La estética simbólica de Cecilio Guzmán de Rojas

Raúl Prada Alcoreza

marzo 10, 2015Publicado el: 5 min. + -
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La estética de la pintura es quizás de las más expresivas en la gama variada de las artes. Se trata del lenguaje del color, de las formas, de las figuras, de las composiciones figurales, también de la profundidad y la perspectiva del cuadro. Este lenguaje del color y de las figuras no sería expresivo si no fuera también simbólico, si no transmitiera a través de símbolos el sentido inmanente de su percepción, recuperada en la composición del cuadro. Ciertamente hay una historia o, más bien, historias del arte, también de la pintura. Estas historias describen las corrientes y las escuelas pictóricas; desde las anteriores al realismo del renacimiento hasta las posteriores, alcanzando a las escuelas más abstractas y renovadoras, incluso transgresoras como las dadaístas, cubistas, surrealistas y las contemporáneas calificadas como “posmodernas”, pasando obviamente por el clasicismo del renacimiento. También se puede retomar las historias de la pintura por su arraigo geográfico, por su pertenencia a las percepciones y sensaciones locales, nacionales y regionales. Las pinturas preocupadas por afirmar una identidad, como es el caso de Cecilio Guzmán de Rojas.

Lo que nos interesa, ahora, es sugerir una interpretación, de parte de la obra de Cecilio Guzmán de Rojas, de la parte de su pintura indianista. La interpretación que pretendemos no es especialista ni experta en el tema; tan solo busca unos apuntes sobre el lenguaje pictórico de Cecilio Guzmán de Rojas.

Cecilio Guzmán de Rojas se expresa en un lenguaje de colores, de formas, que tienden a cierta abstracción, preñadas de símbolos andinos. Están las montañas de la cordillera de los Andes de fondo o de trasfondo, aunque no aparezcan, conteniendo un Altiplano que se insinúa inmenso, una explanada que aparece como meditación silenciosa y extensa. Sin embargo, todo esto es como el margen de un centro antropológico, el ser humano; el ser humano concreto, con espesor histórico y cultural, situado en un presente agitado. El ser humano que descifra Guzmán de Rojas es el andino; el indio, a decir de los lenguajes y de las “ideologías” de su época, aunque también de la nuestra, a pesar de que se pronuncien en códigos distintos. Cecilio Guzmán de Rojas está atraído por la tarea de afirmar la identidad, leyendo la historia dramática de los pueblos indígenas; pero, también seducido por la apoteosis de su estética simbólica, de sus expresiones salientes, abismales, cosmológicas. Que pueden tomarse como resistencias, aunque también como profundidades no conquistables.

Cecilio Guzmán de Rojas es un gran pintor, no sólo por su técnica, no sólo por las connotaciones de su arte, el sitio que ocupa en un momento de insurgencia de lo nacional-popular boliviano, sino por su capacidad de interpretar los semblantes de una memoria larga. Podríamos decir que es un filósofo que se expresa en los enunciados del color, las formas y los símbolos figurales. ¿Por qué circunscribir la filosofía al habla o a la escritura convencional? ¿Por qué circunscribir la escritura al lenguaje sonoro y a la inscripción gramática; por qué no ampliarla a la huella y a los espesores del color y las formas pictóricas?

Los cuadros indianistas de Cecilio Guzmán de Rojas son sobresalientes. Los rostros andinos aparecen en su colorido cobrizo, en la composición de rostros que internalizaron el paisaje y la identidad esculpida en la mirada profunda y los pómulos salientes, que hablan de pasiones labradas en los huesos. Tanto en sus cuadros que tienen como trasfondo la guerra del Chaco como en sus cuadros de paisajes humanos, paisajes antropológicos, que tienen como referente la somática indígena, por así decirlo, el pintor boliviano dibuja los rasgos de la identidad y, sobe este dibujo le atribuye el lenguaje del color, colocando el simbolismo, quizás el tejido de la alegoría, como descifrador de estas presencias intensas.

No es ciertamente una pintura realista; el cuerpo, los rostros, lo que dice el cuerpo, lo que dicen los rostros, incluso lo que dice la indumentaria, no se describe pictóricamente al modo realista del renacimiento, sino a la manera de un simbolismo que adquiere perfil en la sintonía de las formas, de las modulaciones que tienden a cierta abstracción en las líneas y en las composiciones. Hablamos de rostros que se comunican con las montañas y el altiplano, hablamos de miradas que decodifican los vientos; por lo tanto hablamos de una pintura que extiende las formas humanas, sobre todo de los rostros, de tal manera, que se convierten en paisajes y se pronuncian como las montañas y la planicie inmensa de la puna andina, en forma geográfica. Hay entonces un recurso a la geometría de las formas en Cecilio Guzmán de Rojas para logar la interpretación de estas presencias ancestrales, actualizadas en la dramática emergencia de un presente insurgente.

La revolución nacional-popular ha incorporado a Cecilio Guzmán de Rojas en su memoria histórica. El nacionalismo revolucionario lo ha institucionalizado, por así decirlo; empero, no lo ha podido abarcar. La estética de este pintor nuestro desborda estas estrategias de estatalización. Hay como otra insurgencia en Cecilio Guzmán de Rojas, una insurgencia que dialoga con la insurgencia efectiva popular e indígena, la insurgencia estética de la composición pictórica, que lucha por lograr expresar el sentido inmanente percibido por la sensibilidad del artista, capaz de intuir el devenir indio de una nación que se encuentra en sus guerras perdidas.

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