmas se reproducen como moscas. Les asunta sus propios pueblos, pues ellos, los pueblos, son, de todas maneras los depositarios de la soberanía; algo que no quepa en la mentalidad absolutista de la híper-burguesía.

¿Cuál entonces el objetivo estratégico? Para llegar al Estado de excepción permanente se requiere justificar este recurso de emergencia; no basta el fantasma del terrorismo; es indispensable como la amenaza de una guerra civil. Ahora, el gendarme policial del imperio, la fabulosa maquinaria de guerra económica-tecnológica-comunicacional ha decidido provocar la amenaza de la guerra civil, por lo menos el fantasma de la amenaza, mediáticamente manejada. Si bien siempre, en los contextos y periodos del capitalismo y la modernidad, se han manifestado las formas del racismo; esto es, racismo constitutivo de la colonialidad, matriz del capitalismo, lo que ocurre ahora, en Ferguson, Baltimore, Denver, en varias ciudades de Estados Unidos de Norte América, no es solamente una continuidad de lo que ocurría antes, es parte de la provocación desatada por los servicios de inteligencia y seguridad del Etado, para provocar la amenaza de guerra civil. Se podría decir, hasta cierto punto, que las muertes que han desatado la protesta movilizada, son buscadas, son premeditadas.

Hace un tiempo, quizás cuando se desataron las movilizaciones de los indignados, la híper-burguesía ha declarado la guerra a los pueblos, a sus pueblos, pues sabe que el capitalismo especulativo, que incursiona, nutrido por el capitalismo extractivista desbordante, articulado por el uso de la tecnología de punta, no se sostiene por sí mismo, no se sostiene con las burbujas financieras, sino que requiere, además del extractivismo desbordante y descomunal, de que la paguen los pueblos, no solamente del sur, sino también del norte.

Si bien hay movilizaciones de resistencia, si bien se ha dado lugar a la interpelación de los activismos, los pueblos todavía no han respondido, como lo que tienen que hacerlo, ante esta declaración de guerra, no se han unido, no se han aliado, no han conformado la internacional de los pueblos. Ante el peligro de semejante amenaza del imperio, de la híper-burguesía dominante, los pueblos deben conformar una Confederación de Pueblos del Mundo, para afrontar este desafío, esta amenaza descomunal, para defender la vida de los pueblos, sobre todo para defender la vida en el planeta.

La convocatoria es a todos los pueblos del mundo a conformar la Confederación Plurinacional de Pueblos Autónomos del Mundo. Apuntar a la conformación de la gubernamentalidad democrática, plural, participativa, autogestionaria de los pueblos del mundo. Sobre todo es importante parar el tren de la historia, como decía Walter benjamín, evitar el descarrilamiento o la caída en el abismo, expropiar a los expropiadores, sobre todo a los monopolios de la híper-burguesía, desmantelar los estados, que no son otra cosa que piezas o engranajes del orden mundial, diseminar las burocracias, monopolizadoras de las decisiones operativas, desterrar las imposturas de las delegaciones y representaciones, liberando las capacidades autogestionarias de los pueblos.

La convocatoria es también a todos los pueblos a defender al pueblo norteamericano de esta artera represión y maquinación provocativa racial, que busca justificar el Estado de excepción permanente. Las demandas, reivindicaciones, los derechos, de los pueblos, de cada pueblo, son vital para todos los pueblos del mundo y cada uno. Cuando la híper-burguesía agrede a un pueblo lo hace a todos.