Habiendo revisado la demanda interpuesta sobre la Corte Internacional de la Haya, es menester aclarar que dicha acción jurídica plantea la aspiración de Bolivia en negociar con Chile para reivindicar derechos sobre su acceso al mar, basándose en los derechos expectaticios creados en las múltiples reuniones de mandatarios y cancilleres, así como en declaraciones de prensa de actores políticos y diplomáticos de ambos estados.

Los alegatos del 6 de mayo, para convencer a la Corte que determine la obligatoriedad de Chile a negociar con Bolivia, además de la argumentación jurídica con precedentes internacionales -del dominio de los asesores expertos en litigios marítimos- deberán incluir los antecedentes del despojo marítimo y también datos históricos de la época posterior al Tratado de 1904, ya que el mismo se consolidó al haberse vencido el plazo de revisarlo, en virtud a la Disposición Transitoria Novena de la Constitución Política del Estado.

De la aceptación de la demanda que será simultáneamente la denegación de la excepción de incompetencia interpuesta por Chile, se derivará el tratamiento de fondo de la misma. En caso de ocurrir, podrá ser considerado como una victoria, aunque con eso simplemente tendremos la posibilidad de que Chile deba negociar forzosamente el acceso soberano de Bolivia al Océano Pacífico.

Soy escéptica en este punto, pues de la negociación no se obtiene automáticamente el acceso -menos la soberanía- peor sabiendo la habilidad, triquiñuelas jurídicas e irrenunciabilidad de Chile sobre sus territorios. Teniendo en cuenta que se viene dialogando, negociando y reuniéndose ambos países, por más de cien años, será un escenario difícil.

Sin embargo, por el momento nada está perdido, tenemos la opción de aplicar el plan “B” previsto en la misma demanda, que consiste en interponer la acción jurídica ante LA CORTE PERMANENTE DE ARBITRAJE DE LA HAYA, prevista en el Tratado de paz y amistad de 1904, que expresamente señala que es la instancia competente para conocer y resolver las cuestiones que llegaren a suscitarse en la ejecución de dicho Tratado.

Empero, en mi humilde opinión, no soy ex-presidente, ni parlamentaria oficialista -sólo jurista- lo mejor que podría pasar es que La Corte Internacional de la Haya declare su incompetencia, de manera que con eso se abriría el camino a una verdadera demanda internacional de reivindicación de territorios marítimos. Es buen momento internacional para hacerlo y sinceramente, creo que ese es el camino.

Así hizo Perú vs. Chile, sólo que sin tanto show, su escenario fue meramente jurídico y no mediático. Al parecer nuestro gobierno apuesta a la presión mediática y jurídica para influir sobre la decisión internacional. Aunque eso a los miembros de la CIJ de la Haya no les mueve un pelo.

Por ahora corresponde esperar, ya que pase lo que pase, tenemos la opción del plan “B” para una definitiva reivindicación marítima, pues de no actuar con habilidad y sensatez, probablemente se cerraría la opción de manera definitiva para la recuperación de un acceso soberano a los territorios usurpados. Citaré ejemplos de acuerdos acertados, como las negociaciones del canal de Panamá plasmadas en el exitoso Tratado Torrijos-Carter en 1977 para Panamá, o el precedente de la ahora región administrativa especial de Hong Kong. Por la ubicación estratégica de Bolivia, podría incorporarse elementos comerciales a la negociación, como la integración de Chile con el mercado de acceso al Pacífico – sin depender del puerto Mejillones- lo que implicaría cambiar paradigmas y hacer una alianza comercial estratégica que redunde en el bienestar de ambos estados. Pues es ingenuo creer que Chile cedería a cambio de nada un milímetro de su territorio.

Para negociaciones visionarias de este tipo, hace falta menos show y más inteligencia. La buena noticia es que estamos a tiempo de que se apliquen medidas así, una vez que Chile deba iniciar el diálogo. En esa fase, deberá dirimirse cómo, cuándo y dónde será el acceso de Bolivia al Pacífico: es decir, modalidades, plazos, y condiciones que lo hagan posible. Toda una negociación jurídica hábil e inteligente, que pueda resolver algo pendiente por más de un siglo, que haga justicia con Bolivia.