Se define el collage como técnica artística, técnica que recurre al ensamblaje de ingredientes heterogéneos cuya composición expresa un cuadro montado. Al principio de su aparición, como fenómeno artístico, el collage si dio lugar en la pintura; sin embargo, después el collage se expande como técnica en las distintas expresiones artísticas.

Nosotros vamos a usar el término collage de manera metafórica, para ilustrar sobre la mezcla y yuxtaposición de discursos, de conceptos, de teorías. Aunque no sólo, pues, como en el caso del collage artístico, se mezclan y combinan distintos objetos, medios, referentes, de distintos planos de expresión. Por ejemplo, en el ejercicio de la política se pueden usar conceptos de teorías opuestas a las prácticas políticas usuales, precisamente, como apoyo a estas prácticas y a este ejercicio. Aunque sea forzado, contradictorio, en el campo teórico, en el espesor de las prácticas, acciones, comportamientos y conductas políticas, esto es lo que se hace. No importa la coherencia teórica, lo que importa es el efecto político, el efecto “ideológico”, la eficacia retórica del convencimiento.

En el ejercicio de la política, en sentido restringido, importa armar un collage político; es decir un bricolaje de discursos, predisposiciones simbólicas, gestos dramáticos, que acompañan a dispositivos políticos; lo que comúnmente se llama políticas públicas. También acompañando a dispositivos legales, así como a despliegues materiales institucionales.

Al discurso populista no le preocupa que conceptos como el de común, comunidad, comunitario, entren en contradicción con el Estado, con políticas de Estado, con políticas públicas, con instituciones y normas del Estado-nación. Lo que interesa es que las normas del Estado-nación, las instituciones, las políticas públicas, las políticas de Estado, se legitimen con el uso de conceptos cuya pertenencia se mueve en las teorías críticas libertarias, emancipativas y en cosmovisiones indígenas. Lo que importa es que las acciones de Estado, por más conservadoras que sean, repetitivas y recurrentes, como lo que siempre ha hecho el Estado, aparezcan con tonalidad emancipadora, aunque la emancipación oficial no sea más que barniz.

El contraste se hace más evidente cuando se usa terminología de la formación discursiva de las lucha de los pueblos indígenas, como es el caso del concepto de plurinacional. La condición plurinacional entra en contradicción con la estructura del Estado-nación. Si es posible realizar una transición, como la del Estado Plurinacional, no podría darse en los marcos y la estructura institucional del Estado-nación. Sin embargo, el discurso del gobierno progresista es este collage discursivo. Se nombra al Estado-nación vigente como Estado Plurinacional, sin que aquél haya transformado sus estructuras y sus instituciones. Esto les tiene sin cuidado a los voceros del gobierno progresista, acompañados en este collage político por los apologistas, pues no les interesa la coherencia teórica, tampoco la coherencia política, en el sentido de modelos políticos o, si se quiere, de modelos de gubernamentalidad. Lo que interesa es que la preservación del Estado-nación – con todo lo que le acompaña, en la condición de un Estado-nación subalterno, como es el carácter de Estado rentista, de Estado administrador de la transferencia de las materias primas, desde las periferias hacia los centros del sistema-mundo capitalista – sea ungida por la pretensión de legitimación, ungida con el bautizo institucional del apodo de Estado Plurinacional.

En el discurso gubernamental aparece la caracterización del socialismo comunitario como objetivo político y programático del gobierno. En la Asamblea Constituyente se discutió esta definición; se observó que no podían conjuncionarse como un continuum el socialismo con el comunitarismo, sobre todo tratándose, en Bolivia, de las comunidades ancestrales; el ayllu en la región andina, las tentas, las capitanías y otras formas de organización comunitaria, en las regiones de la Amazonia y el Chaco. Visto así, si bien el socialismo puede entenderse como una transformación igualitaria, a partir de las condiciones de posibilidad históricas del modo de producción capitalista; en cambio, lo comunitario, está íntimamente ligado a la descolonización; no supone las condiciones de posibilidad del modo de producción capitalista, sino que reconstituye relaciones, estructuras e instituciones inherentes a las culturas nativas. Si no puede comprenderse un continuum entre el concepto de socialismo y el concepto de comunitario, se pueden conectar como dos concepciones civilizatorias en una combinatoria pluralista. En la Constituyente se quedó en que lo adecuado es hablar de socialismo y comunitarismo. En este sentido, en la Organización Económica del Estado, de la Constitución, se definió el horizonte de la economía social y comunitaria, como finalidad de la transición, desde la condición de economía pluralista.

