Hay un ingrediente poderoso que influye negativamente en la justicia boliviana. Es la crisis de la ética forense. Se trata de la conducta del abogado, cuya acción incide en el problema, con tremenda fuerza. Así como en todas las actividades profesionales existen honestos y deshonestos, en el cuerpo del Foro también se hallan asentadas las trapacerías para ventajas pecuniarias personales.

Circunscribiéndonos a los factores que inciden en la administración de justicia, este fenómeno actúa de diferentes maneras:

  1. Los abogados de mala fe enredan causas judiciales para evitar sentencias. No nos pocos los que cobran sus honorarios en función del tiempo que pueden hacer prolongar, para beneficiar a su defendido y perjudicar a la parte contraria. A nadie se le ha ocurrido poner coto a estos ardides y triquiñuelas procesales. Por el contrario se percibe fácilmente que los juzgadores brindan a estos amplia tolerancia y no se atreven a imponerles penalidades pese a que la ley los autoriza y ordena.
  2. Los abogados de mala fe forman consorcios para victorias judiciales, patrocinan, mueven, impulsan la influencia corruptora y se jactan de su poder (para tener mayor mercado de clientela) Como un oasis en el desierto, se ha podido percibir un interesante fenómeno, que no deja de ser positivo: A mayor ilustración e intelectualidad de un defensor, mayor dirección hacia la honestidad. Es claro que quien tiene la razón no precisa de la corrupción, y aún desprecia a esta última.
  3. Tampoco están ausentes los casos del chantaje oculto contra el abogado honesto. Sus casos se detienen y no progresan.
  4. Todo abogado, para ejercer su cargo profesional, jura no patrocinar causas injustas. Sin embargo en los hechos se ve a muchos, patrocinar aún casos de perversidad.
  5. La exteriorización del abogado mediocre, en su formación, se traduce en hechos materiales que avergüenzan y ofenden al Foro: sus alegaciones son kilométricas como desordenadas, cuya lectura aburre, cansa y molesta cualquier juzgador.
  6. El abogado inmoral e incapaz a la vez, que perdió una causa por su propio descuido o incapacidad en la defensa, se la echa la culpa al juez para ocultarle a su defendido la verdad y quedar bien con aquél.
  7. Como ya se tiene dicho, la proliferación de universidades privadas contribuye a la proliferación de profesionales de pésima calidad moral. Estos mismos no tienen escrúpulos en arrastrarse para distintos cargos, especialmente para fiscales, usando padrinos para pagarles después (en ciertos servicios)
  8. Todo lo que se acaba de exponer sobre el Foro boliviano es puramente narrativo. Existen una infinidad de maniobras no expuestas. Podemos parafrasear un refrán así: “La picardía aguza el ingenio”. Tal es la inteligencia de la negatividad.
  9. La mala formación, mediocridad, e ineficiencia son sub causas estructurales de la crisis que se comenta.

¿Soluciones a este típico problema? – ¡Claro que las hay! Aunque muchos males se pueden extirpar con medidas de legislación y aún castigos ejemplares a juzgadores que las incumplan o desacaten, infelizmente existen algunos otros que son a largo plazo. Tales son la educación universitaria, la formación especializada, y el control permanente sobre el ejercicio libre de la profesión.

Lo evidente es que este cuarto elemento del problema estructural es el más duro, el más difícil y requerirá una prolongación del tiempo para mejores resultados. Es bueno saber que en otros países la modernización jurídica ha borrado y expulsado –con suma facilidad – al inútil y, a la vez, incorporado al útil para muchas funciones de por vida. Dicho sea de paso, se destaca por ejemplo, que en España los abogados interesados en la magistratura hacen profundos estudios de especialización. Y no en escuelas. Nadie los elige jueces, excepto su formación. Una respetable organización los supervigila y la función judicial dura sin término ni fin (naturalmente hasta la jubilación) Nadie empuja a otro por la ambición del cargo, dado que no hay designaciones temporales.

Recordemos que el Libertador Bolívar ya pretendió algo parecido con la primera Constitución. Aunque no la tengo a la mano, recuerdo claramente que sostenía que los jueces durarán mientras duren sus buenos servicios.

El autor es periodista, gustavop2@hotmail.com