Los resultados de las elecciones nacionales del pasado 12 de octubre han ratificado las proyecciones y tendencias de muy amplio respaldo a Evo Morales y que se difundieron previamente en los círculos sociales, políticos, comunicaciones y académicos del país, sin embargo los candidatos de la oposición iniciaron un agrio debate sobre la responsabilidad de no haber participado juntos en la disputa y los del oficialismo mostraron preocupación por no haber alcanzado los resultados esperados, sobretodo en la región occidental de Bolivia.

El asunto central se ubica en la representación de dos tercios de parlamentarios del Movimiento Al Socialismo (MAS) en la Asamblea Legislativa que le permitiría llevar adelante sin contratiempos su programa electoral en el marco de conseguir los resultados planteados en la Agenda Patriótica 2025 y, sobretodo, abrir la posibilidad de una nueva candidatura presidencial de Evo Morales Ayma. Sobre lo primero, corresponderá a los movimientos populares, con autotomía y deliberación, fiscalizar y controlar las acciones y el cumplimiento del gobierno y sobre lo segundo, será la dinámica política y social, así como la gestión económica, las que marcarán las perspectivas.

Los cómputos electorales permiten advertir tres aspectos: primero, la fuerza electoral adquirida por el MAS en el oriente y el sur bolivianos, con un segundo lugar en Beni, que le permitió triunfar en ocho de los nueve departamentos del país, y la reducción de su votación en el occidente; segundo, la diferencia de apoyo entre los candidatos opositores que marca una clara ventaja de Unidad Demócrata (UD) con un porcentaje mayor al esperado, lo que lo ubica como “cabeza” de la oposición; y tercero, el bajo respaldo al Movimiento Sin Miedo (MSM) que lo lleva, junto al Partido Verde de Bolivia (PVB), al riesgo de perder su legalidad, en tanto el improvisado Partido Demócrata Cristiano (PDC) ha marcado testimonio de su existencia.

La disyuntiva de la futura gestión se encuentra en: mantener y sólo cuidar lo avanzado, que sin duda es muy importante pero insuficiente en un proceso de liberación nacional, o profundizar el proceso nacionalista y antiimperialista con el fortalecimiento del capitalismo de Estado y la unidad nacional, la industrialización del gas –que ya se ha iniciado—y de los minerales, el impulso a la producción agraria para alcanzar la autosuficiencia alimentaria y manufacturera y fabril con políticas proteccionistas, la fiscalización de la banca y el latifundio y la recuperación plena de los recursos mineros y gasíferos en manos de las transnacionales, para así superar el modelo primario-exportador.

La posición antiimperialista y anticolonialista del gobierno del MAS, remarcada por el presidente Evo Morales en su discurso del 12 de octubre, ratifica la lucha por la soberanía y la dignidad, la construcción de un futuro común y socialista a escala latinoamericana y caribeña y la necesidad de fortalecer la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Sin embargo, corresponde advertir que el proceso de integración y unidad de la Patria Grande, enfrentando las políticas intervencionistas de Estados Unidos, se ha debilitado en los últimos años por los vaivenes electorales, las contradicciones internas en algunos países, la muerte de Hugo Chavez, la arremetida de las fuerzas conservadoras y neoliberales y las nuevas estrategias de Washington hacia nuestra región.

Al respecto, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el próximo 26 de octubre, se convierte en el gran termómetro de la política regional. Aecio Neves, con el respaldo de Marina Silva, representa la posición radicalmente neoliberal y aliada a la estrategia de Estados Unidos, en tanto que Dilma Rousseff, que no tuvo la vocación latinoamericanista de Lula Da Silva, permite mantener algunas esperanzas respecto a una posición independiente y comunitaria entre los países de nuestra región, en un contexto de crisis del capitalismo occidental y de surgimiento de marcados bloques geográficos y políticos en los cinco continentes.

Las relaciones diplomáticas de Bolivia con Brasil en los últimos años, a pesar de la importancia de la exportación del gas boliviano, de los ingresos que genera, de la dependencia de la industria de Sao Paulo de esta fuente de energía y de las potencialidades de una integración y complementación horizontal, no han sido de las mejores y si ganara Neves podrían deteriorarse aún más.

Llama la atención que los Estados brasileños en los que gana Neves se encuentran todos ellos en la frontera oriental de Bolivia, donde están instalados las grandes empresas transnacionales y los gamonales terratenientes de la soya de exportación, aliados de los políticos neoliberales y terratenientes bolivianos, productores también de soya, y con fuerte influencia sobre estos. Las elecciones presidenciales en el Uruguay, el mismo 26 de octubre, también son importantes en la geopolítica regional y en los equilibrios de fuerzas, en tanto que el próximo año se realizan los comicios en Argentina, con pronóstico reservado.