No es pues sostenible hablar de socialismo comunitario, ni desde la perspectiva de la Constitución, ni desde una perspectiva teórica. El gobierno optó por el uso de socialismo comunitario tratando de otorgarle una característica propia al llamado socialismo del siglo XXI. Ciertamente el gobierno no retoma estas discusiones ni estas interpretaciones de la Constitución. Habla de socialismo comunitario como una distinción del proyecto socialista en Bolivia. La enunciación del socialismo comunitario sirve para decir, por ejemplo, que el socialismo, que se construye, se basa en la herencia de las comunidades, herencia articulada a la revolución industrial y a la armonía con la madre tierra. Tres conceptos que corresponden a tres paradigmas, usando esta idea de corpus teórico. El socialismo corresponde a una concepción marxista, el comunitarismo corresponde a las concepciones libertarias, y la madre tierra, corresponde tanto a las cosmovisiones indígenas como a las concepciones ecológicas. ¿Cómo se articulan estos tres conceptos cuya reunión ya es explosiva?

Esta explicación no la vamos a encontrar en la retórica gubernamental, pues no le interesa la explicación, ni es su preocupación. Lo que le interesa al gobierno es emitir un mensaje donde aparezcan reunidos los tres conceptos, aunque no lo puedan estar sus paradigmas. No se trata pues de una discusión teórica, no se trata de la coherencia teórica. Alguna “izquierda” vanguardista cree que sí. No está en juego la racionalidad del discurso; lo que está en juego son las fuerzas, la concurrencia de las fuerzas, la correlación de fuerzas. Lo que importa es armar un artefacto que reúna fuerzas y discursos, estructuras institucionales y alegorías simbólicas, esquemas de comportamiento e imaginarios. Lo que importa es la utilidad práctica del collage político.

En los espacios de la política, en sentido restringido, en el ejercicio de la política, vana es la[RPA1] discusión teórica. Vana es la pretensión de corregir el error teórico, para corregir el error político. Estos debates teóricos se dieron entre las corrientes marxistas durante las tres primeras cuartas partes del siglo XX. Ese celo teórico ha quedado atrás. Después de la toma del poder, en el ejercicio del poder, lo que importaba era justificar los actos, por más contradictorios y opuestos a la teoría se den. El tiempo cuando la teoría era considerada como la iluminación, en el camino de las luchas, pertenece al pasado. Lo que importa es usar las teorías o los discursos teóricos, por lo menos sus fragmentos, para armar el collage político.

Estos usos políticos de los conceptos son más problemáticos cuando se habla de Vivir Bien. Hay toda una historia de la discusión sobre la interpretación y la traducción del sumaj smaña/sumak kausay. No vamos a volver a este debate; nos remitimos a los escritos sobre el tema[1]. Lo que importa anotar es que es problemático querer hacer concuasar el Vivir Bien, vida plena en armonía con la madre tierra, con el desarrollo y el progreso, que son las estrategias declaradas del gobierno. Sin embargo, aquí también, no interesa la coherencia teórica, tampoco ética; lo que importa es la utilidad del Vivir Bien, como alusión, en la legitimación del desarrollismo gubernamental.

Nótese que no estamos hablando de collage político para descalificar el discurso gubernamental, sino estamos tratando de comprender cómo funciona este collage político, como aparato y dispositivos de poder en el ejercicio de la política.

La tesis es la siguiente:

El collage político es un artefacto que reúne discursos y materialidades institucionales, con el objeto de no sólo lograr la persuasión, como en la retórica, sino lograr movilizar o, en su defecto, inhibir la movilización, lograr determinadas conductas para que en conjunto incidan en la realización de determinadas finalidades, lograr legitimidad, captación de votos o, en sentido general, credibilidad.

El collage político es un artefacto de incidencia. Ahora bien, no todo collage político logra la incidencia que pretende; depende si el artefacto logra engranar con la complejidad en la que está inserta. Complejidad que es articulación e integración dinámica de múltiples planos de intensidad. No se trata sólo de engranar con las expectativas o, en su defecto, desilusiones, con las sensibilidades singulares, sino también de engranar con las posibilidades y potencialidades o, en su defecto, con las trabas e inhibiciones, así como con las condiciones de posibilidad activables o des-activables. Dependiendo de una predisposición conservadora o una predisposición alterativa. Entonces se trata de distintos collages políticos, dependiendo de la predisposición, así como de la estructura de la complejidad en la coyuntura.

