“¿Puede el subalterno hablar?” fue la pregunta que encabezó el ensayo escrito por la académica e intelectual nacida en India, Gayatri Spivak. Allí señala el silenciamiento de los oprimidos: indígenas, mujeres, clase obrera, en la narrativa histórica del capitalismo. Más allá de su posmodernismo, Spivak tiene el mérito de advertir al intelectual la necesidad de ser mínimamente crítico al “hablar” por los subalternos (o sea oprimidos). Suele ocurrir que hablar en nombre de los de abajo muchas veces significa reforzar su condición subordinada y ayudar a reproducir la opresión sobre ellos.

De hecho, en las sociedades donde existe explotación y opresión, “hablar” no es gratis. La voz de los sin voz sólo existe cuando éstos se hacen oír con su lucha. A ello se refería Guillermo Lora cuando repetía hasta el cansancio que, pese a ser ignoradas por la historia “oficial”, son las masas oprimidas (muchas veces iletradas) las que hacen la historia: varias de las conquistas sociales más preciadas de los maestros, por ejemplo, son frutos de la insurrección armada del 52 y, hasta ahora, no hay logro sindical o social que no lo hayamos alcanzado con la fuerza de la movilización colectiva. En el caso de los indígenas, su voz aparece en la historia colonial-republicana sólo cuando deciden abandonar su brutal rutina de sojuzgamiento y patean el tablero de las clases dominantes con épicos levantamientos como los del siglo XVII, finales del siglo XIX o las tomas armadas de la tierra de mediados de siglo XX.

Ahora que hay un indígena en el poder político, el relato oficial dice que la “descolonización” consiste, en el caso educativo, en insertar la palabra, historia y pensamiento de los pueblos indígenas en la currícula educativa a través de sus “saberes y conocimientos” y, por ende, de su cosmovisión… ¿Será realmente así la cosa? ¿Será la voz de los pueblos indígenas o más bien la de sus intérpretes, la que resuena en el currículo educativo?

En el PROFOCOM nos la están charlando…

“[L]os conocimientos y saberes de los Pueblos Indígenas que afirmamos en la actualidad, fueron un día conocimientos sistemáticos que alimentaban la reproducción de un sentido de vida específico, pero que fueron interrumpidos por el colonialismo. Entonces se debe tender a restituirles su condición de conocimientos pertinentes para responder a las problemáticas que nos afectan en el presente sin perder el marco donde tenían sentido como conocimientos, es decir, su cosmovisión”[2]. Así empieza uno de los temas desarrollados en los Cuadernos de Trabajo del PROFOCOM. El texto en cuestión, trata el asunto del “debate contemporáneo” sobre los “saberes y conocimientos de las Naciones y Pueblos Indígena Originarios”. Durante varias partes del texto citado, los mal informados autores critican el odioso defecto de “la ciencia” (occidental) de tratar la realidad como “objeto” sin tomar en cuenta su “relacionalidad” e integralidad que, según ellos, sí es cabalmente comprendida por lo que ellos llaman “conocimientos indígenas”. Y aunque los autores de la cita son duros críticos de “la ciencia” (así, en singular) que concibe la realidad como un “objeto”, terminan tropezando con este mismo antipático defecto al momento de explicarnos lo que entienden por “saberes, conocimientos y cosmovisión indígenas”. En la cita arriba transcrita, nos informan que en algún momento (¿o tal vez desde siempre?), los conocimientos de los pueblos indígenas fueron conocimientos sistemáticos, hecho que fue “interrumpido” con la invasión colonial de España. Por lo tanto -continúa el texto- ahora la tarea del sistema educativo es “restituir” el carácter global de los conocimientos ancestrales. Así pues, eso que los autores entienden por “conocimiento” es concebido al modo de las aborrecidas tradiciones occidentales, como un objeto. O más grave aún, como una “cosa” sin vida, sin historia, sin transformaciones producidas por los cambios materiales que operan en la sociedad. En los textos del PROFOCOM los “saberes y conocimientos indígenas” son cosas ocultadas y enterradas por la tradición occidental inaugurada por la colonia, a los que, dado el actual “proceso de cambio” y de “descolonización”, podemos acudir a rescatar (¿dónde habrá que cavar?) y “restituirlos” para usarlos y aplicarlos a nuestra actualidad. Una acción similar a la realizada por nuestros amados canes con su hueso enterrado en el jardín…No sabemos si los ideólogos de la Ley 070 se dan cuenta, pero uno de los riesgos de amontonar palabras y sumergirse en las especulaciones más disparatadas, es caer en contradicciones patéticamente evidentes.

Esta curiosa concepción del conocimiento, donde éste puede ser congelado en el tiempo para ser descongelado después y aplicarse en un mundo que ha cambiado radicalmente, nos lleva a pensar la ridícula posibilidad de indígenas manteniendo una cosmovisión desde 1535 hasta el 2015 sin importar que estos mismo indígenas cambiaron tanto como su realidad, en la que operaron modificaciones históricas, económicas, sociales y culturales de una magnitud tan importante, que hasta para el menos avispado de nuestros estudiantes de secundaria, los conocimientos o la “cosmovisión” de cada pueblo indígena tuvieron que haberse alterado drásticamente en función de su historia y lo seguirán haciendo con las mutaciones sociales y culturales contemporáneas. No se puede estar tan seguro, como aparentan estarlo los ideólogos del Ministerio de Educación, qué entiende por “medicina andina” una joven aymara oriunda de Achacachi, quien tiene una vida donde combina tradiciones sociales y culturales antiguas de su cultura con una actividad económica mercantil-capitalista, como el comercio.

