(ABI).- El vicepresidente Alvaro García Linera pidió prosperidad para Bolivia al dios de la abundancia y fecundidad de la cosmovisión andina, la Illa del Ekeko, cuya estatuilla de 15 cm abrió el sábado, por primera vez en 157 años, la costumbrista festividad de la Alasita en La Paz, luego de repatriada hace pocos meses desde Suiza.

“Bajo la sombra de la Illa del Ekeko inauguramos estas Alasitas pidiendo, en primer lugar, a nombre del presidente Evo (Morales), a nombre de (su esposa) Claudia (Fernández) y a nombre mío, para nuestros hermanos bolivianos, bienestar, que haya salud, que haya trabajo, que haya ingresos, que haya estabilidad, que haya tranquilidad en la familia”, sostuvo el mandatario que descorrió el telón, en una céntrica avenida capitalina, de la celebración tradicional.

Al inaugurar la festividad de la Alasita (cómprame, en idioma aymara), tradicional lo mismo en varias ciudades del mundo andino, tales como Quito, en Ecuador, y Cusco, en Perú, como en varias en Bolivia de tierras bajas, andina y subandina, García Linera dijo, en medio de un multitudinario acto, que la Illa del Ekeko representaba un nuevo tiempo para el país.

“El regreso del Ekeko es un símbolo, es un símbolo del regreso a la unidad, del regreso a la hermandad, del regreso al desarrollo, del regreso al bienestar”, afirmó.

En 1858, el diplomático y botanista suizo, Jacob Von Tschudi, sonsacó la Illa a sus custodios indígenas en la ciudad precolombina de Tiawanaku, a 73 km de La Paz, y se la llevó a su país, donde permaneció por más de siglo y medio, primero en su casa y luego en un museo, donde fue vendida como una simple pieza lítica a finales de la década de los años 20 del siglo pasado, poco antes del consabido “crack”.

Una gestión de la administración Morales ante autoridades suizas permitió el retorno a La Paz, su habitad, de la Illa en noviembre último.

Convencidos que la creencia secular devendrá en realidad, miles de bolivianos andinos y no recorrían este sábado, en indescriptible profesión de fe, parroquias católicas de La Paz donde, en muestra de sincretismo, hacían bendecir objetos, utensilios, casas, apartamentos, coches, camiones y alimentos de artesanía y en miniatura como así fajos de moneda local, dólares y euros emitidos “por el banco de la abundancia”, que compraban a discreción y plazas y otros emplazamientos públicos.

“Pedir de que esa riqueza material llegue a la familia, llegue al departamento, llegue a Bolivia. Hoy es una Alasitas distinta a las que ha habido décadas atrás, en más de 100 años; hoy lo hacemos protegidos, todos los bolivianos, por una Illa, la Illa que representa al Ekeko, un Ekeko erguido hace cientos de años y que estuvo más de 150 años fuera de Bolivia y esos 150 años fueron, no cabe duda, de tristeza y de abandono”, solemnizó el dignatario.

Después de permanecer 157 años en Suiza, la Illa Tunupa, también así mentada por la tradición oral aymaro andina, recorrió temprano el sábado las calles y avenidas de las ciudades contiguas de El Alto y La Paz, y dio inicio a la tradicional festividad de la Alasita.

En un acto ritual que se escenificó en la Plaza Murillo, el presidente Morales, a quien chamanes indígenas acercaron la Illa, señaló que es un “día histórico e inolvidable” para los bolivianos, porque la Illa vuelve para celebrar la festividad de la abundancia y la prosperidad.

“Antes de la llegada del Ekeko a Suiza, Suiza no tenía abundancia, Ekeko llega a Suiza y Suiza vive en abundancia. Ahora nuestro Ekeko vuelve a Bolivia y estamos retornando a la abundancia como nuestros antepasados Nuestra Illa del Ekeko vuelve después de 157 años, nuestro dios de abundancia, energía en abundancia; estaba secuestrado, estaba como exiliado, estaba como encarcelado en Europa”, remarcó el mandatario que a mediodía presidía una reunión de sindicatos cocaleros en el departamento de Cochabamba, a 400 km de La Paz.

Antes del retorno de la Illa, los bolivianos andinos reverenciaban y pedían favores a un Ekeko, personaje de aspecto humano, enano y contrahecho, vestido a la usanza occidental, cargado de bienes, que repartía la abundancia entre sus cultores.