Cuando se arman los collages políticos no queda el cuadro expresivo abigarrado tal como fue confeccionado; el artefacto del collage político tiene no solamente efectos “externos”, para con la sociedad a la que va dirigida, sino también tiene efectos “internos”, respecto a su propia composición. Las partes del collage actúan, se presionan, producen morfismos, modifican el contenido de las otras partes. Lo que significa un concepto en el paradigma de origen, por así decirlo, cambia, muta de significación, adquiere por contacto con otro concepto, derivado de otro paradigma de origen, otras significaciones, que no son propias, sino provienen precisamente del otro paradigma. Entonces los sentidos cambian, se prestan estructuras significativas de otro lado. Ocurre como si el significado mutante hubiese emergido en otro contexto, en otra experiencia inédita, asumiendo las consecuencias de otra estructura categorial en el propio corpus conceptual. Por ejemplo, cuando se habla de socialismo comunitario, el sentido de común, de comunitario, cambia; muta su significación; sobre todo su definición conceptual. Ocurre como si lo comunitario, el sentido histórico de lo comunitario, hubiera emergido de las luchas por el socialismo, como “superación” del capitalismo. Históricamente la comunidad es la condición de posibilidad de la sociedad, la condición de posibilidad pre-histórica y la condición de posibilidad trans-histórica, por así decirlo, de la historia misma. Aquí, en este acontecimiento comunitario radica la fuerza y la potencia de lo común, de los bienes comunes. Leer lo común, lo comunitario, la comunidad desde la formación discursiva socialista es reducirlos a caricaturas de la modernidad, acompañadas por los mitos del desarrollo y del progreso.

Algo más trastrocador pasa con la configuración del Vivir Bien. Esta configuración simbólica, imaginaria, narrativa, pierde su capacidad expresiva, sus alcances culturales, cuando sufre el deterioro de contacto con la formación discursiva del desarrollo. La “ideología” del desarrollo transforma la utopía del Vivir Bien en un logro pedestre, que consigue el gobierno progresista con bonos, con asistencialismos, con paternalismos. No solo que el Vivir Bien pierde sus capacidades convocativas, sino que se vuelve un aditamento del desarrollo. Es cuando, paradójicamente el término del Vivir Bien, que ya es un cliché, sirve para lo contrario de lo que expresa el Vivir bien, sirve para legitimar el despojamiento y la desposesión del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.

Morfismos “ideológicos”

Lo que hemos denominado, metafóricamente, collage político, también collage ideológico, así como collage discursivo, no son cuadros estáticos, al contrario, son artefactos móviles, que se mueven, por lo menos en tres dimensiones. Una vez puestos en marcha, las estructuras de significaciones no queda quietas. El uso de los discursos cambia el sentido mismo de los discursos. Los discursos, por así decirlo, vanguardistas, cambian el sentido de los discursos más conservadores, con los que entran en contacto en el collage. Modifican su interpretación; ocurre como si por morfismos de contacto, los discursos más conservadores dejen de serlo, adquiriendo tonalidades parecidas a las vanguardistas. Por ejemplo, el discurso marxista que entra en contacto con el discurso nacionalista, hace como que este discurso adquiriera tonalidades “revolucionarias”. Lo mismo pasa cuando el discurso marxista entra en contacto, incluso indirectamente, por densidad “ideológica”, con las narrativas religiosas. A pesar de ser el marxismo crítica de la religión, hace como que la narrativa religiosa, con la que entra en contacto en el collage, adquiera tonalidades “revolucionarias”.

Las interpretaciones que concurren a partir del collage político, el collage ideológico, el collage discursivo, son imaginarias. Estas interpretaciones se sostienen por el propio funcionamiento del artefacto, aunque contrasten con lo que ocurre efectivamente. Imaginariamente una religión, incluso en su versión fundamentalista, puede aparecer como antiimperialista. Se olvida, de sopetón, todo lo conservador, retrogrado, todos los prejuicios, que pueda contener la concepción religiosa. Lo que importa es mantener la nueva narrativa escatológica, donde personajes patriarcales, dominantes, intolerantes y abusivos, aparecen ungidos por la versión del collage.