Aún podríamos lanzar otra pregunta obvia: Si el carácter global y sistemático de los conocimientos de los pueblos indígenas fue “interrumpido” por la colonia, ¿cómo es que ahora, 482 años después, existen funcionarios y asesores del Ministerio de Educación que pueden hablarnos con tanta seguridad y sistematicidad de la “cosmovisión” de los indígenas? ¿Qué pala o excavadora fenomenal usan para “desenterrar” y “restituir” con tanta precisión conceptual lo que ellos llaman “saberes, conocimientos y cosmovisión” de los pueblos indígenas?

¿Quién habla por los indios?

El método favorito de los intelectuales pachamamistas, es encajar a martillazos algunas experiencias concretas de conocimientos locales a su marco discursivo. Procedimiento que es útil para justificar su ideología, pero de ninguna manera para explicar consistentemente “los saberes y conocimientos ancestrales”. Será porque “la ciencia” les causa urticaria, pero el hecho es que a contrapelo de todos los métodos de investigación científica en el campo social los ideólogos del Ministerio de Educación siempre imponen su interpretación a los hechos históricos y sociales. Por eso, pueden hablar con tanta “sistematicidad” de un hecho tan complejo y dinámico como los conocimientos y cosmovisión de los pueblos indígenas. Así nos hablan por ejemplo de la medicina andina: “La práctica y Teoría de la medicina andina son desalienante y desenajenante, donde ni el paciente ni el médico pierden realmente su identidad intrínseca y donde ambos saben y conocen que pueden encontrar el “equilibrio” a partir del “desequilibrio”[3]. Para lo que se busca decir en la cita, las palabras “desalienante” y “desenajenante” vienen a significar lo mismo. Pero el autor tiene necesidad de utilizar la mayor cantidad de palabrería posible para volver más coquetas sus fantasías. En efecto, aquí, como en casi toda la literatura oficial, es imposible encontrar referencias a informes de trabajos de campo o etnografías sobre el asunto. De este modo, todos los que quedamos intrigados por saber en qué lugar de los andes funciona semejante idílica relación interpersonal en el ámbito de la medicina, nos quedamos esperando porque las referencias a estudios e investigaciones serias simplemente están ausentes de la doctrina pachamámica. ¿La razón? Simple, los datos de la realidad social y cultural de las comunidades indígenas son incompatibles con la quimera indigenista.

El país tiene que reconocer la paciencia similar al personaje bíblico Job que poseen los profesores para leer y aguantar tanto desvarío hecho doctrina oficial que se aplica nada menos que en un pilar fundamental de todo Estado, como es el sistema educativo.

Descolonización masista, ¿patraña o realidad?

Las condiciones sociales y económicas que vienen impuestas por la salvaje globalización del capital, imponen transformaciones materiales y subjetivas de gran relevancia a los pueblos indígenas (para no hablar de la otra gran porción de indígenas que viven en las ciudades), al punto que estos cambios hacen difícil referirse con propiedad al “indígena” como un sujeto social y culturalmente homogéneo. No es lo mismo el indígena aymara minero “cooperativista”, que su peón, también indígena y aymara, pero de otra clase social.

Transformar el modo en el que producen las comunidades rurales su vida social (a partir del contrabando, el narcotráfico o la producción masiva de quinua, por hablar sólo de tres casos) conlleva inevitablemente una transformación de las tradiciones, ritos y costumbres, por supuesto que también de los conocimientos y las cosmovisiones que portan sus culturas. Y no se puede decir que éste sea un fenómeno nuevo, sus antecedentes más visibles están anclados en el proceso colonial y republicano. Los científicos (historiadores, antropólogos), que andan menos preocupados en la metafísica estéril de la “intraculturalidad”, “complementariedad”, “reciprocidad” y “el vivir bien”, y más atentos a estudiar críticamente la realidad, ofrecen datos sólidos y fiables sobre los cambios materiales y superestructurales de los pueblos indígenas en el curso de la historia colonial y republicana. Lo escalofriante del asunto es que no son las investigaciones científicas sobre la historia y conocimientos de los indígenas lo que estamos discutiendo en el sistema educativo. Gracias a la Ley 070 y su desfachatada “descolonización”, maestros y estudiantes estamos obligados a cacarear todo el bulto de fraseología pseudo-indígena que los pajpakus oficiales del gobierno andan vendiéndole al Estado a través de consultorías generosamente remuneradas.

Notas:

[1] Pajpakerío: práctica de los pajpakus, denominativo popular para señalar a los charlatanes, comerciantes ambulantes mamones que te venden gato por liebre.

[2] Ministerio de Educación (2013). Unidad de Formación No. 2. Los Saberes y Conocimientos Indígenas en el Debate Contemporáneo, en “Estructura Curricular y sus Elementos en la Diversidad: Saberes y Conocimientos Propios”. Cuadernos de Formación Continua. Equipo PROFOCOM. La Paz, Bolivia, pág. 35.

[3] Illescas, José (1991), Medicina Andina. La Paz: MUSEF, 1ª ed. pp. 11-13. En Cuaderno de Trabajo PROFOCOM, pág. 40.

* El autor es profesor y militante del Partido Obrero Revolucionario (POR).