Dedicado a Carlos Villegas Q.

En octubre de 1975, como delegados del Primer Comité Interfacultativo de la UMSA Carlos Villegas, Fidel Ortuño y mi persona viajamos clandestinamente a Huanuni, Siglo Veinte y Catavi para coordinar entre universitarios y sindicatos mineros la resistencia y derrocar a la dictadura de Hugo Banzer, luchando por el socialismo. Carlos y Fidel eran militantes del PC-ML (maoísta) y yo del Grupo Octubre-Izquierda Nacional. Experiencia única de trabajo político y sindical con los mineros, cuyo dirigente era el compañero Bernal, de la estirpe de Federico Escobar. En 1984, cuando compartimos en México, Carlos dedicaba su vida al estudio y la investigación en el CIDE, pensando en los problemas económicos del país. En los 90 estaba profundamente preocupado por la enajenación de las riquezas de Bolivia y lo manifestaba en la investigación, las aulas y las charlas en la UMSA, el CEDLA y el CIDES. En 2005 compartimos un café y presentó su propuesta de formar un equipo de profesionales para trabajar en el proyecto de liberación nacional que se abría con el gobierno de Evo Morales. En enero de 2015 siguió entregado a la causa revolucionaria…. como en los años setenta.

El compromiso de Carlos era total. Desde aquellos años ´70 hasta su muerte entregó su vida al pueblo boliviano y a la patria.

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Los años que corren del siglo XXI han reabierto en América Latina varios temas de debate que estuvieron sumergidos o perdieron la centralidad que tuvieron en la izquierda en los años sesenta y setenta, entre ellos el relacionado a las orientaciones estratégicas que tienen los procesos nacionalistas y antiimperialistas. El comandante Hugo Chávez desde Venezuela fue el primero en afirmar que estaba en emergencia en la región el Socialismo del Siglo XXI, rescatando el proyecto bolivariano de la Unidad de América Latina y el Caribe e impulsando en la práctica la coordinación de gobiernos, organizaciones políticas y movimientos populares para llevar adelante el proceso de liberación nacional.

El pueblo y gobiernos cubanos habían desarrollado una experiencia primero nacionalista y después socialista desde 1959, en el contexto de la Guerra Fría entre las dos potencias mundiales: Estados Unidos y la Unión Soviética, enfrentando con sacrificio y mística situaciones extremas por el bloqueo imperialista. La Revolución Sandinista de 1979 marcó un hito en el proceso de liberación nacional. En Bolivia y Ecuador se estableció que la concepción del Vivir Bien de las culturas y pueblos indígenas, incorporada en las Constituciones recientemente aprobadas de ambos países, era el aporte sustancial que recupera la milenaria trayectoria comunitaria de los habitantes de nuestra geografía antes de la agresión colonial europea. El gobierno boliviano ha manifestado que el Socialismo Comunitario es el horizonte histórico de la humanidad.

En nuestros países de condición semicolonial y dependiente por la dominación imperialista en las estructuras fundamentales de la acumulación de capital a escala internacional, de la explotación de nuestros recursos por las transnacionales y el capital financiero, del control de los aparatos de poder político, cultural e ideológico y de la amenaza militar, las tareas de la revolución articulan profundamente la Cuestión Nacional y Colonial con la Cuestión Social, es decir que las tareas de la Liberación Nacional están atadas a la construcción del Socialismo. Esto bajo la condición imprescindible de la simultánea tarea de la unificación de América Latina en tanto Nación in-constituida, precisamente por las conspiraciones del imperialismo y las oligarquías locales.

El Socialismo Latinoamericano representa la posibilidad histórica de enfrentar los grandes desafíos de la amenaza imperialista, la crisis del capitalismo que se ahonda y profundiza cíclicamente y las tendencias de formación y potenciamiento de los Estados Continentales que se aprestan a disputar el control de cada uno de los espacios geográficos del planeta. Los ensayos de integración, impulsados por el discurso bolivariano y por las iniciativas prácticas de la última década, han dado parcialmente sus frutos con la formación de ALBA, UNASUR y CELAC sin la injerencia de los Estados Unidos e identificado las variables claves para la acción conjunta de nuestros países y pueblos: defensa militar, finanzas, comercio, energía e integración.

La idea matriz planteada ya por José Carlos Mariátegui, junto con Victor Raúl Haya de la Torre precursores del marxismo latinoamericano, de concebir la comunidad andina como base de un socialismo indoamericano, se vincula a la tesis desarrollada por Marx respecto a la comunidad rusa y a la de León Trotsky en Coyoacán, cuando apoyaba las nacionalizaciones del petróleo en México, de apuntar a la constitución de los Estados Unidos Socialistas de América Latina. La Izquierda Nacional Latinoamericana postula la formación o fortalecimiento de movimientos patrióticos antiimperialistas que incidan en cada uno de los países y coadyuven las tareas de la emancipación y la construcción socialista.

Sin embargo, en la actual situación, la mayoría de los gobiernos solamente ofrece la continuidad y profundización de los procesos democráticos en la región, lo cual resulta totalmente insuficiente para realizar avances más sustantivos y radicales e, inclusive, estos procesos se van convirtiendo en armas de los sectores conservadores y oligárquicos apoyados por los aparatos de Washington para contrarrestar lo avanzado hasta ahora. Se trata de la contradicción fundamental imperialismo-país oprimido , en su manifestación de lucha nacional, la que se presenta de manera cada vez más descarnada.

No significa mucho afirmar que se presenta un momento post-neoliberal puesto que bajo esa posición quedan abiertas todas las alternativas, incluida la de mantener la presencia de las transnacionales, de los terratenientes, de los grandes bancos y de los medios de comunicación que no dejan de conspirar y desestabilizar a los gobiernos. El fortalecimiento del Estado Nacional con la recuperación de la soberanía, la dignidad y la autoestima; la redistribución de la riqueza y el fortalecimiento del mercado interno con la recuperación del excedente, la industrialización y el proteccionismo a los productores nacionales; así como el Capitalismo de Estado como eje desde el cual planificar la economía y la participación social son aspectos fundamentales en esta transición histórica, los que deben complementarse con el fomento a la economía campesina y autogestionaria, base de la producción agropecuaria y manufacturera destinada a conseguir la autosuficiencia alimentaria y de productos necesarios para la vida.

Asimismo, la organización y participación de los sectores populares es imprescindible como hasta ahora, pero además es necesaria su mayor politización con el debate y la deliberación sobre propuestas en torno a los grandes problemas y temas coyunturales y estratégicos, incluido el de las vías y acciones relacionadas al socialismo, el que deberá convertirse en voluntad y acción de las mayorías. Los peligros del corporativismo sectorial y de las autonomías fragmentarias por encima del proyecto histórico, la conformidad con lo ya conseguido y la rutina burocrática están latentes en la medida en que la organización y dirección del proceso no incentiven y profundicen las transformaciones políticas, culturales, económicas y sociales.

En un mensaje crítico y autocrítico del presidente Hugo Chávez a sus ministros, en octubre de 2012 a cinco meses de su muerte, manifestaba su preocupación por la existencia de islas de socialismo en un mar de capitalismo, por la debilidad de las organizaciones comunales y de los comités revolucionarios, por la burocratización de las instancias ministeriales y administrativas y por la debilidad para enfrentar las duras agresiones de los medios de comunicación del imperialismo y la oligarquía. Son valiosas advertencias a tomar en cuenta en la hora presente.

* Es sociólogo boliviano, docente de la UMSA y escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.