Este funcionamiento independiente del collage ha confundido a los supuestos revolucionarios. Lejos de analizar los campos de fuerza, sus correlaciones, sus tendencias efectivas, las direccionalidades y resultantes que plasman, los “revolucionarios” seducidos por el collage prefieren la trama compuesta por el collage, que la historia efectiva de las fuerzas. Esta creencia los embarca en rumbos evidentemente reaccionarios, rumbos que llevan a las restauraciones oprobiosas del poder y de sus dominaciones múltiples. Se encaminan al crimen, embaucados por su propia “ideología” de collage.

El collage convierte a los caudillos, patriarcas otoñales, en símbolo de la “revolución”, como si la encarnaran en su cuerpo. Por más que sus conductas recuerden las banales pretensiones de los dictadores, las prosaicas manifestaciones machistas, los apegos al despotismo, estas conductas son soslayadas, prefiriendo interpretar sus gestos, los de los caudillos, como enunciados reveladores del cambio. Es cuando el collage, a pesar de su incidencia en los imaginarios, se devela como una extravagante comedia.

Se ha dicho que es en la “ideología” en la que nos encontramos atrapados. De esta forma se ha explicado las conductas y comportamientos sociales, persistentes y recurrentes, manifestando relaciones cosificadas. Sin embargo, la “ideología”, como masa ideacional, no podría explicar la persistencia y la recurrencia de las prácticas sociales, el apego a los fetiches, la captura institucional. No es ciertamente solamente “ideología”; estamos ante ambientes, climas, nichos, entramados, composiciones materiales, que hacen de territorios, que funcionan como territorios, sobretodo que funcionan como aparatos, maquinarias, recurrentes y persistentes. Si se quiere, la realidad, es decir, la complejidad, termina reducida a ese recorte de realidad, a ese recorte de territorio, a esa apariencia de nicho, que es el artefacto collage.

Al estar dentro del artefacto collage se forma parte, se actúa en consecuencia; no como autómatas, sino inducidos por este ambiente, clima, nicho, recorte de realidad, contando con el atributo de la libertad, es decir, la voluntad. Si la libertad, entre muchas definiciones, contempla la posibilidad de decidir, de escoger, de optar, de hacer algo distinto, se decide, en todo caso al interior de este contexto. Si no se sale del artefacto collage es difícil, por no decir imposible, decidir, hacer algo distinto, a lo que somos inducidos a hacer por esta maquinaria burbuja, para usar como metáfora la propia metáfora de Peter Sloterdijk, mas bien paráfrasis a su metáfora de las esferas[2].

La otra tesis es que formamos parte de las ecologías sociales; formamos parte de estos entramados ecológicos, de estos nichos ecológicos; por lo tanto de la concurrencia y complementariedad ecológica. Se conforman nichos como los urbanos, de los que forman parte las instituciones; pero, como instrumentos operadores, en principio, nichos que funcionan en los entramados ecológicos. Ahora bien, el concepto de nicho se puede tomar por lo menos en dos acepciones; una, como núcleo de un entramado; otra, como el hábitat que reconoce y utiliza una especie determinada. En el segundo caso, el nicho ecológico no es rígido, puede cambiar, dependiendo de los hábitos de la especie, si ésta está obligada a cambiar sus hábitos, exigida por la sobrevivencia.

Vamos a dejar pendiente, por el momento, las consecuencias teóricas de la primera acepción, pues su tratamiento es más complejo. En la primera acepción, la consecuencia ecológica, cuando se pone en peligro la sobrevivencia, es cambiar de hábitos; si no lo hace, la espacie desparece. Ocurre que, en lo que respecta a las sociedades humanas, en los contextos de la modernidad, sus nichos ya no son sostenibles ni sustentables, la especie humana se encuentra en peligro, si continua con los mismos hábitos, no podrá sobrevivir. Sin embargo, lo que llama la atención es su obsecuencia a persistir en hábitos que no son ni sostenibles ni sustentables. ¿Por qué lo hace?

Nicho ecológico

En ecología, nicho ecológico es el término que describe la posición de una especie o población en su ecosistema o entre sí; por ejemplo, una población de delfines que se encuentra en un nicho ecológico, que también se yuxtapone a otros nichos ecológicos, de otras especies, que usan el hábitat de modos diferentes, utilizan los recursos de alimentos de maneras diferentes, desplegando otras estrategias de sobrevivencia.

