Escuché de manera diferida vía internet, las declaraciones de Walter Chávez, donde aclara que al presente está alejado del partido de gobierno y que no lo asesoró en las elecciones subnacionales.

En su explicación Chávez expresa preocupación de que el presidente Morales y el MAS, no hagan un análisis exacto de la situación actual que originó los insospechados resultados. Las causas son varias, aunque el presidente sólo reconoce dos de ellas: la corrupción y malos candidatos, porque ambas permiten trasladar la responsabilidad a terceros.

Sobre este aspecto debo reiterar lo que señalé en “Qué pasó en las elecciones subnacionales?” que en otros tiempos, Evo podía lograr que cualquier candidato impuesto por él, sea vencedor. No dependía de los talentos, preparación o incluso honradez del candidato. Dependía de la popularidad arrasadora de Evo.

Teniendo en cuenta ese voto duro con que contaba el MAS en las sucesivas elecciones, en las subnacionales evidentemente hubo una “corrida de votos” por parte de un sector volátil de la militancia masista, como afirmé por escrito en análisis anteriores, donde atribuí de manera específica –en cuanto al voto militante– que fue cruzado desfavoreciendo a los candidatos, en respuesta al maltrato de la dirigencia partidaria del MAS con sus bases.

Por las expresiones vertidas por Chávez, sabemos con certeza que los desaciertos de esa cúpula partidaria no sólo resultaron en la fuga de votos, sino que generó el alejamiento d un asesor tan comprometido con el gobierno.

Es bueno precisar en este punto, que cuando el ex asesor del Ministerio de la Presidencia expresa que ahora está fuera del MAS, reconoce de manera expresa que tuvo una militancia activa con ese partido, circunstancia que está prohibida en su condición de refugiado político, amparado por la organización humanitaria del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Es en esta calidad de refugiado que se negó su extradición a requerimiento del gobierno peruano el año 2008 a través del embajador en Bolivia Fernando Rojas Samanez, argumentando que la Procuraduría Contra el Terrorismo de Perú, pidió 25 años de prisión y la captura internacional de Chávez el 2007, al estar acusado de los delitos de extorsión y terrorismo.

Para el súbdito peruano, es sencillo negar los cargos de haber pertenecido al MRTA cuando afirmó ante el periódico Página 12 “Nunca he militado en ningún partido político, ni en el Perú ni en Bolivia”. Y con estos argumentos zafa ante la opinión pública.

Empero, de manera pública y ostensible, en la entrevista televisiva de 5 de abril, aclaró que se retiraba del partido Movimiento al Socialismo, admitiendo que anteriormente tenía participación política en este partido. Entonces, es falsa la afirmación vertida en Página 12, como falsa es la afirmación de que no pertenecía al MRTA.

Para ello bastaría con preguntar a Víctor Polay Campos, principal líder emerretista detenido en julio de 1992, tres meses después del autogolpe de Fujimori –cuando Chávez se refugió en Bolivia- ya que el Camarada Evaristo (Néstor Cerpa Cartolini) perdió la vida en 1997 durante la operación Chavín de Huantar, en la embajada japonesa en Lima.

La arrogancia de Chávez en aclarar que la derrota del gobierno en las elecciones subnacionales ocurre cuando él no participó -a diferencia de las anteriores- le llevó a confesar que tenía activa participación en el partido de gobierno, y que ahora ya no la tiene. Podrá justificarse diciendo que tiene derecho a profesar una ideología. Es cierto, no puede ser penalizado por sus ideas, pero sí por sus acciones, y sin duda, debió abstenerse de participar políticamente, en su calidad de refugiado.

Su confesión es doblemente útil: nos conduce a resolver la incógnita de la votación militante, porque así como él, otros masistas estuvieron en desacuerdo con los candidatos y votaron cruzado. Por ello puedo aseverar, que como hubo la corrida de votos, luego la corrida de asesores, habrá inexorablemente, una corrida de militantes masistas, paulatina, silenciosa, pero implacable.

Con su fino olfato para asuntos políticos, el presidente lo sabe y trata de disfrazar los resultados negando que hay en esta derrota, el desencanto no solo de los indecisos, sino -y principalmente- de los militantes masistas. Al atribuir otras causas superfluas al voto cruzado, Evo busca evitar el pánico y el desbande.

Pero es inevitable en un partido populista altamente clientelar y prebendal: los militantes masistas irán migrando de a poco a los nuevos centros de poder en el municipio paceño y alteño. La historia en Bolivia es siempre cíclica.