El nicho ecológico se configura por los organismos de una especie o de varias especies que cohabitan. El nicho ecológico se conforma a partir de las actividades vitales de los organismos. El nicho ecológico tiene que ver cómo una población responde a la distribución de los recursos y los competidores; por ejemplo, debido al crecimiento, cuando los recursos son abundantes, y cuando los depredadores, parásitos y patógenos son escasos. También tiene que ver con la forma en que, a su vez, lo alteran los mismos factores; por ejemplo, limitando acceso a los recursos y muchos depredadores. Cuando el nicho ecológico queda disponible, otra población puede ocupar su lugar. El lugar que quedó desocupado debido a la extinción de cierta especie es remplazado por otra especie, que no responde a los mismos hábitos y estrategias de sobrevivencia. Cuando las plantas y los animales se introducen en un nuevo entorno, tienen el potencial para ocupar o invadir el nicho o nichos de organismos nativos, a menudo matando las especies autóctonas; en consecuencia, introducir especies foráneas puede hacer desaparecer un nicho ecológico[3].

En el caso humano, es la misma especie la que tiende a hacer desaparecer sus nichos ecológicos, sus ecologías sociales, afectando a los otros nichos ecológicos, las otras ecologías sociales de las otras sociedades orgánicas, depredando los ecosistemas. La pregunta es entonces: ¿Cómo funcionan los nichos ecológicos humanos, sus ecologías sociales? En otras palabras: ¿Cómo funcionan sus hábitos de reproducción social y sus estrategias de sobrevivencia?

Ecologías humanas

La ecología humana estudia los vínculos de las poblaciones con los ecosistemas. Se trata del enfoque de la complejidad; interacciones entre poblaciones, culturas y espacio-tiempos. Los ecosistemas son entramados ecológicos que pueden interpretarse como caos organizativos; donde se conjuga azar y necesidad. La casualidades terminan conformando regularidades recurrentes, en el contexto de entrelazamientos e interacciones en concurrencia, así como en complementariedad. Otra paradoja existencial es pues esta, la que se da entre concurrencia y complementariedad. A propósito es importante conocer las relaciones entre las ecologías humanas y las ecologías orgánicas no-humanas, descifrarlas a partir de esta paradoja entre concurrencia y complementariedad. Además de interpretar la concurrencia y la complementariedad al interior de las ecologías humanas. ¿Qué pasa cuando el crecimiento de las poblaciones humanas requiere cada vez más recursos? ¿La concurrencia humana puede complementarse con las demás sociedades orgánicas?

El crecimiento de las ciudades hasta llegar a conformar las megalópolis ha transformado la geografía humana, convirtiendo a estas inmensas redes urbanas, paradójicamente, a la vez, en mundos autónomos y en mundos interdependientes, globalizados e integrados. Dado una visión global a las redes de asentamientos. La lectura que se hace posible, de estas constelaciones urbanas, es encontrar en sus flujos, como los de los transportes y comunicaciones, los mapas de movimientos, de circuitos y recorridos, los lenguajes facticos de la interpretación. Sin embargo, no son suficientes estos mapas para abordar la complejidad; las ecologías se mueven en espesores, responden a entramados de espesores. Los mapas, el dibujo de sus flujos, recorridos circuitos, sólo pueden señalas direcciones; empero, no pueden dar cuenta de eventos voluminosos, que implican intercambios, adaptaciones, adecuaciones, mutaciones, transformaciones estructurales, acumulaciones de informaciones, cambios de estrategias. Por otra parte, el volver al supuesto del equilibrio, aleja de la episteme de la complejidad, de la que forma parte la ecología. Haciéndola retornar a las epistemes de la modernidad, que se caracterizas por reducir la complejidad a esquemas operativos, esquemas simples.

Se trata de lo contrario, de asumir la complejidad, De comprender el juego de los distintos planos, espesores, bloques de intensidad. La complejidad del azar y de la necesidad en los entramados ecológicos. La relación entre información, memoria, manejo de la información, programación, transmisión y las consecuencias e impactos masivos en las poblaciones. Se supone que después del efecto masivo de las dinámicas ecológicas, se vuelve a la información y a la memoria; de lo que se trata es de incidir mejor en el efecto masivo de las poblaciones. ¿Qué pasa al respecto con las sociedades humanas contemporáneas?

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Cartografías histórico Políticas, también La explosión de la vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2014. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza.

[2] Ver de Peter Sloterdijk Esferas. Tomos I, II y III. Siruela. Madrid 2003.